No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 21 de abril de 2015

Por los polluelos

Queridos lectores, 

Traigo grandes noticias. ¿Recordáis a nuestros cisnes? He de reconocer que ya había perdido la esperanza. Después de todo este tiempo, ya pensaba que Regina y Robin eran una cosa hecha y que Emma estaría condenada a vagar en soledad con los gansos, ahogando sus penas con los patos. Tanto es así que incluso empecé a visitarlas menos porque me partía el alma ver a la pobre Emma sola. Seguro que esto es síntoma de alguna grave carencia, pero, en cierta forma, no podía evitar imprimir mi propia historia en la de aquellas aves acuáticas. 

No, claro, no es que yo tenga una Regina ni nada por el estilo, ojalá. La parte de la historia que sí podía comprender, sin embargo, era la soledad. El ver que de tres cisnes que había encerrados en un estanque, uno se iba a tener que quedar sin pareja (no quiero entrar en temas de tríos plumíferos, así que sí, uno se quedaba sin pareja). Y que fuera Emma sin que triunfara la gran historia de amor que había imaginado, me apenaba. Me sentía un poco como ese cisne, sola, viendo cómo los demás eran felices y sin posibilidad de encontrar a alguien más porque no había más cisnes. 

Quizás no tan exageradamente, pero sí, me sentía identificada con Emma. 

Pero hoy, oh, queridos lectores, hoy he conocido a las razones de su separación temporal: Henry y Raven (El nombre de Raven no está completamente decidido) dos polluelos. Tan monos. Son chiquititos, pero ya nadan solos y van con Emma y Regina, ¡y no está Robin! No sé qué ha sido de él, la verdad, a lo mejor es solo que hoy no lo he visto o a lo mejor ya ha cumplido su cometido de fertilizar los huevos y lo han echado. No pasa nada. Lo importante es que ya son una familia con patitos. 

¿Qué no haríamos por nuestros hijos, verdad? En fin, yo no tengo, pero me pongo en la piel de una madre. ¿Qué no haríamos por nuestros hijos? Porque los queremos con toda nuestra alma antes incluso de que hayan nacido, a veces, incluso antes de que sean concebidos. Yo no tengo hijos, pero me imagino con un bebé en brazos y sé que querré decirle que la vida puede ser difícil, a veces, que será difícil, que no siempre podré darle todo lo que quiera, quizás ni siquiera todo lo que necesite, que nuestra familia puede ser algo diferente, que las fuerzas para combatir el mundo pueden terminar por agotarse... pero que, pase lo que pase, merecerá la pena, le prometo que merecerá la pena y yo siempre estaré ahí para hacerle saber que es querido, para que sea que le ayudaré a luchar cuando lo necesite. 

Me gusta imaginarme con bebés en brazos, sí, y me gusta conocer ejemplos como el que tuve ayer en consulta. Una mujer con una artritis reumatoide muy avanzada que le había deformado los brazos y que había obligado a apuntarle ambas piernas, con dolores crónicos, continuos, pero que no paraba de sonreír y que desprendía una vitalidad que ya la querría yo muchas veces. Y cuando la médica le preguntó cómo hacía para estar tan alegre y ser tan positiva, ¿sabéis qué le dijo?

Pues que ella tenía muchas ganas de vivir, pero no por ella, sino por su hijo. Porque tenía un hijo maravilloso que no merecía verla mal ni triste y que, mientras lo tuviera a él, estaría bien le pasase lo que le pasase. 

Y yo, lo admito, aunque sé que las personalidades de cada uno no se pueden cambiar con facilidad y que no todo el mundo es capaz de tener esa positividad, no pude evitar sentir una punzada de envidia por terrible que suene. Envidié a ese hijo y me sentí mal instantáneamente por ello porque su madre estaba fatal, no era una situación digna de envidia. Sin embargo, no lo pude evitar. Deseé que mi madre hubiera encontrado en mí los mismos motivos que aquella mujer hallaba en sus hijos para ser fuerte. No me había dado cuenta hasta ese momento de que, de alguna manera, siempre me había preguntado por qué yo no era lo suficiente como para que ella quisiera estar mejor, por qué por mí no merecía la pena superar los miedos a sus enfermedades imaginarias.

