No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

miércoles, 26 de abril de 2017

El principio del fin

Queridos lectores, 

¡Feliz Día del Libro!...Atrasado. Lo sé. Y no es que me olvidara de tan noble fecha, no. La verdad es que fue un día lleno de eventualidades. Mi padre y yo nos fuimos, como es costumbre los domingos, a montar a caballo. Tenía mis sospechas previamente, pero mis temores de confirmaron cuando noté que a mitad del camino y en plena naturalezs con los caballos... me bajó la regla. Oportuna como ninguna -.-' pero por suerte el almuerzo es una cita obligada y mi madre me trajo...em...elementos femeninos. Espero que no estéis en la edad en la que nos daba vergüenza hablar de la regla y no os escandalice que yo lo publique hasta en mi blog xD.

En fin pero eso no fue el final, que va, ni siquiera fue el principio del final, citando medianamente a Churchill, tal vez fuera el final del principio xD. A ver, sin liarnos. Lo verdaderamente malo pasó después cuando, sin motivo aparente, me fijé en que mi perro Brave estaba tumbado en el suelo y no nos seguía. Al principio parecía que le dolía una pata pero al observarlo vi que cuando trataba de ponerse en pie, se tambaleaba y caía. Asustados, mi padre y yo bajamos de los caballos y fuimos a ver. Mi padre me cargó con las riendas de los caballos, pero andaba listo si creía que me iba a quedar mirando. Los medio sujeté en unas ramas y fui a socorrer a mi Brave. Mi padre empezó a decir que se estaba paralizando y que si le habría picado algún  insecto venenoso o una víbora. Sin embargo, yo mantuve la calma porque, vamos a ver, ni en España ni menos en mi pueblo hay serpientes venenosas que causen parálisis.  Tumbé a Brave y lo relajé, soltándole el collar para que respurara mejor mientras pensaba. Por suerte, todos mis planes sobre llamar a mi madre e ir a algún veterinario de urgencias fueron innecesarios puesto que en un rato Brave se recuperó y siguió como si nada. Mi padre no paraba de decir que se había asustado mucho. Y la verdad es que me sorprende que yo no me sentí asustada realmente, quizás alarmada, pero para mí miedo suele significar ansiedad y eso no me llegó a pasar. Me alegra poder pensar que en casos de urgencia vital toma el control la Yo más capacitada y con ciertos conocimientos médicos y es capaz de pensar con claridad. De hecho yo solo me sentí preocupada pasadas unas horas sin verlo tras dejarlo en su casita e ir a comer fuera porque para asegurarme de que no era algo digamos agudo quería  tenerlo en vigilancia y controlar que no se repitiera. Pero está bien eh, tranquilos todos.

Lo siguiente que pasó pero que después de esto pierde relevancia, es que el caballo de mi padre me dio un cabezazo cuando se giró bruscamente negándose a cruzar un río y ahora llevo un chichón. Ah y como guinda del pastel, se me rompió un estribo. Pero estuvo chachi porque se me ocurrió que podía usar una de las cadenas que llevábamos para atar a los perros para enganchar el estribo. No podía apoyar todo el peso, pero ya no era ir solo con una pierna. Y eso me reafirma en mi convemcimiento de que todo tiene solución menos la muerte, es una frase hecha. Pero que si lo piensas un poco y eres algo imaginativo y creativo puedes encontrar soluciones para estas cosillas.

Así que, en general, y ahora que lo escribo y me doy cuenta. Fue un día en el que demostré mi potencial: manteniendo la calma ante la urgencia y con buenas ideas. Ya era hora de tener un día inspirado después de una semana y media retrasando el ponerme a estudiar.

Y tras esta narración de mis heroicidades, comenzaré con el tema que nos ocupa y es que ayer empecé mi último rotatorio. ¿Os acordáis cuando en la entrada pasada no hacía más que repetir "4 semanas"? Bueno, pues ya son 3 semanas y 2 días. El tiempo vuela cuando no miras. ¿Adónde han ido a parar estos 6 años de carrera? ¿Cómo han pasado tan rápido? Si ya lo decían los antiguos literatos, Tempus Fugit, el tiempo vuela (menos cuando te aburres estudiando y esperas a que llegue la hora de la merienda, o estás esperando a que sea la hora de salir de prácticas.

