No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 23 de marzo de 2015

De finales felices y otras injusticias

Queridos lectores, 

¿Os he dicho ya que estoy enamorada? Sí, estáis flipando ¿verdad? Pues sería un enamoramiento realmente estupendo si ella no resultara ser un personaje de ficción que aparece en una serie. Bueno, nadie es perfecto, ¿no? Y ese tiene que ser su único fallo, que no es real. 

Os hablo de Regina Mills, de la serie de Erase una vez, ¿la conocéis? Don't worry, yo os la presento. 

Hay algo en este tipo de personajes que me ha enganchado desde que era joven. Cierto patrón que no tiene que ver simplemente con que sean preciosas, morenas y de ojos oscuros... sino que está, más bien, relacionado con que son las malas del cuento. Villanas, malvadas, perversas... chicas malas en resumen. 

Y, sin embargo, no tiene nada que ver con lo que estáis pensando ahora mismo todos (mentes sucias) sobre el estereotipo generalizado de que las chicas nos pirramos por los malos. Hay algo más profundo en la maldad que los escotes de vértigo y los pantalones de cuero. Y es que, antes de convertirse en malvada, ella era buena persona. Era dulce, atenta, considerada. ¿Qué hace que una persona así se vaya al lado oscuro? ¿Estamos todos expuestos a salirnos del sendero del "bien" si algo nos golpea demasiado?

Lo que más me gusta de Regina no es su apariencia (que también), es su historia. Su madre era una bruja, literalmente, y controlaba todo lo que hacía. Su padre era un buen hombre, pero incapaz de defenderla de su madre. Pero Regina se mantuvo como una persona normal, lejos de la oscuridad, hasta que, por culpa de Blancanieves, su madre asesinó a su Amor Verdadero y luego la forzó a casarse con el rey, que era un viejo de la edad de su padre. 

Sin amor, sin amigos, atrapada en un matrimonio forzado y viendo como la "culpable" de su desgracia, Blancanieves, se dirigía al final feliz que a ella le habían negado. ¿Y por qué? Si hasta aquel momento, había sido buena persona. ¿Qué había hecho para merecer su infelicidad? 

Pero nos engañamos todos al creer que la vida es justa y que, al final, como si de un cuento se tratase, encontraremos el final feliz que nos merecemos por haber sido los héroes de nuestras historias. La vida no es justa, mis queridos lectores, y esa es una lección que todos aprendemos tarde o temprano de maneras más o menos dolorosas.

La historia de Regina puede estar sacada de una serie, pero no es tan imposible. Yo me crié con una madre demasiado sobreprotectora que me aisló del mundo para estar más tranquila por mi seguridad; mi padre podía haberla detenido, pero prefirió no enfrentarse a ella (porque mi madre enfadada también da mucho miedo); la poca voluntad y autoestima que mi madre no había podido aplastar con años de gritos e imposiciones, la destruyeron las que por años creí mis amigas cuando dejaron de hablarme por ser demasiado estudiosa y empezaron a hacerme la vida un poco imposible en el instituto. Llego al presente y, todavía a veces, me siento atrapado en mi propio matrimonio sin amor, que es la medicina, todo y que me guste algo, me sigo sintiendo atrapada. 

Y este es el asunto, que el ser buena persona y preocuparme por mi madre y su ansiedad solo me ha llevado a vivir condicionada por sus miedos y así es difícil encontrar algo parecido a la felicidad a veces. Y también siento rabia, frustración, ira, incomprensión... cuando todos los demás, todos los que se esforzaron por burlarse de mí y fastidiarme, aparecen el facebook felices y tranquilos. 

Me hace pensar ¿qué he hecho yo para merecer esto? Si mi único empeño siempre ha sido ser buena con los demás. ¿Es justo que los que me hicieron sufrir puedan sonreír, puedan salir, puedan ser normales y felices y yo no? 

Rotundamente no. Pero, otra vez, la vida no es justa. Ya, claro. No hay un autor mágico que nos vaya a dar nuestro final feliz. No sé si hay una vida más allá en la que se recompense nuestro esfuerzo en esta, pero por si acaso, yo casi prefiero ser feliz en esta vida que es la que ya sé seguro que tengo. 

