No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 30 de marzo de 2015

Dejar a las aves volar

Queridos lectores, 

Una nueva lectora me ha dicho que, tras leerse todo mi blog (lo cual ya tiene mucho mérito) no comprende cómo he llegado a este punto de mi vida siendo como soy, o sea, con las dudas de la carrera, sin quererme a mí misma la mayoría de esos días y esos temas de lo que tanto hemos hablado. 

Pues si no ha quedado claro en todo el blog, supongo que es momento de que os cuente mi historia desde el principio. 

Comencé mi vida como la he seguido desde entonces: llevándole la contraria al mundo. Mi madre se estaba medicando cuando fui concebida y era, al parecer, una medicación potencialmente teratógena, por lo que los médicos le aconsejaron que abortara. No será un spoiler muy sorprendente si yo os digo que no lo hizo. También le dijeron que podría nacer muerta o que no daría el peso. Y que mi fecha de entrega era el 19 de diciembre. Pues, demostrando mi poca confianza en el criterio médico, nací el 1 de enero pesando mis tres y pico hermosos quilos y perfectamente sana.

Bueno, eso es algo anecdótico pero que, no sé por qué, disfruto contando.

En fin, la historia de mi vida es el reflejo de cómo nuestros padres nos condicionan hasta que decidimos que dejen de hacerlo. Así que la respuesta corta a la pregunta de por qué soy cómo soy ahora y por qué no sé quererme a mí misma y eso es por mis padres. Sí, y había pensado en hacer una entrada larga y lacrimógena sobre el cómo y el por qué mis padres me afectaron hasta el punto de anular mi voluntad y hacer que me odiara a mí misma por momentos.

Pero no me apetece. Pensaba que sí. He perdido mucho tiempo (sobre todo de estudio) pensando y repasando la historia de mi vida. Todos esos momentos, actitudes, procesos que explican que pasara de ser una niña con una autoestima normal a no creerme merecedora de nada.

Y, para que os hagáis una idea, no fue una sola cosa: fue la sobreprotección histérica de mi madre que me condicionó y me llenó de miedos que no me pertenecían y no quería sentir: fue la exigencia exagerada de mi padre, el que él sea un poco homófobo y yo resultara ser bisexual; fue el que mi madre representara la inestabilidad emocional y yo tuviera que cuidarla y que mi padre fuera una figura casi inalcanzable; fue el que me quedase sin amigas por empollona y que mi madre me lo recordara cada vez que yo intentaba actuar por mi cuenta...

La vida es una patología multifactorial.

Pero, el caso es que no me apetece contarlo porque, ¿de qué serviría? Ya no quiero seguir recordando las equivocaciones ajenas y propias, quiero empezar a vivir mi vida de manera más normal, más real.

Mis padres son buenas personas, de clase humilde, trabajadores, que querían lo mejor para mí. Puede que ahí no estemos del todo de acuerdo porque, para ellos, lo mejor es tener dinero, pero vale, es algo comprensible.

Puede que a veces olvidemos que los padres, antes que padres son humanos. Y tienen sus propios fallos y defectos que, inevitablemente, afectan a los hijos. En mi caso, suelo decir, que se juntó el hambre con las ganas de comer con la falta de pan. Y quizás sus fallos no fueran dignos de mis problemas, pero yo he resultado ser muy sensible y me han afectado más, ¿qué le vamos a hacer?

Como os decía, he pasado muchas horas perdidas pensando en ello, fui a la psicóloga y me pasé más de una hora hablando de ello, lo he escrito, lo he repasado mentalmente, una y otra vez, pensando qué detalle fue el que me hizo más daño, qué actitud fue la equivocada...Y la conclusión a la que he llegado es que repasarlo solo me va a afectar más. Este es el punto: sí tengo motivos para ser como soy, para sentirme como me siento, pueden ser mejores o peores, pero son reales. Solo que ahora, en este momento, ya, decido que esos motivos van a dejar de hundirme. He decidido controlar mi propia vida y desterrar el fantasma de mis padres de mi vida, de mi ser, de mis pensamientos. Quiero ser libre, quiero decidir por mí misma, quiero abrir la torre en la que mi madre me ha encerrado y salir a la calle. Y es lo que estoy haciendo.

Lo siento si no es una respuesta demasiado específica. Aunque me ha gustado que lo comentaras porque eso me ha servido para darme cuenta de que la razón exacta de por qué soy así es meramente anecdótica. Lo importante es cómo quiero ser a partir de hoy y por el resto de mi vida. Dejar el dolor y los problemas del pasado en el pasado y no permitir que se interpongan en mi vida futura.

Porque, como os he dicho antes, si dejamos que el dolor que nos ha causado alguien en el pasado afecte a nuestras posibilidades de felicidad futura le estamos dejando ganar. Dejaría ganar a mi madre, a sus miedos, sus manipulaciones y su tendencia a hacerme sentir débil, culpable e indefensa; ganaría mi padre y su capacidad para que hacer que todo lo que hago parezca algo mejorable, para hacerme sentir defectuosa y desviada por mi orientación sexual; ganarían mis antiguas compañeras de instituto que me hicieron la vida un poco imposible y, desde luego, no favorecieron mi crecimiento como persona. Dejaría que todos ganasen y yo intento no ser demasiado competitiva, ¿pero en esto? lo soy y mucho.

Así que, lo siento si he sido igual de inespecífica que siempre sobre este tema y no habéis logrado comprender todavía el por qué. Quizás hay cosas que es mejor que sigan siendo un misterio, como el ingrediente secreto de la Coca-cola y los trucos de los magos. De todas formas, no te preocupes porque, si sigues leyendo el blog, seguro que hay días en los que me quejo de mis padres, es inevitable.

No os voy a engañar. No voy a levantarme mañana como si nada hubiera pasado, sin miedos, sin sentimientos de culpa, sin creerme merecedora de nada. Será un largo camino y tendré días oscuros y recaídas. Pero me volveré a levantar porque ya he decidido, ya era hora, cerrar el capítulo de mis padres y comenzar otro de mi vida. Ellos seguirán presentes, claro, pero esta vez yo seré la protagonista. 

Quiero, sobre todo, olvidar y empezar de nuevo. Poner la cuenta a 0 de mi vida para deshacerme de los malos hábitos y volver a aprender a vivir. Comenzar renovada y fresca, Una nueva vida y una nueva yo. No es tan fácil. Decirlo y escribirlo suena muy bonito, cumplirlo es toda una prueba de voluntad. Pero creo que, el hecho de no haber aprovechado esta entrada para regodearme en mis momentos tristes, refleja que lo estoy dejando atrás y he empezado a caminar hacia delante.

Empeñarse en mantener vivos los viejos recuerdos dolorosos, he llegado a  la conclusión de que, es una pérdida de espacio en el hipocampo, además de inútil. Nos empeñamos en encerrar todos esos recuerdos en una jaula, como si fuera aves que no debieran escapar. Pero las aves está hechas para volar y, algunos recuerdos, están mejor olvidados. Así que yo he abierto mi jaula, dejo que vuelen libres y se vayan a atormentar a otro. Es lo que se llama una orientación conductivista.

Fuente imagen: http://ronay.mx/wp-content/uploads/2013/06/JAULA-VOLAR.jpg

Y quizás así aprenderé a librarme de lo que me ata al suelo para emprender el vuelo y ser libre :)

jueves, 26 de marzo de 2015

4 condiciones irremediables

Queridos lectores, 

Lo primero: Votad otra vez!!! Por favor. Venga, hacedlo por mí, que estamos empatados y casi perdiendo. Por fisss! Se puede votar más de una vez al día. 


Vale, ahora la entrada de verdad (pero votad, por faa)

***

Dicen que toda vida tiene varias cosas en común. Una es un secreto inconfesable, otra es un error irremediable, un sueño inalcanzable y un amor imposible. 

No sé si yo he tenido una de cada, pero sé que he tenido más de una de muchas. 

