No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 26 de mayo de 2015

Malas relaciones

Queridos lectores,

¿Sabéis lo que es tener una mala relación? Una de esas que te asfixia, que te cambia. Yo ya no puedo más, no sé si puedo seguir contigo. Esto no puede seguir así, esta relación me está matando, me agota física y mentalmente. 

Estoy harta de las noches sin dormir por tu culpa. Harta de las lágrimas que he derramado a tu costa. Harta de que no me dejes ver a mis amigas, ni pasar tiempo con mi familia, de que quieras ocupar todo mi tiempo, mi espacio, mi cabeza, mi mundo...

Te he soportado, año tras año, dolor de cabeza tras dolor de cabeza. He perdonado tus faltas, tus cosas aburridas, cosas asquerosas que prefiero no recordar... Y me juré que no me iba a rendir contigo. Me dije que con el tiempo se haría más fácil, que me acostumbraría a ti, pero me equivoqué y ya no puedo más. 

Hasta aquí hemos llegado. Hemos acabado. Cinco exámenes más y te dejo... Y, aún así sé, que en unos meses volveré corriendo a tu puerta. No porque te quiera, no porque te eche de menos, no porque me gustes; si no porque llevas tanto tiempo en mi vida que ya no sé qué hacer sin ti. Ni cómo llenar mis horas ni mis días. 

Así que olvida lo que he dicho, Estudio, porque los dos sabemos que estoy enganchada a ti hasta que me muera. 


¿Ha quedado gracioso? Espero que alguno de vosotros, al menos, haya flipado pensando en que tenía una relación turbulenta secreta y no os lo había dicho. La triste realidad es que mi relación más larga y duradera ha sido con el estudio. Y con mis libros pero eso sí que es amor <3

En fin, queridos míos, salgo del primer examen y mi cabeza está hecha papilla, tengo sueño, estoy cansada y aún me quedan otros cinco hasta que pueda repetir todo lo que he dicho arriba... hasta septiembre. 

Siento que esta entrada sea corta, pero ya os digo que mi cabeza no da para más, solo quería escribir eso porque llevo dándole vueltas desde esta mañana a la idea de que estudiar es igual a tener una mala relación: no duermes, no comes, estás nervioso... es como una pareja agobiante. Y os voy a decir otra cosa, yo nunca he tenido una resaca pero no puede ser muy distinta al dolor de cabeza que se me pone después de un examen. 

Mucha suerte a todos :)

martes, 12 de mayo de 2015

Síndrome de Perséfone

Queridos lectores, 

Estoy en racha de entradas. Hoy se me ha ocurrido una gran idea. Deja paso Freud porque he llegado yo. Le he puesto nombre a un nuevo síndrome. El síndrome de Perséfone.

Antes de entrar en detalles del cuadro de dicho síndrome, os contaré brevemente la historia de Perséfone, quien era una diosa griega, hija de Deméter. Su madre era una diosa un tanto controladora que la tenía atada en corto y la mantenía protegida del mundo como si de una delicada flor se tratase. Aunque no lo suficiente, teniendo en cuenta que acabó siendo raptada por Hades, quien la obligó a convertirse en su esposa. Solo que, como Deméter era la diosa de la naturaleza, cuando su hija no estaba con ella perdía las ganas de trabajar y el mundo se sumía en el invierno más crudo, así que se decidió que Perséfone pasaría 6 meses con su madre y 6 meses con su marido. 

Imaginemos que su madre, Deméter, era una diosa sobreprotectora que no la dejó crecer emocionalmente porque la trataba como un objeto que se pudiera romper en cualquier momento. Pensemos que siempre la trató como una niña y Perséfone no aprendió a tomar decisiones, nunca maduró y se convirtió en una persona con cierto rasgo dependiente, no porque tenga un trastorno de personalidad dependiente, si no porque nunca ha aprendido a ser autosuficiente. Y terminó con un marido que ocupó el trabajo de su madre convirtiéndose en su nuevo punto de referencia. 

