No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 7 de febrero de 2017

Una de esas semanas

Queridos lectores, 

Vaya una semanita que he llevado. En estos días sin escribiros he tenido Cacademia (AKA tortura del Infierno) jueves, viernes y sábado, mañana y tarde. Si os soy totalmente sincera, ni siquiera estoy segura de cómo he sobrevivido a tan inclemente destino. Desde luego, para cuando llegó el sábado por la tarde era más favorable a una ejecución rápida que a seguir soportando la clase, traducción: me quería morir en aquel momento. 

Y es que mi pobre mente ya no aguanta estas cosas. El día menos pensado mis neuronas se pondrán en huelga y, después de todas las personas con demencias que veo en neurología, esclavos de sus propias mentes perdidas, estoy más que dispuesta a proteger la poca cordura que me quede a capa y espada. Aunque lo cierto es que no me debe de quedar mucha porque ayer por la noche, cuando por fin llegué a casa, pero a mi casa, casa, con mis padres y mi perra y una cena que sabía a gloria (tan alejada de los platos rápidos y mal preparados que yo me cocino) que me hizo mi madre (aunque también con el colesterol necesario para taponar toda una autovía, si hemos de ser sinceros) pues tuve una especie de ataque de histeria/ locura momentánea. No sé ni qué me pasó. Mezclad mi cuerpo agotado y mi cabeza que no daba más de mí, con la alegría de estar otra vez en casa y supongo que mis últimas reservas de energía se dispararon y empecé a decir locuras. Bueno, no eran tanto locuras si os paráis a pensarlo. No recuerdo exactamente cómo nació la conversación. Algo sobre unos pacientes, tal vez, no sé, el caso es que mi madre me dijo algo sobre "menos mal que tú ibas a ser una médica comprensiva".

Y yo, que llevo toda la semana viendo una extraña mezcla entre gente muriéndose y gente echándole cuento a la vida y que no tienen nada, sin llegar a un punto intermedio y exhausta a más no poder, fue en plan: "cuando me llegue un paciente que no tiene nada pero está ahí contándome su vida le diré 

-Mírame, mírame, mírame...llevo aquí desde las 8 de la mañana, van a dar las 3 y apenas he tenido tiempo de beber agua para engañar al estómago. Me da igual si te duele el dedo del pie porque a tu gato le gusta chupártelo por las noches. Mírame, pero mírame. Me da igual. Me da igual. Cómprate un perro, cómprate otro gato, haz lo que te dé la gana, pero a mí me da igual."

Y así, pero gesticulando como una auténtica loca. La verdad es que sí, yo siempre me he propuesto ser una médica y persona en general comprensiva, habiendo crecido con mi madre que es del club de los hipocondríacos y teniendo yo misma ansiedad, intento ser lo más empática posible y ayudar a la gente. Pero mentiría completamente si os dijera que siempre lo consigo o que, en mi interior, no estoy deseando irme a mi casa a comer cuando me están diciendo esas cosas. Una chica tiene sus límites. Y muchos de los míos están relacionados con la hipoglucemia y mi escasa tolerancia a la misma. En realidad, creo que la manera ideal en la que mis pacientes podrían lograr sacar lo mejor de mí y hablarme de sus vidas con tranquilidad es que me traigan algo de comer a la consulta. No muche, un bocadillito, un zumo, algún croissant... engordaría un montón, pero sería la médica más simpática del mundo. 

En fin, como resumen, que ayer estaba agotada y se me fue la cabeza. Pero nada que una buena noche de sueño y una duchita no puedan arreglar. Pero vaya semana... creo que no os conté mi momento de ridículo absoluto en el servicio de neuro ¿verdad? Si lo repito me lo podéis decir. A veces me pregunto por qué tendré que ser tal desastre de persona. Bueno el resumen fue que me pidieron que señalara algo en la pantalla delante de todos que yo ni veía ni sabía qué era, y me lo pidieron cuando estaba muy adormilada, entré en pánico y acabé casi suplicando que no me hicieran hacerlo. Lo sé, lo sé...Cambiemos de tema, por favor. 

