No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Mis intentos en los campos del MIR

Queridos lectores, 

Sé que os tengo abandonados, y creedme que lo siento, pero se puede hacer poco con unas horitas libres al día. Y cuando cojo el ordenador intento avanzar con mi nueva novela, que es bastante duro con el horario de estudio, pero bueno. 

¿Cómo va la cosa? Supongo que no nos podemos quejar, viendo como está el mundo, por tener que estudiar un poco más de lo que quizás nos gustaría.

Pero bueno, como suelo hablar de mi vida más que del mundo, os contaré cómo va mi experiencia en el MIR. Por ahora he probado éxito en el mundo de la Canción del MIR versionando los clásicos Disney y otras canciones más actuales, para que sean cosa del MIR. ¿Un ejemplo, decís? Bueno, pues por ejemplo si sabéis que la canción de Frozen es Let it go y el estribillo en castellano es algo así como : "suéltalo, suéltalo, no lo puedo ya retener..." Mi propia y única versión para este especial momento de mi vida sería algo así como (me remonto a algo más del estribillo para que le pilléis el sentido):
Mirando manuales, qué difícil todo es.
Y si he aprendido algo, ya no sé muy bien el qué.
Estoy estudiando y ahora sé que ya no habrá horas libres.
No habrá descanso para mí, 
En el MIIIIIIIR...(allá va)
Brotaré, brotaré,
No lo puedo ya retener
Brotaré, brotaré, 
sé que voy a enloquecer. 
¿Qué más da si no me acuerdo de na'?
Déjate llevaaaar.
Familia en Cuenca nunca me importó. 

Y así con muchas, muchas, muchas canciones. Hoy he hecho la de la Sirenita xD. Si supiera conectar audios os las cantaría, que queda mejor.

AL no cosechar demasiado éxito con mis creaciones (no sé por qué) musicales, me he pasado al mundo del cine. Y mi primera gran producción será la adaptación de Harry Potter. Y es algo así como: ¿Cómo sería Harry Potter si hubiera estudiado medicina en vez de Magia y hechicería? (Probablemente porque se equivocaron y yo recibí mi esperada carta de Ingreso a Howgarts mientras que él se tuvo que quedar con mi aceptación en la universidad):

1. Resi Potter y la Litiasis de oxalato cálcico (la piedra filosofal)
2.Resi Potter y la UCI de lso entuertos (la cámara de los secretos)
3. Resi Potter y el paciente de Alcorcón (el prisionero de Azkaban)
4. Resi Potter y el brote de caliciviridae (el cáliz de fuego)
5.Resi Potter y la orden de chlamidia pstacci (la orden del fénix, porque se llama así el microorganismo por los loros, es lo mejor que encontré)
6. Resi Potter y el adjunto subidito (el príncipe mestizo)
7. Resi Potter y los instrumentos del médico forense (las reliquias de la muerte)

Y ese será mi gran éxito, espero. Porque si hacéis como un amigo mío al que le dije esto mismo ayer y entonces me preguntó: ¿y el mundo del estudio MIR cómo lo llevas? Os tendré que confesar que ahí tampoco estoy triunfando. Aunque si tampoco lo consigo con el cine MIR espero poder escribir una novela sobre mi experiencia estando secuestrada por un examen, que acabó por no caerme tan mal y hasta me obsesioné con él un poquito, lo que viene a ser un síndrome de Estocolmo en toda regla, lo sé. Soy un compendio de enfermedades psiquiátricas. Tanto que ya no sé si sentirme aliviada o indignada por no haber brotado todavía. Y eso que no os hacéis una idea de la cantidad de canciones que he versionado diciendo que brotaré. Me van a dejar como una mentirosa.

Sí, lo veis correctamente, no estoy hablando demasiado en serio hoy porque la verdad es que no tengo mucho que contaros como novedades de mi día a día, el cual se resume en una palabra: estudio. No se me hace demasiado difícil el estudiar, la verdad. Y sé que, si nos ponemos profundos, es porque el estudio siempre ha sido mi excusa y mi salvación para no darme cuenta de la poca vida que tengo si no estudio. Es así de sad. Quiero decir que me mantengo ocupada, pero que no tengo por ejemplo con quien haber ido estos días a la feria o cosas así. Porque en mi pueblo no tengo amigas; mis amigas de la ciudad, digamos, las de la universidad no son muy de quedar, y bueno si dejo de estudiar y tengo demasiado tiempo libre me planteo demasiadas cosas. Estudiar es bueno, es fácil. Te agobia, pero te mantiene la mente ocupada y no piensas en cosas en las que no quieres pensar. En el fondo creo que siempre ha sido uno de los motivos por los que me ha gustado tanto encerrarme con un libro. Claro que si es literatura es mejor todavía porque te transporta a un mundo más interesante que el de las arritmias cardíacas.

A parte de eso, supongo que podría decirse que ...soy un desastre. Sí, sabes que no va a ser un buen día de estudio cuando llevas más vídeos de youtube vistos que páginas estudiadas y, tristemente, eso me pasa mucho xD Bueno, no tanto porque en mi cuarto el wifi va fatal. Pero sí me pasa el equivalente con fics o páginas de un libro leídas.

Bueno, siento mucho teneros tan abandonados, sobre todo no escribo porque no tengo mucho que decir que sea interesante, que es lo peor. Pero intentaré seguir cosechando más éxitos en los distintos campos artísticos del mir (y en el de estudiar) para poder contaros más cosas xD

Suerte y ánimo!

lunes, 31 de julio de 2017

Curar sin secuelas

Hola mis queridos lectores, 

Sí, he vuelto a cambiar la apariencia del blog. Me gusta la hierba, pero no me convencía del todo, demasiado verde fosforito que, por otro lado, me recordaba a mi color de subrayador favorito. Así tenemos libros, yuju, libros en honor al que he publicado, al que tengo que corregir pero se me hace eterno; al que quiero escribir pero me falta tiempo; y a los que quiero leer a escondidas. Y, por supuesto, en honor a los que me tengo que estudiar. 

Hace tiempo que no escribo por aquí, y es que ya sabéis que básicamente tengo una hora libre al día y no me da tiempo a hacer todo lo que me gustaría. Es verdad que muchas noches de estas, sea por el calor, el ruido de la calle o vete a saber el qué, me está atizando con fuerza el insomnio y hay días en los que pareciera que Sabina cantaba solo para mí porque "me dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres..." y dejo de mirar el reloj porque sé que cuanto más lo miro, menos probabilidades hay de que me duerma. Es como una regla proporcional. Así que aprovecho para dormir o para soñar despierta disfrutando de mi cómoda cama e intentando no pensar en lo mucho que querré matar a alguien cuando mi despertador suene por la mañana y tenga que ponerme a estudiar. Aunque podría escribiros a esas horas, pero cuando uno está falto de sueño a veces es tan peligroso escribir como cuando va sobrado de bebida (no que yo lo sepa, que en toda mi inocencia y santidad no me he emborrachado nunca, pero eso me han dicho las malas lenguas...)

Como iba diciendo, hay poco tiempo libre, pero la verdad es que no me molesta tanto como hubiera predicho, sobre todo viendo que casi entré en depresión cuando nos mandaron el horario de la academia y vi que se acercaba el momento. No, la verdad es que estar de 8 a 10 horas estudiando cada día no me molesta demasiado, casi me entretiene. Y mis ratos de enfado van más dirigidos a cuando llego a esas pocas horas del día y no puedo hacer lo que quiero porque mis padres están, como es una costumbre muy paternal, listos para tocar las narices. No pasa tampoco tan a menudo, no creáis, pero sí que me trastocan porque me dicen de hacer cosas que no estaban en mi lista de opciones o no me dejan el coche o cosas por el estilo. En fin, no importa. 

El caso es que estudiar en sí no me está matando y puede que sea por la fuerza de la costumbre. Pero a ratos también me entran las dudas y pensaré ¿que no estoy demasiado tranquila? ¿Y si estoy estudiando mal o poco o no lo suficiente? Y me entra todo el agobio y entonces es el acabose. Aaaah ¡muerte y destrucción! Mis neuronas se dedican a correr despavoridas por mi mente con las manos sobre la cabeza gritando como si no hubiera un mañana y todas las luces de alarma encendidas. O si no es el agobio porque me va a salir fatal y no voy a sacar plaza, es el agobio por lo mucho que voy a engordar porque en esa hora libre si mis padres me empiezan a marear no me da tiempo ni a hacer algo de ejercicio, o si hago ejercicio no escribo y estoy en una encrucijada. El MIR como tantas otras cosas en la vida, será una patología que dará su comorbilidad asociada (a saber un aumento de brotes psicótico y del riesgo cardiovascular por pasar más de seis horas sentados) que, llegado el día, curará, si será con o sin secuelas, ya depende de nosotros, y por ahora yo me veo con un hermoso panículo adiposo como regalo por estos estupendos Juegos Del Estudio, en el que solo falta que en clase nos empiecen a disparar con flechas para poder sentirme toda una heroína superviviente de mi tiempo. 

Ah pero no toméis mi pobre intento narrativo de mis peripecias en el MIR por negativismo, qué va, solo a ratos y no usaré ese rato para escribiros, lo usaré para contenerme en no tirar los libros por la ventana y fugarme a las Vegas. Además hoy es mi día libre, ni siquiera tendría que estar hablando del MIR pero tengo poco más que contaros si no hablo de eso. Qué sad todo, lo sé, lo sé. 

También me he terminado un libro buenísimo, El laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón. Es el último de una saga de cuatro libros, independientes pero conectados. Y hay varias cosas que me enfadan de este hecho: 1) que voy a tener que rectificar con mi hermano de cuando le dije que las sagas son o deberían ser siempre números impares y que pueden ser tres o cinco o siete, tal vez es admisible dos, pero que cuatro no era un número para una saga. 2) Que es un libro buenísimo como os decía, pero tardó tanto tiempo en sacarlo desde los anteriores que he olvidado muchas cosas y ahora siento que debería releerlos todos para poder sacarle de verdad todo el sabor a la historia, en realidad, tendría que haberlos leído primero los anteriores. Aunque lo que más me mata siempre que leo a este autor es lo bien que escribe y mi alma de autora lo envidia tanto y al mismo tiempo lo admira tanto que no sé ni como expresarlo. 

Además hay muchos personajes escritores que se dedican de lleno a la literatura a pesar de ser una amante caprichosa y, cuando lo dicen así, me hacen sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura. Eso es algo que me pasa cuando me rodeo de literatos, como si haber estudiado medicina me restara valor en el tema de los libros porque no he perseguido a las letras como a una estrella fugaz. Y, bueno, podéis dadme vuestras opiniones, pero desde que me propuse trabajar en mi autoestima para convertirme en alguien con cierta confianza en su persona (empresa ardua y en la que empiezo a trabajar) he decido que en vez de sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura, debería sentirme, no mejor, pero sí bien conmigo misma, especial, por tener dos mundos entre los que poder moverme. Es cierto que a veces es algo locura porque no terminas de encajar en ninguno o porque el tiempo es más finito que mis obligaciones y quehaceres y no siempre se pueden coordinar bien. Pero tengo menos posibilidades de aburrirme si puedo pasearme entre las Letras y las Ciencias como uno de aquellos antiguos Humanistas que podían ponerle nombre a un hueso y escribir una novela, ser abogados, filósofos y teólogos sin que fuera nada extraño. Es una lástima que el mundo se haya especializado tanto. 

