No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 3 de agosto de 2015

Reinventando la teoría del amor

Queridos lectores, 

HOLA!, hola, hola, hola, hola, holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Ejem... estoy un poco emocionada. No sé si se ha notado. No sé. Vivo revolucionada últimamente. No entiendo la razón. Será el verano, el calor, no estudiar... Todo se junta. 

Os hubiera escrito antes pero no estoy haciendo nada. Pero como nada de nada. La semana pasada me pisó mi yegua Estrella. Un animal de casi 500 kilos en mi pie. Los resultados no fueron nada favorecedores para mi pobre pie que se quedó morado e hinchado cual morcilla mal atada. Pero como este año he estudiado traumatología con muchas ganas (en la segunda convocatoria) yo me toqué el pie y dije: "no esta roto, pa'lante" Y ya está. 

Mi pie, por tanto, está en perfectas condiciones por si a alguien le preocupa.

En fin, no os quería hablar hoy de pies, por tentador que sea o interesante que pueda parecer el tema. Si no de otra cosa. ¿Recordáis cuando os hablé del tema de los patrones cerebrales del enamoramiento? Os refrescaré la memoria.

Os conté que Ada me había dado una explicación más científica del amor en la que las personas se agrupaban en 4 patrones generales de comportamiento y forma de ser que determinarán también la pareja que vamos a encontrar o buscar. Por si no os acordáis de nada, diré que están:

- Serotoninérgicos: prototipo base de las personas religiosas. Introspectivas y sensatas. Que buscan a personas iguales.
- Noradrenérgicos: prototipo del aventurero. Extrovertidos y con ganas de aventuras. Otros que buscan a personas iguales

Y otros dos que se buscan entre ellos:

- Estrogénicos: las personas más sensibles, extrovertidos pero introspectivos.
- Testosterónicos: más serios y analíticos

Bien, pues según esta teoría, parecía que las personas éramos siempre de una manera más o menos constante y yo elegí uno de los patrones, el que creía que se me adaptaba mejor, y lo adopté como quien coge un personaje de una actuación, pensando cuál sería el papel de cada persona en una relación.

Pero después de pensarlo he llegado a la conclusión de que están un poco equivocados. Quizás en líneas generales y en unas cuantas personas con una personalidad (valga la redundancia) más estable. Sin embargo creo que las personas somos demasiado complejas como para encajar en una sola categoría.

Últimamente me ha dado más por pensar que quizás no es cuestión de encontrar una persona que cumpla los requisitos de un grupo y definirte a ti mismo en otro grupo. Quizás la persona ideal es la que te hace ser de las maneras más distintas posibles. Quizás consiste en ser diferente a como eras antes de conocerlo, a como creías que eras.

Quizás es sea la persona que te hace sentirte valiente, a pesar de que seas un cobarde. Es la que te hace sentirte activa, aunque seas un vago natural. Es la que compensa tus momentos de bajón con alegría o te hace sentir fuerte aunque creyeras que sería la débil.

Empiezo a creer que, en una pareja, no se trata de adoptar un rol que seguir ciegamente, si no de encontrar a alguien que te permita mostrar todas las facetas de ti misma, potencie las mejores y comprenda las peores. Una persona a la que le hagan gracia esa retahíla de chistes malos que los demás te piden que cortes. Alguien que disfrute de tu emoción desbordada cuando los demás te piden que te relajes. Alguien a quien le guste escucharte contando historias que aburrirían a cualquiera, aunque sea solo porque le encanta ver cómo se te ilumina la mirada al contarlo.

Y no sé si es alguien que no vea tus fallos. Aunque creo que no. Creo que es alguien consciente de tus fallos y defectos, pero que se las arregla para que le parezcan favorecedores o sin importancia. O que haga parecer que lo que tú sentías como un fallo sea, en realidad, algo adorable.

Sí, me he puesto romántica este verano. Será el calor. Bueno, sin duda, es el calor. Y no pretendo deciros ahora que yo entiendo ahora algo sobre el amor, porque todos sabéis que no. No sé exactamente qué es, ni qué se siente, ni cómo funciona. Solo sé que es algo que puede conducirte hasta la mayor de las felicidades, pero también causarte el mayor de los dolores. Y eso me asusta, no lo voy a negar. Porque estoy bastante acostumbrada a no sentir demasiada felicidad, pero el dolor me desgarraría.

Aunque supongo que es culpa de mi mente demasiado quieta y pensante. Porque todos los viajes tienen peligros. No te puedes quedar en tierra por miedo  ellos.

No os podéis imaginar, queridos lectores míos, lo mucho que me ha costado escribir esta entrada, la empecé a principios de julio y creo que he ido a párrafo por día más o menos. ¿Y sabéis por qué? Pues, además de porque el calor corta un poco mi inspiración, porque he conocido a alguien. Quizás lo habíais deducido por el tema de la entrada, quizás no, en cuso caso ya os lo digo yo. Y he tardado más porque me paso el día hablando con ella, lo que ha bajado bastante mi productividad, lo reconozco. Y podría decirle que dejase de hablarme o poner alguna excusa para tener tiempo para escribir, pero disfruto hablando con ella.

Es extraño, para mí, porque no he tenido muchas relaciones. Ni siquiera tengo una idea muy clara de qué es el amor. Solo ideas preconcebidas que, cuanto más la conozco, más absurdas me parecen, como os he estado comentando.

No sé muy bien a dónde me llevará esto. Es un tren desconocido con el que no contaba toparme y ni siquiera sé todavía si es sabio subir y dejarme llevar por los nuevos caminos desconocidos, caminos probablemente tormentosos ...o felices. ¿Quién sabe lo que nos deparará la vida?

Así que voy a publicar esto ya porque si no volveré a liarme a hablar y será otro de esos días en los que haya escrito solo un párrafo xD. Disfrutad del verano, queridos ;)

Intentaré que no  me monopolicen y escribiros más. 

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