Por mí no lucharon, mi madre se centró  en su mundo de enfermedades y tristezas y nos hunde con ella cada vez que sus miedos resurgen. Yo creo que he luchado prácticamente desde que nací. Al principio por puro instinto de supervivencia, luego por mi madre, más adelante y actualmente, sobre todo, por mi hermano pequeño. Pero es verdad que a menudo me siento completamente agotada, no solo porque el ritmo de las prácticas me deje exhausta que seguramente también influye, sino por las cargas que me he puesto sobre los hombros antes de que mis huesos se terminaran de formar. Tengo complejo de Atlas, sostengo el mundo sobre mis hombros. Aunque a mí no me ha castigado ningún dios, al menos que yo sepa.

Así que cierras los ojos y te dices que no pasa nada porque sí que mereces que la gente luche por ti, sí mereces que te quieran, porque no es culpa tuya, es una cosa de neurotransmisores, es algo incontrolable. Y te dices que tú sí que lucharás por los demás, que lo harás por tu hermano, que lo harás si algún día tienes hijos. Aprietas los dientes, te levantas del suelo, sigues caminando y, cuando te quedas sin fuerzas, las encuentras, simplemente las encuentras, porque las necesitas. Y te mientes, y te dices que el que no hicieran lo mis por ti no te importa.

Y... tenemos pollitos. Que monada  *.* Intentaré hacerles fotos mañana, pero están algo más lejos de la gente. Se admiten ideas para nombres de polluelos, aunque Henry y Raven no están mal, ¿no?

Suerte a todos los que estáis estudiando, y a los que tendríais que estar estudiando pero no encontráis las energías ni las ganas... pues más suerte todavía, la necesitaremos ;)

PD: se me acaba de ocurrir una cosa loca al poner el título de la entrada. Porque, ¿os acordáis que buscaba a mi Calimero? Y Calimero es un pollito, así que si lo encuentro, ¿tendremos hijos polluelos? xD

sábado, 11 de abril de 2015

De odios y amores

Queridos lectores, 

¿Sabéis que es lo que más odio del mundo mundial? No son las espinacas ni los días nublados y tristes, ni estudiar, ni siquiera la nefrología. Lo que más odio es que la gente me juzgue. Y, además, que juzguen sin saber, que juzguen sin darme una oportunidad. 

Puede que me ponga un poco dramática en esta entrada, aún no lo sé, y no es que esté recayendo en malos hábitos, es que las vacaciones de Pascua me han hecho pasar dos semanas con mis padres y se nota, como si me chuparan la vida lentamente. 

En fin, odio que la gente me juzgue precipitadamente y no es difícil que eso pase. Como cuando estoy cansada de estudiar (que es mi estado basal actualmente) y me quejo de la medicina, porque es verdad y lo tengo asumido que, me puede gustar la profesión de médico porque hace que me sienta útil y ayudo a la gente, pero no me gusta la medicina. Todos estos conocimientos que me meten entre pecho y espalda (o que debería meterme) me parecen aburridos, insustanciales y no sé por qué me los tengo que aprender, yo solo quiero cogerle de la mano a alguien y decirle que está bien. Me importan las personas, pero los microbios, huesos y órganos me matan. El caso es que, sí, si bajo las defensas y se me olvida que a la gente no le gusta tratar con personas infelices o imperfectas y que en el mundo hay que fingir para ser uno más, y dejo caer algo sobre que no me encanta la medicina, me preguntarán por qué la estudio. 

Y en mi cabeza comenzará a formarse la historia de mi vida con demasiados detalles como para contar a una persona y esperar que no corra despavorida, así que me lanzo a la solución rápida: "me gusta ayudar a la gente y mis padres..." Y ya está, lo tienes hecho. Cualquiera al que le des la explicación va a pensar que eres una persona sin carácter, débil, que se dejó manejar por sus padres, lo sigue haciendo y no hace nada por remediarlo. 