Un secreto inconfesable, por ejemplo. Viendo que tengo un blog en el que escribo todo lo que me pasa, creo que hay pocas cosas que no confiese. Pero es cierto que, incluso cuando tu predisposición para hablar supera a tu sentido común, siempre hay algunas cosas que te parecen demasiado oscuras, demasiado íntimas como para confesarlas. Creo que sería más el sentido de culpabilidad que el sentido común el que nos haría callar. ¿Pero hay algún secreto que no me atreva a confesar todavía? Claro. Quizás no aquí, que es mi pequeño rincón de libertad, pero cuando estoy rodeada del resto del mundo y no son mis dedos, sino mis labios los que deben enunciar el secreto tan celosamente guardado, me encuentro sin palabras o, incluso, sin aliento. 


Y, ¿por qué guardamos secretos? Bueno, pues depende del secreto. Si lo que escondes es que te permites un pequeño placer pecaminoso guardando chocolate en algún lugar de tu habitación, entonces, además de que tenemos algo en común, pues no hay mucho más que pensar. Pero, ¿y si escondemos algo porque nos avergüenza o nos hace sentir culpables? Entonces, tendríamos que pensar si realmente se merece esos sentimientos. 


Por mucho tiempo guardé en secreto cosas sobre mí misma y creo que era solo porque quería protegerme del resto del mundo. Pero si te guardas del mundo, si intentas protegerte, sí, te aíslas del dolor, pero también de la posible alegría. Te aíslas de las personas que podrían herirte tanto como te aíslas de las personas que podrían hacerte sonreír. 

La cuestión es que todos tenemos secretos. Quizás no es algo inconfesable, simplemente es algo que el mundo en general no necesita conocer. Porque es algo nuestro que queremos mantener en nuestro pequeño microcosmos sin que el resto del mundo lo contamine. Y eso está bien. Pero cuando convertimos en un secreto nuestra propia personalidad, para no exponernos, para no destacar, para que no se den cuenta de que no somos exactamente como el resto, entonces, corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos. 

Errores irremediables. Esa es mi categoría. He cometido tantos errores que, de haber llevado una cuenta, la habría perdido. Me he arrepentido de cada decisión que he tomado en mi vida, no porque todas fueran horribles, sino porque al escogerla y vivirla, sufría los inconvenientes y me parecía que la otra opción hubiera sido mejor. Pero eso no se puede saber, ¿verdad? La vida está hecha para cometer errores, por más que nos fastidie, pero es ley de vida. La única forma en la que podemos aprender algo es equivocándonos. Y a veces tenemos que repetir la equivocación para convencernos. 

No creo que sea malo equivocarse, siempre que aprendamos de nuestros errores y cometamos los nuestros propios. ¿Para qué seguir los pasos de alguien y cometer sus errores cuando hay tantos errores originales que podemos cometer, verdad?

Y no sé si lo hago bien, hay muchos errores que hubiera preferido ahorrarme, mucho sufrimiento que preferiría no haber tenido que pasar. Tardes en las que sigo teniendo ganas de esconderme del mundo debajo de mi manta y no volver a salir. Pero esos errores me han convertido en lo que soy y me han traído donde estoy. Y, mejor o peor, es lo que hay. Así que, hasta que inventen una máquina del tiempo, pretendo no seguir perdiendo mis horas en pensar qué habría pasado si... y seguir hacia delante. 

Aunque he de decir, que me niego a que haya un sueño inalcanzable. Quizás, haya sueños demasiado ambiciosos, pero nunca inalcanzables, solo tenemos que moldearlos un poco. Mi sueño "inalcanzable" hasta el momento es ser escritora. Es cierto que aún no he logrado publicar nada y que las dos últimas editoriales a las que mandé mi libro me están ignorando. También es verdad que la carrera me ata de piernas y manos (y no en un buen sentido), siempre demasiado ocupada y/o cansada como para encontrar el tiempo para escribir una novela seria en condiciones, registrarla, revisarla y hablar con las editoriales. Así que avanzo a pasitos de hormiga. Pero, incluso aunque no sea una escritora famosa nunca, parte de mi sueño sí que se ha cumplido. Porque yo no escribo por la fama, ni por el dinero, ni por los premios. Escribo porque es la única manera que he encontrado para ordenar mi vida, porque me he ido acostumbrando a llenar mi soledad con mis personajes; porque he aprendido, crecido y madurado gracias a la escritura y, al final, quiero que esos pensamientos (mejores o peores), que esas historias, sirvan para algo, que les sirvan a alguien. 

Todo lo que escribo, incluso la novela erótica que hice como experimento, acaba teniendo una especie de "moraleja", una enseñanza, un pensamiento más profundo con el que pretendo ayudar a quien lo lea o mostrarla algo que yo he comprendido gracias a la escritura. Pero eso es también lo que hago aquí en el blog. No siempre estoy muy inspirada, pero cuando escribo intento que mis palabras tengan más significado que el que las letras le dan. Intento que alguien aprenda algo. Animar a una persona, hacerle sonreír, a veces llorar, hacerle ver lo loco que es el mundo en ocasiones o hacerle comprender lo maravillosa que puede llegar a ser :) Y si consigo eso, aunque sea con unos pocos de vosotros que me leéis, parte de mi sueño ya se ha cumplido. (Aunque, sí, me sigue haciendo mucha ilusión publicar jeje.)


Y los amores imposibles, ah, eso es algo de lo que nadie se libra, me temo. Yo no entiendo mucho del amor. Hubo un tiempo, cuando mis padres me daban más problemas que cariño, cuando mis amigas me dieron de lado y estaba sola y me encontraba perdida, en el que empecé a soñar con el amor y me dije que esa tenía que ser la mejor sensación del mundo. El querer a alguien y que te quisiera, con plena confianza. Era algo que deseaba, que anhelaba y aún hoy lo hago. Pero ahora ya he comprendido que la mayor y más importante historia de amor que viviremos cada uno de nosotros no es con otro que con nosotros mismos. 

Que alguien te quiera es una sensación maravillosa, no lo dudo, aunque todavía no la he sentido. Pero más allá de eso, lo que debemos aprender es a querernos a nosotros mismos. Y suena tanto a frase de autoayuda que me da hasta vergüenza decirlo, pero es cierto. Lo sé porque ese es uno de mis ejercicios pendientes. Solía pensar que no estaba completa, que era defectuosa, que tenía que ganarme el cariño de todos los demás para que estuvieran conmigo. Solía pensar que lograría quererme más a mí misma y mis problemas se arreglarían cuando encontrara a alguna persona a la que yo quisiese y que me quisiera a mí. Porque, entonces, me decía, si alguien maravilloso me quiere, no podré dudar de que merezco el amor. Y podré reconciliarme conmigo misma. 

Solo que ese no es el camino, queridos lectores. Debemos comenzar por reconciliarnos con esa otra persona de nuestro interior que está gritando por un poco de cariño. ¿Me quedará muy cursi si digo que tenemos que abrazar a esa pequeña niña que sigue buscando el apoyo de su padre; que hay que aliviar a esa chica de las cargas que ha elegido, demasiado pesadas para ella; que hay que ayudarla a comprender que no tiene que hacer nada ni demostrar nada para ser merecedora del amor, porque ya lo es, solo por ser ella misma? Supongo que sí, muy cursi, pero muy cierto, al menos en mi caso. 

La vida es larga, tortuosa. A veces, es una carrera de obstáculos, pesada, cuesta arriba, tediosa. Es el viaje más largo que haremos. La mayor aventura. Y la más épica historia de amor  que viviremos en esa aventura es la que tendremos con nosotros mismos. 