Claro, la diferencia aquí es que Perséfone no se casó voluntariamente, pero incluso así creo que esto es algo que ha pasado y pasa históricamente. ¿Conocéis el termino "histeria"? Se comenzó a usar el el siglo XVIII-XIX para referirse a un trastorno propio de mujeres (de ahí que histerectomía se parezca, la histeria hacía referencia al útero) que sufrían de ansiedad y otros problemas. ¿Por qué? Porque habían sido criadas en familias sobreprotectoras o demasiado ejecutivas que no les había permitido crecer como personas y, luego, se habían visto obligadas a casarse con alguien igual. El resultado era que nunca llegaran a ser independientes, esto causaba frustración, que derivaba en ansiedad que ya se proyectaba según la mujer. 

Esto en aquello siglos en los que las mujeres no teníamos ni voz ni voto es algo más fácil de imaginar, pero sigue pasando. La única diferencia es que ahora las mujeres con el síndrome de Perséfone no son forzadas a casarse con este tipo de hombres sino que ellas mismas los eligen porque están acostumbradas a que sus padres gobierne su vida y sin este gobierno se quedan perdidas, a la deriva. Así que, inconscientemente, buscan una figura que ocupe esta posición de gobierno. 

Puede parecer extraño a una persona que valore su libertad, ¿por qué buscarte un nuevo carcelero cuando puedes escapar de la jaula? 

Pues a esto lo llamo el "Complejo Rapónchigo" (que es el nombre original de Rapunzel y me hace más gracia). Cuando has pasado toda tu vida en una torre, aislada del mundo, con una visión lejana de lo que es y escuchando que es un lugar peligroso e inhóspito... no siempre estás dispuesta a salir a él. Y no vale que llegue tu príncipe azul y te grite para que le lances la melena y te pida que cabalgues con él hacia la puesta de sol porque, de nuevo, estás basando tu libertad en encadenarte a otra persona. 


No, estás en una torre, con una ventana y es todo lo que has conocido. Tienes dos opciones: tumbarte mirando al escaso cielo que se ve desde tu ventana y decirte que ese bonito paisaje es todo lo que necesitas, porque te sirve con ver el mundo desde ahí, no necesitas estar en él para saber cómo es, porque en tu torre estás protegida, a salvo y no tienes grandes emociones, pero tampoco grandes peligros y vives bien. Así que puedes aferrarte a esa comodidad o puedes encontrar la manera de lanzarte desde una torre inexpugnable y llegar a tierra. 

Quizás pensaréis que es mucho mejor lanzarse al aire desde la torre, ¿no? salir al mundo, vivir la vida de verdad y no limitarse a mirarla desde la distancia. Pero la verdad es que hay mucha gente que vive en una torre toda su vida y vive feliz. Os sorprendería. Porque, por si alguien necesita al pista, todo esto es metafórico, la torre son las cosas que nos esclavizan, que nos atrapan y nos aíslan, vale, en mi caso son mis padres y mis propios miedos generados, pero cada uno que inserte a su gusto. 

Como decía, desde que le he cogido afición a la psiquiatría y voy por el mundo psicoanalizando a la gente, me he dado cuenta de que hay muchas personas así. Que han vivido siempre en su torre, por su familia, por su propia personalidad y, cuando llegó el momento de independizarse o tuvieron la oportunidad de salir de su torre, la cambiaron por otra. Lo peor no es estar atrapado, a pesar de lo que podáis pensar, porque si no eres consciente puedes vivir ahí y hacer de tu cárcel tu hogar. No, lo peor es estar atrapado y ser consciente de ello. 

Es entonces, cuando abres los ojos y te ves rodeada de barrotes cuando comienza la histeria. 

El problema es que tanto Perséfone como Rapunzel consiguieron salir de su prisión yéndose con un príncipe o dios el Inframundo (a elegir) y eso me hace pensar que no llegaron a ser libres, solo cambiaron una prisión por otra. No digo que el amor sea una prisión, pero cuando has pasado gran parte de tu vida sometida necesitas un tiempo para encontrarte a ti misma o corres el riesgo de dejarte llevar por esa nueva corriente de aire a la que te aferras. 

Y, sin embargo, hay una gran diferencia entre Perséfone, Rapunzel y el resto de personas que vivimos hoy en día. Y es que no somos diosas, ni princesas, pero tampoco formamos parte de una mitología misógina ni ambientadas en una época medieval. Nosotras (y hablo en femenino porque esto es algo que afecta mayoritariamente a las mujeres) tenemos la suerte de vivir en una época en la que ya podemos ser libres. Cierto es que seguimos teniendo algunos obstáculos que superar, que la sociedad sigue siendo patriarcal, que sigue habiendo demasiados casos de maltrato, que hay todavía culturas que maltratan y desprecian a las mujeres. Pero ahora tenemos una oportunidad, una que no ha existido en épocas anteriores, una por la que muchas mujeres murieron. 

