No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 10 de mayo de 2015

Descontrol y fiesta salvaje

Queridos lectores, 

No sé qué tienen las polillas con la luz. Así como pensamiento aleatorio (acaba de entrar una polilla a mi casa, pero tengo una política de Hakuna Matata, mientras el bicho no pique, vivo y dejo vivir). 

Sé que llevo ya mucho tiempo sin escribiros y lo siento mucho. Me gustaría poder decir que es porque he estado estudiando, pero sería una mentira como una catedral, esa es la verdad. No sé exactamente qué me pasa este año, pero no quiero estudiar. No es que no me apetezca o que tenga cosas mejores que hacer, es que directamente no quiero. Ya, ya, lo sé, no es lo más inteligente que he hecho nunca, pero en fin, nunca se me ha conocido por mis ideas brillantes. 

Aunque hoy he tenido una idea muy buena: picnic en la cama. No es raro, es visionario. Cenaba sola y no me apetecía estar en el comedor porque tenía el móvil cargando en el cuarto y quería leer, así que he dicho "pues ceno en la cama" y para no mancharla le he puesto una manta a cuadros, eh voilá, ¡Picnic en la cama! Es una gran idea, tanto que me merezco un postre... mmm el chocolate me llama.

Pero antes tenía que hacer algo, qué era... ah sí, escribir la entrada jajaja. Esta pobre cabeza mía no da para más. Está bien, lo he aceptado. Al igual que he aceptado que este año ha sido mi año de "descontrol y fiesta salvaje" porque no estoy estudiando nada.

Si lo queréis saber, mi año de "descontrol y fiesta salvaje" ha sido memorable, dudo que alguien haya tenido un año tan salvaje como yo. Cuenta, por el momento, con un récord personal de ocho cervezas en total, las primeras y únicas ocho cervezas de mi vida, y para crédito mío, las cinco primeras me las tomé la misma noche. Lo que derivó en mi primer estado de "contentilla" porque no estaba borracha. Fui a mi primera fiesta de la Orla en la que no bebí pero bailé mucho (desparrame). Y he leído mucho. sí, sí, sí... he leído todos los libros eróticos que han caído en mis manos, incluyendo algunos de nivel cultural como las obras del Marqués de Sade y Masoch, quienes dieron nombre al sadismo y masoquismo. Lo que ha convertido mi mente en todo un almacén de datos, posiciones y otras cosas sexuales así como darle una predisposición ciertamente preocupante a verlo todo de manera pervertida. Incluso, cuando me quedé sin cosas en castellano que leer, me pasé a literótica en inglés y ahora tengo más vocabulario en inglés de temática erótica que de temática médica. Pero la práctica sigue al mismo nivel.

Me he relacionado repetidamente con unos sujetos que mantenían una truculenta relación que no sabíamos si era un triángulo amoroso o un trío directamente... sí, estoy hablando de los cisnes.

¿Qué más? Ah, he acabado yendo a una psicóloga porque empecé a tener ataques de ansiedad en clase y quería dejar la carrera y hacerme bailarina en las Vegas. Sip, un año loco. Descontrol total.

En fin, la cuestión es que después de toda esta fiesta loca, sigo sin demasiadas ganas de estudiar. Y es que la cuestión es que cuando estás trabajando mucho por algo, cuando tienes que esforzarte y sacrificarte por algo esperas que el resultado sea algo que quieres, algo que deseas. Pero si de repente miras hacia la cima de esa montaña que estás escalando y te das cuenta de que te has equivocado de montaña, ¿qué haces? Lo pienso así a veces por el ejemplo recurrente que suele usar mi padre sobre que cuando más alto llegues, mejor. Al final, he acabado imaginándome la vida, sobre todo digamos la profesional, como una montaña. Cada carrera es una montaña y escalas, escalas, escalas, hasta que llegas al final y ahí tienes lo que has estado buscando. Entonces, es cuando el sacrificio ha valido la pena. Supongamos que eliges la Montaña Medicina que, casualmente, es la más alta de todas y de las más escarpadas y te dejas media vida escalando porque es lo único que has hecho toda tu vida, escalar ciegamente esperando que haya algo bueno en la cima. Pues pongamos que cuando estás a mitad de esa montaña se te ocurre (¡por fin!) echar un vistazo a tu alrededor y te das cuenta de que no te gusta lo que te espera en esa cima y, de hecho, ahora mismo querrías estar en otra montaña, que es la que tiene el premio que ansias. Pero la mejor.... no, la única solución que tienes ahora es seguir escalando hasta la cima y, mientras todos, se queden ahí felices por haber llegado a su destino, tú tendrás que lanzarte al vacío para ponerte a los pies de una nueva montaña y volver a escalar.

Uf... no me extraña que odiase la escalada en el instituto.

Como comprenderéis, con toda esta expectativa de montañas que te cansa solo de leer mis ganas de estudiar están bajo mínimos. Desaparecidas en combate. Desconectadas o fuera de cobertura. Todo a la vez. Se quedaron en algún lugar de mi susodicha "fiesta salvaje".

Así que ya sabéis, nada de descontrol ni fiestas salvajes hasta que terminéis la carrera.

Se me queda corta la entrada para los días que llevo sin escribir y todas las historias que os debo, pero mi cerebro frito a fanfics se cae del sueño, así que os deseo mucha suerte con vuestros exámenes, que encontréis la motivación que yo perdí (también me podéis mandar alguna de mis ganas de estudiar si las encontráis) y nada, sigamos escalando.

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