Pero no saben nada de los años que mi madre dedicó a anularme como persona, no saben nada de lo importante que llegó a ser para mí que mi padre estuviera orgulloso de mí ni por qué, ni de lo mucho que sufrí cuando ser lo que el quería era imposible y solo me sentía defectuosa. 

O cuando me invitan a salir y yo, normalmente, o doy una excusa o voy, pero no hablo de mis nervios y del miedo condicionado por mi madre. Pero si creo que puedo confiar en alguien o simplemente he decidido que, quizás, si lo cuento me sentiré mejor o me entenderán, entonces, grave error, yo lo digo y vuelven a juzgarme como una miedosa, floja, dependiente de sus padres... Y vuelven a hacerlo sin saber todas las veces en las que salí a la calle y pasó algo, tantas veces que acabé asociando salir a la calle con algo malo y peligroso, ni de la manera que tiene mi madre de lograr que me sienta culpable por todo y manipularme. 

Es muy fácil juzgar a alguien y tacharlo de cobarde cuando no conoces todos los miedos a los que tiene que enfrentarse día a día, todos los fantasmas. 

Bueno, y es solo un pensamiento mío, pero ¿cómo vamos a ayudar a alguien a que sea más valiente si lo hacemos sentir como un cobarde? ¿cómo creemos que podemos contribuir a que alguien se haga más fuerte si lo tachamos de débil?

Realmente odio cuando eso pasa y es relevante porque yo odio, como odiar realmente, muy pocas cosas, soy demasiado blanda. Porque todos tenemos nuestros fantasmas, nuestros malos momentos, nuestras propias cargas. Cargas que tenemos que esforzarnos por ver como algo que nos ayude a mejorar y aprender, ¿pero cómo vamos a hacerlo si el resto del mundo de alrededor se empeña en colgárnosla del cuello para ver si nos ahoga? Y, además, cada persona es diferente y las cosas nos afectan de manera diferente. Ni siquiera conociendo todos los detalles de una historia podemos conocer cómo se sentía realmente el personaje, a menos que sea él quien lo cuente. 

Espero que vosotros no seáis así, no juzguéis a los demás. Yo, por mi parte, intento no hacerlo porque sé cuánto fastidia. Ya sé que juzgar es lo fácil. Es demasiado fácil. Quizás por eso la gente lo hace tanto, es más fácil que afrontar sus propios fantasmas. Y luego me dicen a mí cobarde...

Si os digo la verdad, esto me ha venido un poco a la mente por acontecimientos inconexos, pero en realidad, antes de ponerme a escribir y que me asaltaran estos pensamientos, estaba pensando una entrada enfocada hacía la Operación Calimero. Segunda parte. Pero no creo que ahora combine demasiado bien. Aunque, en cierta manera sí, porque siempre dicen que del amor al odio hay un paso, bien podría ser también un párrafo. 

Hablando de algo que odiaba, sé que es odio porque siento como una sensación ardiente en mi pecho. Siempre me he preguntado si los sentimientos realmente se sienten o solo se piensan. ¿Los siente todo el mundo? ¿Y los sienten igual? Porque yo siempre he sido muy emocional y quería pensar que los sentimientos eran algo visceral. Cuando siento miedo no solo sé que lo tengo, lo noto en el latido acelerado de mi corazón, en la manera en la que me hormiguean las extremidades y se me quedan frías, en el nudo que se me pone en el estómago. Cuando siento odio, ira, rabia... también lo siento como esa sensación ardiente en mi pecho, quemazón en los ojos por las lágrimas que no me permito derramar y una sensación de ahogado la garganta por el llanto ahogado. 

