No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

viernes, 31 de marzo de 2017

La euforia de la comida gratis

Queridos lectores, 

Hoy es uno de esos días en los que el título ya nos lo dice todo y, sí, he escrito el título antes de comenzar la entrada. Y es que, pocas veces en las últimas semanas (o en el último año...maldita sea, probablemente en toda mi vida) me he emocionado tanto como cuando me han dado comida gratis. Una de las veces fue en el Vino de Honor, del cual os hablé (entre otras cosas) en la última entrada. Yo estaba aburrida, algo deprimida por el tono nostálgico predominante, cansada de tanto discurso, incómoda porque, por algún resquicio femenino en mi mente había decidido ponerme tacones y medias que me apretaban la barriga, cuando de repente...¡pum! vi comida y pensé que no tenía que pagar ticket ni nada para ponerme a comer y se me fueron todos los males. Ni siquiera me importó tener que comer de pie con los tacones. De hecho, tanta era mi emoción por la comida que yo iba siguiendo a Sadee, la cual es vegetariana y buscaba la mesa de vegetarianos (que al final nunca hubo) y mientras la seguía entre el mar de personas bien vestidas, mis manos estaban siempre ocupadas, en una armada con un bocadillo de jamón y la otra con un pincho de tortilla que volvía a lanzarse al ataque cada vez que la punta de mi pequeña lanza de madera quedaba libre. 

Hoy, de nuevo, en la sesión de traumatología ha venido un vendedor farmacéutico a seducirnos y, aunque no le he hecho ningún caso en lo que decía, cuando han abierto las cajas llenas de croissants y otros dulces, me he lanzado como si no hubiera comido en días. Lo más gracioso es que esta mañana al salir de casa me he dado cuenta de que se me había olvidado agarrar unas barritas o algo de almuerzo, pero resulta que nadie me avisó que hoy era el día de la comida gratis. Después de este dulce segundo desayuno, en el cual me he dado cuenta de que realmente sería capaz de venderme a un farmacéutico por croissants (qué triste, pero qué buenos están) (bueno, tampoco me vendería completamente, pero quizás les dejaría hacerme la pelota y hablarme de sus productos a cambio de comida) en fin, pues después me he ido con la médica con la que estuve la semana pasada porque había como un congreso que venían a hablar de casos interesantes. Y ha estado chachi, porque yo estaba sentada sin hacer nada, como si estuviera en clase. Pero, de repente, salido de la nada y para mayor alegría de mi estómago y mi corazón...¡pum! ¡Hora del almuerzo y comida gratis! Los saladitos han volado a mis manos como las palomas cuando les lanzas un trozo de pan y había termos con café y leche. Nunca me habían gustado tanto los congresos médicos. Leches, ahora entiendo por qué todos los residentes se van de congreso cuando pueden, y los médicos, por la comida gratis. ¿Ciencia? ¿A quién le importa la ciencia cuando hay aperitivos? A mí, desde luego, me puede el estómago. 

Y, queridos míos, cualquiera que me viera pensaría que vengo de una guerra y no he comido en años, cosa que tampoco es cierta. Es ese cierto magnetismo que tiene la comida gratis que me hace perder un poco el control de mis acciones y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy completamente llena y, entonces sí, puedo intentar dar conversación y actuar como una persona normal. A lo mejor es algún gen evolutivo que recuerda haber pasado hambre en algún momento de la Prehistoria. La gente de mi familia me dice que "abueleo", quiere decir que me parezco a mis abuelas que ambas son también muy de emocionarse cuando hay comida gratis y comer más de lo que pueden o deben solo porque es gratis o, incluso, se meten comida en el bolso. Yo no lo he hecho, pero confieso que la tentación está ahí, en mi mente, solo que no tenía bolso xD. Claro que mis abuelas sí tienen la excusa de haberse criado en una guerra y una postguerra, yo solo puedo decir de mí misma que me encanta comer. 

Y fijaros si me ha alegrado la mañana el hecho de que me dieran comida que no he empezado la entrada quejándome de mi mala suerte y de la Ley de Murphy que me persigue con el TFG. Porque, ¿os acordáis de la lata que di porque mi tutora, primero, se cogió la baja y me tuvieron que cambiar de tutor; luego hice el trabajo sin guía alguna del tutor que pasó de leerse mi trabajo; después tuve que entregar dos veces el trabajo porque la primera vez lo hice mal, pero después todo me importó un pepino porque me pusieron un 10? Pues bien, resulta que ahora mismo al menos no tengo un 10. Porque el Tribunal tiene que estar constituido obligatoriamente por 3 personas, pero el mío fue de 2 personas ya que el tercero se había puesto enfermo y no sé por qué no pudo ir el suplente. Se ve que están cortos de personal. El caso es que solo eran dos e hicieron un escrito comunicándolo, pero los de encima de ellos (unos seres que desconozco pero que al parecer tienen el poder y quieren fastidiar un rato) pasaron de ellos y no contaron como que solo eran 2 personas en el tribunal. La nota es la suma de la nota de cada miembro del tribunal, así que es como si 2 de 3 personas me hubieran puesto un 10 o lo máximo que podían puntuar, pero ante la ausencia del tercer miembro han contado como si este hubiera puntuado un 0, bajándonos así la nota. La verdad es que no entiendo por qué nos castigan a nosotros. O sea, el hecho de que no estuviera no quiere decir que nos merezcamos un cero que nos baje la nota. Me parece bastante injusto. Aunque tampoco me apetece repetirlo. No me sale suspendido, claro, pero un 10 me hubiera subido la media y la nota que tengo ahora pues o me la deja igual o, como mucho, me la baja. No lo sé, no me he puesto a hacer números. Supongo que nos quejaremos y ya os contaré. Aunque no sé cómo quedará la cosa. La verdad es que la llevo gafada con este trabajo. Menos mal que me han dado comida gratis para endulzarme tras amarga noticia. 