Así que, como decía, no voy a sentirme mal por no ser escritora las 24 horas del día porque estoy orgullosa también, aunque a veces me pese o me sature o me asuste lo que no está escrito, de ser médica y poder dedicar mi vida a ayudar a los demás de una forma más o menos directa, dándoles desde apoyo a tratamientos, además de ponerle voz a mis personajes y contar las historias que descubra y se me presenten en este loco mundo en el que vivimos. 

También he aprendido algo para ser escritora y es que hay que tener mucha paciencia y no lanzarse a escribir sin pensar o a no pensar en lo ya escrito y solo seguir hacia delante. Más que me pese, y creedme que me pesa, apenas llevo dos capítulos de mi nueva novela por lo del MIR y aún así he decidido que tengo que empezar de cero porque no estoy logrando transmitir lo que quería, no es el camino que necesita esta historia para ser contada. 

Hay días en los que me levanto con una gran sensación y esa intención de estudiar a fondo y mejorar, de superarme. Luego me tomo el café, me pongo delante de los manuales y el intento se pierde, no en la ausencia de ganas o intención, sino en la capacidad de mis neuronas sobrecargadas. 

En fin, mis queridos lectores, no me cabe duda de que, con tiempo y paciencia, se puede lograr casi de todo. Y de que el MIR llegará y pasará y dentro de unos cuantos años, cuando estemos luchando por la vida de personas reales y no solo de casos clínicos en papel, todo esto nos parecerá casi una quimera y un tiempo, quizás no dorado, pero sí más fácil al que desearíamos volver, o al menos no nos parecerá esa gran montaña en la que se convierten los retos que uno solo ve cuando la está subiendo. Mi pronóstico, pues, es que el MIR curará con las secuelas necesarias, con suerte sin ninguna, y todo será menester de volver a la configuración inicial y seguir con el tratamiento de esta vida a base de paciencia, confianza (y no diré polvo de hadas por si alguien piensa que hago referencias a productos ilícitos xD)

Ánimo y buena suerte. 

martes, 11 de julio de 2017

¿A cuánta gente he ayudado hoy?

Queridos lectores, 

Uff, lo sé, cuánto tiempo sin escribiros. No creáis que no me acuerdo de vosotros, pero es que cuando tienes que estudiar de 8 a 10 horas al día hay un número limitado de cosas que te da tiempo a hacer en tus ratos libres, esa es la verdad. Y, teniendo en cuenta que me paso la mayor parte del día sentada en mi casa, una de las tareas prioritarias que ocupan mi tiempo libre es hacer algo de ejercicio. Aunque solo sea para poder comer con menos culpabilidad al día siguiente. Porque soy una de esas personas que come mucho cuanto está estudiando. Culpo al aburrimiento la verdad. Es que es tan fácil poner la excusa del hambre para bajar a la cocina a por un tentempié y descansar unos minutillos y vaguear algo más. 

¿Y qué  os puedo contar sobre mi preparación para el MIR tras estas semanas familiarizándome más con el estudio en verano? Pues como ya os adelanté en mi anterior entrada justamente lo de estudiar no me molesta, la verdad es que me ayuda a ocupar un tiempo que no sabría utilizar de otra manera. Lo sé, qué sad ;.;. Una cosa que me gusta de estudiar es que hace que todo lo que no sea estudiar me guste mucho más. Un ejemplo: cuando tenía días libres y pensaba en ponerme a leer y estaba ya bastante rato leyendo, llegaba un punto en el que me aburría un poco y pensaba si no se me ocurriría otra cosa que hacer; pero, ahora que tendría que estar estudiando, ponerme a leer se convierte en algo mucho más interesante y tentador. Y no debería sentirme orgullosa de esto, lo sé, y no lo estoy, lo prometo, me daría de golpes contra la pared si no necesitara mi cerebro en las mejores condiciones posibles. Porque no tendría que leer mientras estudio, no tendría que leer "y punto". Uno pensaría que con las ganas que tengo de irme de mi casa, independizarme de mis padres, irme a vivir por mi cuenta, tal vez con mi hermano que empezará la universidad pero eso está bien porque tenemos buena relación y se me hará más ameno que vivir sola (al menos podré cocinar y que alguien se lo coma, porque si no engordaré un montón). En fin, que cualquiera pensaría que tengo motivación de sobra para estudiar como si no fuera un mañana. Y así es. Pero es que...me aburro taaaaanto. Oh madre del amor hermoso, como me aburro si no leo. Y los libros son tan bonitos. Estoy tan enganchada a las historias de amor que no puedo ni daros una cifra de la de fics que podría leerme en un día si me pongo a ello xD. 

Así que, mientras estudio, me parece una buena idea y algo muy merecido, el ponerme a leer un poquito como descanso para relajar la mente. Pero entonces me engancho y "un par de páginas" se convierten en "un capítulo más" y luego en "media hora más" y "aún tengo tiempo". Y, cuando me doy cuenta, voy de culo y me tengo que apresurar. Arg ¿por qué me gustará tanto leer? ¿Por qué? Porque no es como si pudiera deshacerme de la tentación, ¡mi cuarto está lleno de libros! Y la única posibilidad de ir a estudiar a un sitio tranquilo que no sea mi cuarto es ir a la Biblioteca de mi pueblo que, sorpresa, sorpresa, está llena de libros. Vida cruel, como sufres con mi desdicha. Total que cuando termina el periodo de estudio me quedo sintiéndome tremendamente culpable y me veo repitiendo el MIR por no haber sacado plaza, y me digo firmemente que el día siguiente estudiaré con una dedicación que rallará la locura y la obsesión. Pero luego me pongo a leer desayunando y ya estoy perdida...

Es trágico. 

El lado bueno es que los dos libros que he terminado estos días han sido bastante bonitos. El de intriga ha tenido un final bueno y el que estaba escrito por una psiquiatra, aunque al final de su trayecto se metió en temas de espiritismo y cosas que no sé muy bien cómo interpretar, me dejó un mensaje muy bonito con el que me guío ahora cada día. Que al final de la vida o, sin ser tan dramáticos, al final del día, la pregunta más importante es ¿a cuánta gente has ayudado? ¿a cuántos has amado? ¿cuánto amor has dado y recibido? Y me gusta. Vale que no ayudo a alguien cada día, sobre todo no estando en el hospital y estando en este estado de clausura, pero cuando tengo momentos de bajón en los que me digo que ya tengo 24 años y no voy a hacer nada con mi vida (porque no importa que acabe de terminar la carrera más larga y complicada que existía seguramente o que haya publicado un libro que ha gustado a los lectores que se han aventurado a leerlo, sigo teniendo esos momentos casi diariamente), me digo que he hecho algo: he ayudado a mis pacientes. Y me acuerdo de una señora que se llamaba Flora a la que iban a operar de un glaucoma y, en oftalmo las operaciones se hacen con el paciente despierto, y yo estuve hablando con ella de su nieto para que se relajara y me dijo que era "un ángel" (tal vez influida por la anestesia que la dejó drogui, pero qué más da); me acuerdo de Remedios, a la que aferré de la mano y dejé que me apretara mientras le clavaban una aguja para meterle una vía por la arteria y después me dio las gracias y me dijo que la había hecho sentir como si su hija (que estaba estudiando en el extranjero y no había podido ir a verla) hubiera estado con ella; me acuerdo de una mujer a la que acababan de diagnosticarle artritis reumatoide siendo relativamente joven y, literalmente, lloró en mi hombro porque el tratamiento le impedía seguir con sus planes de intentar ser madre; o de la mujer de un paciente oncológico que me abrazó cuando fui a darle el pésame porque había pasado a saludarlos todos los días que roté por onco aunque no me tocaran ellos, me gustaba pasarme a saludar a todos. 

Y bueno, podría seguir con la lista, aunque no he hecho nada maravilloso, no he salvado vidas, no he sacado a alguien de un paro cardíaco con una RCP, ni he operado yo sola a nadie, claro está. Pero me gusta pensar que no es necesario ser tan drástico, que no es necesario salvar una vida para mejorar una vida, a veces el mero hecho de sentirse escuchado o comprendido puede ayudar mucho a una persona. Así que os invito a que no dejéis de haceros esa pregunta

También tengo muchas luchas internas, precisamente por esto, sobre qué especialidad debería elegir (en el optimista supuesto de que me ponga a estudiar en serio y saque un número que me permita elegir): psiquiatría o pediatría. Son mis dos grandes dudas. Porque pienso que es importante hacer algo en lo que pueda estar contenta y pasarlo "bien", en el sentido de estar feliz con mi trabajo, y, sin duda, me divierto más cuando estoy con niños que cuando estoy con pacientes psiquiátricos. Pero también creo que tenemos, cada persona y quizás sobre todo en medicina, la responsabilidad de no hacer solo aquello que nos gusta, sino también aquello en lo que mejor podemos ser. Quiero decir, si tú tienes cualidades para ser un buen, no sé yo, cardiólogo porque tienes un oído finísimo para los soplos, pero se te da fatal hablar con personas deprimidas, por interesante que te parezca la psiquiatría, ¿no es más responsable para con tus pacientes que uses tus mejores habilidades en su mejor interés? No lo sé, es lo que pienso. Porque yo creo que se me da bien la psiquiatría, sea de escribir o de leer o de que va conmigo mejor, identifico las patologías psiquiátricas con una facilidad relativa que no tengo para las cuestiones más "médicas", también creo que se me da bien hablar con gente que tiene problemas psiquiátricos, por experiencia; y que, no sé si será por mi cara de niña buena o qué, pero muchas veces es fácil para la gente crear un vínculo conmigo y contarme cosas, sobre todo con niños, es verdad. Se me dan bien los niños, también, al menos eso creo yo, pero el problema es que no sé si se me da tan bien las cuestiones más clínicas. ¿Y si no sé identificar un shock o una sepsis? Sí, estos pensamientos me ocupan. También es verdad que la psiquiatría me gusta más como conocimiento en general, a la hora de hacer trabajos e investigaciones, me parece que la mente humana es interesante. 

Pero bueno, hablaremos de eso más adelante, por ahora creo que me iré a leer y volveré a prometerme a mí misma que mañana estudiaré a tope. Esperemos que lo cumpla. Deseadme suerte ;)

jueves, 29 de junio de 2017

Nuevo Look

Queridos lectores, 

No, no os asustéis, no os habéis equivocado de blog. Sigo siendo yo, la misma Laura Novel de siempre, con la mínima, ligera diferencia de que ya no soy una estudiante de medicina, sino una graduada en medicina o médica, si queréis acortar. 

Así que tras seis duros años de carrera y tres años de blog contando todas mis penas, ha llegado el día en el que, para poder ser sincera, tenía que cambiar el título. Ha sido muy emocionante y emotivo. Pero, oye, vida nueva, blog nuevo. Al menos un cambio de imagen, no está mal. Hemos cambiado el look otoñal por algo más verde esperanza, a ver si me anima para el MIR. 

Ah sí, porque no me parecía del todo cierto poner "Diario de una médica" ya que no estoy trabajando ni en el hospital. Quizás podría haberlo llamado "Diario de una médica sin pacientes" y oye, me gusta, lo pensaré y tal vez lo use, pero por ahora, estudio el MIR. Lo típico, Keep calm and estudia el MIR. 

