No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Cerebros de ciencias vs Cerebros de letras

Hola mis queridísimos lectores, 

Siento haber tardado tanto en escribir, especialmente en contestar al comentario que me dejaron en la última entrada, pero voy que no paro últimamente. Y cuanto más hago, menos me apetece hacer. Pero estaba ahora viendo los vídeos de un seminario online, mientras reescribo una editorial sobre los fármacos del sida para farmacología, mientras subrayo los apuntes y me he dicho "aún puedo hacer algo más" Así que ahora os escribo. 

Y es que hay pocas cosas en la vida tan satisfactorias y que te hacen sentir tan rebelde como estar viendo un seminario sobre diabetes u obesidad mientras comes Doritos y bebes coca-cola (incluso aunque sea zero). Exacto, mis queridos, me estoy volviendo toda una malota. 

Tengo como millones de cosas que hacer...bueno, quizás no millones, pero sí miles si contamos por páginas que debo estudiarme y ahí prometo que no exagero. Con un examen de farmacología a la vuelta de la esquina, dos trabajos, deberes variados y hasta un ejercicio de rol en el que practicar cómo dar malas noticias para la optativa de psiquiatría... lo único cierto de todo es que no me apetece hacer nada. Comienzan a hacerse horas intempestivas de la noche y priorizando casi debería irme a dormir ya, pero llevaba tanto sin escribiros, ¿cierto? 

El mayor problema es que empiezo a estar tan dormida que no sé de qué hablar. 

¿Qué he aprendido estas semanas en las que no he escrito que os pueda transmitir? Pues bueno, que a mi profesor de farmacología le gusta presumir que además de farmacología, sabe de historia, aunque se equivoque en las fechas. El problema es que siempre pregunta de historia específica de la ciudad, que yo no sé mucho porque no es mi ciudad natal y, además, pregunta del periodo medieval o incluso romano. Ah, que pregunte de las guerras mundiales y verá. 

Es un problema esto de tener que estudiar mucha medicina, a veces no me deja espacio para lo demás, prometo que antes conocía muchos más datos históricos. Me sigo acordando de muchas fechas (he estado a punto de poner fármacos, ¿veis lo que la medicina hace conmigo?) pero no siempre me acuerdo de lo que pasó lo cual resulta un poco frustrante. 

En fin, me gusta poner mis conocimientos para la utilización del mundo. Por ejemplo, en la editorial que tenemos que hacer en farmacología sobre el tratamiento del sida en ciertos países, me tocó la parte fácil que no tenía ni siquiera de fármacos y me alegró el día porque no tenía ni idea de por dónde empezar. Tendría que haber empezado por repasarme las cosas básicas, porque la materia decide no permanecer en mi cerebro. Pero como hice lo fácil pues lo he estado reescribiendo y, por lo menos ahí, me podía manejar, porque palabras sé usar. Tampoco es que la jerga científica sea mi ambiente favorito, pero es algo. 

Hablando de ambientes, me pregunto si los cerebros estarán diseñados interiormente para albergar un tipo de materia determinada. Me lo imagino como un cerebro hueco, abres la puerta, y dentro te encuentras una sala que es un laboratorio científico a tope de microscopios y tubitos con líquidos potencialmente explosivos (si me los dejan a mí) y las neuronas (que son básicamente los personajes de Inside Out, la película) con batas blancas para estar a tope. Y ese es un cerebro diseñado para la gente que estudia ciencias porque las neuronas científicas atesoran la información que metes a la cabeza. Y, cuando metes algo de letras, pues si le parece interesante lo guardan, si no les gusta lo usan para experimentar por esa vena de científico loco que todos tenemos dentro o lo tiran. Así de fácil. 
(Estos por si alguien dudaba)

Ahora veamos la otra posibilidad, un cerebro de letras. Abres la puerta de tu cerebro y te encuentras a las neuronas de Inside Out con bigote, fumando en pipa (de burbujas) frente a una chimenea, leyendo un libro y manteniendo charlas filosóficas que dormirían al mismísimo gallo de Platón. Bebiendo té de hierbas porque mis neuronas son muy sanotas. Y, claro, mételes a estas libros de medicina. ¿Sabéis para qué los usarán? Para avivar el fuego de la chimenea. Pues creo que eso es lo que ha hecho mi cerebro con cinco años de medicina porque hay días en los que no recuerdo ni las cosas más simples. Qué vida la mía. 

En fin yo sigo por el mundo sabiendo que no sé nada, pero intentando que no se note. Y, como en la entrada anterior constaté, hay días que me siento como una auténtica idiota y otros en los que me siento simplemente yo misma, y hay días en los que odio mi cerebro por poder recordar letras de canciones que hace años que no escucho pero no acordarse de fundamentos de enfermedades y tratamientos que estudié el año pasado. 

Así que, obviamente, podemos concluir que en mi cerebro viven pequeños seres sibaritas y frioleros que no saben de lo importante que es reciclar ni han escuchado hablar de la calefacción y se han dado cuenta de que nada arde tan bien como el conocimiento médico. Debe ser por toda la chispa que tenemos los médicos o por la cosa esta de jugar a los médicos *insertar carita pervertida tal que así 7u7*

¿No sería estupendo que las personas de nuestros cerebros aprendieran a organizarse y tener una biblioteca amplia para que cupiese toda la carrera?

En fin, como podéis ver, desvarío ya porque se pasa mi hora de acostarme y aún me quedan cosas por hacer y era quejarme de mi vida y de la medicina o hablar de las personitas de mi cerebro. La decisión estaba clara xd 

Y... sigo con lo mío chicos ;) ánimo!

2 comentarios:

  1. He llegado a este blog de rebote, y quería decirte que me encanta como escribes. Un saludo y caña a esos exámenes :)

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    1. Jajaja pues muchas gracias :) aunque hoy me has pillado en un día de desvaríos xD
      Besos ;)

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