No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 27 de febrero de 2017

La seducción de los farmacéuticos

Hola mis queridos lectores,

La verdad es que hoy no tenía historia que contaros, pero sí este intrigante título que se me ha ocurrido en prácticas cuando ha venido un visitador de estos de las farmacéuticas que vienen a vender sus productos a los médicos.

Aunque a mí todavía no me ha seducido ninguna empresa farmacéutica porque no estoy en edad de recetar. Es verdad que los pintamos a los pobres como demonios que vienen a comprar tu alma por dinero, pero no creo que nadie sea tan tonto como para vender su alma por un bolígrafo que es todo lo que me han ofrecido, ah y unos caramelos. He oído cuentos y leyendas de otras épocas, antes de la crisis imagino, cuando regalaban viajes con gastos pagados y cosas así con condimento, pero bueno parece que esa época pasó y a lo más que puedo aspirar es a que me inviten a almorzar. No es que me queje, puede que haya perdido parte de esa fuerza inconmensurablemente idealista que viene con la adolescencia y que se va templando a medida que uno madura, pero todavía me queda el suficiente idealismo como para no sentirme tentada a ser seducida por las grandes empresas. 

Uy cuantas palabras y qué tan nobles para alguien que está aquí ahora mismo, escribiendo por el mero hecho de que es incapaz de centrarse en la puñetera defensa del TFG. No paro de darme golpes contra la pared (de manera figurada). Porque me cuesta mucho trabajar sobre un trabajo que sé que ya he entregado. Cada vez que releo una palabra que no me gusta me vuelve el impulso autolítico porque me siento idiota y resulta que en 12.000 palabras hay muchos momentos para sentirse idiota. Así que así voy. Y no sé qué hacer ni qué decir. ¿Qué concluyo de mi trabajo? ¡Pues que se compren mi libro! Y luego si eso hablamos. ¿Qué les voy a decir? Ah Dios, ojalá tuviera la autoestima de una persona normal y pudiera sentir que mi trabajo merece la pena, pero me estoy echando por tierra a mí misma antes de empezar. Este no es el estado de ánimo para algo que se llama precisamente "defensa". Qué horror, qué horror. Solo espero con ilusión la ronda de preguntas porque después de un par de presentaciones de mi libro, un par de entrevistas y muchos soliloquios internos, las preguntas sobre mi libro las tengo dominadas. Ahora, si me preguntan cosas que no sean directamente de mi libro puedo estar algo más jodida. 

En serio, no sé qué concluir. No sé qué decir. No sé si les gustará, si les parecerá tonto, si me aprobarán (eso espero que sí por la cuenta que me trae). Estoy acojonadísima xD y es hablar de mi novela, es solo eso, claro con un contexto científico y...tío, yo no sé hacer trabajos científicos, y mi tutor me ha dejado demasiado libre para mi falta de experiencia. Y sí, vale que en 6 años de carrera debería tener más experiencia en hacer esta clase de trabajos, pero nunca ha sido algo que me apasionase y los hacía por obligación, y puede que en el intento de hacer este trabajo diferente (porque es mi último trabajo en la Universidad y quería que fuera diferente, quería que tuviera mi firma, mi esencia, que fuera mío y no una obligación más de un tema del que no tengo ni idea ni quiero tenerla) lo haya hecho diferente, sí, pero mal. O diferente, pero bien. No lo sé, no lo sé. No lo sé. Y la duda me consume y me agobia. Tendría ganas de hacerlo mañana de no ser porque con tanto posponer todavía no me he preparado bien lo que tengo que decir. Y fuck, me gusta decir tacos cuando estoy nerviosa. 