Ahora, y este es nuestro problema, nuestra cárcel no son los padres autoritarios ni los maridos o parejas, somos nosotras mismas. Hablo sobre todo por mí, que conste, me he dado cuenta de que el mayor obstáculo hacia la felicidad muchas veces es uno mismo y esta manía que he cogido de cargarme con la culpa del mundo o de hundirme por un soplo de aire.

Elegimos nuestra prisión, elegimos encerrarnos, elegimos lanzar la llave, mirar por la ventana y dedicarnos a suspirar por estar encerradas. Quizás es algo presuntuoso por mi parte hablar en plural, así que lo voy a personalizar. Cuánto mejor no hubiera sido si hubiera empleado la energía y el tiempo que me he pasado quejándome de mi vida y llorando por lo que no me gustaba, en vez de esforzarme en cambiarlo. 

Y, sí, el problema es que hay cosas que nunca podré cambiar, como las neuras de mi madre o algunas cosas de mi pasado, pero cómo las afronto sigue dependiendo de mí y eso sí puedo cambiarlo. Esta mañana iba pensando que la vida viene a ser como un programa de cocina en la que te dan unos ingredientes y tú tienes que hacer el mejor plato posible con ellos. Y te pueden tocar tomates podridos o algo no demasiado fresco, eso no puedes cambiarlo, pero puedes sacar el mejor partido posible a esos ingredientes... a esas situaciones, ¿comprendéis?

Me doy cuenta de que la vida es muy corta y ya estamos sometidos a demasiadas cosas que se escapan a nuestro control como para torturarme a mí misma con todas las cosas que podrían haber sido pero no fueron, con todo lo que podría ser pero no sé si podré ser. Soy lo que soy, estoy donde estoy y quizás no es el mejor lugar, ni me mejor momento. Pero no existe un aquí y ahora perfecto, existe este, el que tenemos y no va a cambiar por mucho que lloremos. 

Ahora mismo me estoy riendo porque por mucho que haya aprendido la lección teórica sé que voy a seguir teniendo miedo. Mierda, es que la vida da miedo porque es grande y no sabes lo que va a pasar o en qué momento la vas a fastidiar, hay tantas cosas que pueden salir mal. Pero también tantas que pueden salir bien que por pasarte la vida temiendo actuar nunca llegas a vivir. 

Recuerdo para mí: mi lección pendiente es aprender a vivir. 

Así que sí a todo lo que he dicho, intentaré reencontrarme con esta súbita motivación la próxima vez que no sepa qué hacer conmigo misma. 

Ah, y recordad, si alguna vez os rapta el dios del Inframundo y os lleva con él, no probéis la fruta u os tendréis que convertir en su esposa, yo os he avisado ;)

domingo, 10 de mayo de 2015

Descontrol y fiesta salvaje

Queridos lectores, 

No sé qué tienen las polillas con la luz. Así como pensamiento aleatorio (acaba de entrar una polilla a mi casa, pero tengo una política de Hakuna Matata, mientras el bicho no pique, vivo y dejo vivir). 

Sé que llevo ya mucho tiempo sin escribiros y lo siento mucho. Me gustaría poder decir que es porque he estado estudiando, pero sería una mentira como una catedral, esa es la verdad. No sé exactamente qué me pasa este año, pero no quiero estudiar. No es que no me apetezca o que tenga cosas mejores que hacer, es que directamente no quiero. Ya, ya, lo sé, no es lo más inteligente que he hecho nunca, pero en fin, nunca se me ha conocido por mis ideas brillantes. 

Aunque hoy he tenido una idea muy buena: picnic en la cama. No es raro, es visionario. Cenaba sola y no me apetecía estar en el comedor porque tenía el móvil cargando en el cuarto y quería leer, así que he dicho "pues ceno en la cama" y para no mancharla le he puesto una manta a cuadros, eh voilá, ¡Picnic en la cama! Es una gran idea, tanto que me merezco un postre... mmm el chocolate me llama.