Y, realmente, si os soy del todo sincera, los días previos a que comenzase la época de estudio del MIR estaba convencida de que las entradas del blog se convertirían en un tipo de Diario de Bitácora, en el que iría contando mis días como si fuera una larga travesía o una condena. Pero el caso es que no. Y eso me hace dudar, no creáis, ¿será que lo estoy haciendo mal? ¿Estoy estudiando menos de lo que debería? ¿Se me está olvidando algo? Porque no me explico lo contenta que estoy desde que me puse a estudiar. De hecho estoy de mucho mejor humor que mis semanas libres. Creo que llevo toda mi vida preparándome para este momento. Porque todos los veranos de mi vida, sin yo saberlo, estaba esperando a que llegara este episodio de mi vida en el que mis días no serían una sucesión de no saber qué hacer y pasar calor. 

Que sad ;.; lo sé, pero el caso es que yo siempre he estudiado tanto que, cuando termino de estudiar, no sé qué hacer con mi vida. Normalmente reveo todo lo que hay que ver sobre las obras de Jane Austen y las hermanas Bronte, me releo todos los libros y dejo que me invada ese espíritu de dama inglesa en búsqueda de un marido de fortuna a la que le apetece pintar, dibujar, leer, bordar y escribir y, de vez en cuando, cocinar. Sobre todo, el resto de veranos, esperaba a que llegaran las 7:00 pm para ponerme a escribir porque es la hora a la que da la sombra en mi sitio de escribir. 

Y, resulta que tener un calendario de estudiar es casi más divertido que todo eso xD oh estoy tan loca, que sad todo, lo sé. Pero oye ya que tengo que estudiar, mejor hacerlo de buen humor. Y así es, mis queridos lectores, como ha pasado mi primera semana del MIR. Me planteo si tendré alguna especie de síndrome de Estocolmo raro, porque pensaba que esto de estudiar me iba a tener como prisionera, pero ahora va a resultar que me encanta. Tendría que haberme empezado a preparar el MIR en todos mis veranos. 

La verdad es que el horario de estudio es más relajado que el horario al que estoy acostumbrada que me implanto yo misma. Porque tenemos de 8 a 10 horas y yo, en épocas de exámenes, puedo estar entre 16 y 18 horas. Y, cuando tenemos clase, pues las 8 horas de clases y prácticas con las cinco horas de la tarde hasta que me ponga a cenar. Así que, sí, muchas más horas. Resulta que o bien los de la academia me miman o yo me he torturado a mí misma toda la vida. 

Hablando de torturas, no he descartado que todo esto se deba a que tengo un toque masoquista muy profundo que puede necesitar ayuda profesional. Lo investigaré. 

Lo único que me preocupa, digamos, es si me podré concentrar en escribir porque tengo una historia pensada y lo que quiero hacer, pero con esas dos horas libres al día a veces me cuesta centrarme porque quiero hacer ejercicio y ver a mis perros. Y, aunque yo me organizo bien, muchas veces mi padre viene a decirme si quiero ir a ver a los perros y acabo yendo, lo cual me parte esas horitas libres. Pero poco a poco. Ahora estoy creando una historia nueva, pero todavía está en el proceso de creación. Si fuera a "parir" esta historia ni siquiera habría empezado trabajo de parto XD cuello formado y cerrado. A veces me asusto a mí misma con lo nerd que soy xD

Pues bueno chicos, lo que sí que me ha costado estos últimos días ha sido levantarme de la cama porque con el calorcito y el ruido de la calle me cuesta algo más dormir en verano. Bueno... y que me quedo leyendo hasta tarde, pero no me juzguéis que tengo pocas horas libres al día. Hablando de lo cual...me voy a leer. Mañana será otro día. 

Mucho ánimo a todos :)

lunes, 26 de junio de 2017

Ahora sí, es oficial

Queridos lectores,

Cada día que os escribo soy un poco más médica. De hecho, ¿me atrevería a deciros ya hoy, 26 de junio de 2017, que ya soy médica? ...Pues sí, queridos lectores sí!!! Espero...Acabo de hacer el trámite online para cerrar el expediente y solicitar el título y, para mi mayor sorpresa, creo que lo he hecho bien. Eso sí, he estado más de diez minutos en algo tan simple como darle a continuar cinco veces porque tenía que asegurarme a cada paso de que lo hacía bien. Pero bueno, lo importante es que tengo el resguardo de solicitud del título y con eso ya podría trabajar, ¿os lo podéis creer?

Hoy empieza una nueva etapa, no solo en mi vida, sino también en este blog, que viene a ser un fiel reflejo de mi existencia. Hoy es el día en el que dejo de ser, ahora sí que sí, oficialmente oficial, una estudiante de medicina y me convierto en una graduada en Medicina... en Médica, con todo lo que ello conlleva y significa. No lloré en mi graduación, y sin embargo creo que podría llorar ahora. Supongo que es parte de mi personalidad, soy tan poco optimista (lo reconozco, soy una ceniza) que no me dejo disfrutar de las cosas hasta que estoy totalmente segura de ellas, porque como una nunca sabe cuándo va a atacar la Ley de Murphy, suelo mantener la calma y esperar  a comprobar que todo está bien. Eso hice con mi graduación, evitando hacerlo oficial hasta que no me ha quedado más remedio de aceptar lo inevitable: ya soy médica.

Aunque, ¿qué es una médica sin pacientes? Como una madre sin hijos, no es más que un alma que anhela el momento de tener a alguien a quien cuidar y ayudar. Eso soy yo o seré hasta que tenga mi plaza MIR o alguien de mi familia se ponga enfermo y venga a pedirme consejo, cosa que conociendo a mi madre, es mucho más probable que pase antes.

Por otro lado, hoy era mi primer día en esta nueva etapa de preparación del MIR. Había pensado empezar a narrarlo con algo así como:

"Día 1 de mi nueva condena,

El tiempo no podría pasar más despacio. Los minutos se convierten en horas y las horas en días, mientras el verdugo del día espera a que mi mirada lo alcance y mi mente, no tan sedienta de nuevos conocimientos como me gustaría, trata de aferrarse a esos cuantos conceptos que logra comprender y se esfuerza por memorizar..."

¿Demasiado DramaQueen? Seguramente. Además, estoy decidida a considerar el día de hoy, primer día en la fase intensiva del MIR, como todo un éxito, aunque solo sea porque esta mañana, cuando ha sonado el despertador, he logrado recordar que tenía que levantarme a estudiar y pasar la tentación de simplemente apagar la alarma y seguir durmiendo. No puedo deciros que haya estudiado al 100%, pero ya no es tanto culpa mía, porque me ha venido la regla y me encontraba fatal. Pero bueno, está hecho.

Realmente, estoy tan acostumbrada a tener tan poca vida en verano que no creo que pasarme las mañanas estudiando me cambie demasiado los días, de hecho, los llena más que no tener nada que hacer. Casi me gusta levantarme y tener un propósito para hacer algo.

¿Sabéis de qué me di cuenta ayer? De que voy a echar de menos el hospital. No volveré a uno como médica hasta el año que viene. Aunque he ido algún día con mi tía que es pediatra. Supongo que podré repetir si tengo demasiado mono.

Desafortunadamente queridos míos, se ha acabado mi escasa hora libre. Porque entre hacer lo del título e ir a ver a mis perros el tiempo voló. Así que me despido por hoy, tras este día que, a pesar de hacer comenzado con dolores de regla y haber sido ocupado por 10 horas de estudio, me deja una gran sensación. La sensación de que termina algo bueno y comienza otra cosa. Es como terminar y libro y empezar otro. ¿Qué nos deparará esta historia? Solo el tiempo lo dirá. 


lunes, 19 de junio de 2017

El bajón del calendario

Queridos lectores, 

Se acerca el invierno... O, en otras palabras menos dramáticas (o quizás más, según quién opine), el final de mis pequeñas vacaciones. 

Como sabéis, hace apenas una semana hice mi último examen de la carrera. Sigo sin saber la nota, la verdad, ni me preocupa porque son vacaciones. Había vivido en una pequeña y hermosa nube desde el pasado martes, cocinando, viendo series, bailando, leyendo y con unos días en la playa, hasta hoy. El fatídico sonido que anunciaba la llegada de un mail no podría haberme preparado para la funesta noticia que iba a recibir. Y no importaba cuánto hubiera previsto aquel mensaje, ni que hubiera sabido desde el principio que este día llegaría. Mis temores y más oscuras pesadillas se volvieron tangibles en el momento en el que abrí dicho e-mail y me encontré con el calendario y horario de la Cacademia para este verano. 

Y, en aquel preciso instante, en ese fugaz momento en el que mis ojos se encontraron con las coloridas guías de la academia, toda la energía y felicidad que podía haber sentido durante estos breves días de vacaciones se esfumó, probablemente se fugó con las mejores y más inteligentes partes de mí misma, que sabían lo que les esperaba, a algún recóndito y tranquilo lugar del mundo. O me las dejé el domingo cuando volví de la playa, sabía que me dejaba algo, siempre me dejo algo...

En fin, como os iba diciendo en este, mi tono de narradora drama-queen, me han enviado el calendario de la academia que te detalla que asignatura tienes que estudiar y los temas, y las clases, Uff. Sé que es absurdo porque sabía la fecha en la que tendría que empezar a estudiar desde hace meses. Sabía que me iba a pasar todo el verano estudiando desde quinto de carrera. Pensaba que ya estaba mentalmente preparada y que podía hacerlo, pero estaba equivocada. Ni estaba preparada ni lo voy a estar. Que poco ánimo tengo. 

Por si fuera poco, he hecho galletas para intentar animarme y se me han pegado. Maldita sea xD

Como le he dicho a una amiga, ojalá pudiera mandar el calendario a la porra, pero a estas alturas es algo tarde para echarse atrás. ¿Y siendo mi vida como ha sido, qué es un año más estudiando? Nada, la verdad es que estaré en mi salsa. Creo que más que el tema de estudiar es lo de que me controlen tanto lo que no me gusta. Pero qué le vamos a hacer.

Sé que soy muy breve hoy, pero solo quería compartir con vosotros este día tan aciago y ahora voy a ver si puedo hacer otras galletas para resarcirme de las quemadas de esta tarde. 

¡Ánimo!

jueves, 15 de junio de 2017

Extraoficialmente médica

Queridos lectores,

Os escribo ya, después de seis años de carrera y tres de blog, como médica!!! (Extraoficialmente porque me faltarán los papeles que lo acrediten, pero yo creo que casi lo podría decir ya). Ayer fue mi último examen, ese famoso ECOE, en este caso, el de pediatría y ginecología. 

Así que, ya puedo decir que soy médica, ¿no? Yo casi lo digo ya y me da hasta vértigo pensarlo, es algo extraño, pensar que soy médico después de tanto tiempo, bueno seis años que no es poco, aunque aún no tengo especialidad ni un título que lo demuestre, ni siquiera grandes conocimientos que me acompañen xD pero si ahora fuera por la calle y alguien cayera inconsciente y fuera una parada cardíaca tendría mucha más responsabilidad para hacer una RCP de calidad. Menos mal que no salgo mucho de casa...

