No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 16 de enero de 2015

Todo por un examen

Queridos lectores, 

No sé por qué, pero tengo el presentimiento de que este año será diferente. Quizás porque por fin empiezo a cansarme de vivir mi vida según las reglas que los demás me dicen que debo aplicar, quizás porque me estoy quedando sin fuerzas para seguir fingiendo, incluso quizás porque vaya a suspender algún examen. El de hoy me ha salido catastrófico, así que todo puede ser. 

Este año tiene que ser diferente porque yo estoy cambiando, estoy despertando del letargo en el que yo misma me había sumido y, quiero pensar, que en algún momento lograré levantarme del todo, comprenderme como soy en realidad, aceptarme por lo que soy y ser libre. 

Perdonadme, estoy divagando y no me entenderéis. Pero es que estoy tan cansada de estudiar, de luchar, de esforzarme... es lo que he hecho siempre. Luchar, correr, escalar, estudiar, estudiar sin parar, sin pararme a pensar por qué estudiaba porque no pensar lo hacía más fácil. No me cuestionaba, no dudaba, solo estudiaba. Y, ahora, será la madurez, empiezo a planteármelo, a cuestionarme, a decirme "por qué hago esto" "por qué sigo luchando hasta la extenuación si es que no me quedan fuerzas". Y no me sé responder. No veo una meta. Yo sigo corriendo, tras toda una vida de marathon y sigo tan lejos del final como el día que comencé porque aún no sé a dónde quiero llegar. 

La meta parecería algo fácil. Estudio medicina así que el objetivo sería ser médico. Fácil... claro. Pero quizás ese no sea ya mi objetivo, quizás nunca lo ha sido o quizás yo he cambiado demasiado en estos años. Me metí en la carrera de medicina por muchas razones: porque era la carrera más difícil, porque era lo que querían hacer todas las chicas de mi clase que se habían metido siempre conmigo y yo era la única que tenía la nota, porque tenía la nota, porque a mis padres les gustaba y se sentirían orgullosos; porque, en ese momento de mi vida, estaba tan acostumbrada a que la gente me ignorase por ser una empollona que estaba completamente convencida de que el problema era mío, que no sabía hablar con la gente, y la medicina me daba la opción de encerrarme en algún laboratorio; porque a mis profesores les parecía un orgullo que su alumna fuera médica y, la única razón que merece la pena (aunque sigue sin ser buena) porque, a nivel personal no, pero a nivel académico, antes de la universidad pensaba que podría lograr cualquier cosa que me propusiera y que era inteligente, y me gusta ayudar a la gente (esa es mi razón). Me gusta ayudar y pensaba que dedicarme a algo que me gustase (véase escribir, historia, literatura), pero en lo que no ayudase a nadie sería egoísta teniendo yo la capacidad de estudiar una carrera con la que hiciera más bien al mundo. 

Esas son las razones que recuerdo tener. No que me gustase, no que la bata me quedase de muerte, ni que de pequeña soñara con curar resfriados. 

Y así pasé un año, dos, tres y llegué al cuarto. Es lo que me ha costado despertarme, supongo. Todavía me cuesta entender cómo pude estar tan ciega durante tanto tiempo. 

Oh, hoy mi madre me ha preguntado por el examen y yo le he dicho que no me había salido muy bien, que ya veremos y eso. Pues me ha dicho, palabras textuales, "Con lo que tú eras, Laura, y en lo que te has quedado"... Me ha tocado un poco las narices. ¿Qué esperaba?Era fácil estudiar y sacar matrículas en el instituto cuando estudiaba cosas que me gustaban y aprendía de todo, ¿pero de dónde saco fuerzas para seguir ahora si cada examen aprobado es un peso menos para mí pero un paso más cerca de un futuro que todavía no sé si quiero? 

¿Sabéis qué le he contestado? Que era difícil concentrarse a estudiar cuando estás haciendo algo que no te gusta. ¿Y sabéis qué me ha respondido? Si quería que me comprara galletas (sí quería galletas, por cierto)

Y sigo sintiendo que les debo más a los demás de lo que me debo a mí misma, quiero que sean felices, que estén orgullosos, quiero compensarles porque soy tan exigente conmigo misma que a veces me siento defectuosa y sacar buenas notas era mi forma de eclipsar todos mis fallos.