Y, entonces, me decía que si sentía estas cosas de manera visceral, tendría que sentir también igual el amor, ¿no? La sensación de calidez que embarga el cuerpo cuando te abraza un niño como si fuera un pequeño koala. Y he ido buscando esa sensación, pensando qué es lo más parecido al amor que he sentido, para saber reconocerlo si algún día me enamoro, y no os riáis, pero ¿sabéis dónde he encontrado esa sensación? Pues en escribir. Es lo que siento cuando escribo, cuando pienso una historia y tengo una tormenta de ideas, cuando creo un nuevo personaje y puedo pasarme horas soñando despierta simplemente creando cada uno de sus detalles. Estoy enamorada de la escritura. 

No me entendáis mal, quiero a mucha gente más, a mi familia, a mis amigas, a vosotros, a mis animales... Pero sé que, en mis peores momentos, cuando discuto con mis padres, cuando me vencen los pensamientos negativos, cuando el mundo se tambalea y no sé dónde esconderme, me queda esto. Siempre me queda esto. Un teclado, un lápiz, un boli, crear las historias en mi cabeza... y es como mi tabla de supervivencia, algo a lo que aferrarme y saber que no me pueden quitar, que es mío y solo mío. Y nunca podré demostrar suficiente gratitud por ello. Es lo que me ha salvado. Me quita tiempo de estudiar, pero me ha salvado del mundo, a veces, o incluso de mí misma. 

Bien, id pensando en lo que es el amor, estoy abierta a ideas y sugerencias, y lo intentaré trabajar en la próxima entrada porque he estado perfeccionando la teoría de los patrones mentales junto con Ada. Ah, y también intentaré poner una historia clínica redactada, cuando la encuentre ;)

Y, recordad, nada de ir por ahí juzgando libremente o me enfadaré. (Ya os hablo como a mi hermano pequeño)

sábado, 4 de abril de 2015

Historia clínica para dummies

Queridos lectores, 

Hoy había pensado en hablaros de mi Operación Calimero, la segunda parte, pero un comentario de Fernanda, me ha hecho recordar una entrada que tenía pendiente. Hoy, por fin, haremos algo útil. Os voy a enseñar o a dar las bases para una historia clínica, explicada de manera simple. 

Como médicos, la Historia Clínica será vuestra mejor arma para el diagnóstico (porque os permitirá hacer un buen diagnóstico diferencial, mirando todas las opciones y descartando las que no cuadran), os orientará cara a las exploraciones y pruebas que tenéis que pedir (porque no es cuestión de ensañarse con el pobre paciente a pedirle pruebas sin sentid) y también judicial en el caso de que algo saliera mal y tuvierais que demostrar que actuasteis de la mejor manera posible. Así que atentos porque es una lección importante. 

HISTORIA CLÍNICA

1) MOTIVO DE CONSULTA: 
En esta parte se expone brevemente y de manera impersonal y precisa por qué el paciente ha acudido a urgencias o donde sea. Ejemplo: mujer de 63 años que acude a puerta de urgencias por presentar dolor punzante en costado, disnea en reposo y febrícula.

Podéis alargarla un poco más y dar los datos necesarios, pero para que me entendáis, esto es el enunciado del caso. Breve y preciso. 

2) ANAMNESIS (enfermedad actual)

Esta es la parte complicada y de la que depende todo, atentos, porque aquí os veréis solos con el paciente y tenéis que hacerle las preguntas adecuadas para sacar la información que os oriente. 

Los pacientes de verdad no son libros ni enunciados de exámenes. Todo lo que digan no servirá, mucho de lo que digan no estará relacionado con su proceso actual de enfermedad. Pero, incluso entonces, tenéis que escucharlos con comprensión y respeto. No perdáis de vista, ante todo, que son personas y, muchas veces, lo que más necesitan es ser escuchados. ¿Vale? Sé que iréis con prisa, hay muchos pacientes, que la gente tiende a enrollarse de más, pero por favor, tratar de no cortarlos de mala manera en plan "eso no me importa un comino" y sed sutiles. 