Estoy en esos escasos días libres que durarán hasta finales de este mes cuando tendré que ponerme a estudiar para la Cacademia. Y podéis matarme si queréis, pero llevo dos días libres y ya casi quiero que lleguen esos días. Me voy a entretener mucho más. No sé organizar mi tiempo bien si no tengo que estudiar. Por ahora, ayer, en ese primer y esperado (casi me atrevería a decir merecido) día libre, hice una lasaña de verduras, una empanada de cereza (cherry pie) receta típica americana con las cerezas de mi cerezo que estaban algo tocadas, para aprovechar las partes buenas, ordené un poco mi cuarto y leí. Mi hermano se fue justamente ayer de viaje de fin de curso, así que voy a estar en mis días libres sin él, que es el que más buena cuenta da de lo que cocino. Así que hoy no puedo hacer otra tarta o dulce porque mis padres se quejan de que los cebo. Puede que le lleve un trozo de tarta a alguien para poder hacer otra. Cocinar me relaja. Y aunque sigo sin pillarle el truco al puno de sal porque cuando empecé con la dieta me metían que la sal era tan mala para todo y tengo miedo de que me quede la comida salada (porque soy incapaz de comerme algo si sale excesivamente salado, me da demasiada sed) bueno, por lo demás, y salvo que quede algo soso algunas cosas, está bueno. Me gusta improvisar en la cocina y hacer cosas raras, cuanto más manipule mejor, por eso me gusta hacer postres, porque puedo hacer masas y amasar con las manos y pringarme, es divertido. También da cierto sentido de orden el cocinar, porque tienes que priorizar los pasos, qué poner primero al fuego porque va a tardar más, como aprovechar al máximo la comida, el tiempo, limpiar entre un paso y otro para que la cocina no sea un desastre...

Pienso que el año que viene, cuando empiece a trabajar y me independice oficialmente, puede que me apunte a clases de cocina, pero se pone a la cola en las clases de baile y de escritura narrativa xD. Aún no sé el tiempo libre que tendré y ya lo estoy ocupando. 

Otro tema importante es el de escribir, que todavía no he podido arrancar. Tengo que corregir mi segunda novela, que es la continuación de la Rosa de Sangre, aunque corregir me da taaaanta pereza... También quería acabar la tercera novela, aunque estoy pensando en reescribirla. Y eso, tengo ideas, pero tengo que ponerme a leer en serio (y en castellano, porque últimamente leo muchas cosas en inglés) para activar el modo narrativo. Obviamente y conociéndome, no estaré inspirada para escribir hasta que empiece el MIR y no pueda y entonces esté enfadada con la Academia por no poder escribir más horas al día. Pero eso es solo porque soy una contrahecha, al menos lo admito xD.

Y la verdad es que mis días libres son tan poco emocionantes como mis días de estudio. Os podré escribir más, eso sí, pero resulta que ahora que ya no vivo con las chinas, no voy a prácticas y no tengo exámenes de los que quejarme, ando algo escasa de temas de los que hablar xD. Y ni siquiera estoy tan libre porque tengo unos cuantos manuales sin subrayar atrasados, porque me centré en los ECOES y me olvidé de subrayarlos. Bueno, no me olvidé, solo pasé de hacerlo. Y eso que mientras me los estudiaba podría haber subrayado, pero no me apetecía ni me quedaba tinta en los subrayadores. 

Que dura es la vida de los estudiantes...Aunque técnicamente soy graduada ya. Tengo hasta una beca amarilla que lo confirma. Y la experiencia de estas 24 horas como médica recién graduada en las que ya me han bombardeado con consultas médicas, desde un tío recién operado hasta una amiga de la amiga de mi madre que no sabía qué crema ponerse. Oh, queridos míos, esto no ha hecho más que empezar. A este ritmo y si todo el mundo, sobre todo mi madre, se dedica a bombardearme así, creo que solo se reafirmará mi idea de vivir cual ermitaña en algún lugar recóndito de la montaña. Eso sí, con wifi para poder contaros mis aventuras criando gallinas y cabras xD. 

Pero no, en serio, no creo que pueda transmitiros la emoción que sentí el martes pasado al salir de mi último examen de la carrera y pensar "ya está, no me quedan más exámenes, ni prácticas, ni trabajos ¿ya soy médica?...¡Ya soy médica!" Y sigo teniendo esta pesadilla recurrente en la que me dejé algún crédito sin saberlo y todavía me queda algo por hacer para graduarme porque parte de mí piensa que es imposible...increíble...inconcebible...que ya esté, que lo haya logrado, que me haya graduado. Que sea algo además de "estudiante". Quiero decir, claro, sigo siendo estudiante, del MIR, pero podría estar trabajando si quisiera, me han ofrecido varios puestos para cubrir vacaciones este verano, pero 1)Tengo 10 horas de estudio diarias con el MIR y no es plan de ponerse a trabajar 2)Realmente no estoy preparada para enfrentarme a la vida, la enfermedad y la medicina, como diría Celine Dion, all by myself. Porque en la residencia sigues siendo un "aprendiz", sí, aún eres como un becario y cobras menos, pero estás aprendiendo y hay alguien por encima de ti que te guía y te ayuda cuando estás más perdido que las sardinas por el monte tralará, por no hablar de que tu responsabilidad penal sigue recayendo sobre un superior, y eso alivia un poco el estrés. 

Igualmente, y sé que voy a pasar los próximos meses (me niego a contarlos) en esta relación de amor-odio con la academia, tan parecida a la que viví con la carrera, pero recordad este momento cuando me esté quejando de mi vida y la Cacademia, porque realmente cuando me quitan las responsabilidades y todo lo que tengo que estudiar, hay una pequeña (no diré minúscula, aunque me gustaría), parte de mí que se queda vacía. Me lo podéis recordar, lo tendré merecido xD. 

Ánimo para los que aún estéis de exámenes, por imposible que parezca, un día se acaba!!! Y te da pena y todo xD


jueves, 1 de junio de 2017

Adiós, Santiago, adiós.

Queridos lectores,

Siento haberos tenido tan tremendamenta abandonados. Hace más de una semana que empecé a escribir la entrada de despedida de la universidad porque era mi último día de prácticas y todo fue muy emotivo y muy bonito, el problema es que no la terminé y me sumí en el océano de nervios por los ECOES y, aquí estoy ahora, tras mi primera tanda en estos encantadores exámenes prácticos con los que el nuevo sistema de estudios nos regala.

Pero no nos liemos, esta es una historia que merece ser narrada con mimo y, no temáis, pues hoy ya me he dado a mí misma el día libre, a pesar de lo que esa pequeña voz en mi mente (también conocida como conciencia, que ha ido perdiendo fuerza con los años) me pueda decir.

Como os decía, hace unas dos semanas terminé mis prácticas en la universidad y, supongo que con ello, las clases y realmente podríamos decir que fue el final de esta tortuosa historia de amor que he tenido con la carrera de medicina, a la que cuando más he querido ha sido en el momento en el que tenía que abandonarla, para dejar mi puesto a nuevas mentes más jóvenes e idealistas, aunque claro que no es el final de mi relación con la medicina, solo de nuestro idilio protegidos entre las paredes de la universidad que nos vio conocernos, aprender el uno del otro, gritarnos, odiarnos, llorar (probablemente la Medicina no hizo nada de esto y fui solo yo, pero me siento mejor hablando en plural mayestático), mi continua aventura "extra-profesional" con la literatura, y poco a poco, a paso lento pero seguro, tras seis años de convivencia, llegamos a un entendimiento mutuo, cargado de afecto y apoyado por tantas personas (pacientes) que nos vieron crecer de polluelos ignorantes y asustados a... polluelos que saben ocultar mejor su miedo. Y así, llegamos a este maravilloso sexto año. Maravilloso porque no había época de exámenes, ni clases, ni seminarios... solo días de hospital, hablando con la gente y haciendo como que aprendía cosas o, con suerte, hasta aprendiéndolas de verdad. Con un par de trabajillos, un trabajo gordo y muchas tardes en la biblioteca igualmente para huir de las chinas.

Y, así es la vida, queridos lectores míos, seis años de carrera para mí, tres años de blog y quejas para vosotros y llegamos al final de la aventura universitaria. No es el final de la historia, ni mucho menos, pero sí el final de un importante capítulo. Dentro de poco tendré que cambiarle el título al blog.

En fin, que en mi último día, que fue algo apresurado, porque me dijeron que no hacía falta que fuera el último día a prácticas y no había previsto la despedida temprana, me paseé por los pasillos de la universidad para decirle adiós con el corazón, que con el alma no puedo. Y el resto de la canción. Sobre todo, fue especialmente emotiva mi despedida a Santiago, sí hombre, Santiago, ese hombre que ha estado esperándome a la puerta de la Facultad para recibirme con su más sincero rostro durante mis seis años de carrera, sin fallar ni un solo día, lloviera, tronara o fuera huelga. Todos y cada uno de los días, ahí estaba, en la puerta, para recibirme un nuevo día. No, no penséis que tengo un acosador del que no sabíais nada, Santiago no es otro que Santiago Ramón y Cajal, cuyo busto reina y preside en el centro del Hall de la Facultad y es una de las primeras cosas que ves en la entrada. Siempre me ha gustado Santiago, no solo porque podía confiar en él para que me recibiera cada día en clases y que fuera un gran médico-investigador. Mi relación con él se hizo más profunda el día en el que, en Historia de la Medicina, el profesor contó cómo él no quería estudiar medicina, sino que quería ser pintor y fotógrafo, le gustaba el dibujo, el arte, las imágenes, y eso lo ayudó, mezclando sus habilidades con lo que había estudiado para hacer los famosos dibujos de las neuronas y en sus investigaciones. Cada vez que pienso que hubiera sido mejor que estudiara algo de letras para escribir y me siento mal, porque no sé si estoy en el camino adecuado, pienso en él y me digo que quizás hay algo en mí, en la parte de mi ser que se va hacia las letras, que me puede ayudar a ser una gran médica.

Pero bueno, hablemos ya de los ECOES, antes de que mi conciencia gane y me tenga que ir a estudiar. Ayer fue el de medicina, cirugía y psiquiatría. Los ECOES son exámenes prácticos en los que hay actores que hacen de pacientes y tienes que hacerles la anamnesis, dar un diagnóstico, pedirle pruebas y todo eso. Estaba tan nerviosa que al principio, con el primer actor que hacía de paciente, me estaba trabando y no sabía si me saltaba cosas de la anamnesis porque no sabía muy bien cómo iba a ir la cosa. Luego en la siguiente estación no sabía si el médico hacía de examinador, de paciente o de familiar y me lié yo sola...pero bueno, más o menos fue saliendo bien. En el de psiquiatría había un paciente con Manía y la cosa es que si hubiera durado un poco más la estación hubiera intentado ligar con él. Bueno no tanto, pero nada más entrar me dijo que mi fone era bonito, pero no tanto como mis ojos y me tomó de las manos y yo como "muy bonito todo". Claro, estaba tan nerviosa que ni lo pensé, seguí intentando convencerlo de que tenía que ingresar (aunque casi me convence él a mí, porque usaba argumentos muy contundentes sobre por qué era mayor de edad y podía gastarse su dinero como quisiera). Total, esa me salió algo regular, porque con tanto hablar no tuve tiempo de decirle medicación ni nada y no sé si lo hice bien. Pero sé que desde ayer, me estoy preguntando si el chico este diría lo de mis ojos de verdad o era parte del acto y si no podría haber pedido su número en otras circunstancias... La vida está llena de oportunidades perdidas. Pero mi prioridad era no cagarla demasiado en el examen, así que otra vez será.