Y por eso este año será diferente. Porque, al menos, ya me he dado cuenta. Tengo que cambiar muchas cosas, tengo que descubrir otras tantas sobre mí y lo que quiero, pero es diferente. Yo me siento diferente. Puede que suspenda hematología y, excepto por el hecho de que odiaré volvérmela a estudiar, no me importa nada. Antes hubiera sido distinto. Lo sé porque recuerdo que antes de uno de los exámenes más difíciles de la universidad, de microbiología, con un profesor muy duro y al que todos tenían miedo, yo estaba tan nerviosa por suspender que me sentía a punto de desmayarme y, cuando no pude más con el malestar de los nervios, tuve que preguntarles a mis padres si ellos me iban a seguir queriendo si suspendía. Luego saqué matrícula de honor. Pero lo importante aquí es que mis nervios no venían por mi exigencia conmigo misma o porque me fuera morir por suspender, sino porque veía que mi valor como hija y casi como persona menguaría si suspendía porque las notas era lo único que tenía, era mi manera de compensar, como he dicho. Tanto que una parte de mí creía que mis padres dejarían de quererme si suspendía un examen. 

Supongo que no tiene mucha lógica. Para mí sí, porque he crecido pensando de esa manera. No es sano, desde luego. 

Pero ya no tengo que demostrarle nada a nadie. Las notas son números, no miden mi valía como persona. Nadie es perfecto y tengo muchos fallos, pero eso no me hace defectuosa, me hace ser quien soy, también tengo cosas buenas aunque me cueste verlas, decirlas o admitirlas, pero estoy mejorando. 

Y, todo este rollo que os he montado, es lo que pasa cuando me doy acceso a un teclado tras una tarde de dispersión mental. 

PD: el siguiente es nefrología, otra cosa que odio. Deseadme suerte ;)

martes, 13 de enero de 2015

La de las supersticiones

Queridos lectores, 

Lo primero: ¡Feliz Año Nuevo! Espero que tengáis un 2015 estupendo ;)

Perdonadme que no os haya escrito antes, pero es época de exámenes, lo que significa que el ordenador está casi confiscado para evitar que la tentación de escribir me supere. Casi... casi lo cumplo, porque a falta de ordenador, escribo a mano. Y leo, leo mucho. Es difícil concentrarse en lesiones dermatológicas y cosas sangrosas cuando puedes leer novelas románticas y suspirar y decir "ainsss"... 

Aún así, hoy he hecho el primer examen y no ha sido catastrófico a pesar de que antes del examen me sentía con más probabilidades de escribir un relato erótico en las hojas del examen que la teoría que me pedían. 

Y creedme cuando os digo que soy un altar de amuletos de la suerte andante. Creo que cuanto más estudio, más supersticiosa me pongo. Comenzó cuando hice un examen de inglés para un título de nivel avanzado y estaba completamente convencida de que había suspendido. Antes de que me dieran la calificación, me compré una brujita de estas de la suerte que llevaba una estrella y... ¡sorpresa! Aprobé. Y me dije: esto no ha sudo lo que he estudiado, ni mis aptitudes para el inglés, ha sido gracias a la estrella de la bruja. 

Desde entonces, colecciono estrellas, amuletos con forma de estrellas y, por eso, la foto de mi perfil es una estrella de mal :). Tengo un collar con forma de estrella, ganchillos para el pelo con estrellas, un pañuelo con estrellas, camisas con estrellas, pendientes con estrellas... creo que no me dejo nada. 

Aunque la cosa no se quedó ahí. Un día, antes del examen de ética, se me olvidó mi collar de la estrella, pero como soy muy previsora, sí tenía un collar de repuesto en forma de mariposa. Pues en ese examen saqué mi primera matrícula de honor y eso no me sirvió para pensar que lo de los amuletos de estrella es tontería, si no para decirme a mí misma que las mariposas me daban aún más suerte. Estoy muy loca.

Pero esperad, que queda más. He ido acumulando otras cosas que, no sé si me dan suerte, pero me recuerdan que los exámenes no lo son todo. Por eso, hoy llevaba mi collar con la pluma que me compré en Barcelona en la boda de Sadee o las pulseras que me regalaron Mérida y Ada. 

Resultado: soy un altar andante. Empiezo a pensar que para el MIR, que es el examen más difícil e importante, me llevaré a mi yegua que se llama Estrella, tiene cuatro herraduras (que dan suerte) y es enorme. así que eso me dará mucha suerte. 

Sé que no es racional, en el fondo, pero eso no evitará que para el próximo examen vuelva a llevar mi collar de estrellas y todo lo demás. 

Suerte a todos los que tengáis exámenes ;)