No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 23 de enero de 2017

Yonkis de la electricidad

Queridos lectores, 

Creo que hace tiempo que no os escribo, aunque eso es solo para vosotros porque yo siempre tengo una entrada abierta en internet, así que básicamente cada día os escribo un poco. Lo que pasa es que ese poco no es lo suficiente como para terminar una entrada y, al final, un pensamiento lleva a otro y pasa otro día sin que os cuente algo de cómo va la vida por estos lares. Pero hoy me he propuesto no caer en la misma trampa, espero poder cumplirlo. 

Lo más remarcable de hoy era, hasta hace unos minutos, que empezaba un nuevo servicio. Ahora, sin embargo, mi mente está más preocupada en que el ordenador empieza a darme problemas y es nuevo. Maldita sea mi mala relación con las nuevas tecnologías. No sé por qué los ordenadores me odian si hasta les pongo nombres. Este que uso ahora se llama Olaf porque es blanco, ¿cómo puede odiarme con ese nombre?...O a lo mejor es precisamente por eso. 

Bueno, volvamos a la medicina porque, aún con nuestros altibajos, me gusta mucho más que la informática y tener que decirle a mi madre que el ordenador exageradamente caro que se empeñó en comprarme no va bien. He empezado hoy en neurología y, aunque sé que no está bien lo de juzgar tan pronto, realmente ya me estoy arrepintiendo de haberla elegido. Ha sido un día bastante aburrido. Y no tengo nada en contra de la neurología como tal, como rama de conocimiento me parece incluso interesante, de verdad de la buena, pero la clínica no me gusta nada. ¿Por qué? Bueno el principal motivo es que todos los pacientes que he visto oscilan entre encontrarse al borde de la muerte o de la demencia y, sinceramente, no sé cuál es peor. Así que ha sido un día bastante deprimente a lo que hay que sumarle el haber dormido unas tres horas, porque los lunes me vengo en el autobús, lo que supone levantarme a las 6 a.m. y, últimamente, estoy durmiendo fatal.

Además, el médico y la residente a los que seguía como un perrito desamparado no eran muy habladores. No es que fueran antipáticos, pero tampoco había una conversación fluida, o ningún tipo de conversación en absoluto. En fin, veremos como va mañana. 

En otro orden de asuntos, me dirijo a repasar por vigésimo-quién-sabe-cuántas-veces el TFG porque esta semana se acaba el plazo de entrega. Me costó sangre, sudor y lágrimas...no hacerlo, sino lograr que el tutor me respondiera a los mails y me dijera si lo podía presentar o no y qué arreglar. Según pasaban los días y las semanas, se acercaba la fecha límite y no sabía de él, mi estudiante demasiado responsable para mi propio bien se iba despertando y agobiada, demasiado acostumbrada a presentar las cosas en cuanto se abre el plazo para que no me pille el toro. Pero, en fin, es lo que hay y el pobre, yo lo comprendo y lo admito, tiene mucho trabajo. Lo importante es que me contestó ayer (¡por fin!) y hoy voy a intentar dejarlo niquelado del todo con las dos cosillas que me dijo para poder enviarlo antes de que se me pase el plazo. Parece fácil, ¿verdad? Bueno, queridos míos, no olvidéis mi mala relación con las tecnologías y que este trabajo tenga que entregarse a través de una plataforma nueva que no he usado apenas (una vez) así que más me vale no fastidiarla. En fin, se hará lo que se pueda, una solo tiene cierto control sobre lo que la Ley de Murphy quiera echarle encima. 