En fin, la cagué, a pesar de mis mejores esfuerzos, en muchas pequeñas cosas, como en la RCP que estaba tan estresada que se me olvidó poner la carga de las palas. Todo una locura. Menos mal que el actor de ahí era super majo y me colocó hasta las palas bien sobre el muñeco porque yo ni miré xD qué desastre. Bueno, se supone que no van a suspender y no me puedo quejar porque los profesores que me tocaron fueron bastante majos y los actores también en general. Aunque ayer no podía dormir porque no dejaba de pensar y repasar mentalmente todas mis cagadas.

Ahora queda otro, del que empezaré a preocuparme en cuanto acabe esta entrada y meriende y os contaré cómo me va con ese. Y hasta aquí todo lo que podía contar.

Mucha suerte a todos los que tengáis exámenes!

lunes, 15 de mayo de 2017

Con mis mejores galas

Queridos lectores, 

El último día en el que os escribí para poder contaros todo sobre mi acto de graduación, apenas tuve tiempo de acabar porque el tiempo pasa y la Cacademia me reclamaba, tenía que llegar a clase y todo eso. Pero está bien, porque resulta que no terminé de celebrarlo hasta unos días después. 

Parece que haya pasado mucho desde mi graduación simbólica, ¿no? A mí al menos me parece como si hubiera pasado mucho tiempo y, al mismo tiempo, como si no hubiera llegado a pasar porque esto de estar en prácticas siendo la misma estudiante pringada de siempre pero decir: "no, si yo ya me he graduado" como que se me hace raro. Pero así es la vida de un estudiante de medicina, no más ni menos. 

En fin, como de costumbre, me estoy yendo por las ramas. Os decía que estaba bien no haber terminado de contar todo lo de la graduación el otro día porque lo terminé de celebrar unos días más tarde ¿cuándo? Pues el sábado por la noche, al volver a casa tras un duro día de Cacademia, mis padres me dijeron que íbamos a cenar nosotros para celebrarlo y, sobre todo, darle un segundo uso al vestido ya que me había gastado el dinero. Lo último que me imaginaba yo era que, al llegar al restaurante, me iba a encontrar allí a toda mi familia para una cena-celebración sorpresa. Y una auténtica sorpresa fue, no me lo esperaba en absoluto. Yo entré, completamente ajena a lo que pasaría, y de pronto veo a mi abuelo ahí sentado, a él el primero que vi, y por un segundo me quedé en shock y luego pensé que ¡vaya casualidad, habíamos coincidido para cenar! (Algo raro, si me hubiera dado tiempo a seguir pensando me habría dado cuenta, porque mi abuelo nunca sale a comer fuera, es muy mirado con sus comidas) Pero ya os digo que apenas tuve tiempo de pensar porque enseguida vi al resto de tías, tíos y primos que gritaban y me aplaudían y no supe qué decir. Me supo un poco mal que se hubieran reunido todos para la celebración y solo hubiera sido una graduación simbólica porque aún puedo suspender los ECOES o cagarla en algo, que gran responsabilidad. Me pregunto si, en caso de fastidiarla y no hacer oficial la graduación, tendré que reembolsarles el coste de la cena *aquí me iría bien el emoticono del Whassap pensando*.

Ah, pero ya sé lo que me vais a decir, que deje de ser tan negativa, que claro que voy a aprobar. Desde luego, eso espero porque después de seis años la meta está a tan solo dos exámenes y dos trabajos de distancia. En realidad antes era solo un trabajo pero me han puesto otro, oh pero no me tiréis de la lengua que nos vamos de tema. Dejamos esto para luego. 

En fin, que me hizo mucha ilusión que toda mi familia se reuniera para celebrar mi graduación. Y aunque el vestido me apretaba el estómago y el exceso de tela me dio un calor importante, me lo pasé muy bien. Luego fui a bailar y todo. 

Pero bueno, como de costumbre, esta entrada me ha costado más de lo que tenía previsto y eso significa que se ha juntado con otro gran día: La Cena de Gala. Como su nombre indica, significa ir a cenar con tus mejores galas. Lo mejor de todo es que ahora que ha pasado puedo volver a comer con tranquilidad y sin sentirme culpable por si luego no me entra el vestido. Así que llevo un par de días comiendo helado como si no hubiera mañana y puede o puede que no, esa sea la razón de que ayer terminase por vomitar la cena. Los excesos nunca son buenos. 

En la Cena de Gala, aunque no lo creáis, conocí un mundo nuevo: el mundo del protocolo alimentario. He visto suficientes películas de Barbie y de princesas como para saber lo que es pero nunca, nunca, me había visto en la necesidad de usarlo ni creí que fuera a llegar el día. Eire y Sadee me hablaron de cómo en su casa usan servilletas de tela y tienen su propio servilletero y yo alucinaba, pensaba que era cosa de películas, de verdad os lo digo xD En mi casa usamos, en este orden de prioridad: una servilleta de papel, la manga, un trapo compartido. Y no es que no me guste la elegancia y la sofisticación, pero a veces está tan alejado del modelo con el que he crecido que me sigue impactando su existencia. También Eire me dijo que el truco para poder comerme toda la cena con el vestido ceñido apretándome en el estómago era no terminarme los platos y dejarse siempre algo. Aunque en realidad me preocupaba por nada porque las porciones eran mucho más pequeñas de lo que estoy acostumbrada xD así que me pude comer todo. Menos una bola de helado de chocolate, lo siento mundo, pero no me apasiona el chocolate. Aunque el helado sí, pero de otros sabores. 

Por cierto, si me permitís que lo diga, estaba bastante sexy con mi vestido rojo ceñido y de espalda al aire 7u7...casi diría que entraba en el top ten de las mejor vestidas que, con mis camisetas de minions, Dory y Juego de Tronos, no es algo que pueda decir a menudo xD. Fui a casa de Sadee antes de la fiesta, para vestirnos juntas. Sobre todo yo era la que necesitaba ayuda porque para cerrar mi vestido hacían falta dos personas y, ahora, me dedico a lanzarle a la gente que conozco indirectas directas para que se casen y me inviten y pueda volver a usar mi caro, incómodo pero favorecedor vestido XD.

Bueno y hoy da comienzo la última semana. Parece mentira, a mí me parece increíble estar ya en la última semana. Estoy contenta, claro, porque me voy del piso y adiós chinas, podré ver a mis perros todos los días, no tendré que ir al hospital todos los días, no tendré clases (solo la cacademia). Sí, suena bien. Pero también me da tanta pena irme de la universidad, dejar de refugiarme entre sus paredes. Hoy, en un arrebato emotivo, me he abrazado contra una pared y seguro que me han mirado raro, ni siquiera iba sola que será lo más raro, me han visto abrazándome a una pared, pero yo solo pensaba en lo que echaría de menos este sitio. Y no deja de ser irónico porque en esta carrera me he sentido tan atrapada a veces, aún hay días en los que pienso en lo que me espera y me entra vértigo, náuseas y escalofríos pensando en ser médica y en seguir estudiando a todas horas y en la responsabilidad que me espera y en ¿y si no estoy bien preparada? ¿y si la cago mucho? ¿y si tenía que haberme dedicado a poner una mercería en mi pueblo? En resumen, aún hay días en los que me agobio y el peso de la responsabilidad que adquirimos en esta profesión me sigue abrumando y ni siquiera he empezado. Pero es verdad que en todos esos malos momentos la universidad, no solo ha sido mi segundo hogar como decían en todos los discursos de la graduación, ha sido mi refugio, y este año, con las invasiones asiáticas ininterrumpidas, ha sido mi refugio y mi salvación. Y también echaré de menos tener un sitio así cuando me pase los siete días de la semana conviviendo con mi madre...

Ya tengo ganas de empezar a trabajar para independizarme! xD

Pero bueno, va siendo hora de ponerme con los dos últimos trabajos de la carrera (si no pasa nada y según mis cuentas). Una semana, chicos, apenas cinco días y tendré que decirle adiós a mi Alma Mater, como dijo el Decano, a mi universidad. Acabaré llorando, verás xD Os lo contaré, próximamente. 

Ánimo! 

viernes, 5 de mayo de 2017

Recién (simbólicamente) graduada

Queridos lectores, 

Bueno, pues ya está, estoy oficialmente graduada de manera simbólica en medicina (simbólica porque aún me quedan los ECOES y cosas) pero bueno, ¿y ahora qué? ¿Es ya el momento de cambiar el título de mi blog? No, todavía no, aún me queda quejarme de los ECOES y del papeleo para que me den los títulos. Pero sí, ayer fue el acto de graduación, ese en el que, como en las películas, todos nos ponemos monísimos de la muerte y nos ponen una beca (para profanos: una especie de banda que te colocan sobre los hombros), y fue un momento lleno de discursos tan inspiradores como largos y, de vez en cuando, un tanto...demasiado no breves. 

Mas, hagámoslo bien, mis queridos lectores. Permitidme que proceda al intrépido relato de tan solemne momento de mi vida. 

Todo comenzó una tarde de enero de 1993...Ah, no, no es necesario remontarse tanto. En realidad esta aventura comenzó en 2011, año en el que hice el selectivo. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, era junio y hacía un calor asfixiante en la ciudad donde me tocó hacer el examen, sudaba como no había sudado en mi vida y temía deshidratarme en cualquier momento. El Destino puso todos los obstáculos que se le ocurrieron en mi camino: me vino la regla, dolores de cabeza, mareos con el autobús que nos llevaba a hacer el examen desde el pueblo como cerdos que van al matadero, el examen de historia en el que por primera vez en la, valga la redundancia, historia hicieron dos modelos de exámenes del mismo siglo fastidiando a los que como yo solo nos habíamos preparado uno (y no era ese)... Pero aún y con todo, saqué buena nota, muy buena nota de hecho, la suficiente como para elegir medicina, que es por aquí la carrera más solicitada y con la nota de corte más alta. Entré, de hecho, la número 47, todavía me acuerdo de eso, pequeños detalles, pero que me gusta recordar. 

Recuerdo como conocí a la mayoría de mis amigas. Quizás el encuentro más memorable fuera el que tuve con Sadee. Sadee y yo nos conocimos en los baños de la facultad, una gran historia que podría haber contado en su boda si no me diera tanta vergüenza hablar en público. La había visto en clase hablando inglés como una auténtica nativa. Recuerdo haber escuchado susurros a mi alrededor en ese momento sobre que había estudiado en Inglaterra, y yo, viniendo de mi pueblo sin haber estado en Inglaterra más que una vez que fui una semana de vacaciones, pero siendo mi inglés simplemente el que yo había aprendido en el instituto y por mi cuenta, no os mentiré, me sentí impresionada y algo fuera de lugar. Ese fue quizás el sentimiento predominante esos primeros días, esas primeras semanas, que me había metido en la boca del lobo, que todo el mundo estaba mejor preparado que yo (sobre todo al haber elegido el grupo que hacía medicina en inglés) había gente que había estado en Inglaterra o en EE.UU y yo si había salido de mi pueblo en alguna ocasión había sido bajo extrema vigilancia de mi madre. Aún así conocí a Sadee en el baño, a ella y a Mérida que venían juntas por ser del mismo pueblo, no sé si fue un flechazo instantáneo, sé que de lo primero que hice fue enseñarle las marcas de arañazos en mis brazos que me había hecho vendimiando, porque yo siempre he estado muy orgullosa de mis raíces de pueblo. 