Ahora solo me queda despedirme para poder irme a comer e irme a la Cacademia. La verdad es que no tengo ni hambre, por eso he decidido hacer tiempo escribiéndoos, pero tendré que comer algo antes de irme a la academia. Porque yo no soy la clase de personas que puede saltarse una comida. 

Y una semana más que he sobrevivido a la convivencia en mi piso. Solo me queda una semana y dos días para que sean vacaciones y descansar de ellas unos cuantos días. Y luego solo un mes para irme del piso. Me daría pena y me sentiría tentada a estar triste porque me quede tan poco tiempo de prácticas, si no fuera por las ganas que tengo de irme de aquí, aunque signifique aguantar todos los días a mi madre y sus dolores. 

No sé qué más contaros para hacer tiempo a ver si se me vacía el estómago xD. Bueno me tengo que ir a comer igualmente porque hoy la cacademia empieza incluso más pronto de lo normal, así que tendré que correr si no me doy prisa. Pero qué pereza. De pronto parezco la representación humana de los pecados capitales...bueno solo dos (gula y pereza) tampoco he hecho tantas cosas raras en estos días como para merecerme el de lujuria. Creo que estoy desvariando. Esto me pasa también cuando hablo con gente y no quiero que se vayan porque no me apetece quedarme sola o ponerme a estudiar y sigo la conversación con cualquier cosa que me viene a la cabeza. Así que por el bien de vuestra integridad mental y la poca buena imagen que me quede, dejaré de escribir ya por hoy. 

Y recordad, en caso de comida gratis: 
Resultado de imagen de jack sparrow generoso no seas

miércoles, 29 de marzo de 2017

Vino de Honor

Queridos lectores, 

No sé por qué me entran ganas hoy de empezar la entrada con "Querido no tan secreto Diario", porque es verdad que desde que puse lo del libro y tuve que poner mi nombre, mucha gente que conozco ha encontrado el blog, también yo lo he dado. Y ya no es igual que cuando le escribía a un rinconcito oscuro de internet donde casi nadie me leía y quiénes lo hacían estaban en partes dispersas del mundo. 

Pero sí, hemos cambiado mucho, no solo el blog, desde que empecé a escribiros. Andaba yo por tercero de carrera entonces y siempre había querido tener un blog en el que quejarme de la vida. Ahora estoy ya en sexto y dentro de apenas dos meses tendré que (si quiero ser del todo correcta) cambiar el título del blog por "Diario de una Estudiante del MIR" y después, pues no lo sé. Este año me gradúo y a la gente estas cosas les alegran, pero yo nunca he entendido por qué. Supongo que porque no se me dan demasiado bien los cambios ni las despedidas. Me dio mucha pena dejar el colegio, recuerdo que hice mi propio "anuario" como en las películas e hice que compañeros y profesores me firmara (aún lo tendré por ahí, espero). Dios, me dio hasta pena dejar el instituto y me habían hecho la vida imposible por empollona. Sí, claro, quería salir de ahí y conocer gente nueva, tener la posibilidad de tener amigas, siempre he tenido muchas ganas de tener amigas, pero aún así me entristecía marcharme. Y, ahora, después de otros seis terribles y, a ratos, maravillosos, seis años me toca marcharme de aquí también. 

Hoy ha sido el Vino de Honor, que es una tradición de la Facultad de Medicina en la que los estudiantes que se gradúan eligen a dos padrinos (de entre los profesores), la gente se arregla, se reúne, dan muchos discursos y, al final, hay comida gratis. Se suponía que había un brindis, pero la gente se ha lanzado a por la comida y no se ha hecho. 

Supongo que esto ha despertado mi aire nostálgico. He sido probablemente la que más se ha quejado de estar encerrada aquí, he maldecido la medicina más veces de las que podría contar, la he odiado, a ratos, me ha gustado, no sé si he llegado a amarla, tal vez es mucho decir de la Medicina en sí, pero quizás sí a la idea de ayudar a la gente y a la sensación que se queda después de haber hecho algo increíble o, al menos, ya que soy estudiante y hago pocas cosas, haberlo presenciado. He visto salvarle la vida a personas, literalmente, in extremis, en quirófanos de urgencia, en lugares más o menos improvisados porque al buen paciente le dio por hacer una parada cardio-respiratoria en el lugar menos provisto de todo el hospital; he visto operaciones que no han salvado una vida, necesariamente, pero la han arreglado o mejorado, al menos. He visto muchas cosas, he ayudado en otras. Y, aunque he tenido ganas de tirar la toalla y meterme a Historia innumerables veces, aquí estoy, al final de la carrera, no queriendo del todo irme y con la sensación de que ha pasado demasiado rápido. 

No tan rápido como habrán pasado estas semanas para vosotros, no por nada, sino porque en realidad el Vino de Honor fue hace al menos una semana, sí, una semana casi. Pero no pude terminar la entrada en su momento y estas semanas han sido un poco locura. 

Veamos, para que os pongáis en situación, mi convivencia con el Golliath asiático, AKA las chinas de mi piso, se mantiene sobre hilos tan finos que la tensión se palpa en el ambiente. En estas dos semanas ya hemos tenido dos discusiones que, aunque no han llegado a las manos no a tirarnos de los pelos ni ha habido heridos, ya son más de lo que suelo tener porque soy una persona que, como norma general, trata de evitar las confrontaciones. El primer desencuentro lo tuvimos cuando salí de mi cuarto a recoger el vaso que había estado calentando en el microondas (con mi infusión para dormir) y justo en ese momento estaban entrando mi compañera de piso y otras dos chicas gritando a la cocina y les dije si podían no gritar y, al parecer, eso indignó muchísimo a la susodicha compañera que empezó a hablar con otra de las chicas (en chino) pero no necesito saber chino para saber que estaban hablando de mí, hasta me estaban haciendo burla y, luego, me echaron de la cocina. Y, no os mentiré, durante un momento se me pasó por la mente la idea de tirarle a la cara el vaso de agua hirviendo que tenía en la mano, pero mira, me contuve, porque eran tres contra uno y pienso que para los dos meses que nos quedan de convivencia es mejor si no nos intentamos matar. Desde entonces no nos dirigimos la palabra. Pero ni hola. 