Puede que esté sonando un tanto ácida y no me sorprendería que mi humor siguiera afectado por el tema del ordenador, el madrugón y lo que me he aburrido hoy, pero en realidad estoy de relativo buen humor porque empieza el nuevo año chino. Sí, eso me gusta. Es lo que pasa cuando vives con chicas de China durante dos años seguidos. En fin, estábamos en el año del Mono que resulta ser el año chino en el que yo nací y se ve que el año de tu nacimiento te da mala suerte, eso me dijeron. No me puedo quejar demasiado, pero si eso significa que el año que empieza, que es el año del Gallo, tendré mejor suerte, pues oye no me quejaré. Es gracioso porque el año en el que yo nací es técnicamente el año del Gallo, pero como nací el 1 de enero y los chinos cambian de año a finales de enero, en realidad nací en el año anterior, lo que es el año del Mono. Y resulta que haciendo algo de investigación eso podría explicar muchas de mis relaciones con mis contemporáneos. Porque, según me dijo una de las chicas chinas, los del año del Gallo no están bien considerados, como que los que nacen en ese año no molan. Me pregunté internamente si las mujeres intentarían que sus hijos no nacieran esos años, pero no lo dije. Pero los nacidos en el año del Mono molan, son sabios y todo eso, en fin, mono, Rafiki vamos. Y claro, he sido un mono rodeada de gallos toda mi vida. No me extraña que fuera siempre de las raras de clase. Eso lo explica todo. La cultura asiática y su sabiduría me ha salvado. Si tuviera algún truco para reconciliarme con las tecnologías, realmente sería mi héroe. 

Hablando de las necesidades de héroes, no sé cómo lo habréis pasado los lectores de aquí de España durante el temporal de estos días. A mí, ciertamente, me despertó el espíritu de supervivencia. La luz iba y venía. En mi pueblo, o más precisamente, a lo largo de la autovía que lleva a mi pueblo, unos postes de luz o algo así se derrumbaron, no sé si por la nieve o por el viento, la cosa es que mi pueblo y los alrededores se quedaron sin luz. Lo cual significa que tampoco había agua ni calefacción, porque todo el sistema de distribución funciona por electricidad. Me di cuenta de qué tan dependientes somos de la electricidad. No todos, yo me entretuve leyendo bastante bien y estudiando, mientras fue de día, porque cuando era de noche no podía hacer demasiado y lo que hacía era trampa, porque me puse con el ordenador y la tablet que tenían la batería cargada. Mis abuelos sí que saben sobrevivir, como se nota que nacieron en una posguerra y crecieron durante la misma. Como tenían calefacción de leña y cocina de butano, pudieron calentarse y cocinar sin problemas. No como nosotros, que con la vitrocerámica no podíamos freírnos ni un triste huevo. Somos unos yonkis de la electricidad, ¿lo sabéis? Me di cuenta en los momentos exactos en los que la luz volvía (sin saber por cuánto tiempo estaría) y corría a enchufar el móvil a un enchufe, o el ebook o el ordenador (y quien dice "o" quiere decir "todo a la vez"). No, en serio, somos unos yonkis de la electricidad. 

Una vez, en el instituto, escribí una historia que me sirvió de trabajo voluntario para Física, lo creáis o no, porque el profesor propuso esa misma hipótesis: ¿qué pasaría si, de la noche a la mañana, nos quedáramos sin electricidad indefinidamente?. Según mi historia, el mundo se vería envuelto en un estado pseudo-apocalíptico lleno de histeria en el que la gente terminaría formando grupos y volviendo a los "viejos tiempos", dominados por los que clamasen ser los más fuertes y luchando por la dominancia, perdiendo cualquier valor de solidaridad y humanidad por el camino, hasta convertirse en una especie de zombis. Buscaré el relato a ver si lo tengo por ahí todavía, para que lo podáis leer si queréis. Aunque no prometo nada, fue hace mucho tiempo. 