¿Qué tenéis que preguntar? Pues hasta la talla que viste y calza. Bueno, eso no, pero hay que preguntar de todo. El inciso que haremos depende del servicio. 

a) Alergias conocidas o RAM (reacciones alérgicas medicamentosas)
b) Factores de riesgo cardiovascular: HTA, DM I o II, su fuma y cuánto, si bebe y cuánto, dislipemia.
c)Antecedentes personales del servicio. Por ejemplo, en respiratorio preguntamos si ha estado en contacto con animales, si ha viajado, si ha tenido tuberculosis, otras neumonías, dónde y con quién vive, si alguien de la familia fuma, enfermedades respiratorias previas, vacunas de la gripe y del neumococo, EPOC, si ronca (por valorar SAOS)

Preguntadle por TODO, si tose, si arranca, cómo es el moco. Si va de diarrea o no, cómo son las heces, cómo es la orina... Os lo estoy haciendo a grandes rasgos, entonces, según el caso preguntáis una cosa u otra, pero tenedlo en cuenta. Cuanto más sepas, mejor.

*En pediatría tiene mayor importancia, dependiendo de la edad, pero sí, los antecedentes familiares: enfermedades que han padecido los padres, algo que se herede; abortos de la madre. E, ¡importante! en pediatría se puede diagnosticar tanto a los niños como a los padres. Quiero decir, que no son inexistentes los casos en los que el niño no llega al percentil, está demasiado delgado y es un problema de la alimentación que viene de los padres, claro que ahí nos metemos en asuntos casi psiquiátricos. 

d)Otros antecedentes: del resto de zonas. Cardiovasculares, endocrinas...

e) Cirugías: apendicitis sobre todo suelen decir. Preguntad con varios ejemplos y dad vosotros posibilidades que creáis porque muchas veces la gente no os lo va a decir. No porque no quiera, porque no se acuerda o no se sabe el nombre o sabe a qué te refieres. Así que insistid. 

f)Medicación actual. 

3) EXPLORACIÓN FÍSICA

- Inspección: BEG (buen estado general) NC (normocolorado), si está hidratado (haced el signo del pliegue pellizcándole  la piel, si no vuelve a su sitio es que está deshidratado)
- Palpación abdominal: con todos sus pasos, buscar megalias, ascitis...
- Auscultación cardáica: si está rítmico.
- Auscultación pulmonar: murmullo vesicular conservado o no y lo que se escuche.
- Exploración neurológica: si es necesario
- Explorar miembros inferiores (MM.II): sobre todo si son ancianos y puede ser por un tromboembolismo que haya nacido en la pierna, buscar signos de isquemia, que una pierna esté más fría que la otra de apariencia atrofiada. 
-Pulso, respiración (eupneico, taquipneico)

En el ejemplo de motivo de consulta que he puesto digamos que la mujer tiene fiebre de 39ºC, a la AP escuchamos crepitantes en base derecha, con dolor y tos no productiva. 

4) PRUEBAS COMPLEMENTARIAS: lo que pedirías para asegurarte. Lo más común:
- Radiografía
- Análisis con su hemograma y bioquímica para ver marcadores de inflamación, infección.
- También está la eco, TC, microbiología... depende. 

En el ejemplo hacemos un análisis con leucos elevados y en la placa de tórax vemos condensación basal en un pulmón

5) SOSPECHA DIAGNÓSTICA: Diagnóstico.

El de mi ejemplo sería una neumonía adquirida en comunidad. 

6) PLAN TERAPÉUTICO: tratamiento, vamos

***

Bueno, pues a grandes rasgos, esto es una historia clínica. Os presento: historia, mis lectores; lectores, una historia. 

Editaré esta entrada en un futuro próximo quizás porque no tengo aquí mis historias de ejemplo que he hecho yo y lo he hecho de cabeza, así que a lo mejor me he dejado algo. 

Espero que os sirva :)


viernes, 3 de abril de 2015

Operación Calimero

Queridos lectores, 

Hoy vamos a hablar de sexo. Sí lo sé, he captado vuestra atención, eh viciosillos. Vamos a hablar de sexo porque el miércoles fui a una fiesta, la Fiesta de la Orla de Medicina, que es una de las más importantes del año porque la dan los estudiantes que se graduan. Así que es la fiesta por antonomasia.