El segundo desencuentro de nuestras Catastróficas aventuras asiáticas fue ayer, me parece (mis días son demasiado parecidos como para recordar bien). El caso es que el viernes pasado ellas invitaron a mucha gente a comer, como me habían avisado y fue justo el día después de la discusión arriba mencionada, decidí huir con mi deseo de paz y tranquilidad a otra parte y comí en la universidad donde estuve hasta que fue hora de ir a la Cacademia. Así, no sé ni cuántos fueron ni lo quiero saber, pero mi otro compañero de piso me dijo que eran un montón. En fin, yo solo sé que el sábado por la mañana me di cuenta (antes de volver a la cacademia) que la cisterna de uno de los baños estaba roto dejándolo afuncional. No quise saber nada porque había madrugado y me esperaban unas 12 horas de academia, así que me olvidé de eso hasta que volví el lunes y la realidad me recordó que somos cuatro en un piso pequeño, pero cuatro que en la actualidad son cinco porque una de las chicas tiene a otra amiga china viviendo en el piso, más todos los invitados de las chicas hacen un total de demasiadas personas para un solo baño. Así que le escribía la casera para comunicarle la buena nueva de que íbamos a necesitar un fontanero, tal vez dejándole caer lo de que probablemente se rompería el viernes en la invasión asiática número... (he perdido la cuenta). ¿El problema? Que ella se lo tomó como muy a pecho (en serio) y le escribió a una de las chicas chinas (tristemente, la que me cae mejor y no con la que discutí) culpándola a ella. Por lo que ella me escribió a mí muy enfadada pensando que yo la había culpado ante la casera. Que, sinceramente, de haber culpado a alguien directamente, habría culpado a la otra con la que discutí, pero lo único que dije fue dar mi opinión de en qué momento podría haberse roto (a saber: en la invasión asiática de número indeterminado). En fin, a eso siguió una charla acalorada y larga en la que yo le demostraba, vía mi conversación de Whatsapp con la casera, que no había dicho en ningún momento que fuera culpa suya, solo que teníamos que arreglar el baño. 

Y ahora estamos más o menos bien. Bien en el sentido de que no nos estamos intentando matar (al menos que yo sepa), aunque seguimos con un baño roto, yo no me hablo con un tercio de la población asiática de mi piso (porque recordad que ahora hay tres en vez de dos) y casi podría decirse que vivo en la universidad, porque me levanto pronto para venir a usar los baños aquí, me paso la mañana y la tarde o en el hospital o estudiando en biblioteca. Ahora mismo solo como, ceno y duermo en el piso. Y, si supiera que los de seguridad no me iban a pillar, hasta me quedaría aquí a dormir. Pero bueno, mirándolo por el lado positivo, en estos tres días de biblioteca he avanzado un montón, he tachado como dos cosas de la lista de tareas pendientes y habría llegado a tres de no haber sido porque he recordado que llevaba mucho sin escribir y quería contaros mi vida. 

Por lo demás, ahora estoy en Traumatología en las prácticas y, a excepción de algunos días, me está gustando. Me gusta que me dejen lavarme y participar en las operaciones, aunque sea para aspirar y sujetar cosas. Pero por lo menos haces algo útil y ves bien, y te van explicando cosas lo que hace que te sientas, no sé, visible, real, ¿sabéis? como si no fueras un cactus, sino una persona real con la que puedes hablar. Ya, es triste las cosas por las que nos alegramos a veces los estudiantes de medicina. El primer día que me dejaron lavarme para quirófano (para profanos: significa frotarse con un jabón especial hasta que te has despellejado los brazos y las manos y luego te pones guantes y bata estériles y se supone que así estás limpito y preparado para tocar al paciente minimizando el riesgo de infección) pues iba por ahí gritando que me habían dejado lavarme como si no me hubiera lavado las manos en mi vida, pero mira, es lo que hay. 

Podría acabar la entrada ya e irme a casa, pero volvemos a la historia de siempre: no quiero volver a territorio hostil. Pero bueno, muchos días a estas horas no están, así que supongo que iré a cenar.

Ay *suspira resignada* necesito un abrazo, lo noto en mis células xD. En fin chicos, mucha suerte en las torturas de la vida diaria, aquí desde la biblioteca se despide vuestra corresponsal porque ya ha entrado la de la limpieza con el carrito como signo inequívoco de que se quiere ir a su casa y para eso tenemos que irnos nosotros para que pueda limpiar. Deseadme suerte a mí. 

martes, 14 de marzo de 2017

Los modelos de la mujer en la literatura. Toma dos

Queridos lectores,

Estoy completamente agotada. Sé que lleváis una semana larga sin saber de mí y es que, a pesar de que entregué el TFG la semana pasada (lo presenté, mejor dicho) y por orgullosa que pueda estar de mi buena nota, lo cierto es que me había concentrado tanto en prepararme la presentación que había dejado muchas, pero muchas cosas en mi lista de "tareas por hacer" pendientes. Cosas que se entregaban la propia semana pasada. Así que ni un momento de descanso para este body serrano, a partir del lunes, con un peso menos en los hombros porque el TFG estaba hecho y aprobado, pues me fui cada día a la biblioteca para terminar los casos clínicos y hacer las cosas de la academia que tenía pendiente. 

Me gustaría poder deciros que ya estoy más tranquila y desocupada y, aunque hasta cierto punto es verdad, todo depende de cómo me lo tome porque tengo un montón de trabajo atrasado de la Cacademia con el que debo ponerme al día. 

Siendo positivos, lo bueno de que mi piso esté tan intransitable y sea un punto de reunión de chinos o mi otro compañero de piso fume porros y cosas así, es que hace que me apetezca realmente irme a la biblioteca por las tardes y no os hacéis una idea de lo productivas que son mis tardes cuando me voy a la universidad y no me las paso tumbada en la cama. 

