No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 21 de abril de 2015

Por los polluelos

Queridos lectores, 

Traigo grandes noticias. ¿Recordáis a nuestros cisnes? He de reconocer que ya había perdido la esperanza. Después de todo este tiempo, ya pensaba que Regina y Robin eran una cosa hecha y que Emma estaría condenada a vagar en soledad con los gansos, ahogando sus penas con los patos. Tanto es así que incluso empecé a visitarlas menos porque me partía el alma ver a la pobre Emma sola. Seguro que esto es síntoma de alguna grave carencia, pero, en cierta forma, no podía evitar imprimir mi propia historia en la de aquellas aves acuáticas. 

No, claro, no es que yo tenga una Regina ni nada por el estilo, ojalá. La parte de la historia que sí podía comprender, sin embargo, era la soledad. El ver que de tres cisnes que había encerrados en un estanque, uno se iba a tener que quedar sin pareja (no quiero entrar en temas de tríos plumíferos, así que sí, uno se quedaba sin pareja). Y que fuera Emma sin que triunfara la gran historia de amor que había imaginado, me apenaba. Me sentía un poco como ese cisne, sola, viendo cómo los demás eran felices y sin posibilidad de encontrar a alguien más porque no había más cisnes. 

Quizás no tan exageradamente, pero sí, me sentía identificada con Emma. 

Pero hoy, oh, queridos lectores, hoy he conocido a las razones de su separación temporal: Henry y Raven (El nombre de Raven no está completamente decidido) dos polluelos. Tan monos. Son chiquititos, pero ya nadan solos y van con Emma y Regina, ¡y no está Robin! No sé qué ha sido de él, la verdad, a lo mejor es solo que hoy no lo he visto o a lo mejor ya ha cumplido su cometido de fertilizar los huevos y lo han echado. No pasa nada. Lo importante es que ya son una familia con patitos. 

¿Qué no haríamos por nuestros hijos, verdad? En fin, yo no tengo, pero me pongo en la piel de una madre. ¿Qué no haríamos por nuestros hijos? Porque los queremos con toda nuestra alma antes incluso de que hayan nacido, a veces, incluso antes de que sean concebidos. Yo no tengo hijos, pero me imagino con un bebé en brazos y sé que querré decirle que la vida puede ser difícil, a veces, que será difícil, que no siempre podré darle todo lo que quiera, quizás ni siquiera todo lo que necesite, que nuestra familia puede ser algo diferente, que las fuerzas para combatir el mundo pueden terminar por agotarse... pero que, pase lo que pase, merecerá la pena, le prometo que merecerá la pena y yo siempre estaré ahí para hacerle saber que es querido, para que sea que le ayudaré a luchar cuando lo necesite. 

Me gusta imaginarme con bebés en brazos, sí, y me gusta conocer ejemplos como el que tuve ayer en consulta. Una mujer con una artritis reumatoide muy avanzada que le había deformado los brazos y que había obligado a apuntarle ambas piernas, con dolores crónicos, continuos, pero que no paraba de sonreír y que desprendía una vitalidad que ya la querría yo muchas veces. Y cuando la médica le preguntó cómo hacía para estar tan alegre y ser tan positiva, ¿sabéis qué le dijo?

Pues que ella tenía muchas ganas de vivir, pero no por ella, sino por su hijo. Porque tenía un hijo maravilloso que no merecía verla mal ni triste y que, mientras lo tuviera a él, estaría bien le pasase lo que le pasase. 

Y yo, lo admito, aunque sé que las personalidades de cada uno no se pueden cambiar con facilidad y que no todo el mundo es capaz de tener esa positividad, no pude evitar sentir una punzada de envidia por terrible que suene. Envidié a ese hijo y me sentí mal instantáneamente por ello porque su madre estaba fatal, no era una situación digna de envidia. Sin embargo, no lo pude evitar. Deseé que mi madre hubiera encontrado en mí los mismos motivos que aquella mujer hallaba en sus hijos para ser fuerte. No me había dado cuenta hasta ese momento de que, de alguna manera, siempre me había preguntado por qué yo no era lo suficiente como para que ella quisiera estar mejor, por qué por mí no merecía la pena superar los miedos a sus enfermedades imaginarias.

Por mí no lucharon, mi madre se centró  en su mundo de enfermedades y tristezas y nos hunde con ella cada vez que sus miedos resurgen. Yo creo que he luchado prácticamente desde que nací. Al principio por puro instinto de supervivencia, luego por mi madre, más adelante y actualmente, sobre todo, por mi hermano pequeño. Pero es verdad que a menudo me siento completamente agotada, no solo porque el ritmo de las prácticas me deje exhausta que seguramente también influye, sino por las cargas que me he puesto sobre los hombros antes de que mis huesos se terminaran de formar. Tengo complejo de Atlas, sostengo el mundo sobre mis hombros. Aunque a mí no me ha castigado ningún dios, al menos que yo sepa.

Así que cierras los ojos y te dices que no pasa nada porque sí que mereces que la gente luche por ti, sí mereces que te quieran, porque no es culpa tuya, es una cosa de neurotransmisores, es algo incontrolable. Y te dices que tú sí que lucharás por los demás, que lo harás por tu hermano, que lo harás si algún día tienes hijos. Aprietas los dientes, te levantas del suelo, sigues caminando y, cuando te quedas sin fuerzas, las encuentras, simplemente las encuentras, porque las necesitas. Y te mientes, y te dices que el que no hicieran lo mis por ti no te importa.

Y... tenemos pollitos. Que monada  *.* Intentaré hacerles fotos mañana, pero están algo más lejos de la gente. Se admiten ideas para nombres de polluelos, aunque Henry y Raven no están mal, ¿no?

Suerte a todos los que estáis estudiando, y a los que tendríais que estar estudiando pero no encontráis las energías ni las ganas... pues más suerte todavía, la necesitaremos ;)

PD: se me acaba de ocurrir una cosa loca al poner el título de la entrada. Porque, ¿os acordáis que buscaba a mi Calimero? Y Calimero es un pollito, así que si lo encuentro, ¿tendremos hijos polluelos? xD

1 comentario:

  1. Polluelos~
    Me gusta como escribes
    Ese blog titulado: "Malas relaciones" me hizo reír y me hizo pensar en cómo serán mis años de estudio si paso el examen de ingreso, (si, también iré a medicina; de hecho buscando un título para hacer un blog me topé con el tuyo ^-^), me llama la atención la carrera pero ¿me gustará?, ¿la soportaré?, ¿serán ciertos los estereotipos?; espero haber pasado el examen pero más espero haber hecho la elección correcta.

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