No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La pieza que faltaba

Queridos lectores, 

Hoy he estado pensando que la vida tiene momentos de todo tipo, ¿verdad? ¿Qué os voy a contar que no sepáis? Pero es así. Estoy estudiando, dentro de lo que mi estado de convaleciente me permite para el examen del lunes y la cuestión es que me ha dado por recordar el año pasado con toda mi desesperación por dejar la carrera y lo atrapada que me sentía en medicina, ¿lo recordáis?

Han cambiado muchas cosas en estos dos meses que separan un curso de otro, no solo que tenga novia (que es un cambio importante), sino también que por ejemplo este año no vivo con Anastasio, como os comenté. Y, sinceramente, creo que me ha venido mucho mejor. 

Puede que en parte mi idea un tanto paranoica de estar atrapada en la carrera no estuviera tan desencaminada, solo que no era la carrera lo que me atrapaba sino la gente a mi alrededor. Mi madre aquí, Anastasio en el piso, porque era un poco mandón. 

Y por eso decía que me sentía encerrada. También culpaba a la medicina porque la gente solo la ve a ella y nadie se fija de mi faceta de escritora. Pero estaba equivocada, igual que todos los demás. No son facetas, sino toda yo en mi conjunto. Y soy artista y soy escritora bohemia, al igual que soy estudiante de medicina y con mente científica. Y, por contradictorio que pueda sonar, una cosa no anula la otra sino que se compensan dándome una visión más completa del mundo. 

La cosa es así. Si no estudiara medicina no conocería muchos procesos científicos o teorías evolutivas que me han hecho comprender mejor la naturaleza humana y, por tanto, su psicología. Porque por complejos que nos creamos, seguimos siendo animales ante todo e impera la biología. Así que sin todo eso y las aportaciones forenses y psiquiátricas, mis historias no serían tan profundas como son ahora, mi podría modelar tanto la psicología de los personajes. Gracias a la medicina conozco el ámbito de la enfermedad, la vida y la muerte, y eso ha modelado mi forma de escribir, creo que para mejor, y también mi forma de ver la vida. 

Pero también le aporto yo a ella como escritora porque eso me permite ser más empática con la gente, saber qué decir en cada momento, conocer a los pacientes antes de que se presenten o dejen ver cómo son porque puedo encajar a las personas con personajes y patrones predeterminados y eso me ayuda a comprender y prever cómo van a actuar y comportarse, porque los he escrito antes, he estado en sus mentes y sé cómo son. 

Y algo tan fácil de ver como eso no lo he comprendido del todo hasta que Anna llegó a mi vida. Porque de repente todos los malos momentos por los que he pasado, las dudas en la carrera, los desplantes con antiguas compañeras de instituto, todo lo que me obligó a estar más sola y madurar, los conocimientos médicos por los que tanto sufrí en aprender...todo tenía una utilidad y me era necesario y me sirvió para comprenderla y conocerla, puede que incluso para enamorarla, quién sabe.

La cuestión es que este año todo tiene más sentido, la medicina tiene más valor, y ya sé, recuerdo y comprendo por qué la estudio y, aunque me sigue encantando la literatura y querría estudiar más de eso algún día, no cambiaría mi actual carrera. Tengo proyectos de futuro y tengo ilusión por estudiar y aprender nuevas cosas. Y al final resulta que todo era porque faltaba algo en mi vida y Anna ha sido esa pequeña pieza clave que ha hecho que todo funcione. Como esa pieza del puzzle que colocas y, a partir de ella, ya comprendes cómo encajan las demás. 

No sé. Llamadme loca si queréis por necesitar de alguien más para recuperar las ganas de estudiar medicina. Puede ser, nunca he negado mi falta de cordura. Pero supongo que tiene algo de sentido, yo solo quería saber, necesitaba saber que podía haber algo más en mi vida a parte de la medicina. Más allá de estudiar y trabajar, sentir que no iba a estar sola siempre. 

También admito que cada día me vuelvo más cursi, pero eso será un secreto entre nosotros, nadie tiene que saber que cuando no puedo hablar con ella me pongo la música que me manda y releo sus poemas o fics para sentir que está conmigo todavía... Sip, una cursi redomada. 

En fin, el amor es lo que tiene. A algunos les lleva en primavera, a mí solo me altera, aunque sea en verano, pero es verdad que "verano" tiene rimas mucho peores que primavera. 

Terminaciones en "ano" a parte, siempre he tenido clara una cosa y era que quería enamorarme. Y eso que estaba tremendamente asustada porque ya os he dicho, soy muy fácil de atrapar, como una mariposa. He estado encerrada por mi madre y otras personas y lo último que quería y por lo que había evitado muchas relaciones era cambiar de cárcel y carcelero, pero no de condición, es decir, pasar de estar encerrada por mi madre a estar encerrada por mi pareja. Y por eso también estoy agradecida de haberla encontrado a ella, porque sigue luchando por abrir mi jaula (sí, sí, la hicieron con un pestillo muy fuerte, vale xD).

No, realmente sé que ella quiere hacerme volar... y sí, estoy cantando mentalmente la canción de Pulgarcita que dice "Yo te haré volar, yo seré tu gran amor y hasta las estrellas llegarás..."  

Y esa es una de las razones por las que me enamoro de ella más cada día. Aunque hay otros días en los que le daría una colleja, he de decirlo también para que no quede imposiblemente cursi todo. 