Por cierto, el otro día en el hospital casi me choco con una mujer (no sé si era médica o enfermera o qué) que llevaba unas bolsas de sangre. Mi primer pensamiento, tras esquivar el golpe, fue imaginarme toda cubierta de sangre. Después me surgió una duda existencial: "Ser vampiro o vampiresa y trabajar como hematólogo/a: ¿una gran tapadera para conseguir sangre o un suplicio continuo?"

Queda abierto el debate. Por un lado, sería una forma fácil de conseguir sangre sin necesidad de...ya sabéis, la parte más psicópata de ser vampiro. Aunque, por otro, estar todo el día rodeado de sangre puede poner a prueba el control de cualquier criatura de la noche. 

Quitando el estrés de la semana pasada por la jornada maratoniana de cacademia, esta semana no se presenta mucho mejor si he de seros sincera. Sigo teniendo el mismo trabajo pendiente, porque aún no he sido capaz de terminar nada (aunque al menos voy avanzando) y tengo una nueva novedad...¿a que no lo adivináis? ¡Tengo un chino nuevo! Me parece que me ha tocado una lotería asiática o rifa en la que ni siquiera quería participar. Pero me voy a explicar bien para que comprendáis el surrealismo de la situación. Hoy me dice una de mis compañeras chinas que le dijera cuándo iba a estar en el piso porque un amigo suyo se quería pasar a "ver la habitación". Todo y que me pareció raro, en mi mente no tenía demasiado claro qué podría ser y, vale, sí que sospeché la posibilidad de que este chico quisiera quedarse la habitación...pero en un futuro, ¡no hoy mismo! Porque cuando he llegado a la puerta del piso, mis queridos lectores, ahí estaba el chico que apenas habla castellano, con su padre que aún habla menos castellano, y con dos maletas más grandes que yo. Y me he quedado horririzada. O.O. ¿Qué estaba pasando ahí? Bueno, gracias a su poco español y al traductor de google, he llegado a comprender que se iba a quedar aquí este mes hasta que volviera la china original. 

O eso espero, porque solo me falta que se queden los dos a vivir. Bueno, ha sido una situación complicada, sobre todo porque no nos entendíamos. Él pensaba que no había ningún problema y yo veía muchos problemas a dejar entrar a un desconocido a mi casa sin tener ni idea de qué estaba pasando. Quiero decir, escribo novela negra, tengo cierta paranoia sobre los desconocidos y su potencial para ser psicópatas hasta que me demuestran lo contrario. Pero, claro, tampoco iba a dejar al chico en la calle con esas enormes maletas. Aunque le hubieran servido de casa. Pero obviamente no, tengo mi genio y soy irascible con hambre, pero no dejaría a un chico (y a su padre) que apenas hablan español sin techo si lo han hablado de alguna manera con la otra china. Por suerte para mí, la nueva adquisición a nuestras ya conocidas "Invasiones asiáticas" se ha ido a comer fuera, lo que me ha permitido relajarme un poco. Y no sé si ha habido cierto entendimiento o no. Porque la verdad era que yo me iba a ir hoy a la universidad a estudiar (era mi intención), sin embargo este nuevo miembro del club de la Invasión, como decía, no tiene ni llaves, así que le he dicho que bueno que lo esperaba. Y, pensando en que tendría tranquilidad sin desconocidos pululando a mi alrededor, pues le he dicho que me avisara cuando fuera a venir para organizarme, por si aún me iba a estudiar a la universidad o me quedaba aquí, pero ya no sé si es que ha entendido que yo le avisaría cuando pudiera venir o es que se han ido a pasear o a comer con mucha tranquilidad. En fin, me da igual...mentira, ahora me siento mal y con ganas de preguntarle por si acaso los pobres me están esperando a mí. Pero daré un poco más de margen aunque sea para disfrutando del silencio de la soledad. 

Bueno tengo mucho que contaros, pero lo dejaré para la entrada siguiente para que no haya tantas cosas mezcladas. 

Buena suerte mis queridos ;)

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