Ah, por cierto, ayer en la biblioteca me encontré con Anastasio. Quien se acuerde de él es un lector pro. Solo lo sabréis si lleváis leyendo mucho mi blog u os habéis remontado atrás, Anastasio es el nombre en clave para mi antiguo compañero de piso, con el que vivía cuando empecé a escribir el blog. Nada, él también estaba estudiando, pero os manda a todos muchos recuerdos y besos. 

Otra cosa que me mantuvo ocupada y estresada la semana pasada fue que Adele, mi amiga pero no la cantante famosa, ese es su pseudónimo, me invitó a participar en una especie de acto en un local donde ella cantaba (porque también canta, por eso le puse ese pseudónimo xD). La cosa era que hacían el día de la Mujer Artista y ella iba a cantar, otras chicas a bailar, y me dijo que si quería hablar de la mujer y la literatura y mi libro, incluso me llevé unos cuantos libros por si vendía. A todo el que me ha preguntado le dije que estuvo bien, que Adele lo hizo genial (lo cual es verdad), pero no me atrevía, por vergüenza a hablar de cómo lo hice yo. Con vosotros, ya lo sabéis, tengo que ser sincera: fui un absoluto desastre. 

Os juro y prometo que yo me lo preparé a conciencia, me pasé todo un día leyendo artículos sobre la mujer y la literatura, sobre historia de la literatura, sobre mujeres escritoras...Y fue un cambio que mi mente agradeció después de haberme pasado la noche anterior hasta la 1 de la madrugada para terminar los casos clínicos y tanta medicina en general. Con todo lo que aprendí pues me preparé un discursito de más o menos media hora que era el tiempo que salía que duraría mi parte en el póster de la presentación y eso. Lo practiqué y todo. Quiero decir que me preparé lo mejor que pude porque no quería dejar a Adele en ridículo, ya que era ella la que había hecho que me invitaran. Pero al llegar al sitio me sentí como desplazada, a ver si me explico, como si realmente no pintara nada ahí y lo que yo pudiera decir no fuera a interesar a nadie. No sé, fue el chico, el dueño al hablar conmigo sobre lo que iba a decir y cuánto tenía que durar. Admito que pudo ser percepción mía por mi baja autoestima, pero me daba la sensación de que él pensaba que la gente se iba a aburrir. Técnicamente, hablando del tiempo, yo le dije que me lo había preparado para media hora, pero que podía durar menos, y él me dijo que fuera mirando a la gente y si los veía aburridos abreviase, algo así. 

Entonces ya empecé a hablar nerviosa, con la sensación de que solo estaba aburriendo a las masas, sin saber cuánto debía hablar, pero nerviosa y con ganas de escapar de los focos. Además miraba las caras de la gente y puede que estuvieran concentrados, pero bien podía parecer aburrimiento también. Así que no sabía qué pensar y lo abrevié bastante. Claro tampoco podía estar mirando el tiempo. Solo sé que al final no hablé de muchas cosas o datos que me había preparado porque pensaba que iba a aburrir a la gente y cuanto terminé solo me quedé con la sensación de que lo había hecho fatal y había decepcionado a mi amiga. En fin, así me pasé el resto de la noche, aunque escuchar cantar a Adele lo mejoró. 

Y bueno, he pensando que podía aprovechar para poneros a vosotros lo que me preparé para que no fuera en vano. ¿Os parece? Empiezo resumiendo mi novela y después sigue así: 

“Fue ya tras haber escrito esta primera novela, estar en el arduo proceso de publicar, y estar escribiendo la segunda, cuando leí una novela, también de género negro, que me hizo darme cuenta de la responsabilidad que tenemos los autores. La novela en cuestión, no es importante ni necesariamente conocida, era una novela negra más, de las que encuentras en un puesto de libros y te atrae por la sinopsis. Pero lo que me conmocionó realmente de la novela cuando la terminé, no fue la identidad del asesino, sino el destino que habían tomados los personajes femeninos protagonistas. De las tres mujeres con más importancia: una quedaba relegada al papel de la mujer sumisa sin apenas darse cuenta, siendo ella la que estaba resolviendo el crimen, pero siempre bajo el ala de un marido más mayor que la trataba como a una niña perdida; la hermana dependiente que perdonaba todos los pecados de su hermano díscolo; y la mujer finalmente asesina, no cuenta como destripar si no os digo el título, que acaba usando su cuerpo para matar y ganar algo de dinero con ello.

Y lo siguiente que hice en cuanto la acabé fue ponerme a repasar mi novela para asegurarme de que no era ese el mensaje que transmitía al mundo. Porque al fin y al cabo todos dejamos una huella en el mundo, con nuestros actos y día a día, y como escritores, incluso aunque seamos novatos, nada conocidos y con poca tirada como yo, dejamos un mensaje salir libre al mundo, así que lo menos que podemos hacer estar orgulloso de él.

Y no hablo de que todos los personajes femeninos sean fuertes y grandes heroínas, porque al fin y al cabo, se describe una realidad cuando escribes, y tus personajes han de ser humanos, y eso supone que todos tengan sus fallos y taras, pero desde luego han de ser personajes complejos, con relieve y que no caigan tan fácilmente en alguno de los roles o moldes en los que la literatura ha encajado a la mujer históricamente.

Modelos que han ido evolucionando históricamente, aunque claro la mayor parte han sido escritos por hombres por la imposibilidad de muchas mujeres para acceder a la formación, a los libros o, en todo caso, de publicar. Y en el caso de las mujeres escritoras, han estado siempre perseguidas por sus obras. Muchos habréis oído hablar de Jane Austen escondía  sus textos cada vez que alguien entraba en su habitación por vergüenza de que la vieran escribiendo, Fanny Burney quemaba sus textos como “castigo” y se “depuraba cosiendo”; más tarde Charlotte Bronte escondía sus textos entre las papas que pelaba en la cocina. Amalia Guglielminetti, narradora, poeta y autora de teatro fue llevada a los Tribunales porque su obra más conocida “La revancha del macho” era una ofensa contra “las buenas costumbres”. Y otras, como las obras de Elena Tarabotti fueron a parar al índice de Libros Prohibidos por los mismos motivos.