El caso es que yo quería parar un momento por aquí para deciros que si estás teniendo un mal día o una mala época o estás tristes en general quiero que sepas: que eres una persona estupenda, con talento, increíble y única. Y no necesitas demostrarle nada a nadie para serlo, simplemente lo eres. Es normal sentirse mal de vez en cuando. Entiendo por lo que estás pasando, en serio, aunque no haya vivido la misma situación, entiendo el dolor, la tristeza, el miedo, la frustración... Tú solo aguanta. Todo irá bien al final. Te lo prometo. Y, si no está bien, es que todavía no es el final. Date una oportunidad, eres una persona increíble, y ahora solo tienes que dejar que el resto del mundo lo vea. Y yo me pasaré el tiempo que sea necesario por aquí haciéndote saber que eres especial, que no estás solo y que, por si lo necesitas, aquí tienes a alguien que te quiere tal y como eres. Recuérdalo siempre, por favor. ;)

martes, 24 de marzo de 2015

Y va por ti ;)

Queridos lectores, 

Hoy el día va de pediros favores, me he levantado egoísta... aunque, en realidad, no porque no son favores para mí. Pero POR FAVOR, ¿podéis entrar en esa página web y votar por SwanQueen, Emma y Regina de Once upon a time, como mejor pareja del año? Me haría mucha ilusión que ganaran ahora que ya estamos en semifinales y vamos perdiendo por un poquito. Por favor. Haceldo por mí, venga. Votad!!


Ahora que ya habéis votado todo, ¿porque habéis votado, verdad? Pues si no habéis votado, votad. No voy a seguir hablando hasta que no votéis... Espero que hayáis votado. En serio, votad. 

Vale, ya está. El caso es que la entrada de hoy es muy importante y tiene un cometido nada egoísta, pero me haría mucha ilusión que ganaran (así que votad xD). Pero, no. La entrada de hoy está dedicada a una persona en especial a la que, realmente, le da igual si Swanqueen gana o no esa votación, pero es tan buena persona que ha sido capaz de votar por mi :)

Vosotros la conocéis como Ada y, si volvéis atrás en el tiempo, veréis que es una de mis amigas que participó en la entrada de "Consejo de Sabias". Ada es, probablemente, la persona con más amor por la medicina que conozco. Tanto que, en su tiempo libre, en vez de hacer algo distinto, ella sigue metida hasta las cejas en la medicina. Dios sabe que nunca la entenderé, pero eso no quita que la admire y la apoye en todo lo que hace. 

Dentro de esto, tenemos la razón de esta entrada, porque mi querida Ada va a exponer mañana en un congreso para estudiantes como ponente estrella (lo de estrella lo digo yo, pero lo es) Así que escribo esto, especialmente, para que cuando estés un poquito nerviosa (aunque en realidad sea un mucho, pero no lo quieras admitir) y estés a punto de subir al estrado, puedas leer esto y saber que lo vas a hacer genial, que eres una gran oradora, una gran futura conferenciante y todo va a salir bien. 

¿Y qué más os puedo decir que no sepáis? Ada es una de las mejores personas que conozco, no solo porque me aguante en mis momentos de locura sin pegarme (y se conforme con desearlo); no solo por decirme las respuestas de algunos ejercicios de prácticas o controles de seminarios que no me sé; ni siquiera solo por reírse de mis chistes sin gracia. Lo que más me gusta de hablar contigo, Ada, es que cuando te cuento algo no siento que me juzgas, ni que vayas a pensar que estoy loca (no más de lo que lo pensamos todos, claro), no intentas darme vanos consejos que no tienen sentido. No. Tú me escuchas (quizás pienses mientras en la lista de la compra, pero parece que me escuchas), asientes de vez en cuando, comentas algo, pero es fácil hablar contigo y me apoyas cuando lo necesito. 

Así que, quiero pensar que esto te va a ser útil. Porque, queridos todos, que esto ya parece un soliloquio monopolizado para Ada, lo que os quiero decir con esta entrada es que todos necesitamos apoyo de vez en cuando. Y, es cierto, que en esta vida tenemos que hacer la mayor parte de cosas, enfrentarnos a los mayores retos por nosotros mismo. Obviamente, yo no puedo irme a un Congreso al que no me han invitado para pasarle las diapositivas a Ada, ni puedo viajar con ella, es algo que tiene que hacer sola. Y no es fácil. Conste que esto no lo digo solo como persona asustadiza cuando de salir al mundo mundial se trata, sino con el conocimiento de que tener miedo es algo normal, es incluso necesario y adaptativo. El miedo es una respuesta natural. El miedo es humano.

Y lo vamos a sentir todo. Miedo, nervios, cierre de esfínteres... llámalo X, me da igual. Cada reto, cada gran reto... mejor, cada gran HITO que se presenta en nuestra vida va a requerirnos un esfuerzo (porque si fuera fácil de lograr no sería un gran hito) y ese esfuerzo puede ser físico, psíquico o de cualquier tipo. Y será algo que hagamos por nuestra cuenta. Más solos que en compañía. Porque, al final, será una aventura, un reto, que nos hará crecer como individuos y personas, y darnos cuenta de que claro que podíamos. En realidad estaba chupado, los nervios eran por... Sí, sí, menos cuentos Caperucita. Estabas nerviosa y es normal. He perdido el hilo ¿verdad? Es que hoy llevo muchas horas de clase -.-'

En fin, que sí, a la mayoría de los retos de la vida nos enfrentaremos por nuestra cuenta, pero eso no quiere decir necesariamente que lo hagamos solos. Quizás no pueda estar de cuerpo presente en la ponencia de Ada, pero le voy a estar haciendo la ola mental, exactamente a las 12.35h (que es cuando expone).

Así que a pesar de los retos a los que nos enfrentemos, a pesar de lo difícil que pueda parecernos una situación en un momento dado; a pesar de lo perdidos que nos encontremos, creo que lo importante es saber que no estás realmente solo. Que hay alguien, en alguna parte del mundo, que va a animarte, a mostrarte su apoyo, a hacerte la ola y, sobre todo, que pase lo que pase, incluso si alguna vez fallas, incluso si te equivocas, no importará, porque te seguirá queriendo :) pase lo que pase. 


Y, bueno, poco más que pueda decir. Que hoy he pasado doce horas en el hospital y muchas de ellas de pie, que me estoy cayendo conforme escribo y que, en breves momentos, mi mente explotará de cansancio, pero antes que todo eso, un último mensaje. 

Y es que, si alguna vez os sentís solos, perdidos, dejados de la mano de Dios, sin fuerzas para seguir luchando contra los obstáculos de la vida, sabed que no estáis solos, que hay mucha gente que os quiere, que os apoya. O, por lo menos, me tenéis a mí por aquí. Que no sé si será un buen consuelo, pero la verdad es que en esos días en los que estoy demasiado cansada como para enfrentarme a todo y el mundo se me pone cuesta arriba, a mí me ayuda saber que estáis ahí y tener amigas como Ada :)

Y a ti, mi querida Ada, ya sabes, respira hondo, concéntrate y déjalos con la boca abierta. ¡Tú puedes! Y mis lectores y yo queremos saber los detalles de cómo te ha salido. 

Por cierto, ya que Ada fue una de la que os dejó su mensaje sobre su visión de la medicina, no estaría de mal si alguno de vosotros le devolvéis el favor y dejáis un comentario en el blog animando a Ada. Venga, que se note esa solidaridad blogera. 

Así que, dicho todo esto, (espero que hayáis votado) solo me queda desearos suerte para el proyecto que emprendáis. Mañana será un nuevo día, en el que podremos demostrar lo que valemos. Saldremos al estrado con Ada (mentalmente), poniendo corazón, mente y alma en lo que hacemos, ganando un poco de confianza y aprendiendo un poco más. Sí, mañana será un gran día, estoy segura. Pero hoy, yo me voy a dormir ;)

¡Suerte! 

lunes, 23 de marzo de 2015

De finales felices y otras injusticias

Queridos lectores, 

¿Os he dicho ya que estoy enamorada? Sí, estáis flipando ¿verdad? Pues sería un enamoramiento realmente estupendo si ella no resultara ser un personaje de ficción que aparece en una serie. Bueno, nadie es perfecto, ¿no? Y ese tiene que ser su único fallo, que no es real. 

Os hablo de Regina Mills, de la serie de Erase una vez, ¿la conocéis? Don't worry, yo os la presento. 