Y he pasado por todas las malditas fases. Hubo un tiempo en el que fui incapaz de sentir nada, estaba tan sola, tan perdida que lo único que lograba sentir era el vacío. Un abismo que fui llenando con rabia porque, y esto es así, es más fácil sentir ira que no sentir absolutamente nada, al menos te da energía con la que seguir, un motivo para levantarte. Pero la fase final, es coger esa rabia y dejar de dirigirla a esas personas que ya hemos dejado atrás. Porque ya hicieron bastante, ya tuvieron su papel. Y, aunque lo sigan teniendo en el presente, esa rabia tiene que servirnos para enfadarnos, sí, con la vida, con el destino, con el mundo, con la injusticia... y decirles, con toda esa mala hostia que hemos acumulado, que, ya que ella (la vida) no piensa hacer nada para que obtengamos la felicidad que nos merecemos, lo haremos nosotros mismos. 

Y esto es una mierda y sé que suena a libro de autoayuda, pero estoy cansada de esperar a que el karma me recompense por mis buenas acciones. Hemos visto que no tiene intención de hacerlo, pues hagámoslo nosotros. ¿Cómo? Bueno, eso aún lo estoy decidiendo. Se admiten propuestas. Probablemente, que Regina fuera real ayudaría, pero eso lo ponemos en el montón de "poco posibles". 

Quizás os preguntéis de dónde he sacado la idea de que el mundo es injusto. Básicamente, del mundo en sí mismo, de las noticias, de la gente... Ayer escuché una historia poco gratificante, en la que, presuntamente (seamos políticamente correctos) una concejala de mi pueblo le hizo unos papeles de minusvalía para aparcar a un hombre que había sufrido un accidente y ahora no podía trabajar. Pero, al parecer, los hizo mal porque al pobre hombre lo multaron y por no pagar ahora le han congelado las cuentas y no tiene dinero. Y la... persona esa que le hizo los papeles se está riendo de él en su cara y no quiere admitir que es una puñetera incompetente. Pero, si están arreglando ahora las vayas de las calles para que queden bonitas, mientras el instituto lleno de niños se cae a pedazos. Eso en un pueblo pequeño y tranquilo, y aún así está totalmente corrompido. ¿Qué no esperar del resto del mundo?

Sé que hay terroristas, asesinos y toda clase de criminales que sí que están perseguidos por la ley, así que voy a permitirme ser un poco inocente y pensar, por el bien de mi salud mental, que esos no tendrán un final feliz. 

Pero los corruptos, políticos y malas personas en general son una historia diferente. Porque, técnicamente, ser un completo capullo no está penado por la ley. Este tipo de personas cuyo único esfuerzo está puesto en enriquecerse sin importar lo que pueda pasar o lo que provoquen a su alrededor. Que robaran millones, si les pillan pagarán unos miles y, después, volverán a alguna de sus mansiones mientras, por sus artimañas, decenas de personas han perdido sus trabajos o sus casas; mientras miles de personas se mueren de hambre en el mundo. 

 No. Yo veo las noticias cada día y no puedo pensar que este mundo sea justo. Ni puedo creer que nuestro destino está marcado por algún ser todopoderoso que reparte los finales felices, porque entonces, si creyera eso, me vería obligada a pensar que está de parte de los malos. 

Regina no lo sabe, pero en la vida real, fuera de su serie, los malvados son los que tienen más probabilidades de lograr un final feliz. Porque...¿por qué? No lo sé. 

Y este es el verdadero mensaje. Porque, sinceramente, a estas alturas me da igual que mis compañeras de instituto, por más que se metieran conmigo, sean felices, me parece estupendo. Pero los verdaderos villanos de esta historia que es la vida, los que roban, mienten, engañan y son el origen del sufrimiento de miles de personas, son los que no tienen derecho a tener su "felices para siempre".

Y, ¿sabéis qué? Que en el momento en el que perdamos la esperanza de hacer de este mundo un lugar mejor; en el momento en el que el miedo nos paralice, en el momento en el que nos resignemos y nos dejemos aplastar por estos "seres", en el momento en el que dejemos de vivir, de soñar, de luchar por lo que creemos, entonces, habrán ganado la partida. Y eso es algo que me niego a permitir.

Así que quizás no soy la persona más adecuada para hablar porque no soy la más fuerte, ni la más valiente, pero os propongo recuperar el espíritu de los cuentos de hadas. Os propongo ser felices. A pesar de todo, a pesar de las injusticias y los problemas. Y luchar por lo creemos, luchar por lo que queremos para demostrar que el "felices para siempre" no es otra de las posesiones que pueden comprarse con el dinero manchado por el sufrimiento ajeno.


Y si ahora mismo estáis pensando que últimamente hablo demasiado de cuentos de hadas... probablemente tengáis razón. Pero una chica necesita soñar ;)

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