A Ada y a Kim las conocí a la vez, alguien que no recuerdo nos presentó en las escaleras del Hall de la universidad. A Adele me la presentaron Sadee y Mérida porque también era de su mismo pueblo. A Liv la conocí un dia en el que se sentó a mi lado, llevaba un boli de kukuxumuxu y un vestido largo de flores y pensé que era de estas chicas que van siempre monísimas de la muerte. La única que no recuerdo es a Eire, me la presentarían Kim y Ada porque se sentaba delante de mí con ellas. Siempre pensé que fue Mérida un poco la que hizo que me integrara en el grupo, porque al principio había estado con una chica que luego se cambió de grupo y al cambiarse me quedé algo más sola, venía de un instituto en el que las demás compañeras siempre me habían dado de lado y tratado mal, no tenía las capacidades y herramientas para establecer muchas conexiones. Pero ella me dijo que me sentara a su lado cuando me estaba sentando sola y tal vez fue lo que me salvara. 

Hice otras amistades, algunas que se cambiaron de grupo para dejar el inglés, otras que se cambiaron directamente de carrera, como Mérida. Pero aquí estamos ahora, nosotras, yo, vosotros conmigo desde que creé este blog en tercero de carrera. 

No os mentiré, ayer en muchos discursos hablaron de la vocación médica dando por hecho que todos o muchos habían tenido desde temprana edad. Yo desde luego no quería ser médica de pequeña, ni siquiera estaba segura de que quisiera serlo cuando entré en la carrera. Leches, ni siquiera he estado segura durante estos seis años. Ha habido momentos en los que he tenido la certeza de que estaba donde debía estar, y me he sentido realizada, casi como debe sentirse un súper héroe o algo así. Otros momentos en los que he llorado de frustración y amargura y he deseado poder dedicarme a leer libros y no artículos científicos. Pero, de nuevo, aquí estamos. 

Os empezaré a contar el día de ayer antes de perderme en el mundo de los recuerdos. Como todos los días, madrugué y fui a prácticas, aunque apenas fue para hacer acto de presencia porque después salí y fui a la peluquería y a maquillarme donde me pasé casi toda la mañana. Sí, me dejaron monísima, pero después me he dado cuenta de lo absurdo de gastarse dinero en algo tan efímero. Pero bueno, un día es un día. Llegué a casa y comí corriendo para ponerme el vestido y que mi compañero de piso lo abrochara antes de irse. Después me puse unas zapatillas, sí habéis leído bien, porque me negaba a ir en tacones hasta el lugar, tomé el autobús y anduve hasta llegar al lugar de los hechos, que es muy bonito, claro. Y, una vez allí, ya sí, me puse los tacones. Toda mona yo, vi cómo iba llegando todo el mundo admirando los vestidos y los intrincados peinados, los tacones de riesgo y demás complementos de todo tipo y colores. Fue el momento de las fotos, obviamente, y de hablar y estar nerviosos y esperar a que nos dejaran entrar para sentarnos. Una vez estuve sentada empecé a preocuparme por la entrada de mis padres, si encontrarían aparcamiento, si se les haría tarde, si encontrarían sitio. Pero sí, tenían muy buen sitio porque los podía ver y ellos a mí. Así vi a mi padre levantándose cada poco rato porque es, como yo, un culo inquieto y no sabe estar sentado si se aburre, así que se levantaba al baño, volvía, caminaba por ahí. 

Pero dejemos a mis padres y centrémonos en el escenario. Os lo describiré: en el centro una mesa con siete asientos, para personas importantes, obviamente, ¿cómo de importantes? lo suficiente para tener su propia placa con su título. Delante de ellos y a los lados, adornando, adornos florales que le daban color al escenario de madera, un púlpito para los presentadores y, al fondo, el espacio de la banda, todos de negro y con sus instrumentos. Hubieron muchos discursos, en uno de los primeros la Madrina de la promoción se puso a llorar y hubieron algunas perlas en cada uno que me gustaron. También hubieron muchas bromas, sobre todo de los presentadores, haciendo muchas referencias a eventos memorables de este año, como esa vez en el que los estudiantes de medicina salimos en un periódico local por estar haciendo botellón (es decir, bebiendo alcohol) en las puertas de la universidad el día de una fiesta. Yo no estaba porque no suelo ir a esas fiestas, pero fue todo un hito. También hubieron muchas críticas al grado porque somos la segunda promoción que sale de esta universidad con la titulación de grado, que es el nuevo plan, el famoso Plan Bolonia. La verdad es que me reí mucho. 

Y también hubieron cosas que me emocionaron y todo. Me gustó la frase de pase lo que pase mañana, siempre habremos tenido hoy. Y es verdad que yo no he tenido siempre la vocación de la ciencia y la medicina, en concreto, pero sí la de ayudar a la gente, y esos eran los mensajes que más me gustaban. Yo sí me acuerdo de mi primera paciente en mis primeras prácticas en hospital. Estaba en cardiología y le di la mano mientras le clavaban una aguja. Hasta pasé a verla al día siguiente del procedimiento que le realizaron para ver cómo estaban. Tengo buena memoria para las caras, pero he de reconocer que después de cuatro años viendo a bastantes pacientes casi cada día, mi mente se ha saturado de recordar caras, aún así me acuerdo de muchos y, si los veo por la calle, sé decir que han sido pacientes míos aunque ya no me dé para recordar el nombre o exactamente dónde los vi. 

El caso es que ya sabéis como soy o quizás, si habéis leído un poco de por aquí, os podéis imaginar que tengo una incapacidad casi patológica para dejarme disfrutar de las cosas, siempre pongo excusas o disminuyo mi mérito o lo que sea. Así que, tras muchos días, diciendo que no me preocupaba demasiado lo de la Graduación porque, al fin y al cabo, es un paripé ya que no estamos oficialmente graduados porque queda algo de curso; me propuse firmemente dejar mi actitud cínica en casa y disfrutarlo todo lo posible. Dejar de centrarme en las 3 semanas de prácticas que me quedan para haber acabado y centrarme en los seis años (menos tres semanas) que ya he hecho y eso sí que no me lo puedo discutir a mí misma porque lo he vivido en primerísima persona. Puede que no tuviera una clara vocación médica desde niña, o que haya dudado como la que más en esta carrera, pero me he pasado días y días y más días, y cuando pensaba que no podía más, todavía más días estudiando, noches sin dormir, llantos los días previos a los exámenes consumida por los nervios. No importa lo que queda por delante o los malos momentos que hayamos podido vivir en estos seis años, todo ese esfuerzo merece reconocimiento y, al menos, una tarde de celebración. Así que escuché los discursos con mente abierta, aplaudiendo mucho, sintiéndome contenta por haber llegado ahí y graduarme en algo con una ceremonia tan emotiva. 

Me gustaron mucho las palabras del decano, algo así como que teníamos la vida y la muerte de las personas en las manos, y no, no somos dioses ni súper héroes, somos médicos. Somos personas aparentemente sanas que trabajan para cuidar de personas aparentemente enfermas y nuestra labor no se acaba nunca. Hemos adquirido un compromiso de por vida con la Humanidad. Hasta leímos un juramento, la Declaración de Ginebra, que es la versión adaptada del Juramento hipocrático. Nos pusimos en pie y los fuimos recitando. Fue la parte más emocionante de la velada. Dice así: 
PROMETO SOLEMNEMENTE consagrar mi vida al servicio de la humanidad;
OTORGAR a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;
EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente;
VELAR ante todo por la salud de mi paciente;
GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;
MANTENER, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;
CONSIDERAR como hermanos y hermanas a mis colegas;
NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;
VELAR con el máximo respeto por la vida humana;
NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza;
HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Qué bonito todo. Hubo hasta gente que lloró, yo no, pero algunas partes sí me emocionaron. 

Somos médicos y decirlo solo ya me da vértigo, espero que a nadie le dé por perder el conocimiento cerca de mí en un futuro cercano.  

En fin, que me gustó la ceremonia. Aunque luego fui a cenar con mis padres y mi hermano y mi hermano, como digno hijo de mi madre, empezó a decirme que lo habría tenido que estar pasando fatal con todos esos discursos alabando a la medicina, porque le gusta meter el dedo en la herida, como a mi madre. 

Casi que la cena con mis padres me dejó de peor humor, porque en la ceremonia me lo pasé chachi. Me gustó. La sorpresa de la noche, pero agradable, me la dio una de las chicas chinas, con la que no discutí y tengo una relación mejor, que se tomó como empresa el desmaquillarme y empezó a ponerme potingues en la cara incluyendo una mascarilla con la que me sentí como el hombre de la máscara de hierro, pero con una máscara de papel mojado xD pero me reí con ella, hasta estuvimos bailando un rato. Ahora, como os podréis imaginar, me acosté bastante tarde, sobre todo teniendo en cuenta que me tenía que levantar a las 7 am, pero al menos me fui a dormir entretenida otra vez. Y ahora tengo que ir acabando la entrada porque tengo que estar en la academia en menos de una hora y aún tengo que prepararme todo. Así que si me falta algo sobre la graduación que contar tendrá que esperar a mañana :)

¡Que ya somos (simbólicamente) médicos! Omaigad, y yo con estas pintas xD Ánimo chicos! 

lunes, 1 de mayo de 2017

El MIR, ese gran desconocido

Queridos lectores,

En la entrada anterior, una fiel lectora me preguntó qué era eso del MIR. Buena pregunta, sí señora. Y es que claro, me leéis de diferentes países y no en todos se siguen los mismos modelos que hay en España, así que puede ser que por el camino de quejarme de mi vida os haya perdido a algunos con siglas tales como TFG, MIR y cosas por el estilo.

Así que permitidme que volvamos a empezar. En España la carrera de medicina son seis largos y laboriosos años en los que sufres, estudias, sufres un poco más, te vuelves adicto al café, estudias, no duermes, sufres, estudias, aprendes algo, haces amigos y, luego, vuelves a sufrir. Nótese mi gran optimismo y apreciación por la carrera. Bueno, tampoco me toméis al pie de la letra. Me explicaré con más detalle: los cinco primeros años conllevan dos periodos de exámenes en los que sufres, y el resto del año hay clases.  A partir del tercer año ya estamos integrados en los hospitales, así que pasamos cuatro de esos seis años haciendo prácticas en hospitales. No creáis que eso significa que tocamos mucha clínica, la triste realidad es que acabamos con complejos de cactus, ficus o perros falderos (cada cual elige su complejo al gusto, eso sí, tenemos esa libertad) porque normalmente no hacemos gran cosa, sobre todo al principio, y a veces somos tantos estudiantes que hay servicios de los que te echan. Pero sí que es verdad, por lo que vais leyendo de este año, que en sexto las prácticas son bastante mejores y en general, al menos yo, me he sentido muy integrada en los servicios que he tocado.

El último año, sexto, este mi año, es algo diferente porque no hay exámenes como tales sino que hay tres retos a superar, a saber: 1)el TFG también conocido como Trabajo de Fin de Grado y que yo ya he entregado, del que os he hablado mucho y no os aburriré más con eso, es un trabajo, como su nombre indica 2)Los ECOES, que son exámenes prácticos finales, es algo por lo que me leeréis agobiada en breve, de hecho, en muy muy breve. Consisten en actuar como médicos en diferentes supuestos que nos ponen profesores con actores y actrices que hacen de enfermos y crean historias para que "resolvamos el caso" por decirlo de alguna manera. Me da miedo por dos cosas básicamente: una es que hay muchas cosas médicas que no sé y que tengo que estudiarme para esos exámenes y, la otra, que me pongo bastante nerviosa en todo lo que es oral y con gente mirándome, por eso no soy ni he sido nunca buena actriz. Pero bueno, confiaré en el "Efecto Bata", ese boost de confianza que se siente cuando estás todo emperifollado médico. Es verdad que, en prácticas, cuando la gente me pregunta y voy con la bata y es algo que más o menos puedo contestar, me siento menos nerviosa que si me preguntaran siendo una persona normal (aunque normal no soy nunca, pero sin ir disfrazada de médica, vamos). Entonces, espero que la bata haga su magia ese día también. 