Hay algo en este tipo de personajes que me ha enganchado desde que era joven. Cierto patrón que no tiene que ver simplemente con que sean preciosas, morenas y de ojos oscuros... sino que está, más bien, relacionado con que son las malas del cuento. Villanas, malvadas, perversas... chicas malas en resumen. 

Y, sin embargo, no tiene nada que ver con lo que estáis pensando ahora mismo todos (mentes sucias) sobre el estereotipo generalizado de que las chicas nos pirramos por los malos. Hay algo más profundo en la maldad que los escotes de vértigo y los pantalones de cuero. Y es que, antes de convertirse en malvada, ella era buena persona. Era dulce, atenta, considerada. ¿Qué hace que una persona así se vaya al lado oscuro? ¿Estamos todos expuestos a salirnos del sendero del "bien" si algo nos golpea demasiado?

Lo que más me gusta de Regina no es su apariencia (que también), es su historia. Su madre era una bruja, literalmente, y controlaba todo lo que hacía. Su padre era un buen hombre, pero incapaz de defenderla de su madre. Pero Regina se mantuvo como una persona normal, lejos de la oscuridad, hasta que, por culpa de Blancanieves, su madre asesinó a su Amor Verdadero y luego la forzó a casarse con el rey, que era un viejo de la edad de su padre. 

Sin amor, sin amigos, atrapada en un matrimonio forzado y viendo como la "culpable" de su desgracia, Blancanieves, se dirigía al final feliz que a ella le habían negado. ¿Y por qué? Si hasta aquel momento, había sido buena persona. ¿Qué había hecho para merecer su infelicidad? 

Pero nos engañamos todos al creer que la vida es justa y que, al final, como si de un cuento se tratase, encontraremos el final feliz que nos merecemos por haber sido los héroes de nuestras historias. La vida no es justa, mis queridos lectores, y esa es una lección que todos aprendemos tarde o temprano de maneras más o menos dolorosas.

La historia de Regina puede estar sacada de una serie, pero no es tan imposible. Yo me crié con una madre demasiado sobreprotectora que me aisló del mundo para estar más tranquila por mi seguridad; mi padre podía haberla detenido, pero prefirió no enfrentarse a ella (porque mi madre enfadada también da mucho miedo); la poca voluntad y autoestima que mi madre no había podido aplastar con años de gritos e imposiciones, la destruyeron las que por años creí mis amigas cuando dejaron de hablarme por ser demasiado estudiosa y empezaron a hacerme la vida un poco imposible en el instituto. Llego al presente y, todavía a veces, me siento atrapado en mi propio matrimonio sin amor, que es la medicina, todo y que me guste algo, me sigo sintiendo atrapada. 

Y este es el asunto, que el ser buena persona y preocuparme por mi madre y su ansiedad solo me ha llevado a vivir condicionada por sus miedos y así es difícil encontrar algo parecido a la felicidad a veces. Y también siento rabia, frustración, ira, incomprensión... cuando todos los demás, todos los que se esforzaron por burlarse de mí y fastidiarme, aparecen el facebook felices y tranquilos. 

Me hace pensar ¿qué he hecho yo para merecer esto? Si mi único empeño siempre ha sido ser buena con los demás. ¿Es justo que los que me hicieron sufrir puedan sonreír, puedan salir, puedan ser normales y felices y yo no? 

Rotundamente no. Pero, otra vez, la vida no es justa. Ya, claro. No hay un autor mágico que nos vaya a dar nuestro final feliz. No sé si hay una vida más allá en la que se recompense nuestro esfuerzo en esta, pero por si acaso, yo casi prefiero ser feliz en esta vida que es la que ya sé seguro que tengo. 

Y he pasado por todas las malditas fases. Hubo un tiempo en el que fui incapaz de sentir nada, estaba tan sola, tan perdida que lo único que lograba sentir era el vacío. Un abismo que fui llenando con rabia porque, y esto es así, es más fácil sentir ira que no sentir absolutamente nada, al menos te da energía con la que seguir, un motivo para levantarte. Pero la fase final, es coger esa rabia y dejar de dirigirla a esas personas que ya hemos dejado atrás. Porque ya hicieron bastante, ya tuvieron su papel. Y, aunque lo sigan teniendo en el presente, esa rabia tiene que servirnos para enfadarnos, sí, con la vida, con el destino, con el mundo, con la injusticia... y decirles, con toda esa mala hostia que hemos acumulado, que, ya que ella (la vida) no piensa hacer nada para que obtengamos la felicidad que nos merecemos, lo haremos nosotros mismos. 

Y esto es una mierda y sé que suena a libro de autoayuda, pero estoy cansada de esperar a que el karma me recompense por mis buenas acciones. Hemos visto que no tiene intención de hacerlo, pues hagámoslo nosotros. ¿Cómo? Bueno, eso aún lo estoy decidiendo. Se admiten propuestas. Probablemente, que Regina fuera real ayudaría, pero eso lo ponemos en el montón de "poco posibles". 

Quizás os preguntéis de dónde he sacado la idea de que el mundo es injusto. Básicamente, del mundo en sí mismo, de las noticias, de la gente... Ayer escuché una historia poco gratificante, en la que, presuntamente (seamos políticamente correctos) una concejala de mi pueblo le hizo unos papeles de minusvalía para aparcar a un hombre que había sufrido un accidente y ahora no podía trabajar. Pero, al parecer, los hizo mal porque al pobre hombre lo multaron y por no pagar ahora le han congelado las cuentas y no tiene dinero. Y la... persona esa que le hizo los papeles se está riendo de él en su cara y no quiere admitir que es una puñetera incompetente. Pero, si están arreglando ahora las vayas de las calles para que queden bonitas, mientras el instituto lleno de niños se cae a pedazos. Eso en un pueblo pequeño y tranquilo, y aún así está totalmente corrompido. ¿Qué no esperar del resto del mundo?

Sé que hay terroristas, asesinos y toda clase de criminales que sí que están perseguidos por la ley, así que voy a permitirme ser un poco inocente y pensar, por el bien de mi salud mental, que esos no tendrán un final feliz. 

Pero los corruptos, políticos y malas personas en general son una historia diferente. Porque, técnicamente, ser un completo capullo no está penado por la ley. Este tipo de personas cuyo único esfuerzo está puesto en enriquecerse sin importar lo que pueda pasar o lo que provoquen a su alrededor. Que robaran millones, si les pillan pagarán unos miles y, después, volverán a alguna de sus mansiones mientras, por sus artimañas, decenas de personas han perdido sus trabajos o sus casas; mientras miles de personas se mueren de hambre en el mundo. 

 No. Yo veo las noticias cada día y no puedo pensar que este mundo sea justo. Ni puedo creer que nuestro destino está marcado por algún ser todopoderoso que reparte los finales felices, porque entonces, si creyera eso, me vería obligada a pensar que está de parte de los malos. 

Regina no lo sabe, pero en la vida real, fuera de su serie, los malvados son los que tienen más probabilidades de lograr un final feliz. Porque...¿por qué? No lo sé. 

Y este es el verdadero mensaje. Porque, sinceramente, a estas alturas me da igual que mis compañeras de instituto, por más que se metieran conmigo, sean felices, me parece estupendo. Pero los verdaderos villanos de esta historia que es la vida, los que roban, mienten, engañan y son el origen del sufrimiento de miles de personas, son los que no tienen derecho a tener su "felices para siempre".

Y, ¿sabéis qué? Que en el momento en el que perdamos la esperanza de hacer de este mundo un lugar mejor; en el momento en el que el miedo nos paralice, en el momento en el que nos resignemos y nos dejemos aplastar por estos "seres", en el momento en el que dejemos de vivir, de soñar, de luchar por lo que creemos, entonces, habrán ganado la partida. Y eso es algo que me niego a permitir.

