No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Lo que esconden las sonrisas

Queridos lectores, 

Aquí estoy de nuevo porque al inicio de la clase han dicho que había que participar, por lo que tendría que atender, por lo que he sido buena persona y he encendido el ordenador para ir siguiendo el tema. Pero solo seguir el tema sería mortalmente aburrido así que aquí estoy. Con un sueño de no tenerme porque ayer, después de escribiros me empeñé en bailar con canciones alegres hasta que se me pasaron las ganas de llorar por Arlo y el mundo. Y, además de acostarme terriblemente tarde y completamente agotada, lo que he logrado ha sido levantarme con las canciones metidas en la cabeza. Y oh, qué ganas de bailar que tengo ahora o, al menos, cantar y mover la cabeza emocionada, porque para bailar como tal no sé si me quedarán energías. 

Pero volvamos a hablar de que este mundo está loco...ahora que vaya manía la mía con culpar al mundo cuando los culpables somos sus parásitos por excelencia, aka, humanos. Justo ahora hablaba el profesor de un caso sobre un paciente con diabetes tipo I al que ingresaron por hipoglucemias, pero que también había tenido una glicosilada alta que indica que ha estado descontrolado. Una vez ingresado seguía hipoglucémico y decidieron quitarle la insulina a ver qué pasaba ahí, pero seguía en hipoglucemia. Os ahorraré los detalles sobre pruebas caras y complicadas hasta que se dieron cuenta de que el mecanismo por el que se detectaba la insulina en sangre en este Hospital no detectaba el tipo de insulina que se pinchaba el paciente y cuando la mandaron a otro hospital vieron que sí, que se estaba pinchando insulina ajeno al control médico para seguir teniendo hipoglucemias. Aquí mi mente psicológica-psiquiátrica ha empezado a pensar en trastornos conversivos, Munchauseen, y todas esas enfermedades psiquiátricas que tanto me gustan y tan buenas ideas me dan para libros. Y luego resultó que se pinchaba más insulina porque se veía delgado y quería ponerse fortote como los chicos del gimnasio. No sé si es psiquiátrico o solo tonto. 


Pero en fin, como no me han dejado diagnosticar a locos y seguimos hablando de diabetes he estado leyendo en una revista online de psicología forense y he encontrado un caso tremendamente interesante y/o espeluznante, según gustos. 

Esta es la fuente por si alguien lo quiere leer y más que nada porque hablan tanto del plagio en trabajos en clase que no puedo escribirlo sin tener miedo de que me denuncien por no citar la fuente. Así que: https://psicologiaymente.net/forense/terrorifico-caso-canibalismo-armin-meiwes

Pues el caso de Armin Meiwes es una psicopatía de libro que viene desde los tristes orígenes de un pobre niño maltratado e ignorado por su padre, para después ser abandonado por el mismo a los ocho años. En la triste y gélida Alemania, siendo un niño solitario sin muchos amigos, abandonado por su padre y humillado por una madre autoritaria que había tomado la función de ambos progenitores, en este bonito ambiente creció Armin. Poneos en situación, tenemos un niño solitario, abandonado, con miedo por tanto a que lo dejen y. entonces, comienza a fantasear con una manera de que nadie lo abandone y pasen a formar parte de él: comérselos. 

Así, años después, siendo mayor y tras la muerte de su madre, un día Armin se decidió a cumplir su sueño, ¿cómo lo hizo? Pues puso un anuncio en internet en el que buscaba un joven entre 21 y 40 años que quisiera ser devorado. Y podréis comprender mi respuesta cuando supe que ¡alguien le contestó! Si es que lo que no se encuentre en internet... otro joven, cuyo nombre alemán prefiero no transcribir porque me cuesta, pero de apellido Brandes contestó a su anuncio y quedaron. 

No sé nada del pasado de Brandes, pero seguramente también tendría alguna cosilla, por lo menos una parafilia de las más extrañas, que era el excitarse con la idea de ser asesinado y devorado. Esto tenía un nombre, hay un porno muy oscuro en el que se mata a alguien durante el sexo pero no recuerdo su nombre. Cuando lo recuerde o lo averigüe os lo diré. En fin, Brandes que fantaseaba con ser devorado se encontró con Armin que siempre había soñado con comerse a alguien, sería una bella historia de amor...sino fuera por todo el rollo del canibalismo, ya sabéis. 

Bueno, pues el desenlace, no apto para cuentos de hadas, es que Brandes terminó degollado mientras orgasmeaba y pidiéndole a Armin que le arrancara el pene de un mordisco. Al final, Armin no fue capaz, eso es cierto, y usó un cuchillo. También parece ser que el sabor del pene no le gustó y se lo dio de comer a su perro. Pero sí, el resto del cuerpo lo guardó y se lo fue comiendo a su ritmo. 