En fin, si estáis pensando que me he puesto a escribir esta entrada solo porque Anna no me habla y la estoy esperando...pues tenéis toda la razón XD pero os quiero también :D

Buenas noches (para mí) y buenas *insertar parte del día* ;)

jueves, 24 de septiembre de 2015

Día 4 de Enfermedad

Queridos lectores, 

En directo desde el día 4 de la Odisea Patológica, yo, yo misma y mis microorganismos, de vuelta porque no he podido ir a clase esta mañana y me aburro mortalmente. Lo de guardar reposo será bueno para la salud física, pero mi salud mental se empieza a resentir y no es algo que precisamente me sobre, ya sabéis...

El caso es que el cuarto día además de afonía trae consigo problemas gastrointestinales que se traducen en haberme tenido despierta media noche y claro esta mañana no era una persona de utilidad para el mundo. 

Pero lo mejor del día, sin duda, ha sido la invasión asiática. ¿No os lo he contado? ¿No? Qué despistada estoy. Este año Anastasio no está, se fue de Erasmus, a estudiar un año a otro país de Europa y vivo con una chica rusa que ya estaba el año pasado, y dos chicas chinas. Pues las chicas chinas son muy majas y calladas y eso, pero han invitado a quedarse unos días en el piso a unas cuantas amigas. Lo que hace es que en un piso ya pequeño donde cuatro personas están apretadas vivan seis. Todas mujeres. Lo que se traduce en que los baños están siempre ocupados. 

Lo cual, podéis imaginar, no ha sido lo mejor del mundo en mi condición actual...

Pero el caso es que esta mañana, cuando estaba tumbada en la cama sin fuerzas para nada he pensado que tendría que comer algo y las chicas estas se estaban haciendo unos huevos fritos de desayuno ¿y qué queréis que os diga? que olían muy bien. Y puede que haya dejado caer que podían invitarme a desayunar ya que estaba enferma y me gorroneaban agua, luz y ocupaban el baño. Pero parece que tienen compresión selectiva del castellano y han sonreído como cuando no me entienden y se han hecho las locas ¬.¬...

Y me quedé con las ganas del huevo frito a lo chino con tallarines. Que como desayuno podía ser algo fuerte, pero leches, olía tan bien y llevo tantos días ya (solo tres pero da igual) comiendo puré y sopa por la garganta. 

Pero lo pero de todo ni siquiera es haberme quedado sin huevo frito (y mira que ahora tengo un antojo importante) sino que me siento tremenda y absurdamente culpable por perderme tanta clase. Porque el martes que no había dormido bien tampoco me quedé a todas, el día que se me estropeó el ordenador tuve que salir antes, hoy ya ni he ido...Soy una malota. Y mi sentido hiperexagerado de la responsabilidad está poniendo el grito en el cielo con mi ausencia escolar. Pero sinceramente que esta mañana he visto que si me iba a clase andando sola me podía desmayar por la calle. Pero da igual que tenga la razón el sentido común, que no haya dormido, que no pare de toser, que vea negro si me levanto demasiado deprisa... la empollona que llevo dentro no comprende que pierda clases y me siento aún peor porque al malestar físico se suma el sentirme mal por ser una malota. 

Además, no se lo he dicho a mi madre lo de que he faltado a clase, porque ella está con otro de sus nuevos dolores hipocondríacos y no quería que se preocupara más con lo mío, y está el componente de ocultarle la verdad que también hace que me sienta mala persona. Pero claro, si le digo que no me puedo levantar de la cama es capaz de hacer que mi padre se venga esta tarde a por mí y el pobre después de todo el día trabajando y luego vendimiando, estará más agotado que yo. 

Así que si mi madre os pregunta, estoy estupenda. 

Porque yo soy una persona muy sincera. Básicamente porque no sé mentir, si me dicen algo directamente y no he podido prepararme alguna historia que me cubra, me quedo cual ciervo deslumbrado O.O y no reacciona mi cerebro como para pensar en mentir. Pero hay dos preguntas a las que, por a bocajarro que me pregunten, siempre puedo mentir. Y son:

¿Cómo estás? Y ¿Estás bien? Porque, solo por costumbre de la vida, diré bien y diré que sí, así me esté muriendo del dolor o llorando por las esquinas. Lo digo por experiencia. Me ha pasado, y es exageradamente exagerado mi imposibilidad por decir que me encuentro mal, el estar llorando a moco tendido, tumbada en la cama, depresiva perdida por cualquier cosa y que alguien me escribiera y me pusiera ¿Qué tal? Y yo, toda convencida, dijera "Bien" y seguir llorando. 

Pero, queridos míos, sin duda, lo peor, peor de todo, lo que más, más, más odio de estar enferma, afónica y mal no es el dolor, ni los mocos, ni dormir, ni tener que ir al baño cada poco tiempo porque tengo que beber muchos líquidos y que estén ocupados por la invasión asiática...no, lo que más odio es que no puedo cantar :'( que triste... El mundo se lo ahorra, pero yo quiero cantar aunque sea afónica. Canto mentalmente, pero no es igual. 

Bueno, esta tarde sí que tengo que ir a clase porque hacen firmar y mi sentido de la hiperresponsabilidad no me permite fallar a eso, pero después me volveré a mi pueblo en un desesperado intento de dormir ocho horas por un día. Ese es mi mayor deseo ahora mismo, como veis, soy una chica que se contenta con poco. Lo que no sé es si allí encontraré paz porque mi hermano, corresponsal en el campo de batalla de lo que es mi casa familiar, me informa de que mis padres están discutiendo...otra vez. Por algo sobre caballos, perros...Mi pobre Brave que ha estado malito todo el verano y sigue con antibióticos siempre tiene que pagar el pato. 

