No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 6 de octubre de 2015

Retos de la vida médica

Queridos lectores,

El primer reto al que te enfrentas como estudiante en prácticas es encontrar tu lugar en el hospital...literalmente porque yo me suelo perder.

Claro que no es mi culpa que alguien decidiera que los hospitales debían simular laberintos. Es como si le dijeras a los pacientes: si encuentras dónde tienes que ir es que no estás tan malo, no seas quejica.

Aunque si encontrar el lugar es difícil, imaginaos encontrar médico. Me siento como un perrito abandonado esperando en una silla solita a que llegue. Así estoy ahora yo. Que podría haber venido dentro de una hora, pero no sabía que hacer en mi casa por una hora y casi prefería venir y salir antes para comer relajada.

Pero sigamos con los retos médicos. El segundo gran reto al que te enfrentas en la carrera profesional de medicina es entenderte con los ordenadores. Lo cual supone que el ordenador quiera ir y el programa también.

Estoy teniendo dudas sobre quedarme escribiendo con vosotros o salir al pasillo a la búsqueda de mi médica, cogeré complejo de sabueso con tanto buscar.


Bueno, al final encontré a mi médica. Perdón por el parón, espero que no me hayáis echado demasiado de menos xD. Así que sigamos, estoy agotada. Hoy ha sido un día duro en el sentido emocional. 

Ya sabéis que las prácticas tienen muchas caras, buenos y malos momentos. Porque tratamos con personas que están pasando por un mal momento, una enfermedad o la pérdida de un ser querido. Esta semana, en neurología, lo que más estoy viendo son demencias o también digamos las secuelas de ictus. Cosas que cambian a una persona por completo porque pasas de ser alguien normal, con una vida completa, a perderte a ti mismo. A perder tus recuerdos, capacidades, pensamientos.

Sentir la frustración de la otra persona porque quiere hablar pero no puede; o porque quiere recordar, pero no puede. Ver la cara de dolor de su acompañante cuando no recuerda su nombre o quién es. 

Así que es duro, más vivirlo que verlo, no quiero parecer victimista, pero como médica o estudiante en prácticas a mí me parecen momentos muy duros que luego me traigo a casa, quiera o no, y sigo pensando en ello. 

Hoy lo he estado hablando con una amiga, no la conocéis, se llama Kath, que me ha preguntado cómo lo hacíamos los médicos para sobrellevar tanto dolor ajeno, que no había una fórmula mágica. Y así es. No la hay. Pero sí existen muchas maneras de afrontarlo, tantas como personas. 

Los hay que directamente pasan de implicarse y pasan de los pacientes y parece que si ignoran su existencia y tratan a la enfermedad en vez de a la persona, les es más fácil hacer esa diferenciación entre ellos y el paciente. 

Están las personas que saben tratar a otras de manera humana, pero al mismo tiempo también pueden crear una barrera de diferenciación y compadecerse por la gente, pero saber que no es su problema y no tienen por qué sentirse mal. 

Y luego está mi prototipo que es como muy sensible a estímulos xD. No sé si se aprende con el tiempo a distanciarse, supongo que en parte sí. No me entendáis mal, claro que no estoy llorando por los casos que he visto hoy ni me voy a deprimir, pero son de esas cosas que se te quedan grabadas a fuego en la mente y salen a flote de vez en cuando. 

En mi caso, lo que me gusta, además de escribir aquí y compartir mis penas porque dicen que "penas de muchos consuelo de tontos", es encontrar algo bueno en la situación. Por ejemplo en uno de los casos de demencia que os comentaba. Era por supuesto muy triste, pero si tuviera que elegir un punto bueno sería el amor incondicional de la pareja. Parece algo tonto quizás, que esté alguien enfermo y yo ponga como punto positivo que su pareja lo o la quiera cuando eso se lo hará todo más difícil, cuando eso hará que sufra más al verlo marcharse, al ver cómo la olvida.

Sí, es cierto. Pero esto es lo que nos enseña el verdadero significado del amor. El que es incondicional, el verdadero. El que se demuestra estando con la persona que quieres incluso cuando solo es ella misma en destellos de lucidez. Cuando lo cuidas porque no puede comer solo o hablar o hacer las cosas más simples que os podáis imaginar. 

Cuando has dejado de ser tú mismo porque una enfermedad te ha robado lo que te hacía ser quién eras, cuando olvidas y te pierdes, cuando estás desamparado en el mundo... te queda alguien que te quiere. Y quizás no puedas valorarlo en esa situación, pero vale mucho. 

Igual que a mí me demuestra que sí que existe ese tipo de amor y no es una cosa de mi mente de escritora ni de las películas románticas. Hay amores inamovibles, amores irrompibles, amores que sobreviven a la enfermedad e, incluso, a la muerte. El tipo de amores por el que morían los dramáticos personajes de las novelas de antaño, bueno aún todavía las hay de ese tipo solo porque la gente disfruta haciéndome llorar. El tipo de amor por el que merece la pena luchar incluso cuando ya no quedan molinos de viento a los que poder vencer. 

Y, por supuesto, el tipo de amor que hace que una situación terrible llegue a parecer esperanzadora porque al menos te permite ver que existe, que no todo en el mundo es no sé, odio. 

Siempre me había resultado curioso, más todavía...sorprendente ver este tipo de amor incondicional en consulta porque me costaba mucho pensar que yo fuera a recibirlo. Pero no creo que sea cierto. Y acabo de pensar que eso debería formar parte de los derechos de los que os hablé el otro día. ¿No tenemos derecho todos, al menos, a un amor incondicional en esta vida? Bueno, maticemos, porque así puesto, como un amor incondicional, yo ya tengo el de mi perro Brave, un amor humano y correspondido preferiblemente incondicional. Así está chachi. 

En fin chicos, estoy agotada de estos días de prácticas y seguro que mañana me toca estar de pie en el quirófano horas, así que lo dejo por hoy y voy a ver si mi cama me acoge esta moche. 

Hasta pronto :)

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