Así que quizás no soy la persona más adecuada para hablar porque no soy la más fuerte, ni la más valiente, pero os propongo recuperar el espíritu de los cuentos de hadas. Os propongo ser felices. A pesar de todo, a pesar de las injusticias y los problemas. Y luchar por lo creemos, luchar por lo que queremos para demostrar que el "felices para siempre" no es otra de las posesiones que pueden comprarse con el dinero manchado por el sufrimiento ajeno.


Y si ahora mismo estáis pensando que últimamente hablo demasiado de cuentos de hadas... probablemente tengáis razón. Pero una chica necesita soñar ;)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Construyendo escaleras de madera

Queridos lectores, 

Hubo una vez una mujer que, quedando embarazada, no quería comer otra cosa que no fueran verduras y así se lo hizo saber a su esposo. Este, con el único ánimo de satisfacer a su mujer tuvo la gran idea de robarle una hortaliza a una bruja que castigó su atrevimiento llevándose a la niña al nacer y escondiéndola en lo más alto de una alta torre. Esta niña tuvo el nombre de Rapónchigo, aunque ha llegado a nuestros tiempos (vía Disney) como Rapunzel. 

También existió una preciosa chica llamada Bella, pero que tenía otras dos hermanas y un padre que, en el intento de conseguir una rosa para su hija menor, enfureció a una bestia al que pagó con la hija que más amaba. O una princesa que vivía con 7 enanitos, pero que sufrió tres intentos de asesinato, con un corsé y un peine, antes de que la manzana cumpliera su función. 

Los cuentos son distintos a como nos los han contado. Son detalles, finales, que van cambiando. Yo no conocí estas versiones más auténticas hasta que fui algo más mayor y aprendí a leer. Sé que a otras personas se los leyeron sus madres por ejemplo. 

A mí me hubiera gustado que mi madre me leyera cuentos de pequeña, que me arropara y me diera un beso de buenas noches, como veía que hacían en las películas. Pero, sobre todo, quería que me leyese. Un poco desesperada, quizás, por esta rutina nocturna que extrañé sin haber llegado a tener nunca, comencé a interesarme por los libros, aunque fuera a leérmelos a mí misma. Y, mientras fui demasiado pequeña como para entender y leer con fluidez los cuentos que quería conocer, comencé a crear mis propias historias, a contarme mis propios cuentos por las noches. Un día, alguien decidió darme un papel y colores para entretenerme y yo empecé a plasmar mis cuentos. Y, así, comencé a escribir. 

No tendría más de 7 años y sé que el primer cuento que plasmé fue sobre una princesa que tenía que buscar plantas inexistentes en lugares inalcanzables para hacer un remedio que salvara a su madre. 

No me había dado cuenta, hasta ahora, que esa carencia que siempre eché de menos porque nunca pude tener, me había dado una de las mejores cosas que tengo en esta vida que es, ni más ni menos, que escribir. Y eso me ha hecho pensar que, a veces, esos malos momentos de nuestros pasado son los que nos han permitido llegar a lo bueno de nuestro presente. 

Quizás sea una visión demasiado tocada por la mano de la religión que tiene esa mentalidad de que el sacrificio y el dolor lleva a la recompensa (estoy firmemente convencida de que de ahí viene la costumbre de comerse la verdura antes que el postre y dejar lo mejor para el final). Y, vale, lo admito, yo no soy una persona demasiado normal, he crecido a mi propia manera y he hecho lo que he podido con las cosas que la vida me iba dando para conformarme. Podría haber sido de otra manera, podría haber salido más, podría haber sido una persona diferente, menos sensible a los chantajes emocionales de mi madre y que no me afectase nada cada vez que ella tuviese un ataque de ansiedad porque salgo de casa. Podría haber sido muchas cosas, mejores o peores, pero soy lo que soy. 

Y, el caso es que, tengo algunos problemas, ciertos errores de concepto y me gustaría remediar algunas taras, pero hablando en general, no cambiaría lo que soy por lo que podría haber sido. 

Me gusta escribir, incluso cuando las palabras no me salen y las historias están solo en mi mente, me gusta tener más mundos en los que refugiarme y vivir vidas que son solo mías; me gusta ayudar a la gente y llegar a casa cada día sabiendo que he contribuido, aunque sea un poquito, a hacer que alguien se sienta mejor.

Así que supongo que el mensaje que quería transmitir, antes de que el efecto de la cafeína se evaporara y me dejara sin fuerzas y sin hilo argumental en mitad de la entrada, es que todos tenemos momentos en nuestra vida que cambiaríamos. Épocas en las que cometimos errores, pasados en los que nos hicieron sufrir, personas que nos hirieron, personas que nos amaron pero que perdimos... y podríamos estar tentados en desear que su recuerdo se borrase, que se difuminara con el tiempo o, aún mejor, que nunca hubiera existido, que nunca hubiera pasado. Pero sé que no podemos, porque eso nos hizo las personas que somos hoy y, si todavía no somos la persona que queremos ser, nos ayudará a ser la persona que seremos mañana. 

Los humanos tenemos la tendencia a creer que las vivencias dolorosas son cargas, que el sufrimiento y el pasado, se va acumulando sobre nuestros hombros y está destinado a hacernos caer y dificultar nuestra marcha. Cuando debería ser al revés, el pasado solo es una carga si la convertimos en ella. Pero si la usamos para aprender, para mejorar, para coger lo que nos hizo sufrir de ese momento y crecer como personas, para quedarnos solo con lo bueno de ese momento, entonces, nos ayudará a seguir con nuestro camino. 

Yo he pasado por momentos oscuros. Esos días, tiempo atrás, mucho tiempo atrás, en los que estaba tan confundida con mi sexualidad y los mensajes que me transmitían mis padres sobre eso eran tan negativos que llegué a obsesionarme con mi físico para proyectar la atracción que sentía con los cuerpos femeninos. Las veces en las que las fuerzas me fallaban y los miedos que mi madre ha sembrado en mí durante una vida, crecían y me robaban el control de mi propia mente. Y no era agradable, ni fue algo que quiera repetir. Pero tampoco es algo que tenga que esconder como si pasar por épocas de confusión o sentir miedo fuera un gran pecado, porque es algo que me ha permitido crecer como persona, aprender a enfrentarme (a veces mejor, a veces peor) a esos miedos, y ayudar a personas con mis experiencias. 

Pensad que, si esa carga es un palo que nos van dando y nosotros nos afanamos en esconderlo en nuestra mochila, obviamente, será un carga que nos hará hundirnos mientras escalamos en la vida, pero ¿y si cogemos ese trozo de madera y lo usamos para construir una escalera? Entonces, será más fácil :)

Así que un brindis por los errores y porque sigamos construyendo escaleras de madera cada día ;). 

(De aquí a Bricomanía xD) ok chiste malo, lástima, con lo bonito que lo había dejado. Nos leemos pronto :D

domingo, 15 de marzo de 2015

Te entiendo

Queridos lectores, 

Lo sé, os he tenido un poco abandonados y, encima, en el peor momento con una última entrada de tono melancólico. Tengo excusas, no tuve tiempo de escribir antes y el fin de semana lo pasé en casa de una amiga y no tuve tampoco ocasión de actualizar. Antes que nada, como suelo hacer a menudo, advierto a los lectores que hoy he dormido la friolera de dos horas y llevo unas dos semanas sin dormir más de siete horas del tirón bien dormidas. Así que vamos a decir que me perdonáis futuros errores de expresión.

En fin, tengo mucho que contaros y es tanto que no sé muy bien cómo explicarlo sin andarme demasiado por las ramas. El jueves volví a la psicóloga, que amor de mujer. Tiene que pensar que estoy un poco loca (aunque, claro, si no lo estuviera no necesitaría un psicólogo). Lo digo porque en la hora que duró me puse a llorar varias veces, pero siempre era como unos cambios emocionales exagerados. Estaba hablando contenta, animada sobre algo y, de pronto, el tema versaba sobre el punto X (patológico) y me ponía a llorar. Me gustó porque descubrí que mis lágrimas son como un detector de problemas mentales. Puede ser una herramienta útil.