Oh sí, no os dije que Brave estuvo muy malito. Lo tuvieron que operar y todo porque se le clavó una espiga y se infectó mucho y tuvieron que abrir para quitársela, y luego le volvió a salir otro absceso de pus. Me sentí una madre horrible en ese momento por no haber estado más atenta. Y mi pobre chiquitín ya lleva dos semanas con antibióticos. Espero llegar esta tarde y ver cómo se encuentra, porque creo que mi madre lo hizo prisionero de guerra y no dejaba que mi hermano le diera el antibiótico. Lo cual no sé en qué la puede ayudar a ganar una pelea, pero así funciona la mente de mi madre. 

Y...quizás os tenía que contar algo más, pero mis neuronas de enferma no lo recuerdan, así que eso todo por hoy porque yo voy a tumbarme con mi mantita y un té calentito para descansar. Porque soy toda una malota, ajá xD


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Diario de Enfermedad

Queridos lectores,

Hola, ¿qué tal vais? ¿Bien? Me alegro. ¿Yo? Pues nada, bien también, aquí en mi odisea patológica 2.0.

Y es que los virus que me rodean saben cuando ser oportunos. La última enfermedad o infección importante que tuve el año pasado fue justo la semana que tenía libre y podía aprovechar para estudiar y esta me ha pillado en la semana en la que casi tengo un examen. Ah, y esas es la palabra clave, amigos míos. Casi. Y menos mal que la suerte me dio una tregua también y el examen se quedó para la semana que viene porque con total sinceridad que ayer lo único que pude hacer fue tumbarme en la cama. Y hoy he medio estudiado, pero en la cama también.

Así que como no tuviera a bien mi querido profesor dejarme que me trajera el examen a casa y lo hiciera en la cama, pues no veía cómo me iba a salir algo decente de ahí.

El lado positivo, que yo soy mucho de buscar el lado positivo a las cosas... ¿Qué no me creéis? Pff ¬.¬ personas de poca fe, yo soy extremadamente positiva cuando quiero o puedo o cuando lo soy...En fin, no me lieis, que soy positiva y el lado bueno es que he establecido definitivamente el diario en mi enfermedad, entendido como la sucesión de etapas que se dan en mi body serrano enfermito. Tenemos:

Día 1: pródromo. Que es cuando siento los primeros síntomas y mi cuerpo me dice que me voy a poner enferma y está bien que avise porque así yo ya me proveo de medicinas y suero y pañuelos (o papel higiénico en su defecto) y lo que necesite.

Día 2: Acmé mucoso. No sé si lo sabéis, lo dije ayer, que el acmé es el punto álgido de una enfermedad. Pues este día que fue ayer, es cuando respirar se convierte en una empresa titánica y mayor prioridad. Lo malo es que los mocos (perdón por ser poco fina) no me dejan respirar. Lo bueno es que no me duele nada, simplemente no respiro.

Día 3 (hoy): Mi nariz se cansa de producir moco. Y eso está muy bien. Pero entonces es cuando la garganta se pide el protagonismo y me duele la garganta, el pecho y pierdo la capacidad de hablar. Ahora mismo solo me entendéis porque os escribo porque se me ha ido del todo la voz. Estoy afónica cual...cosa afónica, me entendéis. No os pongáis tiquismiquis que estoy enferma. *levanta la cabeza indignada* También me pongo en modo chinchilla, que si recordáis es como llamo a los días depres. Podría llamarlos días depres pero perdería totalmente la gracia. Con lo bonito que queda Chinchilla. Es una palabra poco utilizada y totalmente desvalorizada. Chinchilla. En fin que me voy de tema, será por los analgésicos que se me va la cabeza. Como estoy chinchilla lloro por todo. Estoy estudiando y no me acuerdo de algo: lloro. Mato una hormiga por no mirar por donde ando: lloro. Me acuerdo de la madre de Bambi: lloro...Ya lo habéis pillado.

Día 4: el día en el que el karma se disculpa y me toca la lotería...¿no colará verdad? Pues no sé todavía que pasa en el día 4 porque es mañana, así que nada de spoilers.

(Acabo de matar a un mosquito T.T)

Y para tener un día finalmente redondo mis padres estaban discutiendo, mi madre con ataques de ansiedad y mi hermano al teléfono cada poco rato para preguntarme qué hacer. Podría haber vuelto a casa a poner orden, pero no me veía con fuerzas para dejar la cama y coger el bus, así que tendrán que sobrevivir un día sin mí.

Y me tendría que ir a dormir ya si somos concienzudos con el tema del descanso en la enfermedad, pero espero a que me haga efecto el medicamento primero.

Hablando de enfermedades y enfermos, ¿qué tiene el mundo en contra de mi papel higiénico? Porque es muy funcional. Hoy se me ha olvidado en casa y Sadee me ha dejado pañuelos (gracias Sadee por tu infinita generosidad), y los pañuelos están chachi, cantan menos probablemente que sacar un rollo de papel higiénico y hacer el elefante, sutilmente hablando, pero duran mucho menos.

Otra cosa que no me gusta de estar enferma es que la comida no me sabe a nada. Y es que oye, entiendo que los virus tienen que vivir, ¿pero en serio tienen que fastidiarme el único vicio que me permito, llamémoslo chocolate, haciendo que pierda el sentido del gusto? Es que ya no se respeta nada en este mundo, qué microorganismos tan poco considerados, tendremos una larga charla sobre lo de no dejarme disfrutar de mi chocolate. Y otra, ¿por qué el chocolate no, pero el espantoso sabor del medicamento sí lo noto? Ese gusto selectivamente hecho pa fastidiar no me gusta nada ¬.¬'... ¿qué no son unos malotes los bicharracos estos? ¿No tendrían que dejar que nos estuviera buena la comida mala para la salud, llamémosle patatas fritas?