Pero en fin, los roles que ha representado la mujer en la literatura han ido cambiando, comenzando con la mujer imprudente y origen de todos los males que vemos ya en la religión cristiana con Eva y la manzana o en la mitología griega con el mito de Pandora, esta curiosa chica que abrió la caja que contenía todos los males del mundo. Las mujeres, en esta época, tal vez porque en la Edad Media los libros eran territorio de monjes y religiosos, eran la representación del demonio, la tentación y la carne. Como los propios hombres no podían controlar sus propios impulsos culpaban a las mujeres. 

Otro modelo que se ve también en esta época del medievo es la mujer idealizada, ese ser virginal, puro e inocente que aparece en la figura de la Laura de Petrarca y en la Betriz de Dante, dos modelos que representan lo que se conoce como el Amor Cortés, ese amor que tiene por definición el ser imposible e inalcanzable. Las mujeres de las que se enamoraban los hombres y que despertaban sus grandes pasiones o bien estaba casadas, o bien muertas. Y es que parecía que sin este pequeño aliciente, el amor no era tan ardiente. Aunque mi modelo favorito de este tipo es la Dulcinea de Cervantes, porque en el Quijote el propio escritor ya plasma la idealización propia de estas novelas.

Con el romanticismo, vemos una mujer que cada vez lucha más por romper con la realidad que la rodea. Y es que la literatura no deja de ser un reflejo de la realidad, de la sociedad y es aquí, en el siglo XIX cuando, poco a poco, las mujeres comienzan a luchar por levantarse. Quizá la característica más importante sea la pasión desatada con la que quiere cambiarse la realidad. La mujer se presenta como luchadora-heroína contra una tradición que la oprime y que, finalmente, la convierte en mártir.

Y aquí subrayo la palabra mártir, porque hay algo en muchas piezas de la literatura y es esa figura de la mujer como mártir que sufre y, a través de su sufrimiento, acaba redimiendo al hombre. Lo vemos en la Inés de Don Juan; en Jane Eyre, e, incluso, no nos vayamos tan lejos, en la Anastasia Steele de 50 sombras de Grey. Y esta figura de la mujer que debe sufrir para salvar al hombre aparece ya en la mitología en un mito bastante interesante.

“Alcestis es la hija menor de Pelias, rey de Yolco, y de Anaxibia. Admeto, rey de Feras, se enamoró de la hermosa joven, pero el padre de ésta había decidido casar a su amada hija sólo con el hombre cuyo carro fuera tirado por un león y un jabalí bajo un mismo yugo. Apolo decidió ayudarlo y le proporcionó a éste el carro requerido como condición para obtener la mano de Alcestis y se llevó a cabo la boda. Durante la celebración los novios olvidaron realizar un sacrificio a Artemisa, quien se molestó y llenó la habitación nupcial de serpientes. De nuevo Apolo ayuda a Admeto, al tiempo que obtiene la gracia de los Hados, para que Admeto no muriese el día designado si alguien se ofrecía en su lugar. Llega el día del sacrificio y nadie se sacrifica por el. Así Alcestis, muere en lugar de su marido. Heracles se sorprende y decide descender al Hades, en busca de la joven Alcestis. Luego, la rescata y la devuelve a la tierra entre los vivos, más hermosa y joven que nunca, para que viviera al lado del hombre por el que había sido capaz de morir. Alcestis es un claro ejemplo del modelo ideal de esposa. Sacrificó su vida por la del amor que siente hacía su marido. Como vemos en el texto, Heracles recompensa este hecho y la devuelve a la vida más hermosa y joven que nunca.” 

El caso es que la mujer se sacrifica y su recompensa es belleza y juventud. Claro que la mitología griega no ha sido la más amable con las mujeres. La mala de todas las historias terminaba siendo Hera, la esposa despechada, porque Zeus le ponía los cuernos con todo lo que se movía bajo la excusa de que era el Dios de la fecundidad y era su naturaleza. Ya…claro…

Volviendo al hilo histórico, los personajes femeninos cada vez representan más esa intención de romper con lo establecido, aunque todas coinciden en un desenlace pesimista. Pero, de nuevo, la literatura es un espejo de la realidad y estos personajes no podían acabar de otra manera. Ya Daniel Defoe en Moll Flanders nos habla del nefasto fatal que le puede esperar a una mujer que busque su independencia. A finales del siglo XIX y principios del XX, cada vez son más mujeres las que escribren, pero incluso ellas mantienen ese toque pesimista en el que sus protagonistas no logran sobrevivir al peso de la realidad, como Kate Chopien en su novela “El Despertar” que habla del riesgo que conlleva el despertar sexual y social de la mujer. Y “El empapelado amarillo” de Charlotte Perkins en el que habla de su propia experiencia al describir sus crisis nerviosas que, tras los cuidados de su marido médico, terminan en locura (¿cómo la cuidaría? No lo sé). 

Así nace esta imagen de la mujer-loca, también coincide con el auge de la psicología y la ginecología y, en esta época, suceden casos que hoy en día nos parecen extraños, pero que no lo eran tanto, como mujeres que sufrían parálisis completas de su cuerpo o de medio cuerpo cuando se metían en la cama con sus esposos y todo se debía a las crisis nerviosas y la ansiedad que sufrían, atrapadas en un mundo que las trata como a objetos o prisioneras. 

Será ya en el siglo XX cuando aparece un nuevo tipo de modelo: la mujer corriente que se transforma en extraordinaria  y que siendo víctima de circunstancias discriminatorias logra afrontar su destino, controlando su vida. Como Emma Bovary o Anna Karenina. 