Sin embargo, a pesar de haberme pasado una hora llorando, salí de allí insoportablemente contenta. Y es que, queridos míos, el tema X os diré que es, a riesgo de parecer poco original, mis padres. Más en concreto, mi madre y sus tendencias sobreprotectoras/histéricas. Y no lo digo yo, lo dijo la psicóloga que es una profesional. Para que os hagáis una idea, ¿habéis visto la película de Enredados o leído el cuento de Rapunzel? Pues yo soy una versión moderna, menos glamurosa y con una longitud de pelo normal (aunque me crece muy rápido). Mi madre me ha criado con la idea de que el mundo era peligroso y me ha aislado, en la medida de sus posibilidades, de él convenciéndome de que ni estaría segura ni nadie me querría si no era con ella.

Puede parecer una situación a la que cualquier persona, con una personalidad más adulta ya formada, se vería tentado a rebelarse. Mi problema es, sin embargo, que mi madre no usa la fuerza ni las órdenes para aislarme, porque yo me reboto contra las órdenes directas, eso no habría funcionado. Así que usa algo más efectivo, que es el sentimiento de culpa. Ella no me lo exige, pero yo veo que lo necesita y que sufre una ansiedad muy fuerte si me voy a algún sitio extraño o algo así, y yo sufro con ella y me siento culpable por ser la causante. Es un círculo vicioso en el que caí sin darme cuenta de pequeña, cuando era joven, inocente y no sabía lo que hacía, y del que intento salir ahora. De ahí, la mayoría de mis problemas y miedos.

No me apetece ahondar en el tema de mis miedos internos ni de mi madre. Pero sí entender por qué, a pesar de haberme pasado una hora llorando y sin encontrar solución ni consejo útil para solucionar mis problemas, salí tan contenta de la visita a la psicóloga. Y fue porque, por esa hora, me sentí comprendida. Así de simple. Sentí que alguien me entendía sin juzgarme, sin tratar de darme consejos que todavía no estoy preparada para aplicar, sin darme charlas sobre cómo estoy amargándome la vida por preocuparme más por el bienestar de mi madre que por el mío propio. Porque (sorpresa) yo soy consciente de todo eso. Sé que tengo un problema que me viene de mi madre porque ella ha proyectado en mí sus miedos e inseguridades y, desde pequeña, yo he intentado ser fuerte por ella y sujetar sus cargas para que no sufriera porque la veía más vulnerable. Me cargué con más peso del que mi infantil espalda hipotética podría soportar y eso me ha quebrado en parte. Pero lo bueno de las fracturas de tallo verde en niños es que no se terminan de romper (toma referencia médica).

Quiero decir que hay pocas cosas que me puedan decir o aconsejar que no haya pensado yo ya. Pero una cosa es que sepa que tengo que dejar de sentirme culpable o que entienda, racionalmente, que los nervios que siento al salir con gente no es un miedo mío, sino la ansiedad que siento al pensar que mi madre va a tener ansiedad. Y como soy consciente de ello, puedo ir controlándolo (aunque no lo parezca), cuando estoy bien tengo la fuerza necesaria para afrontarlo y empezar a romper el cordón umbilical al que mi madre se aferra. Lo que pasa es que, como todo el mundo, tengo mis días o épocas de sobrepresión y desgaste, y entonces me derrumbo con todo el peso del mundo que cargo sobre mis hombros.

Pero, por favor, volvamos a que lo único que necesitaba para sentirme bien, después de la entrada anterior en la que estaba empezando a temer por mi salud mental, era que alguien me escuchara e hiciera como que me entendiera. Porque parece simple, pero es terriblemente importante. Solo con eso, ya consiguió que me sintiera mejor, más normal porque pensé que no es que yo tuviera un problema interno en la construcción de mi cerebro, sino que lo que mis estados de ánimo depresivos son perfectamente comprensibles por toda la presión a la que me somete la ansiedad de mi madre y que es algo que podría pasarle a cualquier persona que estuviera en mi lugar.

¿Y qué hemos aprendido con esto? Sí, al menos, hagamos que mis problemas mentales tengan una moraleja útil. Para futuros médicos, psicólogos o persona en general, escuchar a la gente. Escuchadla. Muchas veces, solo necesitamos eso. Ni medicinas, ni consejos, ni remedios mágicos. No buscamos ayuda para llevar nuestras cargas. Tan solo una sonrisa de aliento que te diga: no te asustes, es normal. Ni siquiera tienes que esforzarte por entender si no puedes, porque es cierto que cuando te encuentras como receptor puedes no siempre compartir la visión del mundo con el locutor de la historia, pero puedes ponerte en su lugar y pensar "qué querría yo que me dijeran si estuviera aquí". A lo mejor es algo tan simple como confesar que, aunque no te ves en esa situación, puedes comprender lo que está sintiendo.

Porque, ¿os imagináis lo que es sentirse juzgado e incomprendido como un loco toda tu vida? Y es que hoy en día concedemos en término de locura tan a la ligera que es difícil poner la línea entre la verdadera locura y la desesperación.

Podéis llamadme presuntuosa si queréis, pero voy a suponer que todos vosotros habéis tenido algún problema alguna vez en vuestra vida. No hace falta que sea uno tan permanente en el tiempo como la ansiedad de mi madre, pueden ser exigencias del ambiente, padres poco comprensivos, problemas amorosos... Hay tantos. Pensad en aquella vez en vuestra vida en la que os quedasteis hundidos, desesperados, hartos del mundo y sus apósitos (aka humanos) porque, por más que lo habíais intentado, simplemente no podíais más, el peso de vuestra carga se había vuelto demasiado pesado y lo único que queríais era parar a descansar y recuperar fuerzas por un tiempo antes de emprender de nuevo la marcha.

Imaginémonos ahí, en mitad de una carrera por el desierto, sedientos, hambrientos, cansados, cubiertos de polvo, con la espalda destrozada por la mochila que lleváis. ¿A que no necesitaríais que en ese momento alguien se acercara a decir "no seas quejica, tu mochila no es para tanto"? ¿A qué le meteríais la zapatilla en la boca? (Me pongo un poco más irascible cuando no duermo) Se agradece mucho más que alguien simplemente te sonría y te diga que es normal estar cansado y que no pasa nada si necesitas descansar un rato, todo el mundo necesita pausas de los problemas de vez en cuando, lo importante es que después vuelvas al camino con las fuerzas renovadas.

Y cada persona tiene su carga, su mochila. Es diferente para cada uno y el peso cambia para cada uno. No podemos juzgar a la ligera las cargas de los demás porque no tenemos su espalda y no sabemos cómo estaríamos nosotros en su lugar.

Espero que mi metáfora os haya aclarado algo y no solo os haya recordado a esos días en los que os da por llevar un libro de texto de los gordos a clase.

Veis, al final los humanos somos complejos en nuestra simplicidad. Nos empeñamos en buscar soluciones y complicarnos la vida, cuando lo que necesitamos es algo tan simple como encontrar a alguien que nos escuche y nos entienda.

Bueno, eso también puede pasar, pero siempre es mejor hablar con alguien. 

A mi el blog me ayuda mucho con eso porque, aunque me sienta incomprendida por el mundo en general en esos días oscuros en los que no ves con claridad y te parece que todo está mal, puedo sentarme con mi mantita y mi té calentito y hablar de manera inconexa de mis sentimientos imaginando que alguien me entiende. En vuestro caso, si alguien lo necesita, ya sabéis, yo estoy dispuesta a escuchar o leer :)


PD: Quiero saber qué es de vuestras vidas, que me tenéis abandonada. ¿Qué tal el examen Roberto? Espero que bien.

PD2: después de salir de la psicóloga estaba tan contenta que me fui a la Feria del Libro de ocasión, me compré 10 libros (sí, me pasé pero se me juntó la alegría con los libros *.*) y me perdí de vuelta a casa. Soy un desastre, lo sé. Pero llegué yo solita... pidiendo indicaciones xD.

Besos a todos ;)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Un día bipolar

Queridos lectores, 

Hoy ha sido un día de esos raros en los que empiezas riendo y terminas llorando. 
Bipolaaar...