Aunque si lo piensas tiene todo el sentido porque a lo mejor piensan que si nos está malo el medicamento no lo tomaremos y por eso nos dejan saborearlo. Oh, son maquiavélicos estos viruses. El año que viene (a partir de enero) cuando vuelva a dar microbiología les preguntaré. Quizás sea la primera en haberse dado cuenta de la conciencia de estos seres microscópicos hechos para fastidiar.

Y como empiezo a caerme de sueño y se me han acabado las locuras por comentar en este momento de desvarío de enfermedad en el que en realidad solo iba a apagar el ordenador pero he terminado escribiendo por misterios de la vida que han abierto la página y han puesto mis dedos a teclear ajenos a mi voluntad...¿no me creéis otra vez?... descreídos ¬.¬' jaja vale, he sido yo. En fin, buenas noches, no os enferméis. Si lo hacéis acordaros que el paracetamol no es gastrolesivo y los AINEs sí, así que empezamos por abajo. A mí para la garganta me sirve el paracetamol.

Y no abuséis de los protectores de estómago sin necesidad porque cada vez se está viendo que no son tan inocuos como parecía. Eso es lo que he pillado en dos clases de farmacología sobre el sistema digestivo y los AINEs, solo diré que he visto las imágenes de úlceras gástricas por AINEs y se me han quitado las ganas de tomar ibuprofeno xD. Pero en fin, ya hablaremos de eso el día en que me lo estudie y os lo explique mejor sin estar enfermita. Porque mi cama me llama y soy demasiado educada como para rechazarla ;)

martes, 22 de septiembre de 2015

Para empezar bien el curso...

Queridos lectores,

Sí, ya estoy escribiendo en clase. Lo sé, soy una malota. Pero dejad de mirarme mal, yo quería atender pero estoy tan tremendamente cansada que me está resultando completamente imposible (que esta profesora hable tan pausadamente y con voz monótona no ayuda nada).

Si os acordáis, la otra noche apenas dormí porque se estaba instalando un programa en el ordenador. Bien, vale. Encima luego tenía que coger un autobús a las 6 y, en resumen, dormí unas tres horas. Pues hoy me he superado y he dormido dos (-.-') y es que mi queridísimo hermano que se libró de vendimiar por un resfriado ha tenido el detalle de pegármelo, pero no para librarme de la vendimia, sino para que me lo trajera conmigo a la universidad y que los mocos me acompañasen en el infructuoso intento de estudiar farmacología.

Porque sí, si os acordáis de la Ley de Murphy, esta decía que cuando una cosa pueda ir mal, irá mal. Hombre positivo donde los haya. Pues yo lo supero y cuando algo pueda ir mal, a mí me irá peor. No en vano soy la prueba empírica de la Ley de Murphy, así es mi vida.

Para empezar bien el curso, si no tenía bastante con que se me rompiera el ordenador la primera semana de clase con el susto de perder mis escritos acompañante, que me viniera esa estupenda época que toda mujer pasa más o menos una vez al mes justo cuando me iba a vendimiar el fin de semana; vendimiar, no nos olvidemos del fin de semana vendimiado y peleándome con las nuevas tecnologías... todo eso creando un gran ambiente de estudio, obviamente... pues ayer cuando ya parecía que se normalizaba la cosa e iba a poder estudiar, que tenía ordenador y todo muy bien, muy chachi, muy cuco...y me pongo enferma. Por la obra de mi hermano ¬.¬

Anoche me fui a dormir pronto, a eso de las once ya estaba en la cama, pero a las 2 am la mucosidad del resfriado ha decidido que respirar estaba sobrevalorado y he tenido que despertarme. A ello le han seguido un par de horas bebiendo agua, poniéndome suero, sonándome...sé, sé que os estoy dando una gran imagen mental de mí en ese momento, podéis completadla sabiendo que llevaba un pijama de Helly Kitty xD (en verdad no, pero da igual). Hasta que estaba harta de la vida y dar vueltas y a las cinco de la mañana más o menos me he levantado a hacerme una infusión con mucha miel y me he salido al balcón. Y con el aire ...no diré limpio porque hablo de ciudad, pero más fresco, pues ya he respirado.

Y allí estaba yo, sentada en la vieja silla de Anastasio que por, misterios de la vida, ha acabado en el balcón, con mi batín y una mantita cual abuela, mirando el oscuro cielo con las pocas estrellas que sobreviven a la contaminación urbana y escuchando los ruidos de la ciudad dormida. Aunque no tan dormida como yo. Me he puesto profunda ahí, lo confieso, me pongo filosófica cuando no duermo, o más loca. Depende del día. Quería coger el ordenador para escribir pero entonces sí que no habría dormido nada y la esperanza es lo último que se pierde, aunque sea la esperanza de dormir 10 minutos.

En fin todo esto porque ahora estoy, en pleno acmé de mi resfriado (acmé es el punto más alto de la enfermedad, cuando estás peor), rodeada de gente estudiando preguntas de farmacología porque mañana tenemos un examen. Como podréis deducir he estudiado básicamente...um... digamos nada. Y de todas partes salen exámenes de tipo test que no tengo y no sé si tendría en el otro ordenador, que no se quieren copiar del ordenador de la amiga que los tiene y pasando de esta chingada vida que no me da un respiro (literalmente, porque sigo con las narices entaponadas). Y por eso no estoy atendiendo, por eso y porque este tema es como muy aburrido, pero también para quejarme del mundo, qué le vamos a hacer, soy una quejica pero será nuestro secreto.