Y ya concluía diciendo que no se trata de crear personajes infalibles o perfectos, sino de que sean humanos, que sean mujeres con todo lo que ello conlleva. Sus aciertos, sus virtudes y sus fallos, la fuerza, los vaivenes emocionales, todo. Pero que no se dejen dominar por un hombre y, sobre todo, que sean lo que cualquier mujer debe ser, que es libre."

Eso era lo que tenía pensado en mi cabeza. Luego me puse nerviosa y no sé ni lo que dije. Desde luego todo esto no. Tampoco llegué a vender ningún libro xD pero no creo que hubiera vendido aunque lo hubiera hecho genial porque el sitio era así baratejo y nadie iba a pensar en gastarse 20 euros por un libro con toda una noche de posible fiesta por delante, eso lo entiendo. Pero como, o los tenía que pagar o los tenía que devolver pagando el envío ya que los tenía, los he ido vendiendo por el hospital. Al final es cosa de echarle algo de morro y ser un poco adorable y simpática, sin presionar, pero que nadie se quede sin saber que me puede comprar un libro si quiere. Y al final los he vendido todos, bien por mí, al final me tenía que meter yo a farmacéutica para seducir a la gente con bolis y que me compraran fármacos en vez de al revés xD pero no, gracias, bastante me ha costado ya vender los libros, he tenido que mandar muchos mensajes, ser muy pesada y caminar mucho por el hospital, además de invitar a café a la gente que lo compraba. Y, como dos de los libros se los regalé a mis tutores del TFG, y gano el 10% de cada libro solo, al final el total de lo que gano de los libros, restándole lo que pagué para regalarles dos a los profesores, me da una ganancia neta de menos 10 euros, sí, así es, he perdido más de lo que he ganado y no cuento ahí los cafés a los que he invitado. Menos mal. Bueno, doy las gracias de que escribo por placer y estudio medicina para mantenerme. 

Y también os tengo a vosotros mis queridos lectores, espero que os haya gustado mi charla que no llegó a ser charla y acabó siendo entrada del blog. Ahora voy a ver si estudio, o meriendo, lo que pase primero. 

Ánimo y suerte!


lunes, 6 de marzo de 2017

El Día de las endorfinas AKA el día que presenté el TFG

Queridos lectores,

Hola a todos y bienvenidos al Día de la Locura o, tal vez, el agotamiento. No lo sé, aún no tiene título. Voy a contaros primero y ya elegimos uno juntos, ¿vale? (ya sé que habéis visto el título y lo pone, pero fingid que no durante un rato)

Bueno, esta mañana, como cada lunes he venido de mi pueblo tras un sano madrugón para prepararme para el gran día. ¿Qué día era, decís? Pues ni más ni menos que el día de la defensa de mi TFG. ¡Por fin! Tras tantas entradas hablando y hablando y quejándome y quejándome, y sí, agobiándome y agobiándome por el Trabajo de Fin de Grado, ha llegado el día de presentarlo y poder decir que me lo he quitado de encima. 

Era la última del día, o sea que lo tenía a las 13:30 horas, casi a la hora de comer (he almorzado bien antes). No os mentiré, estaba en cierto estado de nervios. Me he entretenido como bien he podido decidiendo qué ponerme y cómo arreglarme porque es algo así como oficial y hay que ir más o menos arreglado. Así que me he puesto una camisa blanca y unos pantalones negros y parecía que iba de camarera, la verdad, pero había pasado mucho tiempo decidiendo qué ponerme y no me ha apetecido cambiarme, así que así tenía que valer. Me había planchado el pelo para tenerlo peinado dentro de lo que cabe y hasta me he puesto pintalabios rojo para ir a juego con mi novela, y con el tema del power point que era negro con una rosa roja. 

Y bueno, así ha sido. Ha venido Sadee a verme y al principio me ponía más nerviosa pensar en más gente viéndome, pero he agradecido que viniera porque cuando estoy nerviosa necesito hablar. Es como que los nervios se me concentran en forma de palabras y necesito soltarlo. Tanto es así que he ido enganchado a la gente que veía por los pasillos, los ascensores o hasta en el baño para hablar y soltar algo de esa energía y también hacer un poco de tiempo porque se me estaba haciendo la espera de mi turno. En fin, he llegado, lo he hecho, y me han sacado algunos errores. Algunos que creo que mi tutor podría haberme corregido y me ha hecho pensar que no se ha leído con mucha atención mi trabajo, ha sido así como un feeling. 

¿Sabéis cuándo os conté eso de que me preguntó qué era mi trabajo si un caso clínico o una revisión bibliográfica cuando ya lo había entregado? Hoy, mientras esperábamos a que el jurado se pensara mi nota, me ha dicho: pero bueno tu antigua tutora (porque en principio iba a tener otra tutora pero se tuvo que coger una baja y me cambiaron) ya te corrigió casi todo el trabajo, se leería el libro y te diría? Y yo...

Pos no. No me corrigió nada. Si en principio iba a hacer otro trabajo sobre asesinos en serie y ese fue el que trabajé más con ella, pero el día de firmar los papeles le dije que me publicaban la novela y me dijo que a la mierda todo, que lo hiciera de mi novela. Pero a partir no hablamos nada porque la novela la publicaron la semana del 7 de octubre que más o menos coincidió con cuando ella se cogió la baja, así que no le dio tiempo ni a leerse el libro. Así que me ha dado que pensar si el hombre, pensando que la otra tutora me lo había mirado, se lo tomó con calma. También es verdad que mi antigua tutora fue muy valiente porque no se había leído ni mi libro, ahí podía haber salido de todo. Menos mal que lo había escrito medianamente bien. 

Ah y mientras exponía estaba nerviosa y se me ha escapado un "tenéis" porque no encontraba el verbo en forma de ustedes y me han llamado la atención por eso. 