El caso es que el día ha comenzado con un madrugón de cojones, no lo dulcificaré. No he dormido mucho porque tenía que coger el autobús para ir al hospital y, como suelo ir en coche con una amiga a la que pagamos gasolina, pues no sabía cuánto le iba a costar en verdad llegar, a pesar de lo que dijera internet. Y me he pasado la noche soñando que perdía el autobús... -.-'

A pesar de eso, el día ha empezado de manera prometedora porque tenía dos comentarios en el blog sobre una bonita historia de amor y, adivina qué Roberto, yo tengo lectores de Indonesia (porque me lo dicen las estadísticas de Blogger) y claro, me he puesto ha pensar si no sería bonito que os reencontrarais por mi blog o por internet, en fin, ya sabes, me monto mis historias mentales. 

En las prácticas, he asistido a mi primera operación del año de cirugía torácica, han sacado una radial, olía a quemado y, sí, la verdad, me recordaba a mi pueblo con las herramientas de mi padre y eso. Además, los cirujanos eran unos cachondos mentales y me he reído mucho. Así que la primera parte de la mañana me la he pasado partiéndome de risa. Sé que no es una gran imagen que dar en un quirófano. Yo respetaba a la pobre mujer que estaba siendo operada, pero es que los chistes malos me hacen demasiada gracia. 

Por ejemplo, cuando después de dos horas de pie me he sentado en la silla del anestesista porque no había nadie y al verme sentada me ha preguntado si iba a estar ahí todo el rato y yo he empezado a divagar sobre si llevaba todo el día de pie, solo me quería sentar un rato, pero bueno en verdad es que soy una quejica (le he dicho) ahora mismo me levanto, en cuanto empiece la cosa. Gran discurso. El hombre se ha ido (temiendo por su vida, seguramente) y Ada me ha dicho: "podías simplemente haber dicho que era solo hasta que empezaran".... Mmm podría, pero no hubiera sido tan divertido. Luego estaba el cirujano que se quejaba de necesitar la tarjeta de identificación hasta para ir a mear, qué genial. 

Pero, todo lo bueno tiene un final, y cuando en psiquiatría me han puesto un documental sobre el duelo en el que salían, sobre todo, padres hablando de la experiencia de perder a sus hijos, las vivencias y últimos momentos de esos seres queridos... pues me he puesto a llorar, sin querer, pero sin poder evitarlo. Soy demasiado sensible. Y, al final, pues me ha pasado lo que me suele pasar y es que, en cuestión de llorar, soy como una papa Pringle "cuando hago pop no hay stop". He llegado a casa y seguía llorando. Ya sin motivo, ¿quién necesita motivos cuando puedes llorar para perder líquidos?

Solo que he acabado encontrando motivos. Sí, he tenido una recaída en mi ánimo deprimido T.T. No sé cómo explicarlo, yo no estoy bien, no sé por qué ni cómo arreglarlo. Desde luego, no estoy así por gusto ni lo hago a propósito. No es solo el llanto sin motivo, es la angustia, el nudo que se me pone en el estómago, las náuseas, el malestar en general... 

El seminario de psiquiatría de hoy iba sobre una mujer con un trastorno ansioso-depresivo. Había tenido una infancia complicada con una madre depresiva, lo que la había obligado a cuidar de su madre desde pequeña, a soportar una carga que no le corresponde a una niña, a ser más fuerte de lo que estaba preparada. Pero, al mismo tiempo, y aunque se sentía obligada a ser fuerte por su madre, su padre era demasiado exigente,  demasiado autoritario con ella, haciéndola sentir pequeña, débil, inútil. Ese desequilibrio de sensaciones entre la obligación de ser fuerte y la necesidad de ser débil la acompañó toda la vida, condicionándola. Se casó con un hombre que se parecía a su madre, porque estaba acostumbrada a proteger a la gente y se sentía útil pudiendo cuidar de un carácter más débil. Al final, su marido se metió en líos financieros que terminaron mal y acabaron con la paciente pidiendo ayuda a su padre, lo que le recordó a su infancia de mediadora entre sus progenitores, la dinámica entre ser fuerte y débil... y pudo con ella, ocasionándole el trastorno en cuestión. 

En el quirófano, lo estaba hablando con Ada y uno de los cirujanos nos ha preguntado. Cuando le he dicho que se trataba de una paciente ansiosa-depresiva sus palabras han sido: bah, fluoxetina y un par de bofetadas. ¬.¬'

Creo que las enfermedades psiquiátricas están demasiado estigmatizadas en el mundo moderno. Una persona no se encuentra deprimida por placer, ni sufre porque sí. Los médicos de hoy en día podemos explicar por qué se produce una diabetes o por qué se padece de hipertiroidismo, pero todavía no comprendemos del todo las enfermedades psiquiátricas y no aceptamos aquello que no entendemos. Tememos aquello que no entendemos. Cuando el otro día hablaba de mi locura, no es pensar en la vida amorosa de los cisnes lo que me preocupa, sino sentir que tengo un problema que no puede explicarse con hormonas o células y que la gente lo atribuirá a mi propia voluntad y no a un proceso orgánico. 

Ya he intentado todos los trucos, lo de sonreír para engañar a la mente, me he dado todas las charlas motivadoras, he distribuido el tiempo en escribir y estudiar, he hecho ejercicio para liberar endorfinas... Puede que sea una cosa de la mente, pero no es tan simple como pensar en cambiarlo. Eso solo es el primer paso. Vale, me he dado cuenta de que tengo "pensamientos patológicos", de que soy demasiado protectora con algunas personas, de que no tolero bien que la gente quiera ayudarme a mí porque me hacen sentir más vulnerable, tengo sensación de angustia y desasosiego, tengo miedos irracionales... y sé que son malos, obviamente, querría cambiarlos, preferiría no tenerlos, pero están ahí. Y los días en los que me levanto con fuerzas, pues puedo tomar toda mi voluntad, concentrarlos en esa zona del centro de mi pecho que me oprime y esforzarme en superarlos y "expulsarlos" de mí, vencer ese miedo, esa angustia. Pero luego están los días en los que la situación me supera o en los que algo nimio o sencillo, tan tonto como tomar una decisión, pues me abruma tanto que no puedo seguir conteniendo esas emociones negativas y, entonces, me ganan la partida. 

(Sobre tomar decisiones, me apetece poner este fragmento de un relato japonés, que no tiene mucho que ver, pero me lo estaba leyendo y es bonito)

"Para escapar a esta maldita suerte"- pensó el sirviente-, "no puedo esperar a elegir un medio, ni bueno ni malo pues si empezara a pensar, sin duda me moriría de hambre en medio del camino o en alguna zanja; luego me traerían aquí, a esta torre, dejándome tirado como a un perro. Pero si no elijo..."  Su pensamiento, tras mucho rondar la misma idea, había llegado por fin a este punto. Pero ese "si no elijo..." quedó fijo en su mente. Aparentemente estaba dispuesto a emplear cualquier medio; pero al decir "si no..." demostró no tener el valor suficiente para confesarse rotundamente..." Rashomon, Ajutagawa.

No lo hago a propósito. No quiero llamar la atención o hacerme la víctima. A lo mejor a alguien que lea esto podría parecérselo, pero realmente, si lo piensas, lo estoy escribiendo por el bien de mi paz interior y porque quiero dejar constancia de que las enfermedades psicológicas son más graves de lo que la gente piensa. Pero yo esto soy incapaz de decirlo a alguien, aunque necesite ayuda o me esté muriendo por un abrazo, no lo diré porque no quiero ser una carga. 