Vamos a hablar de sexo y, dejad de pensar mal, no es porque yo hiciera nada indecente en aquella fiesta, ya me hubiera gustad... (es broma, pero quedaba muy gracioso decirlo), sino por lo que vi. Los adolescentes bebidos son unas máquinas incontrolables de hormonas y hay que tener cuidado en su manejo. Me lo pasé verdaderamente bien en la fiesta y tengo que decir que ni siquiera tuve miedo los días previos, con lo cual aún me lo pasé mejor porque empecé contenta por haber podido dominar e ignorar mis miedos, con la satisfacción de poder decirme que soy una persona valiente, no porque no tenga miedos, sino porque me enfrento cada día a ellos y los venzo. 

Pero volviendo a los jóvenes salidos, vi un poco de todo en esa fiesta, cosas que sorprendieron a sus asistentes pero que no mencionaré para no herir sensibilidades. Aunque, una de los sucesos que más me impactó fue uno que provoqué yo misma. Y es que estaba hablando inocentemente sobre uno de los temas sobre los que había investigado para uno de mis libros: los puntos erógenos de la mujer. La gente piensa que soy una pervertida si lo digo así, pero es una investigación realmente. Yo, cuando escribo, llevo a cabo un gran proceso de investigación previa para construir tanto a la historia como a los personajes. Y, cuando tuve que investigar para empezar a hacer escenas eróticas, el sexo se convirtió en una materia más de la que investigar. De modo que puedo hablar de ello ahora con la misma naturalidad con la que hablo de cisnes o de literatura japonesa. Porque son temas sobre los que he investigado. 

Claro que, desde este punto, yo no era consciente del poder que tenían mis palabras hasta que las dije delante de dos de aquellas máquinas hormonales y, en cuanto me giré, comenzaron a enrollarse. O.O 

Me llamó la atención que dos personas que acababan de conocerse pudieran llegar a aquel nivel de intimidad, movidos o no por mis palabras, es lo de menos. Porque yo no tengo nada en contra del sexo por puro placer, sin ataduras y todo eso que sale por la tele, pero personalmente soy incapaz de imaginarme haciéndolo. De hecho, yo ni siquiera logro sentirme atraída por una persona, por espectacular que sea su físico, si no la conozco al menos un poco, saber cómo es su personalidad. 

Mi amiga Ada me pasó hace unos días un artículo sobre una investigación que llevó a cabo un científico llamado Fisher. Según él, las personas nos dividiríamos en 4 grupos cerebrales que determinarían hacia quién nos sentimos atraídos. 

- Dopaminérgico: tienden a conducirse por recompensa, a ser impulsivos, buscan novedad y experiencias nuevas, aburriéndose con facilidad. Activos, curiosos, energéticos, flexibles mentalmente pero no excesivamente introspectivos. 
- Serotoninérgicos: personalidades más sociables, poco dados a tomar riesgos, suelen ser concienzudos y religiosos, siguen las reglas y valoran el orden y el hábito. 

Estos dos tipos de personas buscarían personas como ellas. Es decir, se verían atraídos por sus iguales. Mientras que:

- Testosterónicos: personalidades analíticas, competitivas, contenidas emocionalmente.
- Estrogénicas: empáticas, maternales, introspectivas, fieles, que buscan el significado de uno mismo y su identidad. 

Estos se verían atraído por su opuesto: estrogénico y testosterínico forever. Aclarar que ambos sexos tienen ambas hormonas, no es necesariamente testosterónico hombres y estrogénico mujeres. 

En fin, que Ada me lo dijo y me convenció. Es así. Al menos, en mi caso se cumple siempre. Y es como si, cada vez que conociera a alguien, pasara primero por un intervalo de uno minutos en los que, hablando con esa persona, la coloco en uno de esos cuatro grupos y si es el que me gusta pues suena la campana. 

No hace falta decir que yo cumplo el perfil de estrogénica, empática y todo eso. Pues siempre me gustan las personas como más serias, será porque yo soy un completo caos efusivo. Y me ha pasado de conocer a alguien y pensar que no era guapo/a, hablar con esa persona un par de minutos y que cambiara mi forma de verla de manera que me pareciera atractiva. 