Como el plan le fue bien en un primer momento, volvió a poner un anuncio. Por suerte, esta vez lo denunciaron y terminó ahí. 

Así que volviendo al tema anterior, los humanos estamos locos, y no todos con locura adorable como la mía, no, hay gente con verdaderos problemas mentales. El problema es cuando la locura no es algo tan patente como ver unicornios o salir desnudos gritando por la calle, sino que está oculta entre vanas apariencias de normalidad. Porque este pobre chico, Armin, tenía un transtorno mental en el que sentía el impulso o la necesidad obsesiva y ansiosa de matar y comer carne humana, y probablemente él sufría, esa necesidad ansiosa es como tener el mono de tabaco, de alcohol, de lo que sea (cada uno elige su veneno), y hasta que no lo hace pues vive con ese sufrimiento, así que la ansiedad pues le impide pensar mucho mejor y comete errores. 

Pero luego están los asesinos que no cometen errores, de los que nadie sospecha, los que todos adoran, los que no sienten remordimientos...

Y están los asesinos que no matan directamente, los que no van con un cuchillo ni con una pistola, pero sí que cargan con la muerte de muchas personas a sus espaldas. Sí, esos mismos de los que os hablaba ayer que han despreciado a tantas personas dejadas y abandonadas, como el pobre Armin, entre fronteras, perdidos, gentes de nadie, sin tierra ni aliados. Y es que solo tienes ayuda cuando puedes ofrecer algo a cambio parece. No sé, no sé queridos lectores a qué mundo nos dirigimos cuando hemos sufrido dos guerras mundiales, exterminios, genocidios por las más tristes razones y, después de todo, cuando vemos que vuelve a repetirse solo nos alegramos de que no nos pase a nosotros. Pero ¿qué pasará el día que nos toque? A nosotros, a nuestros amigos, a nuestra familia. 

No puedes dejar que una herida abierta se infecte, dejar que se extienda la infección por el brazo porque tú eres el cerebro y piensas que estás lejos del brazo y creer de verdad que, si dejas que se extienda, no te llegará nunca. O luego está el método de los gobernantes Europeos que parece que es más del tipo: si yo soy el cerebro y la infección está en el brazo, pues corto el brazo y punto. No sé si esa es la mejor solución tampoco. 

Lo único cierto es que ahora  se acercan las Pascuas, en la que se celebra la Pasión y Resurrección de Jesucristo y es una época religiosa, y yo cada día tengo menos fe en el ser humano.

Y mientras espero ya el autobús para volver a casa, sigo maravillándome de la naturaleza. Porque yo sé que es extraordinaria, que somos capaces de tantas cosas buenas, de crear mundos mágicos, de sonreír aun cuando todo está perdido, de encontrar la alegría en los peores momentos. Somos capaces de ayudarnos, de albergar bondad y usarla. Somos capaces de inspirar y superarnos, de superar cualquier límite. ¿Por qué no lo hacemos entonces? ¿Por qué prevalence la naturaleza que debería avergonzarnos? Quién sabe, las personas comos complicadas en nuestra simplicidad. Y seguimos viviendo en un mundo en el que a la gente le preocupa más el resultado de su equipo en el último partido que los niños que se mueren de hambre a unos cuantos kilómetros de distancia.

Ayer alguien me preguntó si sabía cuánta tristeza ocultaba su sonrisa. Y sí, la sabía. Al igual que la oculta la mía, la oculta la de todos. Porqur vivimos en un mundo...no, hemos creado un mundo en el que las sonrisas son máscaras y los actos de bondad puro marketing. Porque vivimos con miedo a lo desconocido, al futuro, a lo que pueda pasar. Porque nos preocupa más la fachada, que no vean esa pequeña grieta aunque te estés muriendo por dentro. Un mundo en el que la ignorancia manda y el conocimiento trae desgracias. Y las sonrisas de los políticos corruptos y los banqueros solo esconden las lágrimas y el sufrimiento de las personas que condenan.

Por supuesto, mis palabras no cambiarán en mundo. Como pasa con los noticiarios, lo leeréis, sentiréis pena y seguiréis con vuestra vida. Igual que yo misma lo haré llevando mis palabras conmigo y mi sonrisa máscara. Y lo único que nos queda hacer es luchar por recuperar la fe en nosotros mismos y en la Humanidad para seguir luchando contra molinos de viento. Porque será inútil, será infructuoso y frustrante, pero en el instante en el que dejemos de hacerlo, que dejemos de luchar, que dejemos de apenarnos, que dejemos de al menos protestar. Entonces, definitivamente, habrán ganado.

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