No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Tan sociable como una bruja Disney

Queridos lectores, 

Hola otra vez. Lo sé, no podéis creerlo, tanto tiempo sin escribir entrada, espaciándome en mis comentarios, estando ausente y de golpe dos entradas seguidas. Y pensaréis, tal vez, que me ha debido pasar algo emocionante digno de contar o, tal vez, me conocéis y sabéis que no, simplemente me apetece escribir y retrasar un poquito el momento de meterme de lleno en todos mis quehaceres. 

Pero hoy me apetece hablar un poquito de mi sociabilidad, esa herramienta social que no siempre me funciona como debería y me provoca una diarrea verbal o verborrea para los finos en la que ya no sé ni qué digo. Aunque más que por eso lo he estado pensando porque con todo el tema este de mis compañeras de piso ruidosas y que traen gente y todo eso, he pensado que parezco la mala de algún cuento. Y ojo, no me considero una mala persona, de hecho, siempre he pensado que daba más el perfil de princesa inocente y tona de Disney que de bruja malvada, pero siempre hay una figura del mal con la que puedo identificarme de maravilla y esa es La Bruja del Silencio. No os sonará, porque no es Disney, y no es nadie en particular, es un villano o villana (pero suele ser mujer) que odia el ruido, normalmente está enfocado a la música y obliga a los demás a permanecer callados. Por ejemplo, era el título de la mala en una pequeña obra de teatro que hicimos en el instituto y que escribió un profesor. Y también era más o menos el perfil de la mala de la serie de la Princesa Elena de Avalor, que es el spin off de la princesa Sofía y que sí, me encanta, porque soy así de infantil. 
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El caso es que esta mala en particular llega al reino de Elena, a ella la mete en un colgante en la que se queda atrapada años y la mala, Suriki, gobierna en su reino durante unos 40 año. Y el caso es que cuando Sofía va para derrotar a la bruja y volver a poner a Elena como regente y blabla, y el reino no está mal: no es un reino de oscuridad, no pasan hambre ni penurias ni les han quitado sus casa, vamos, están mucho mejor que en muchos sitios del mundo real (no de dibujos). Lo único que había hecho la susodicha bruja había sido prohibir la música. No digo que haya que prohibir la música o el ruido en general, pero que con tantas discusiones y quejas sobre el ruido de las chinas he podido identificarme con ella. 

Pero a lo mejor no era tan mala la bruja, a lo mejor tenía que estudiar mucho para sus exámenes de bruja y el jolgorio del pueblo le impedía concentrarse; a lo mejor necesitaba dormir por las noches o la siesta y de nuevo los pueblerinos cantarines se lo impedían. Y al final decidió tomarse la justicia por su mano. 

En fin, no es una apología de las brujas ni una condena de la música (en todo caso sería del ruido). Es más bien un pensamiento sobre dónde se dibuja la frontera entre ser una aguafiestas que podría convertirse en una tirana mágica que prohíba todo tipo de ruido y hacer defender tus derechos porque tienes que estudiar y descansar y los demás se pueden ir de fiesta a otra parte. Es imposible, será todo demasiado subjetivo. 

Pero cambiaré de tema porque veo que degenera (probablemente desde el momento en el que metí a la princesa Sofía). No debería tardar en ponerme a estudiar porque al ritmo que llevo esta entrada la terminaré rozando la hora de merendar, lo que no me dará más opción que ir a merendar directamente y empezar a trabajar después. Ah qué vida esta. Y tenía más pensamientos filosóficos que contaros que he estado pensando en otorrino hoy o que me llevan rondando desde que estuve en psiquiatría, porque en psiquiatría muchas personas que venían  no tenían una enfermedad psiquiátrica como tal, tenían una vida complicada que no sabían afrontar. Y parecía que eso te hacía pensar que la mayor enfermedad psiquiátrica es la vida. También puede ser su único remedio. Me quedé con ganas de comentarle al psiquiatra algunas cosillas como qué medicación debería empezar a plantearme tomar, aunque sí que le colé algunas cosas como preguntas académicas. En plan: en una pregunta del MIR leí... y luego ya preguntaba. Pero no, no le conté mi vida porque quería que me pusiera buena nota, no que me internara en alguna parte, quita, quita, con la de cosas que tengo que hacer. Tanto que hacer y tan pocas ganas. En la entrada de ayer se ve que puse ansiosa a Kim que leyó mi resumen de los tiempos que nos quedan. Y yo tengo que volver a hacer 50 flores de regalo para la presentación del libro en mi pueblo. Y todavía ni siquiera sé si lograré que la librería tenga los libros a tiempo. Qué difícil es la vida a veces, no me extraña que sea la principal enfermedad psiquiátrica. 

Uno cree que conforme te haces mayor y logras cosas irá siendo más fácil, irás cogiendo experiencia, pero ¡y una leche! la edad solo lo complica todo y no lo digo por las arrugas ni por las enfermedades que se derivan de la edad (que ahora que lo pienso sí, podría ser por eso) pero me refería más bien a todas estas cosas que cuando eres joven piensas que son solo cosas de "adultos" y cuando te quieres dar cuenta, tú ya eres un adulto y ahora también con cosas tuyas y tienes que apechugar. Y dices, vaya mierda, por qué no me plantaría a los ocho años (yo al menos me lo digo xD) pero parece ser que la vida no te deja esa opción, es como un examen tipo test de los puñeteros. 

Uy fíjate, si ya es la hora de merendar. Parezco el juego de la oca, pero en vez de ir de oca en oca, voy cada día de comida en comida. Menos mal que tengo fruta para sentirme sana, al menos antes de sacarme el bocata. 

Pues resumiendo: tengo mucho que hacer pero la hora de merendar es sagrada, la semana que viene hay puentes y rezo por llegar viva y estar una semana durmiendo en mi casa (porque no tengo puente pero puedo ir y venir los días de hospital), voy a terminar el TFG, a hacer 50 rosas de fieltro, y mirarme los manuales de la academia que me faltan...todo un día de estos. No preocuparse. Esto es lo fácil. Cuando nos graduemos y tengamos responsabilidad real y gente a nuestro cargo y horarios en los que no tienes tiempo de ir a comer, y luego haya que buscar trabajo...algo me dice que eso será lo realmente complicado y echaré de menos los días en los que me agobiaba por la fecha de entrega del TFG y otros trabajos. 

¡Ánimo!


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