Pero bueno, no importa porque, mis muy queridos y adorados lectores....¡¡me han puesto un 10!! Toma geroma pastilla de goma. Y menos mal que me han dicho la nota en el mismo momento y me han puesto un 10 porque aún así he pasado las primeras horas tras la presentación castigándome mentalmente y fustigándome por los errores que había cometido y lo de no llamarlos de usted. Si aun sabiendo que tenía un 10 mi mente estaba en un segundo plano riñéndome, no quiero pensar qué habría pensado de no haber sabido la nota. (por cierto por si tenéis otro sistema de puntuación el 10 es la máxima nota aquí).

Porque os contaré mi proceso de asimilación: las primeras horas, como digo, sabía que tenía un 10 y estaba contenta pero mi mente se había quedado en los errores que me habían dicho y solo pensaba en eso. Y luego, cuando ya había comido y me había regalado un helado porque hacía calor, y me he sentado en un seminario sobre auscultación es cuando he empezado a darme cuenta de que tenía un 10. Y ha sido cuando he abierto los grupos del móvil para anunciar que me habían puesto la máxima nota xD Y como que ya me ha dado el subidón. Soy una montaña rusa emocional. 

Aunque ha sido un día muy completo, he presentado el TFG, he sacado un 10, he comido con Sadee, me he comido un helado, he ido a un seminario en honor a la auscultación porque hace 200 años que Laennec inventó el fonendoscopio, al parecer, del cual me he enterado a medias porque me ha pillado entonces el subidón de haber sacado un 10 y, además, la verdad sea dicha, me moría del cansancio ya. Porque yo me pongo nerviosa antes de estas cosas tipo presentaciones y los nervios comen mucha energía, así que para cuando se ha acabado ya no me tenía en pie. Y, por último, con esa cara de llevar todo el día de un lado para el otro y no tener ni una gota de energía en el cuerpo, pues me tocaba hacerme la foto para la Orla. Menos mal que me he llevado algo de maquillaje para tapar las ojeras y darle algo de color a mi pobre y pálido rostros. Pero bien, he salido bien y ahora estoy endorfinada porque he sacado un 10. Mucho, además, he visto a una chica por el pasillo que me sonaba que era de mi pueblo y la he acosado y me he puesto a hablar con ella, que no me conocía, pero yo tenía ganas de hablar porque estaba extasiada, mi sangre ya no era pura cafeína, eran glóbulos rojos con endorfinas. Y hasta se me ha olvidado que no le he hablado de usted al jurado. Y vale que nos han puesto un 10 a todos, yo creo, y cuando la gente me felicita por mi nota pues yo digo que en verdad se lo ponen a todos, que no pasa nada y todo eso, porque la verdad es que no soy buena recibiendo halagos y siempre digo algo para minimizarlo o negarlo o quitarle peso porque, bueno, no es para tanto. Pero en el fondo de mi mente, mi mini Laura está danzando contenta porque A) Me he quitado el TFG de encima y B) Tengo un 10. 

¿Y lo a gusto que me he quedado al poder tachar TFG de mi lista de tareas pendientes? Eso no tiene precio. Vale, que he estado retrasando un montón de actividades por el TFG así que ahora tengo una lista así como eterna, pero bueno, el primer tachón de la semana, ahora ya me puedo poner manos a la obra con los demás...pero hoy no que estoy cansada y me he ganado un descanso, ¿no? 

Buah, tengo un 10... Vale que se lo han puesto a todos, ¡pero a mí también! Y yo les he hecho un dibujo. No de mi 10 claro, si no del cadáver del caso xD Esto me recuerda a cuando un profesor que era muy mirado con los 10s y siempre encontraba algún fallito para dejarme a las puertas del 10 y cuando me lo puso por fin, le hice una foto. Lástima que no me lo hayan dado en escrito, le habría hecho foto. O sea, hablando de fotos, estaba tan emocionada cuando realmente me ha entrado la idea del 10 que casi se lo digo al fotógrafo que me estaba haciendo la foto para la orla. Se lo he dicho a la chica que he asaltado por el pasillo. Hasta ahí llega mi éxtasis. Se lo he dicho por teléfono al antiguo profesor que me puso el 10 que fotografié (y le he contado lo mismo que a vosotros sobre la foto) me va a decir acosadora, pero no me importa, porque sigo endorfinada. 

Bueno, lo dejaré por hoy que ya os he hablado suficiente de mi 10 y este es un pequeño paso para la Humanidad, un gran paso para mí, pero todavía queda algo de caminito hasta el final de la carrera. Por ahora me quedan dos simulacros que tengo pendientes de corregir, 4 casos para neumología que tengo que entregar y más cosas que no os diré porque me parece muy triste transcribiros mi lista de cosas por hacer xD

Muchas gracias por aguantarme endorfinada! Ánimo y suerte!

viernes, 3 de marzo de 2017

Día de biblioteca

Queridos lectores, 

La entrada anterior fue la entrada 300 y yo sin enterarme, hasta ahora, claro. Pues felices 300 atrasados xD.

No, no pondré una imagen de la película de 300 solo porque sea la entrada 300...y sé que estáis insistiendo mentalmente porque queréis ver al actor (¿Gerald Butler era?) en calzoncillos de cuero y pecho lobo al aire, lo sé, lo noto, puedo sentir vuestras voces en mi mente y no, no es algo por lo que debiera consultar en psiquiatría (por ahora), pero no me apetece buscar fotos de hombres semidesnudos, muchas gracias, más que nada porque estoy en la biblioteca y mi ordenador y su pantalla son como muy visibles. Y vale que tuve mis épocas desvergonzadas, como cuando estaba escribiendo e investigando para mi novela erótica y me ponía a buscar juguetes eróticos en clase y la gente de atrás me miraba con sonrisas pervertidas...pero eso tenía un propósito muy distinto. Además, no soy gran fan de la peli.