Ah y como no tenía pañuelos llevo un rollo de papel higiénico en la mochila, un detalle para estar en una clase con bastante gente sibarita. Pero papel, es papel y, como siempre digo, respirar es una prioridad.

Y si alguien se ha enterado de esta clase de neuropatías que venga y me lo diga porque yo, desde luego, no. Pero mi amiga Liv, aquí a mi lado, va leyendo lo que escribo y le retransmite a Eire que llevo un rollo de papel higiénico... yo que quería pasar desapercibida xD

Y con esto, mis queridos lectores, ya sabéis qué hacer para empezar bien el curso...tener mejor suerte que yo como requisito prioritario.

PD: Kim también se ha reído de mi papel higiénico, gracias mundo, yo también os quiero xD y me he sonado. Muy sutil todo, solo ha parecido que un elefante entraba en el aula.

Aquí una imagen 100% verídica de mí misma esta mañana. Solo que yo tengo dos ojos y algo más de pelo, pero os hacéis una idea.

última posdata: esta profesora se pasa 4 minutos de su hora. Venga monopolizadoraaaa que me duermo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Madrugadas de amor

Queridos lectores,

Veis, os había prometido que volvería a escribir antes y aquí estoy. Ni 24 horas han pasado. Y vayas horas... si supierais.

Bueno, sigo adaptándome a esto de tener una tecnología actualizada porque yo tenía el Microsoft office del año de la pera y ahora es diferente y cosas así, pero bueno, sobreviviré.

Lo divertido es que mañana me levanto a las 5.30 a.m. y estoy a casi las 24 horas de la noche esperando a que se me instale el Microsoft porque yo quiero escribir con ese, soy algo cabezona dicen.

Pero no os quedéis en eso, sino en que como estoy esperando a que se digne a instalar el programa tengo tiempo para dejaros otra entrada.

Y he pensado que esta sería una buena oportunidad para contar mi historia con Anna. Hagámoslo así:
Y es que éramos dos personas perdidas por el mundo. Ella encerrada en una isla, yo encerrada en mi casa, nuestras oportunidades de conocernos rondaban el cero, siendo objetivos. Por suerte para nosotras, por una vez, las nuevas tecnologías me dieron una tregua. Todo comenzó en un pequeño lugar de internet de cuyo nombre no puedo acordarme (fanfiction) donde las dos escribíamos.

Ella era una de las escritoras más famosas de la página, tanto que su ego había ido aumentando con cada fic. Me acuerdo que cuando empecé a leer en esa página solo tenía dos y sí, la consideraba como una de las famosas. Su primer fic me inspiró para uno de los nuevos libros en los que estoy trabajando o intentaré trabajar cuando tenga tiempo. No sé por qué me acuerdo mucho del fic de los piratas, creo que porque cuando encontré ese fui a su perfil y leí todo lo que había escrito, excepto los que ya había leído.

Lo más divertido de sus fics era que leyéndolos se podía escribir la historia de su vida porque hacía dedicatorias multitudinarias, incluyendo declaraciones amorosas a su entonces "amada". Y sí, es cierto, leí sus fics en orden para enterarme de todo el cotilleo. Creo que a veces estaba más enganchada a su historia de amor que a los fics, pero en fin. La seguía porque actualizaba casi a diario y yo me pasaba la hora a la que normalmente actualizaba recargando la página del móvil y gritando "Actualiza ya, ¿por qué no has actualizado?" Toda loca, lo admito.

Pero como sabéis, el año pasado no estaba en mi mejor momento y no tenía espíritu sociable para escribirle un comentario. Fue ya en febrero cuando me decidí a escribir en fanfiction yo también a la espera de que algún que otro comentario positivo sobre mi escritura me ayudara con mi bajo ánimo. Así que empecé a escribir y fue en mi segundo fic donde me comentó ella a mí. Ah, me gusta que fuera ella la que viniera a mí al final. Pero fue solo eso, un comentario de una de las escritoras que yo consideraba famosa y entré en ataque fangirl diciéndoselo a una amiga. Y ya está. Ella dejó un par de comentarios, yo terminé el fic y me concentré en los exámenes. Y podría haberse quedado ahí, siguiendo perdidas en el mundo.

Es como la típica escena de película en la que todo el mundo sabe quiénes son los componentes de la pareja y se van encontrando en pequeños momentos. A una se le cae el bolso y la otra se lo da; se chocan al salir del metro, cosas así, en las que se encuentran pero no llegan realmente a fijarse la una en la otra. Pero seguimos nuestras vidas.

Luego, con los exámenes, mi suspenso, las recuperaciones, horror de horrores... en fin, dejé de escribir y no sabía realmente si volver o no a escribir en fanfiction porque sabía que si me enredaba con historias largas no escribiría una novela como suelo hacer en verano así que no sabía qué hacer. Pero finalmente, como había prometido que volvería, escribí una cosa corta, solo un capítulo de risa porque me apetecía algo entretenido. Y ella volvió a comentarme. Y me escribió un mensaje privado diciéndome su nombre y otros datos. Y yo creí, sinceramente, que o estaba loca o era una psicópata. No, pensé que era muy lanzada porque yo podía ser la psicópata. Pero respondí a su empeño contestando a su mensaje. Pensé que se quedaría ahí conmigo dándole las gracias por su mensaje y ya no sabría nada más. Pero ella volvió a escribir y yo contesté. Y como fue el día después de que mi yegua me pisara estaba necesitada de conversación que me distrajera del dolor, así que esperaba otro mensaje.