Supongo que algunos de los que leeréis esto estudiáis medicina o sois médicos y, en fin, más allá de lo que me pase a mí, si es algo patológico o meramente mi forma de ser deprimente, lo que sí quiero decir es que cuando una persona tiene una enfermedad psiquiátrica necesita un apoyo extra. Porque la sociedad te comprende si tienes HTA o te apoya si tienes cáncer, pero se apartarán de tu camino si tienes esquizofrenia. Y al final es una enfermedad como cualquier otra, que no puedes controlar, que no puedes evitar. Porque no te levantas un día y piensas: "hoy, para darle emoción al asunto, voy a sufrir un ataque de ansiedad". Porque a la carga de estar enfermos, de encontrarse mal y deprimidos, tienen que añadir el peso de sentirse como unos quejicas o victimistas segúb la sociedad. Y su problema puede ser puramente psicológico y solucionarse con hablar o, quizás, hay un mogollón de neurotransmisores implicados y no hay más. 

Porque cuando hay una causa se le culpa de todo, culpa a las hormonas, a los neurotransmisores, al tabaco... pero cuando no se sabe la causa, lo fácil es culpar al enfermo. Que digo yo, ¿qué culpa tendrá el pobre? Ya tiene bastante con estar enfermo. 

O las depresiones, como médicos, veréis montones de depresiones, porque a veces es algo normal que acompaña al proceso de aceptación de cualquier otra enfermedad crónica o grave y os diré una cosa, cuando una persona está deprimida, muy deprimida, a veces no quiere soluciones, no necesita consejos que le parecen vacíos e inaplicables, ni palabras de aliento que es incapaz de asimilar, solo quiere sentirse comprendido. Aunque la otra persona no lo entienda, eso es lo de menos. Solo que alguien se detenga para estar a su lado y le sea sincero, puedes decir que no tienes ni idea de cómo se siente, pero sabes que lo está pasando mal y respetas su dolor, y le das el tiempo que necesite. Solo eso. Hacerle saber que no está solo puede ser suficiente. 

Así que, queridos lectores, espero que no, pero si alguno de vosotros está teniendo un mal día, una mala semana o una mala vida y comprende lo que quiero decir, si os sentís solos, desesperanzados, asustados, nerviosos.... pues sabed que no estáis solos, que hay alguien en el mundo que os entiende. Y, aunque el mundo no se detenga, y siga girando y girando, podemos tomarnos unos segundos para cerrar los ojos, respirar y volver a intentarlo. 

Mañana será otro día.... y tengo sueño ;)

martes, 10 de marzo de 2015

La verdad sobre los cisnes

Queridos lectores, 

Lo sé, ya lo tengo, lo descubrí. Si fuera griega o tuviera complejo de Arquímedes saldría gritando por la casa desnuda ¡Eureka! ¿Qué descubrí que me tiene tan emocionada? Preguntáis. ¿Cómo, no lo imagináis? Está claro, descubrí la verdad sobre los cisnes. Celebrémoslo. 
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Bueno, en realidad no, que es una historia muy triste. 

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Así mejor. 

En fin, hago un breve resumen para los despistados. Había una vez una pareja de cisnes negros enamoradas. Sus nombres eran, desde que yo así lo decidí, Emma y Regina. Como sabréis, los cisnes se emparejan de por vida y son criaturas que se usan como ejemplo de fidelidad y amor en el mundo animal. 
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Hasta ahí, todo es precioso e idílico. Sin embargo, unas semanas atrás, algo sucedió, algo lo bastante grave como para hacer que una pareja que había decido unirse de por vida, se rompiera, Regina se lanzara en alas del único macho que quedaba en el estanque y Emma se sumiera en la más profunda de las tristezas. 

¿El qué? Era algo que solo podíamos suponer: una noche loca de Emma con los patos, algún desliz, que olvidó San Cisnetín... quién sabe. Era todo un misterio. Hasta hoy. Sí, queridos mío, creo que hoy he descubierto el motivo secreto que ha ocasionado tanto revuelo en el estanque: Emma tenía un hijo secreto. O.O. 
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Lo sé, lo sé... Yo me he quedado igual. Pero hoy en el estanque, en una esquina escondido, había un ave nueva que no había visto hasta hoy. No soy una experta y podría terminar siendo algún ganso o a saber, pero por la forma yo diría que era un cisne, por la forma del cuello, el pico y el pecho. Solo que su plumaje era más grisáceo-marrón como suelen tenerlo las crías. Por el tamaño y el plumaje yo diría que tiene unos cuantos meses, no sé si llegará al año aunque ya es grande, por eso descartamos que sea un polluelo de Regina y Robin. 

Esta es mi hipótesis: fue Emma la que tuvo un desliz o una aventura, y le ocultó el resultado de la misma a Regina, pero con la vuelta del hijo pródigo, Regina ha descubierto toda la verdad y eso es lo que la ha alejado de Emma, quién sabe si para siempre. Por cierto, siguiendo la tónica de poner los nombres de Once Upon a Time, el nuevo cisne presuntamente hijo de Emma, se llamará Henry. 

Así que eso es. Hemos descubierto el misterio sobre los cisnes y por qué Regina sufre el maltrato de Robin, sin querer acercarse siquiera a Emma. Lo que más siento es que Emma ha comenzado a rendirse con Regina y, sin su pareja de vida, me temo que no queda mucho por lo que quiera vivir. Hoy ni siquiera ha intentado comerse las galletas que le lanzaba. Aunque se las lanzase a su lado justo, ella seguía nadando sin detenerse a comer. Y estaba cantando. Dicen que los cisnes solo cantan antes de morir. 

¿Será así? ¿Podrá, la perdida de su pareja, llevar a Emma a tal estado de pena que prefiera dejarse morir? He de decir que yo nunca he estado enamorada de esa manera, no de una persona; sí he estado enamorada de mis propias ideas sobre las personas o los personajes que me invento. No he vivido el amor correspondido así, directamente, solo a través de mis personajes, por lo que no soy la persona que más sabe de este tema. Pero, si mi idea preconcebida del amor producto de demasiadas novelas  románticas tiene algún fundamento, entonces, sí, podría ser. Quiero decir, poneros en su lugar, no es solo el dolor, la culpa y el arrepentimiento; es estar encerrada el resto de tus días en el mismo estanque de reducidas dimensiones en el que la cisne que amas rehace su vida con otro ave. Y tienes que soportar cómo ella sufre por el pico del otro, cómo es infeliz, cómo es otro el que comparte sus momentos, por un error. 
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El mundo plumífero llora conmigo. 

Vale, que solo son cisnes y esta historia solo sería de verdad lacrimógena si fueran personas o si fuera posible demostrar algo de lo que digo. 

Supongo que no estaría tan obsesionada con los cines últimamente si no estuviera tan empeñada en demostrar o encontrar una prueba de que existe el amor y está al alcance de todos. De que es algo que podemos encontrar. De que es algo que merecemos tener y que, al final, te acaba encontrando. Por miedo que le tengas a la vida o por encerrada que estés en tu burbuja. También estoy un poco nerviosa porque el jueves vuelvo a ir a la psicóloga. No sé para qué. Solo sé que la última vez que salí de su consulta, no paré de llorar en toda la tarde, así que no es algo que aguarde con gran alegría e ilusión. Sobre todo, ahora que estoy algo mejor de mi humor deprimente. 

De todas formas, todavía tengo algunos problemas que hay que solucionar, supongo,,, porque fue ella la que me dijo que volviera. Yo solo quería ir un día porque necesitaba hablar con alguien sin sentirme juzgada, alguien fuera del mundo de la medicina que pudiera comprenderme cuando le dijera que no me gustaba, aunque fuese una fase o un momento de odio de una relación amor-odio. Solo quería que me diera opciones para saber que hay vida más allá de la carrera, como más aplicaciones, por ejemplo, dar clases o algo así. Pero todo lo que me dijo fue que acabara la carrera, cosa que ya sabía que tenía que hacer. Y luego, no sé cómo, logró que llegara derrumbada a casa. 

Si me vuelve a pasar lo mismo, puede que me vaya al estanque con Emma y me dedique a ahogar las penas con  helado de chocolate (para mí), algas variadas (para ella) y una caja de galletas (para las dos).

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(Retrato fidedigno de EMma y yo, solo que ella es en negro y yo... bueno, yo soy en yo ^^)