¿A qué venía todo esto? Ah, sí, es mi último rotatorio, en ginecología y obstetricia. La verdad es que ayer me gustó para ser el primer día, pero hoy no tanto. Ayer estuve viendo ecos de bebés, y es bonito ver la cara de emoción de las mamás. Hoy he estado en urgencias y he visto muchas cosas, entre ellas, un parto y, llamadme rara, pero me dan casi más asquito los partos que las operaciones que he visto o, incluso, las autopsias. Es que me dan muchas más ganas de adoptar, sinceramente. Con cada parto que veo se incrementa en un 1% mi deseo de adopción xD. Quizás incluso sea mayor el porcentaje pero las matemáticas ya se me han oxidado.

Aunque quizás lo verdaderamente interesante es que se trata de mi último rotatorio. En apenas unas semanas tendré los ECOE que son los exámenes finales prácticos en el que tienes que hacer de médico delante de profesores que te ponen casos y me lo tengo que preparar porque tengo la sensación de que no tengo ni puñetera idea de medicina y que a menos que la señora me venga con un resfriado y le pueda mandar paracetamol, no voy a saber qué hacer con mi vida...ni con la suya. Dicen que en realidad es muy fácil y que nadie suspende, que solo el presentarte e ir aseado y ser como simpático te suma puntos, pero qué queréis que os diga, llega un punto en el que yo ya no sé qué preguntar en una anamnesis.

Por si fuera poco, se nota que se acerca el final de curso porque la biblioteca está petada. Hoy casi no encuentro sitio al volver de mi paseo (hoy no voy a decir ni la palabra correr porque solo he andado, la verdad). Todos aquí estudiando como pollicos y yo escribiendo en el blog y pensando en qué puedo hacer hasta que sea hora de irme al piso xD.

Ah ya sé qué más os tenía que contar, en gine el jefe de servicio está enamorado conmigo, yo no me había fijado pero una compañera me lo ha dicho hoy y me ha hecho gracia. El primer día me llamó por mi nombre (que se lee en mi tarjeta de identificación, no es que se lo supiera) y me preguntó si era alumna interna en algo del hospital porque me veía mucho por ahí, yo no le hablé de mi misión de huir de las chinas ni de mi uso del hospital como refugio, más bien y por una vez quedé bien diciéndole que iba siempre a todas las prácticas e intentaba aprovecharlas al máximo, por eso estaba mucho en el hospital. Y, hoy nos han hecho presentarnos diciendo algo de nosotros, justo delante de mí hablaba Adele que claro ha dicho que es enfermera, sueca y cantante y para tener algo a su altura pues he hablado de mi novela, hasta he dejado caer que estaba en Amazon y que si la querían se la firmaba, yo toda diva xD, y entonces luego me ha estado preguntando sobre mi novela.

Es difícil creer que ya queda tan poco, sobre todo cando es necesario encontrar algo de ganas de estudiar para prepararme los ECOE, pero bueno en realidad si lo pienso bien, acabar la carrera no es el final, ni mucho menos, aún me quedará el MIR y la Residencia y trabajar y algo que la gente conoce como vivir, que no está mal. Así que, como dijo Churchil, de nuevo lo repito pero esta vez habiendo buscado la frase en internet para asegurarme: "No, este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio". Lo dijo en plena Segunda Guerra Mundial, creo que tras el desembarco de Normandía, no estoy segura ahora mismo, y no podría ser más adecuado, porque menuda batallita de seis años llevamos.

¿Y qué más os puedo contar que no sepáis ya mis queridos lectores? Desde luego mis pocas ganas de estudiar ya las conocéis. Así que no os mareo más por hoy y me sacaré algún libro para fingir que soy uno más en la biblio ;)

Ánimo!

sábado, 22 de abril de 2017

Lo que quiero ser de mayor

Queridos lectores,

¿Alguna vez habéis jugado con imanes? Es una fuerza extraña la magnética y recuerdo que, en el instituto, cuando daba física y todos mis saberes impartidos no giraban en torno a la medicina y podía además usar mi tiempo en divagar porque no tenía tanto que estudiar, me entretenía acercando y separando los imanes, sintiendo la fuerza con la que los polos opuestos se atraían y la resistencia que oponían a separarse, cono dos trágicos amantes sacados de la más clásica obra de Shakespeare.

Pero incluso más me gustaba enfrentar a los polos de la misma carga y ver cómo se repelían, como un se alejaba cuando le acercaba al otro.

Pues bien, me temo que yo misma estoy siendo objeto de tan bonitas fuerzas de atracción. Aunque no os emocionéis, sería más exacto hablar de fuerzas de repulsión. Que es básicamente lo que siento cada vez que mi mirada o mi mente intentan concentrarse en un manual de la Cacademia. La Cardiología me repele. O cualquier otra asignatura, si os he de ser sincera.