Solo que el siguiente llegó con su número de teléfono y yo no sabía sinceramente qué hacer. Tuve un mini ataque de pánico pensando que si le daba mi número me podría hacer algo en el teléfono o cosas de estas extrañas que me dice mi madre. Así que pasé horas con el ordenador escribiendo y el mensaje esperando a ser contestado, pensando si le daba mi número de teléfono o no, si le escribía un educado rechazo, no sabía qué hacer y estaba entrando en modo nervios on, así que al final apagué el ordenador. Pero me había apuntado el número antes. Y me iba a dormir pero mierda, me dio un ataque de valentía o algo así y le mandé un whastapp para que por lo menos no se quedara con sensación de plantada. Era solo un WhatsApp, me dije, solo uno. Pero seguimos hablando y ya no paramos.

Y pasaron tres días y ella me hizo una declaración de intenciones. Y pasó un mes y empezamos a salir y aquí vamos, con el mar de por medio.

Y yo viendo una película y horas por delante para que el ordenador termine de cargarse así que no voy a dormir.

Pero bueno, será por el sueño, será por ver una película romántica o haber hablado de Anna, y supongo que el que mi madre esté roncando a mi lado no ayuda a mi inspiración, solo me queda decir que aún no os puedo contar nada más sobre la historia porque aunque haya empezado con el mítico "Erase una vez" aún queda mucho por vivir antes de escribir Fin :)

La vuelta al cole

Queridos lectores,

Sí, soy yo aunque os cueste creerlo. A mí también. Os he tenido imperdonablemente abandonado estos días por varios motivos. Uno, ya lo sabéis y es que me he enamorado y como que el amor hace que las horas del día pasen más rápido y no te da tiempo de nada. Bueno, en realidad no, es más una cuestión de que me paso todo el rato en móvil hablando con ella y eso no me deja tiempo para nada más.

Pero , más allá de mi mejor o peor gestión del tiempo ha habido otro asunto interesante. ¿Os acordáis de la Ley de Murphy y como yo soy la ley empírica de la misma? Pues bueno, justo cuando empecé el curso estaba en clase y todo muy bien, muy cuco, muy cool y entonces vino mi ordenador a romperse.

Sí, algo sobre discos y cosas así que no entendí por más veces que me lo explicaran. El lado malo es que estuve unos días sin ordenador y el bueno es que ahora tengo uno mejor, más nuevo por lo menos. No, pero sí. Es mejor. Pienso que demasiado bueno para mí porque ya sabéis, tengo esta mentalidad de no merecerme las cosas, pero intento pensar que trabajo muy duro en la carrera y todo eso y que puedo merecer cosas chachis también así que aquí estoy escribiéndoos desde mi nuevo y asombrosamente caro ordenador (asombroso para mi bolsillo al menos, sé que para otros no tanto xD)

En fin, ha empezado un nuevo curso queridos míos y con él un nuevo año de agobios y estreses porque estudiamos medicina. Al menos, yo estudio medicina, está claro en el título y, si me leísteis durante el año pasado en mi crisis de identidad veríais que estaba algo desencantada de la carrera. Pero este año siento que tengo más fuerzas para ello. No quiero decir que esté ya estudiando como una loca, sino que tengo ganas de afrontar este nuevo año con sus vaivenes.

Lo sé, tengo complejo de veleta y soy terrible, pero bueno, así es la vida, no siempre sabes lo que tienes ni lo que necesitas por ti mismo y necesitas la ayuda de otros. Y desde que conocí a mi novia, que por cierto no tiene pseudónimo verdad, pues la llamaremos Anna. Pues desde que conocí a Anna tengo ganas de estudiar medicina. No sé por qué realmente, creo que es más una cosa de que como estoy feliz y ya no tengo tantos rollos de sentirme infeliz y atrapada que proyectar sobre la carrera, pues esta me gusta más. Me sigue estresando mucho, no os engañéis, pero eso es otra cosa.

En fin, tengo tanto que contaros ahora que Anna ha dejado el móvil cargando y os puedo hablar xD, lo siento. Lo primero: las clases. Este año doy:
- Neurología
- Farmacología clínica.
-Endocrinología
-Atención primaria
- Pediatría.

Y me están gustando bastante. Neurología y endocrino van a ser difíciles para mi mente memorística, pero están bien. Atención primaria es la que más me ha sorprendido porque al ser como médico de familia, pensaba yo, creía que sería más aburrida, pero engloba también la medicina de comunidad y tratamos algunos temas muy interesantes.

Este año la vuelta al cole se me presenta muy distinta a cualquier otro. Estoy en quinto de medicina lo que significa que es el último año que voy a pasar teniendo contacto diario con la mayoría de mis amigas porque puede que el año que viene lo hagamos en hospitales diferentes, en especialidades diferente y luego la vida seguirá y cada una tirará hacia donde pueda. Así que este año tengo que aprovecharlo mucho en ese aspecto. Tanto que le hice una camiseta a Ada, una de mis amigas más formales digamos. Son a juego, yo me he hecho otra, claramente.

En la suya pone: No conozco a esta loca -->
En la mía pone: En el fondo me quiere <--

Y son absolutamente geniales.

Otra cosa nueva de este año es que tengo ordenador nuevo que es un ordenador de personas mayores y serias, porque es más grande... y caro, ¿he dicho ya que es caro? La tecnología es un amante exigente.

Y, por supuesto, que tengo novia. Ese es un cambio importante porque ahora tengo a alguien a quien contar todo lo que he aprendido en el día en vivo o quejarme de la medicina o simplemente hablar.