Pero antes tenía que hacer algo, qué era... ah sí, escribir la entrada jajaja. Esta pobre cabeza mía no da para más. Está bien, lo he aceptado. Al igual que he aceptado que este año ha sido mi año de "descontrol y fiesta salvaje" porque no estoy estudiando nada.

Si lo queréis saber, mi año de "descontrol y fiesta salvaje" ha sido memorable, dudo que alguien haya tenido un año tan salvaje como yo. Cuenta, por el momento, con un récord personal de ocho cervezas en total, las primeras y únicas ocho cervezas de mi vida, y para crédito mío, las cinco primeras me las tomé la misma noche. Lo que derivó en mi primer estado de "contentilla" porque no estaba borracha. Fui a mi primera fiesta de la Orla en la que no bebí pero bailé mucho (desparrame). Y he leído mucho. sí, sí, sí... he leído todos los libros eróticos que han caído en mis manos, incluyendo algunos de nivel cultural como las obras del Marqués de Sade y Masoch, quienes dieron nombre al sadismo y masoquismo. Lo que ha convertido mi mente en todo un almacén de datos, posiciones y otras cosas sexuales así como darle una predisposición ciertamente preocupante a verlo todo de manera pervertida. Incluso, cuando me quedé sin cosas en castellano que leer, me pasé a literótica en inglés y ahora tengo más vocabulario en inglés de temática erótica que de temática médica. Pero la práctica sigue al mismo nivel.

Me he relacionado repetidamente con unos sujetos que mantenían una truculenta relación que no sabíamos si era un triángulo amoroso o un trío directamente... sí, estoy hablando de los cisnes.

¿Qué más? Ah, he acabado yendo a una psicóloga porque empecé a tener ataques de ansiedad en clase y quería dejar la carrera y hacerme bailarina en las Vegas. Sip, un año loco. Descontrol total.

En fin, la cuestión es que después de toda esta fiesta loca, sigo sin demasiadas ganas de estudiar. Y es que la cuestión es que cuando estás trabajando mucho por algo, cuando tienes que esforzarte y sacrificarte por algo esperas que el resultado sea algo que quieres, algo que deseas. Pero si de repente miras hacia la cima de esa montaña que estás escalando y te das cuenta de que te has equivocado de montaña, ¿qué haces? Lo pienso así a veces por el ejemplo recurrente que suele usar mi padre sobre que cuando más alto llegues, mejor. Al final, he acabado imaginándome la vida, sobre todo digamos la profesional, como una montaña. Cada carrera es una montaña y escalas, escalas, escalas, hasta que llegas al final y ahí tienes lo que has estado buscando. Entonces, es cuando el sacrificio ha valido la pena. Supongamos que eliges la Montaña Medicina que, casualmente, es la más alta de todas y de las más escarpadas y te dejas media vida escalando porque es lo único que has hecho toda tu vida, escalar ciegamente esperando que haya algo bueno en la cima. Pues pongamos que cuando estás a mitad de esa montaña se te ocurre (¡por fin!) echar un vistazo a tu alrededor y te das cuenta de que no te gusta lo que te espera en esa cima y, de hecho, ahora mismo querrías estar en otra montaña, que es la que tiene el premio que ansias. Pero la mejor.... no, la única solución que tienes ahora es seguir escalando hasta la cima y, mientras todos, se queden ahí felices por haber llegado a su destino, tú tendrás que lanzarte al vacío para ponerte a los pies de una nueva montaña y volver a escalar.

Uf... no me extraña que odiase la escalada en el instituto.

Como comprenderéis, con toda esta expectativa de montañas que te cansa solo de leer mis ganas de estudiar están bajo mínimos. Desaparecidas en combate. Desconectadas o fuera de cobertura. Todo a la vez. Se quedaron en algún lugar de mi susodicha "fiesta salvaje".

Así que ya sabéis, nada de descontrol ni fiestas salvajes hasta que terminéis la carrera.

Se me queda corta la entrada para los días que llevo sin escribir y todas las historias que os debo, pero mi cerebro frito a fanfics se cae del sueño, así que os deseo mucha suerte con vuestros exámenes, que encontréis la motivación que yo perdí (también me podéis mandar alguna de mis ganas de estudiar si las encontráis) y nada, sigamos escalando.