Como os decía, estoy en la biblioteca tratando de memorizar lo que voy a decir para el TFG. Muy divertido todo. Sobre todo porque en la biblioteca no dejan entrar con café y mi torrente sanguíneo, que ya es más de un 70% de café, está gritando desconsolado. No, es broma, me aburro simplemente y cuando me aburro pienso, y cuando pienso...pasan cosas malas. Como que recuerdo que mi tutor del TFG ha pasado de mí y me dijo que mi trabajo lo tenía confundido y cuando le he mandado el power point solo me ha dicho que no me pase del tiempo de hablar y todo irá bien. Bueno, lo último no es tan malo. Pero podía haberme dicho que me había quedado bonito. O sea, salen cadáveres, peor he puesto una rosa en cada diapositiva y me ha quedado monísima. Si pusiera el mismo cuidado en vestirme que pongo en las presentaciones de power point, mi madre estaría contentísima.

Por otra parte, me siento menopáusica. Podrían aclararse con el ajuste de la temperatura de la biblioteca. A ratos tengo frío y me pongo chaqueta, entonces tengo calor y me la quito...Así todo el rato. Paso más tiempo preocupada con mis capas de ropa que con lo que me tengo que estudiar.

Otra cosa importante de estar en biblioteca es que hay enchufes, o sea, electricidad a cargo de la universidad en la que puedo cargar el móvil o el ordenador. El problema se presenta cuando tengo ganas de hacer pis y tengo las cosas aquí enganchadas, que no puedo ir tan libremente como querría. Aunque supongo que es positivo en parte porque si no, correría el riesgo de pasarme más rato enredando por ahí que estudiando.

Que mala imagen que doy de mí misma a veces xD Con lo responsable que era yo en mis tiempos mozos, bueno, y aún lo soy supongo. Pero el cuerpo cada vez tiene menos aguante. Hay gente que lo nota con las borracheras y las resacas, y yo lo noto porque mi cerebro cada vez se cansa antes. Tendré que volver a neuro y decirles que me manden algo para prevenir la demencia. Porque ya lo intenté en psiquiatría para prevenir la locura y me dijeron que era demasiado tarde.

Pero bueno, estoy completamenta agotada. Llevo toda la semana sin dormir bien por motivos varios, pero uno viene a ser que el colchón y la almohada del piso están para el arrastre y duerma mucho o poco, me levanto peor que me acosté con un dolor de cabeza que me acompaña durante todo el día, es como el desodorante que no te abandona. Y yo sin ibuprofeno, que se me acabó, por suerte para mí trabajo (aunque sin cobrar, pero sí que paso mis horas) en un hospital y las enfermeras suelen ser majas y apiadarse de mí lo suficiente para darme una pastillita para la cabeza porque si no,  no se cómo aguantaría el día. Sí, tengo que pasar por la farmacia. Pero cuando salgo del hospital ya están cerradas las que me pillan de paso.

Oh, por si queréis estar al tanto de las novedades asiáticas de mi piso, os contaré la nueva evolución de los hechos. El Chino Sorpresa que había estado aquí viviendo con su padre en la habitación de una de las chinas que vive aquí, se fue el otro día (miércoles si no recuerdo mal). Y yo pues pensaba que ya habrían encontrado su propia casa y que pronto volvería la original, pero imaginaos mi sorpresa (o no, porque a estas alturas la verdad es que ya no me sorprende nada) cuando oigo llaves abriendo la puerta y me encuentro con....*redoble de tambores*... otra nueva chica de China. Esta tampoco sabía castellano, pero al menos sabía inglés y pudimos mantener una conversación. Ahora me río, pero la verdad es que en su momento estaba indignada y cabreada, esto parece el camarote de los Hermanos Marx versión Asiática. Cuanto, bastante literalmente, los días para que se acaben las prácticas y me pueda volver a Utiel. Quedarán todavía los ECOES, papeleos, cacademias...pero al menos estaré en mi casa y no tendré que compartir mi vivienda con hordas de personas desconocidas. Porque no creáis que me vengo a la biblioteca a estudiar por mi gran amor a las infraestructuras de la universidad, me vengo para evitar el jaleo del piso cuando hay invitados para comer y no puedo ni echarme una siesta. Y cómo necesito una siesta... no os lo imagináis. Podría dormir de pie en las prácticas. Y lo peor es que tampoco puedo doparme a café porque si no todavía duermo peor por las noches y se convierte en un círculo vicioso, así que tengo que aguantar mi sueño hasta el sábado por la noche que dormiré en mi casa y, espero, descansaré lo suficiente para que una noche de sueño me valga por el descanso de una semana entera. En general, suele ser así.

Y, ¿qué más? Pues la verdad es que no lo sé. Estoy deseando que pase el lunes, haber presentado el TFG y quitármelo de encima para poder ponerme a estudiar tranquilamente las cosas de la academia y de los ECOES. Y sé, la parte racional de mi mente sabe, que no debería tener ganas de quitarme una cosa de encima para poder estudiar, o sea, la gente normal piensa en descansar. Pero como esa es una posibilidad que a mí no se me va a presentar de momento, solo tengo ganas de poder empezar a tachar cosas de mi lista de tareas pendientes. Porque, en serio, cada fin de semana con la academia crece y yo no puedo dar más de mí en este momento. Podría en condiciones normales, pero no cuando estoy al borde del desvanecimiento por agotamiento (sí, soy muy dramática), así que espero quitarme lo del TFG, hacerle un hermoso tachón en la lista de cosas por hacer y ponerme a subrayar manuales como si no hubiera un mañana. Luego haré esquemas y tablas y cositas de esas que tanto nos gustan a los estudiantes y que yo hago con esfuerzo y pierdo con facilidad porque mi organización es considerablemente ineficaz en cuanto a almacenamiento. Y tengo dos simulacros por corregir. Lo sé, lo sé, qué fatalidad. No me digáis nada.

Por ahora mi mayor preocupación es presentar bien el TFG y, la segunda, decidir lo que me voy a poner, pero eso ya lo he solucionado, al menos lo he pensado mentalmente, luego veremos qué tal queda.

En fin, voy a ir terminando por aquí y a seguir con mis quehaceres queridos míos. Como siempre, suerte y ánimo con las torturas académicas de la vida!