Así que, he de decirlo, no sé si lo dije, este ha sido oficialmente para mis propios registros de la historia "El Verano del Amor" porque Ada y Mérida también han encontrado pareja. Si vosotros, mis queridos lectores, todavía no habéis aprovechado este verano en el que el amor rondaba por el aire cual partículas víricas, ¿a qué esperáis? Aún estáis a tiempo de contagiaros. Tenéis 3 días, acordaros que otoño empieza el 23. Ese día, Perséfone volverá con su marido en los infiernos griegos y las esporas del amor caducarán... no, no creo la verdad. Pero, ¿quién sabe? Nunca está de más intentarlo.

Yo seguiré con mi ordenador nuevo al que tengo miedo incluso de respirarle encima por si me lo cargo, porque soy tan terriblemente patosa, y todas las clases, apuntes, y cosas mil, pero prometo no tardar tanto en escribiros. Ahora ya tengo muchas cosas más que contar, algunas incluso relacionadas con la medicina xD...no siempre, ya lo sabéis.

Así que nada más por esta entrada porque era solo para daros la bienvenida al nuevo curso, aunque sea un poco tarde, y desearos una feliz vuelta al cole. Cada vez que lo digo me viene a la cabeza la canción que ponían todos los septiembres en el anuncio de la vuelta al cole del Corte Inglés. Hace poco Anna me preguntó que si había alguna canción que me hiciera llorar. Pues bien, querida, era esa xD Nah...sí, la verdad es que sí. Y eso que me encantaba el colegio y estudiar, pero como no solía tener buena relación con mis compañeros por lo de ser la empollona lo pasaba algo mal a veces, así que en septiembre me ponía triste.

Otra cosa con la que coincide septiembre (y sé que estaba terminando la entrada pero me he acordado y sigo, nadie lo ha notado) es con la vendimia. ¿Recordáis lo que es? Recoger uvas para hacer el vino, ¿sí? ¿alguien me sigue? Pues estamos en ello también, con lo cual este fin de semana he tenido un caos tremendo, casi tanto como en el que está sumido ahora mismo mi habitación porque llegué el viernes, fuimos a por el ordenador, hubo un problema cuando lo estaban preparando y teníamos que volver el sábado. El sábado estuvimos todo el día vendimiando y por la tarde tuvimos que volver a la ciudad... y hoy vendimiando también. Solo libro un rato de esta tarde porque tengo que estudiar, pero también lavar al perro.

¡Y mi Brave! Es tan gay... que recuerdo lo de que las mascotas se parecen a los dueños y tengo que darle la razón. Porque ayer vendimiando no paraba de subirse en la pierna de un chico y lo seguía con carita de enamorado. Aunque también es un Casanova nato porque lo hace con muchos ese intento de conquista.

Y ahora sí me despido hasta dentro de poco, de verdad lo digo, pero mi novia me está volviendo a hablar por teléfono y... vaya, ¿os dais cuenta? Ya no podré meterme con los romanticones de las películas ese de a ver quién cuelga primero. Que no lo hago... casi nunca. Y me he cortado vendimiando.

Pues lo dicho, mucha suerte a todos. Y a todos aquellos lectores, chicas sobre todo, que a principios de años me preguntasteis por la carrera, ¿qué tal os ha ido? Sé que entrar en medicina es difícil y el momento de elegir la carrera también es muy complicado, pero como dicen nunca es tarde si la dicha es buena. A veces las cosas no se consiguen a la primera o se tarda más que otras personas en encontrar el camino que queremos seguir el resto de nuestras vidas, así que no os agobiéis, lo importante es saber que, por imposible que parezca en ocasiones, al final siempre se llega :)

(Aquí os iba a poner una imagen de la vuelta al cole, pero me ha dado mal rollito esas imágenes, y no es verídico que los niños estén tan contentos con esas mochilas tan enormes, pongo minions xD)
Resultado de imagen de minions
¡Feliz vuelta al cole!

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La Flor y la Ladrona

Queridos lectores

Ya sé que os tengo algo abandonados. Estoy escribiendo mucho y tampoco sé qué deciros. Dentro de poco empieza el curso así que ya os hablaré largo y tendido.

Pero hoy he tenido la matrícula y me he desestresado con esta historia. Espero que os guste :)

La Flor y la Ladrona

Pasó hace mucho, mucho tiempo. Cuando eran otras las reglas que regían al mundo y el tiempo se movía de manera diferente. Cuando las leyendas se fundían con la realidad y los cuentos eran parte de las vidas de las gentes.

Se contaba, entonces, que años atrás, durante una fuerte tormenta, una estrella del firmamento perdió su equilibrio y, sin rumbo, lanzada por los fuertes vientos de la tempestad lejos de su hogar entre los cielos para caer sobre una naciente flor.

El impacto podría haber terminado con las dos, la flor y la estrella, pero ocurrió algo muy extraño y es que aquellas dos criaturas, hasta entonces desconocidas entre sí, se fundieron en un solo ser.

Y así nació la leyenda de la Flor Plateada. Mas, no era una flor común, sino que la conjunción de sus creadores la había dotado de una conciencia especial que la hacía comprender cuanto sucedía a su alrededor y se dice que aquella era la razón por la que la flor permanecía cerrada, perenne capullo que no florecía jamás.

Y contaban que aquel que lograse convencer a la flor de que el mundo era un bello lugar al que abrirse, sin temer que sus pétalos se perdiesen con la furia de los vientos ni la atacasen, sería bendecido con la felicidad eterna.

Aunque nadie sabía exactamente qué sería lo que escondía aquella flor, algunos hablaban de riquezas. Piedras preciosas, oro y perlas que conformasen su interior. Otros creían que se trataba de algún tipo de magia que desprendería la flor al abrirse. Nadie lo podía decir con certeza, solo sabían una cosa, que la flor solo se abriría para alguien que lo mereciese.