Eso sí me ha pasado. Ahora, encontrarme con alguien en una discoteca y, sin conocerlo, tener ganas de enrollarme pues no me ha pasado nunca. Y ver que todo el mundo lo hace y yo soy incapaz me ha llevado a plantearme alguna vez si es que tendría algún problema (alguno más). Porque el mundo entero, la sociedad, nos vende esa historia del "amor a primera vista". No podría contar la cantidad de relatos que he leído en los que la chica conoce a su pareja destinada por el autor (podía ser hombre o mujer) y, autométicamente, se sentía excitada. Pues chica, no sé cómo lo haces, pero en la vida real, las cosas no van así de rápido. No conoces a alguien y ves aparecer a un niño en pañales lanzando flechas. Ni suenan coros celestiales o pasan esas cosas que solo pasan en las películas. 

Admito que, mi mayor conocimiento del amor viene de lo que he leído, visto y conocido. Y ya que hablábamos hace poco de razones por las cuales soy como soy, sé que mi rechazo o poca predisposición a enrollarme con alguien a quien no conozco, en mi caso, no viene movido por la moral, sino porque mi mayor precedente de relación es la de mis padres, que es la que más he visto. Y discuten tanto, a veces, hasta pienso que se odian. Así que, claro, nunca jamás en la vida querría una relación así por lo que necesito conocer a la persona bastante bien antes de estar segura de que me gusta de verdad, que no es algo pasajero o cosas así. 

Cupido ha hecho mucho daño, no lo negaremos. Y, quizás, todo sería más fácil si cada uno se identificase con un patrón cerebral y llevase una identificación con el suyo y, de paso, su sexualidad. A mí me simplificaría el trabajo porque mi gaydar está totalmente descalibrado. 

Además, ¿os dais cuenta de lo jodido que lo tengo? Resulta que mi tipo "ideal" o el que se corresponde con mi patrón cerebral son los que no expresan sus sentimientos y yo soy demasiado tímida como para atreverme a expresarlos sin indicios de que hay cierta correspondencia. Así que resulta que tengo que sacar a mi persona ideal del huevo, romperle el cascarón vamos... andaaaa... ¡Yo busco un Calimero!

Fuente: www.picgifs.com

Pues sí señores, tengo que buscar un huevo... digo un cascarón... digo argh una persona escascaronizada, ¿quién la descascaronizará? el descascaronizador que los descascaronice con él se casará. Tragalenguas original mío. 

En fin, que el amor es complicado. Pero, al mismo tiempo, es sencillo, el problema es que para que fuera sencillo, las personas deberíamos ser sinceras y comportarnos como somos, sin fingir, para que las parejas potenciales sepan qué patrón cerebral somos. Entonces, sería fácil. Pero en un mundo donde la mayoría finge ser algo que no es porque hay una norma, un patrón establecido que nos dice cuál es la mejor forma de ser. Y no vemos que, en no siendo nosotros mismos, estamos perdiendo la mejor oportunidad de encontrar el amor y tener nuestro propio final feliz de cuento. 

Yo, por mi parte, voy a empezar a poner anuncios en el periódico y por ahí que digan: 

"Mujer estrogénica busca a Calimero para largas charlas sobre literatura y maratones de películas románticas" 

Seguro que en unos días llaman a mi puerta... pero para encerrarme, no para responder a mi anuncio. De todas formas, tenía un profesor que siempre decía "si se busca con fe, se encuentra" y, a lo largo de los años, he comprobado que con respecto a tizas, lápices, bolis, móviles... acertaba. Así que, ¿por qué no el amor?

***

Hasta aquí la entrada de hoy. Solo os dejo este inciso para decir "¿habéis visto lo bien que he conducido la entrada?" porque os quería hablar de la fiesta a la que fui, pero también quería meter el artículo del amor y lo he hilado sutilmente. Por cierto, en la fiesta me lo pasé muy bien y bailé muchísimo :D