3)Y cambio de párrafo porque si no se queda demasiado recargado, las prácticas. Que es lo que os llevo contando todo el año. Un mes en cada servicio y a ese mes se le llama "rotatorio". Cuatro de ellos son obligatorios, a saber: ginecología, pediatría, psiquiatría y urgencias. Y luego eliges 2 médicas (yo elegí neurología y neumología) y dos quirúrgicas (las mías fueron otorrino y trauma). 

Y ese es mi año, como veis está casi todo superado. A falta de 3 semanas de prácticas y habiendo entregado el TFG, solo me queda enfrentarme a los ECOES y vivir para contarlo, y después seguramente habrá mucho papeleo para el graduado y cosas de esas, después colegiarme creo. Pero vamos, que seré ya graduada de medicia. 

Y aquí es cuando llegamos al protagonista de esta entrada: El MIR ese gran desconocido. Las siglas MIR vienen de Médicos Inmensamente Rejodidos...No, en realidad, viene de Médico Interno Residente y es el examen en el que eliges tu especialidad. ¿Cómo funciona? Buena pregunta, después de un año y medio apuntada a una academia en la que me preparan para él, medio año del cual con clases (porque nos apuntamos con mucha antelación) lo que os puedo contar es lo siguiente: El MIR se diseñó por allá cuando yo no había nacido y el mundo era un lugar lleno de Hippies y Punkis y las hombreras todavía tenían mucho que dar de sí, allá por cuando las lentejuelas eran el epitomo de la moda y nunca había demasiada laca en un peinado, al menos así era España. Hasta entonces, uno terminaba la carrera y buena suerte con tu vida, muchacho, o quizás, mejor desearle suerte a los pacientes, porque se buscaban la vida trabajando y buscando una especialidad. No sé cómo funcionaba, la verdad. El caso es que a alguna mente pensante, de las que nacieron para inventar torturas pero en un siglo o un país equivocado, dijo un día: "oye, ¿por qué no hacer un examen global, nacional, para todos los recién graduados de medicina, y según la nota que saquen pues eligen en orden de mejor a peor, una plaza? Pues la verdad, cinismo y amargura mía aparte, no fue una mala idea. El MIR es un examen de cinco horas como cinco soles en el que te examinas de toda la medicina (porque así lo dice el BOE, temario: medicina) y puede entrar de todo, desde las enfermedades más prevalentes, a técnicas, a bastones (hecho real). Es tipo test de opción múltiple y todos lo hacemos el mismo día, a la misma hora. Según la puntuación, después podrás elegir una plaza que es una especialidad en un hospital. Y básicamente, eso es. 

Es decir, que cuando acabe la carrera, dentro de tres semanas escasas, tendré que empezar a prepararme el MIR para hacer ese puñetero examen de manera decente y al menos poder elegir una especialidad que me guste (sigo entre pediatría y psiquiatría por ahora). Entonces, ¿qué más nos queda por contar? Esto es lo básico, claramente, tendréis mucho más de mí odiando el MIR en próximas entradas, cuando sea verano, me esté asando de calor y tenga que pasarme ocho horas estudiando y no tenga tiempo de escribir (no tanto como querría al menos). 

Pero, por ahora, es verdad, que mi mayor preocupación se centra en pasar los ECOES, después me preocupará que no se me olvide ningún papel burocrático de estos para que me den el título y apuntarme al MIR, porque si no me apunto bien, malamente lo podré hacer. Y, entonces ya, cuando solo me quede el MIR por hacer, pues con eso me agobiaré. 

Por ahora, estoy en el piso preparada para cenar e irme a dormir y enfrentar la semana en la que empieza la cuenta atrás. ¡3 semanas y contando! Además esta semana me gradúo, me pondré un vestido y zapatos y tendré que hacer un juramento. Ya os contaré todo en su momento, lo prometo, prometido. Por ahora me despido para irme a cenar. ¿Listos para afrontar la antepenúltima semana de mi carrera? Creo que es algo que me tendría que preguntar a mí misma. Y la respuesta puede que sea que no, que ahora mismo solo estoy preparada para cenar, y ni siquiera eso porque tengo que cocinar, pero seremos positivos, y diré que sí ;)

miércoles, 26 de abril de 2017

El principio del fin

Queridos lectores, 

¡Feliz Día del Libro!...Atrasado. Lo sé. Y no es que me olvidara de tan noble fecha, no. La verdad es que fue un día lleno de eventualidades. Mi padre y yo nos fuimos, como es costumbre los domingos, a montar a caballo. Tenía mis sospechas previamente, pero mis temores de confirmaron cuando noté que a mitad del camino y en plena naturalezs con los caballos... me bajó la regla. Oportuna como ninguna -.-' pero por suerte el almuerzo es una cita obligada y mi madre me trajo...em...elementos femeninos. Espero que no estéis en la edad en la que nos daba vergüenza hablar de la regla y no os escandalice que yo lo publique hasta en mi blog xD.

En fin pero eso no fue el final, que va, ni siquiera fue el principio del final, citando medianamente a Churchill, tal vez fuera el final del principio xD. A ver, sin liarnos. Lo verdaderamente malo pasó después cuando, sin motivo aparente, me fijé en que mi perro Brave estaba tumbado en el suelo y no nos seguía. Al principio parecía que le dolía una pata pero al observarlo vi que cuando trataba de ponerse en pie, se tambaleaba y caía. Asustados, mi padre y yo bajamos de los caballos y fuimos a ver. Mi padre me cargó con las riendas de los caballos, pero andaba listo si creía que me iba a quedar mirando. Los medio sujeté en unas ramas y fui a socorrer a mi Brave. Mi padre empezó a decir que se estaba paralizando y que si le habría picado algún  insecto venenoso o una víbora. Sin embargo, yo mantuve la calma porque, vamos a ver, ni en España ni menos en mi pueblo hay serpientes venenosas que causen parálisis.  Tumbé a Brave y lo relajé, soltándole el collar para que respurara mejor mientras pensaba. Por suerte, todos mis planes sobre llamar a mi madre e ir a algún veterinario de urgencias fueron innecesarios puesto que en un rato Brave se recuperó y siguió como si nada. Mi padre no paraba de decir que se había asustado mucho. Y la verdad es que me sorprende que yo no me sentí asustada realmente, quizás alarmada, pero para mí miedo suele significar ansiedad y eso no me llegó a pasar. Me alegra poder pensar que en casos de urgencia vital toma el control la Yo más capacitada y con ciertos conocimientos médicos y es capaz de pensar con claridad. De hecho yo solo me sentí preocupada pasadas unas horas sin verlo tras dejarlo en su casita e ir a comer fuera porque para asegurarme de que no era algo digamos agudo quería  tenerlo en vigilancia y controlar que no se repitiera. Pero está bien eh, tranquilos todos.

Lo siguiente que pasó pero que después de esto pierde relevancia, es que el caballo de mi padre me dio un cabezazo cuando se giró bruscamente negándose a cruzar un río y ahora llevo un chichón. Ah y como guinda del pastel, se me rompió un estribo. Pero estuvo chachi porque se me ocurrió que podía usar una de las cadenas que llevábamos para atar a los perros para enganchar el estribo. No podía apoyar todo el peso, pero ya no era ir solo con una pierna. Y eso me reafirma en mi convemcimiento de que todo tiene solución menos la muerte, es una frase hecha. Pero que si lo piensas un poco y eres algo imaginativo y creativo puedes encontrar soluciones para estas cosillas.

Así que, en general, y ahora que lo escribo y me doy cuenta. Fue un día en el que demostré mi potencial: manteniendo la calma ante la urgencia y con buenas ideas. Ya era hora de tener un día inspirado después de una semana y media retrasando el ponerme a estudiar.

Y tras esta narración de mis heroicidades, comenzaré con el tema que nos ocupa y es que ayer empecé mi último rotatorio. ¿Os acordáis cuando en la entrada pasada no hacía más que repetir "4 semanas"? Bueno, pues ya son 3 semanas y 2 días. El tiempo vuela cuando no miras. ¿Adónde han ido a parar estos 6 años de carrera? ¿Cómo han pasado tan rápido? Si ya lo decían los antiguos literatos, Tempus Fugit, el tiempo vuela (menos cuando te aburres estudiando y esperas a que llegue la hora de la merienda, o estás esperando a que sea la hora de salir de prácticas.

¿A qué venía todo esto? Ah, sí, es mi último rotatorio, en ginecología y obstetricia. La verdad es que ayer me gustó para ser el primer día, pero hoy no tanto. Ayer estuve viendo ecos de bebés, y es bonito ver la cara de emoción de las mamás. Hoy he estado en urgencias y he visto muchas cosas, entre ellas, un parto y, llamadme rara, pero me dan casi más asquito los partos que las operaciones que he visto o, incluso, las autopsias. Es que me dan muchas más ganas de adoptar, sinceramente. Con cada parto que veo se incrementa en un 1% mi deseo de adopción xD. Quizás incluso sea mayor el porcentaje pero las matemáticas ya se me han oxidado.

Aunque quizás lo verdaderamente interesante es que se trata de mi último rotatorio. En apenas unas semanas tendré los ECOE que son los exámenes finales prácticos en el que tienes que hacer de médico delante de profesores que te ponen casos y me lo tengo que preparar porque tengo la sensación de que no tengo ni puñetera idea de medicina y que a menos que la señora me venga con un resfriado y le pueda mandar paracetamol, no voy a saber qué hacer con mi vida...ni con la suya. Dicen que en realidad es muy fácil y que nadie suspende, que solo el presentarte e ir aseado y ser como simpático te suma puntos, pero qué queréis que os diga, llega un punto en el que yo ya no sé qué preguntar en una anamnesis.

Por si fuera poco, se nota que se acerca el final de curso porque la biblioteca está petada. Hoy casi no encuentro sitio al volver de mi paseo (hoy no voy a decir ni la palabra correr porque solo he andado, la verdad). Todos aquí estudiando como pollicos y yo escribiendo en el blog y pensando en qué puedo hacer hasta que sea hora de irme al piso xD.

Ah ya sé qué más os tenía que contar, en gine el jefe de servicio está enamorado conmigo, yo no me había fijado pero una compañera me lo ha dicho hoy y me ha hecho gracia. El primer día me llamó por mi nombre (que se lee en mi tarjeta de identificación, no es que se lo supiera) y me preguntó si era alumna interna en algo del hospital porque me veía mucho por ahí, yo no le hablé de mi misión de huir de las chinas ni de mi uso del hospital como refugio, más bien y por una vez quedé bien diciéndole que iba siempre a todas las prácticas e intentaba aprovecharlas al máximo, por eso estaba mucho en el hospital. Y, hoy nos han hecho presentarnos diciendo algo de nosotros, justo delante de mí hablaba Adele que claro ha dicho que es enfermera, sueca y cantante y para tener algo a su altura pues he hablado de mi novela, hasta he dejado caer que estaba en Amazon y que si la querían se la firmaba, yo toda diva xD, y entonces luego me ha estado preguntando sobre mi novela.