Y, así, reyes, príncipes y caballeros de todo el mundo peregrinaron hasta el apartado bosque, buscando la oculta flor para rendirle pleitesía e intentar ganarse sus favores.

    Mi querida flor, —decían algunos. —si para mí tus pétalos abrieses podría ir por el mundo contando tu enorme belleza y hacer que por aquí pasaran cientos de personas solo para contemplarte.

Pero aquellas palabras solo asustaban más a la flor ante el miedo de rodearse de extraños que pudieran herir su amado bosque y se encerraba más entre sus hojas.

    Mi querida flor, —decían otros. —si para mí tus pétalos abrieses, te llevaría conmigo. Irías donde yo fuese y verías cuanto yo viese.

Mas a pesar de su deseo de aventura, aquellas palabras no convencían a la flor que tan solo sentía que, de aceptar, abandonaría su prisión en la tierra para ser la esclava de aquellos hombres y hacer cuanto dijese.

    Mi querida flor. —dijeron también. —si para mí tus pétalos abrieses te mostraría un mundo lleno de belleza y bondad que te asombraría.

Pero sus palabras sonaban hipócritas cuando la flor sabía todo el hambre y la maldad que asolaban aquellas tierras.

Muchos otros pasaron, más palabras, ideas, discursos con falsas promesas que no ocultaban la intención de aquellos hombres, nobles o caballeros, de utilizar la belleza y la magia de la flor en su propio beneficio.

Así, la flor permaneció cerrada y las gentes la fueron olvidando, convirtiendo su historia en una vieja leyenda que contar a los niños, sin más propósito que acunarlos en su sueño.

Incluso la flor perdió toda esperanza y se convenció de que todo el mundo sería como el bosque que la rodeaba, oscuro y frío.

Hasta que un día, tantos años después que cualquier ser mortal perdió la cuenta, una joven muchacha se perdió en los bosques. Huía sin rumbo de los hombres de la ciudad que la perseguían, pues, acuciando el hambre se había atrevido a robar a los hombres del rey.

Corrió y corrió entre las siniestras ramas, cayendo a causa de las prominentes raíces y rasgando su piel al chocar contra las rugosas cortezas de los árboles. Hasta que llegó a un luminoso claro. El aire era distinto allí, todo parecía más tranquilo, como si una mano invisible pudiera envolverla a medida que se acercaba al centro del claro, atraída misteriosamente por una desconocida fuerza.

En el centro, al final de sus pasos, se encontró con una flor solitaria, sin más vegetación alrededor que la hierba sobre la que se sostenía, encerrada sobre sí formando un capullo de pétalos plateados.

    Qué extraños pétalos. —Comentó la ladrona. —Pero bonitos.

Sin tener otra cosa que hacer o lugar al que ir, necesitando mantenerse escondida de los guardias, la joven comenzó a hablarle a la flor, impulsada por algún deseo sin nombre que no comprendía. No solía hablar de su vida, pero aquella flor casi parecía escucharla, y ella necesitaba una confesora.

Las horas dejaron de existir en aquel lugar, arropada por la fragancia de la flor, mientras le contaba todos los devenires de su vida, sus momentos más oscuros, los más alegres, los que desearía borrar, los que querría olvidar y los que jamás la abandonaban.

Le habló a la flor, que la escuchaba sin que la ladrona pudiera ni siquiera sospecharlo, de la maldad que escondía el mundo, de los monstruos que acechaban desde las sombras, del hambre que atenazaba estómagos, de la pobreza, del odio, de la violencia, de toda la oscuridad que había conocido y vivido.

Una solitaria lágrima abandonó los ojos de la muchacha, resbalando por su rostro hasta caer al suelo que sostenía a la flor. De aquella gota se nutrió la flor antes de desplegar sus pétalos para que la muchacha pudiera contemplarla.

La joven se quedó impresionada al verla, nunca había vislumbrado algo similar, como si la flor tuviera vida y brillase con luz propia.

    Vaya, eres preciosa. —Susurró la joven con sincera devoción en su voz.

De los plateados pétalos y los cristalinos estambres surgió una luminosa luz que cegó a la joven y para cuando volvió a mirar ante ella ya no se hallaba una flor, sino una hermosa joven de pelo rubio como los rayos del sol y tez pálida como la luz del alba.

    Hola. —Le dijo.
    Ho…hola… ¿Qué ha pasado, quién eres?

La nueva joven sonrió.

    Supongo que puedes llamarme Flor.
    ¿Cómo…?—Antiguas leyendas que le contaron de niña resonaron en la mente de la muchacha. —¿Yo he logrado que te abrieras? ¿Pero por qué? No soy nadie especial ni merecedora. Solo soy una niña huérfana, una ladrona, ya lo has oído. Aquí han venido príncipes, reyes, caballeros…¿por qué yo?
    Oh, esos hombres solo querían mi magia para su propio beneficio, querían mi belleza para añadirla a la suya y mostrarme como un trofeo más. Tú eres diferente.
    No lo comprendo. Ya has oído mi historia, no soy una persona que merezca la luz, he vivido demasiado. Estoy rota. —Susurró.
    No. —Le dijo la antigua flor. —Precisamente porque has vivido en la oscuridad, eres la única que sabe valorar la luz.

Unas manos cristalinas se posaron en las sucias mejillas de la joven ladrona para posar un suave beso en sus labios que fue recompensado con la más radiante de las sonrisas.

Y así, la flor y la ladrona salieron del oscuro bosque dejando de ser una flor y una ladrona, convirtiéndose en las personas que siempre habían querido ser.

Y vivieron felices.