Es gracioso porque mientras escribo esto estoy escuchando en mi cabeza la voz de Sadee diciéndome que lo voy a hacer muy bien, y haciendo ese gesto con la cabeza que hace siempre que estoy siendo sumamente negativa y ella intenta que crea en mí misma, pero ni siquiera ella puede con años de baja autoestima. También imagino a otra amiga que no tiene pseudónimo aquí, y Mérida ya está pillado como pseudónimo (lo siento geme) pero que probablemente estaría leyendo el párrafo anterior y pensando en el parrafazo de palabras de ánimo que me quiere mandar por whatsapp. 

Y por lo menos me hace sonreír pensar que conozco a la gente (más todavía, pero eran las dos que me han venido) que van a querer reñirme por tener tan poca confianza en mí misma y que se preocupan por mí lo suficiente como para hacerlo. 

Pero fin del paréntesis, lo siento mucho chicas, chicos, queridos lectores, pero es que mi confianza tiene sus límites y hacer presentaciones de trabajos es uno de ellos. ¡Y mi madre quiere que me compre un traje chaqueta para hacerlo! ¿Lo imagináis? O sea, yo ya presa de los nervios y la ansiedad, sudando del calor, los nervios y la puñetera chaqueta del traje, con los pies molidos por los tacones y el maquillaje corriéndose bajo el peso del sudor. Y lo que me faltaba. Tampoco es que hubiera pensado presentarlo en chándal, hasta ahí llegan mis conocimientos de las cosas sociales, pero bueno, lo de los tacones no sé yo... Me voy a llevar uno de mis libros para enseñarlo y para tener algo a lo que aferrarme mientras presento. Y cuando piense que es un desastre y que los trabajos de los demás son mejores, me abrazaré a mi libro como si fuera un peluchito y pensaré que yo, no solo he hecho el puñetero trabajo que me lleva quitando horas de sueño desde octubre o antes, sino que además he escrito una novela entera de más de 300.000 palabras y hasta he hecho un dibujo de la situación de la víctima para que hubiera una representación más o menos gráfica del levantamiento del cadáver. Y si me dicen algo sobre que mi trabajo es raro les pienso decir eso mismo. Si sobrevivo a los 10 minutos de presentación. En serio, hasta a mí me parece para darme una colleja estar así de nerviosa por 10 minutos de charla sobre mi libro. No es que vayan a saber más que yo sobre él porque no se lo han leído y si me dicen algo que no sé me lo puedo inventar porque, jopetelines (lo mantengo para menores) es mi libro. 

Bueno cambiando de tema y para ir concluyendo, solo quería dejar algo que se me ha ocurrido esta mañana en el hospital. Los estudiantes somos algo así como Mary Poppins o la Niñera Mágica. Por ese momento de la película que Emma Thompson dice: "cuando no me queréis, pero me necesitáis tengo que quedarme. Cuando me queréis pero no me necesitáis, debo irme"

Pues bueno, no reclamo que los médicos nos quieran, pero al principio ni nos quieren ni nos necesitan, pero tenemos que estar ahí, terminamos por aprender cómo van las cosas y hacemos algo de trabajo. Y, entonces, cuando ni nos quieren, ni nos necesitan, pero somos útiles, nos toca cambiar de servicio, aunque no es que se queden con el corazón roto, espero. Aunque yo causo una gran impresión en los médicos si hemos de juzgar por la neuróloga que me reconoció después de haber estado solo dos días con ella tras haber pasado año y medio o, al menos, recordó lo suficiente como para pedir que se pusiera con ella la otra estudiante. Manera de subirme el ego xD. Sí, soy así de adorable. 

¿Sabéis que me subiría el ego? Terminar de prepararme lo de la puñetera defensa... o que me sedujera un farmacéutico con bolis para vender sus pastillas, ya ni me importa xD (es broma eh, sigo incorruptible al menos hasta día de hoy, más o menos, en general, yo creo que sí) 

Bueno lo dejaré aquí antes arrepentirme o de que sea hora de llamar a mi madre, que es ya, básicamente por eso xD.

Suerte con las torturas del mundo, my dears, tened la confianza que yo no tengo, hay que sacar algo positivo de mis divagaciones.

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