Hablando de cosas que escribí en el instituto, tengo que escribir un artículo para la revista de mi instituto. Bueno no "tengo que hacerlo", quiero hacerlo. Pero la verdad es que me tiene algo bloqueada, los adolescentes no son mi mejor población diana a la hora de escribir, nunca sé cuánto de su lóbulo frontal está ya desarrollado y son un poco...bueno, adolescentes. Supongo que yo me salté esa etapa y fui siempre una mezcla rara entre "demasiado madura para mi edad" y "demasiado infantil para mi edad", sea como fuera que las dos cosas pueden darse a la vez, según mi madre y mos profesores, era así. Para mi madre soy infantil por el tema de que me gustan los dibujos y esas cosas. Aunque con el tiempo he tenido mis cosillas adolescénticas, tuve una especie de fase rebelde que consistió en estudiar un poco menos y escribir un poco más y que mis notas bajaran un poco. Lo cual no está mal, para mí. E, incluso, salí a tomar cervezas una vez, no me gustaron y no bebo alcohol en reglas generales, ni siquiera me he emborrachado nunca y, sinceramente, por lo que he visto en la tele sobre las resacas, no siento que me pierdo nada en ese campo. Bueno, os transmitiré en próximas entradas si logro escribir algo medianamente pasable. 

Y, con esto, creo que he resumido como tres o cuatro de las entradas que tenía a medias, no está mal. Sigo pensando también en lo de neuro. Psiquiatría y neuro se asemejan para mí en que su contenido, la materia, el conocimiento, me resulta muy interesante, me gusta, pero lo que es la clínica me resulta muy difícil. Vale, saber cómo funciona el cerebro es muy cool o como los adolescentes lo llamen estos días; saber enfermedades psiquiátricas para escribir personajes complejos; comprender los entresijos de la mente, es algo muy interesante, pero una cosa es verlo en papel y otra cosa es lidiar con las personas de verdad. Porque realmente, y os digo lo que pienso ahora, con 24 años, la demencia y la locura (pero la de verdad, no la mía cuando me pongo tonta) son peor destino que la muerte. Y supongo que ser joven me hace tener otra perspectiva, la gente joven, por lo que he podido observar tiene una tolerancia menor al sufrimiento descapacitante. Quiero decir que no estamos preparados, porque sentimos que aún nos queda mucha vida y mucha energía, como para asumir un cáncer en el que tengan que quitarte una parte de tu cuerpo; o una enfermedad crónica que va perseguirte y afectar al resto de tu vida. La gente joven en estas situaciones, por lo que he visto y por lo que yo misma siento si me pongo en su lugar, se siente mucho más frustrados, desean incluso morir antes que eso. Sin embargo, la gente más mayor va apreciando la vida de otra manera, habiendo perdido de alguna manera esa fuerza arrolladora de la juventud que se sustituye por una pasión más sosegada y que les hace tomarse con otro ánimo, suelen aceptar más la enfermedad. En fin, no sé por qué contaba todo esto. Supongo que para decir que ver a la gente a las puertas o ya bien entrados en la demencia, no reconociendo a sus seres queridos, olvidando quiénes son me deprime de una manera más profunda de lo que podría hacerlo la muerte. Porque es como perder la vida sin llegar a descansar, como ser un prisionero de tu propio cuerpo y tu propia mente. 

Pero bueno, es solo mi opinión que irá perfilándose en todo el mes que me queda por delante en neuro, así que os iré contando. Ahora tengo que ponerme a lo de revisar el TFG, lo cual, por si esta entrada no os ha servido para verlo, no me apetece demasiado. Vuelvo a procrastinar. Y además echo de menos a mis perros ya y acabo de venir U.U que triste es la vida. En fin...bueno...va a ser hora de acabar y ponerme a hacer algo productivo (o leer) pero no, voy a ir a por lo productivo (casi todo el rato). Va, de verdad, voy a intentarlo. Mucha suerte a todos los que sigáis entre exámenes. 

Por cierto, como he acabado mezclando varias entradas, sabed que los títulos oscilaban entre:
- Un mono entre gallos
-Yonkis de la electricidad
- primer día en neuro

Y supongo que si la llamo un "mono yonki en neuro" atraería la atención, pero no creo que sea demasiado adecuado...o sí *emoticono que piensa*...No porque puede parecer que me refiero a algún paciente y no me parece correcto, pero en nuestro interior se quedará con ese título ;)

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