Es difícil creer que ya queda tan poco, sobre todo cando es necesario encontrar algo de ganas de estudiar para prepararme los ECOE, pero bueno en realidad si lo pienso bien, acabar la carrera no es el final, ni mucho menos, aún me quedará el MIR y la Residencia y trabajar y algo que la gente conoce como vivir, que no está mal. Así que, como dijo Churchil, de nuevo lo repito pero esta vez habiendo buscado la frase en internet para asegurarme: "No, este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio". Lo dijo en plena Segunda Guerra Mundial, creo que tras el desembarco de Normandía, no estoy segura ahora mismo, y no podría ser más adecuado, porque menuda batallita de seis años llevamos.

¿Y qué más os puedo contar que no sepáis ya mis queridos lectores? Desde luego mis pocas ganas de estudiar ya las conocéis. Así que no os mareo más por hoy y me sacaré algún libro para fingir que soy uno más en la biblio ;)

Ánimo!

sábado, 22 de abril de 2017

Lo que quiero ser de mayor

Queridos lectores,

¿Alguna vez habéis jugado con imanes? Es una fuerza extraña la magnética y recuerdo que, en el instituto, cuando daba física y todos mis saberes impartidos no giraban en torno a la medicina y podía además usar mi tiempo en divagar porque no tenía tanto que estudiar, me entretenía acercando y separando los imanes, sintiendo la fuerza con la que los polos opuestos se atraían y la resistencia que oponían a separarse, cono dos trágicos amantes sacados de la más clásica obra de Shakespeare.

Pero incluso más me gustaba enfrentar a los polos de la misma carga y ver cómo se repelían, como un se alejaba cuando le acercaba al otro.

Pues bien, me temo que yo misma estoy siendo objeto de tan bonitas fuerzas de atracción. Aunque no os emocionéis, sería más exacto hablar de fuerzas de repulsión. Que es básicamente lo que siento cada vez que mi mirada o mi mente intentan concentrarse en un manual de la Cacademia. La Cardiología me repele. O cualquier otra asignatura, si os he de ser sincera.

Y es muy frustrante porque sé que me voy a arrepentir; ya me estoy arrepintiendo aunque me mienta a mí misma que aún me quedan días por estudiar.

No importa. Porque realmente ahora lo que me apetece es ser bailarina. Ah podéis reíros, sé que mis padres se reirían si lo dijese así delante de ellos. Leches, hasta a mí me da la risa. Tanto estudiar, seis años de carrera y, aquí me tenéis, pensando en cuándo llegará la hora de ponerme a hacer "mis ejercicios" que consisten en ponerme música y bailar. Tanto que ha desplazado mi hora de correr porque así es una hora más bailando. Culpo a la película de Billy Elliot y la de Ballerina, aunque en realidad siempre me ha gustado bailar.

Recuerdo cuando era pequeña y mis padres se echaban la siesta, justo a esa hora hacían un programa de videclips de canciones y yo me ponía a baimar intentando imitar a los bailarines. Siendo como anécdota central la vez que estaba bailando al son de Britney Spears y su "Oops, I did it again" (porque ya os he dicho que era pequeña y eran los 90 y Britney Spears era la princesa del Pop y los monos de látex rojo se llevaban xD) y, entonces, cuando acabó la canción, entraron mis padres en el comedor aplaudiendo supongo que tras haberme visto en mi pobre intento de seguir los pasos. Me acuerdo de la vergüenza que sentí sobre todo xD.

Pero sí, me gustaba bailar, ponerme películas de musicales y rebobinar mi canción favorita una y otra vez hasta que mi padre venía a reñirme diciendo que fastidiaría el vídeo.

En el fondo siempre me he dicho que tengo alma de artista. Me gusta todo lo que se considera un arte: bailar, cantar, dibujar, escribir... La lástima es que el arte no me ame tanto a mí y mis habilidades sean más bien limitadas. Aún así, en la soledad de mi cuarto, y siempre que la cámara de mi ordenador no esté hackeada y algunos tipos aburridos de algún punto perdido del planeta me estén observando, (lo cual muestra su profunda falta de algo que hacer con su vida que sea productivo) pues puedo olvidarme de mis carencias y pensar que domino la pista. O agarrar cualquier objeto cotidiano a mi alcance y convertirlo en micrófono improvisado para mayor tortura de mi hermano y vecinos.

Así que sí, mis queridos lectores, aquí me tenéis a punto de graduarme en la carrera más larga que existe y pensando en si todavía podría adquirir la flexibilidad para bailar ballet (probablemente no). Pero la pregunta está en el aire: ¿qué haré? ¿qué seré? A menos de un mes para graduarme, me encuentro a mí misma pensando en mi futuro más que nunca. Es raro supongo, al menos para mí. Nunca me he puesto a imaginar cosas serias sobre cómo vivir y qué hacer, llamadme loca, pero si me imaginaba algo de mi futuro siempre tomaba el control mi mente de escritora y creaba las más imposibles fantasías que me hacían feliz. Sin embargo, ahora me toca enfrentarme al mundo real en el que las cosas no son tan fáciles ni tan bonitas como las imagino, donde hay bolsas de trabajo y paro y declaraciones de Hacienda (que es algo que, obviamente, jamás incluyo en mis fantasías chachis). Y ¿qué haré? ¿que seré? Sigue repitiéndose en mi mente como una canción desentonada. 

¿Qué haré? Bueno, el futuro es incierto, pero por ahora las cosas van por puntos: 1) Terminar lo mejor posible las últimas cuatro semanas de carrera. 4 semanas. Después de 6 años, ¡me quedan 4 semanas! No se me da bien encajar lo de que se me acabe un sitio, nunca he sido buena para las despedidas. Y me cuesta creer que sean solo 4 semanas ya. 2) Lo siguiente está claro también, hacer los ECOES, preferiblemente aprobarlos y luego, seguramente, habrá que hacer papeleo para estar oficialmente graduado. Vale, seré oficialmente, graduada en medicina, ¿y, entonces, qué? 3) Prepararme el MIR e intentar no morir en el intento de desesperación absoluta y aburrimiento magno. 4) Cambiar el título del blog porque haré dejado de ser, oficialmente, una estudiante de medicina, ¿cómo lo titularé? Aún no estoy segura, imagino que Diario de una estudiante de MIR o algo así, porque no creo que esté preparada para perder lo de estudiante. 5) También quiero repasar y corregir la segunda novela, aunque aún no he hecho una gran labor extendiendo la primera. 6) Hacer el MIR e intentar sobrevivir, de nuevo, en el intento. 

Y, suponiendo que para febrero de 2018 haya hecho el MIR y siga viva y más o menos pueda elegir una plaza, entonces qué. Ah pues entonces, mis queridos lectores es cuando empieza el verdadero juego. Tendré que hacer 3 cosas de nuevo: 1) Elegir especialidad, ¿pediatría o psiquiatría? Me gustan los niños, pero la pediatría es tan clínica que hay muchas cosas que no domino y temo no ser capaz; la psiquiatría es algo que me viene de manera más natural porque tiene un componente psicológico mayor y se me da mejor leer a las personas, hablar con ellas, comprendo mejor las enfermedades psiquiátricas que las causadas por desequilibrios hidroelectrolíticos. 2) Lugar, ¿me quedo cerca de mis padres o me voy a la otra punta del país para que me dejen espacio vital? Es algo que debato mucho conmigo misma. Por un lado ya conozco los hospitales de aquí y eso te da cierta seguridad, por otro, no me gusta mucho esta ciudad, la verdad, soy más de montaña que de playa y quedarme en la ciudad de aquí significaría vivir, ahora ya sí, vivir ahí sin escaparme los fines de semana a mi pueblo. Y esto ya va más allá de estar cerca o lejos de mis padres, no tiene nada que ver con ellos de hecho, lo que quiero es un lugar que pueda llamar hogar, al menos durante cuatro años. No pasarlo mal como estos años de alquiler por los compañeros de piso o el ruido de la calle. Quiero que me guste, estar a gusto, dormir bien por las noches. Y a lo mejor para eso tengo que vivir en algún pueblo de al lado y madrugar todos los días para ir al hospital o algo así, pero no me importa. Entonces, aquí, a la hora de elegir el lugar es realmente complicado porque no puedo ir ciudad por ciudad de España viendo dónde podría dormir mejor xD. Y 3) Volver a cambiar el nombre del blog y, esta vez sí, reconocer que soy médica y o poner diario de una ex-estudiante de medicina, algo así. 

Oh, tantas decisiones, y a mí que me cuesta decidir qué quiero para desayunar O.O. 

Y ni siquiera me he puesto a pensar en qué pasará después, ¿querré estudiar otra cosa? ¿buscaré talleres online de escritura o cursos online de cosas literarias o históricas chachis? ¿Me iré con Médicos sin Fronteras a ayudar a niños? Eso me gustaría. Ayer se me escapó delante de mi madre y se pasó el resto del día enganchada a esa idea, ¿cómo lo diría?, no es que me dijera que no me iba a dejar ir porque ya estaría independizada, con mi carrera y mi trabajo (en ese supuesto hipotético), era algo más psicológico como recordarme o echarme en cara todas las comodidades que tengo en casa: un cuarto grande, el ordenador, internet, agua... básicamente cada vez que me veía con algo en la mano me decía "pues de eso no tendrás en África o donde quiera que te vayas, ¿cómo vas a sobrevivir?. También se lo dijo a mi padre en tono de burla, algo así como: "esta cría, que se quiere ir de vacaciones a una ONG". Tuve que matizar que no me iba de "vacaciones" con la ONG, me iría en mi periodo de vacaciones, que es otra cosa. En fin, el resumen es que no le gustó la idea y se esforzó lo posible por hacerme sentir incapaz de hacerlo, pero no es nada nuevo en mi madre ni en su modus operandi, así que tampoco hay sorpresas en ese respecto, solo que yo fuera lo suficientemente descuidada como para hablar de lo que quería hacer. En mi defensa diré que pensaba que estaba medio dormida. Pero se ve que eso la despertó. 

En fin, aún me queda mucho por decidir, por hacer, por vivir, por aprender.... y, por supuesto, por estudiar. No por nada esta entrada ha empezado sobre cómo los manuales repelen mis intentos por leerlos xD Así que trataré de volver a la carga...después de publicidad...Nah, es broma...en parte. Jo, es que tengo mucho que estudiar, pero también tengo tanto por leer que es como una lucha interna entre el Bien y el Mal que tiene lugar en mi mente, entre mi deseo de leer y mi sentido de la responsabilidad. Solo que mi pobre sentido de la responsabilidad lleva tantas batallas a su espalda que el pobre, yo creo, que se está tomando un descanso y no está luchando con demasiado interés, para mí que se ha ido de vacaciones o, bien, se ha fugado con mi memoria a algún rincón del plante de cuyo nombre, obviamente, no puedo acordarme. 

Pero hasta aquí por hoy de mi apasionante vida en esa batalla constante que resulta. PD. Ha entrado una mosca a mi cuarto y no la quiero matar, pero por más que le abro la ventana e intento guiarla a la libertad se niega a abandonar mis aposentos. Os contaré más, mucho más, ¿logré estudiar al menos unas páginas? ¿encontró la mosca la salida? ¿podré aguantar una merienda sin lanzarme a las napolitanas que mi madre ha comprado para tentarme y echarme en cara que en África no me darán napolitanas? Todo eso y mucho más...más o menos por aquí, algún día de estos xD.

Ánimo!