Y es muy frustrante porque sé que me voy a arrepentir; ya me estoy arrepintiendo aunque me mienta a mí misma que aún me quedan días por estudiar.

No importa. Porque realmente ahora lo que me apetece es ser bailarina. Ah podéis reíros, sé que mis padres se reirían si lo dijese así delante de ellos. Leches, hasta a mí me da la risa. Tanto estudiar, seis años de carrera y, aquí me tenéis, pensando en cuándo llegará la hora de ponerme a hacer "mis ejercicios" que consisten en ponerme música y bailar. Tanto que ha desplazado mi hora de correr porque así es una hora más bailando. Culpo a la película de Billy Elliot y la de Ballerina, aunque en realidad siempre me ha gustado bailar.

Recuerdo cuando era pequeña y mis padres se echaban la siesta, justo a esa hora hacían un programa de videclips de canciones y yo me ponía a baimar intentando imitar a los bailarines. Siendo como anécdota central la vez que estaba bailando al son de Britney Spears y su "Oops, I did it again" (porque ya os he dicho que era pequeña y eran los 90 y Britney Spears era la princesa del Pop y los monos de látex rojo se llevaban xD) y, entonces, cuando acabó la canción, entraron mis padres en el comedor aplaudiendo supongo que tras haberme visto en mi pobre intento de seguir los pasos. Me acuerdo de la vergüenza que sentí sobre todo xD.

Pero sí, me gustaba bailar, ponerme películas de musicales y rebobinar mi canción favorita una y otra vez hasta que mi padre venía a reñirme diciendo que fastidiaría el vídeo.

En el fondo siempre me he dicho que tengo alma de artista. Me gusta todo lo que se considera un arte: bailar, cantar, dibujar, escribir... La lástima es que el arte no me ame tanto a mí y mis habilidades sean más bien limitadas. Aún así, en la soledad de mi cuarto, y siempre que la cámara de mi ordenador no esté hackeada y algunos tipos aburridos de algún punto perdido del planeta me estén observando, (lo cual muestra su profunda falta de algo que hacer con su vida que sea productivo) pues puedo olvidarme de mis carencias y pensar que domino la pista. O agarrar cualquier objeto cotidiano a mi alcance y convertirlo en micrófono improvisado para mayor tortura de mi hermano y vecinos.

Así que sí, mis queridos lectores, aquí me tenéis a punto de graduarme en la carrera más larga que existe y pensando en si todavía podría adquirir la flexibilidad para bailar ballet (probablemente no). Pero la pregunta está en el aire: ¿qué haré? ¿qué seré? A menos de un mes para graduarme, me encuentro a mí misma pensando en mi futuro más que nunca. Es raro supongo, al menos para mí. Nunca me he puesto a imaginar cosas serias sobre cómo vivir y qué hacer, llamadme loca, pero si me imaginaba algo de mi futuro siempre tomaba el control mi mente de escritora y creaba las más imposibles fantasías que me hacían feliz. Sin embargo, ahora me toca enfrentarme al mundo real en el que las cosas no son tan fáciles ni tan bonitas como las imagino, donde hay bolsas de trabajo y paro y declaraciones de Hacienda (que es algo que, obviamente, jamás incluyo en mis fantasías chachis). Y ¿qué haré? ¿que seré? Sigue repitiéndose en mi mente como una canción desentonada. 

¿Qué haré? Bueno, el futuro es incierto, pero por ahora las cosas van por puntos: 1) Terminar lo mejor posible las últimas cuatro semanas de carrera. 4 semanas. Después de 6 años, ¡me quedan 4 semanas! No se me da bien encajar lo de que se me acabe un sitio, nunca he sido buena para las despedidas. Y me cuesta creer que sean solo 4 semanas ya. 2) Lo siguiente está claro también, hacer los ECOES, preferiblemente aprobarlos y luego, seguramente, habrá que hacer papeleo para estar oficialmente graduado. Vale, seré oficialmente, graduada en medicina, ¿y, entonces, qué? 3) Prepararme el MIR e intentar no morir en el intento de desesperación absoluta y aburrimiento magno. 4) Cambiar el título del blog porque haré dejado de ser, oficialmente, una estudiante de medicina, ¿cómo lo titularé? Aún no estoy segura, imagino que Diario de una estudiante de MIR o algo así, porque no creo que esté preparada para perder lo de estudiante. 5) También quiero repasar y corregir la segunda novela, aunque aún no he hecho una gran labor extendiendo la primera. 6) Hacer el MIR e intentar sobrevivir, de nuevo, en el intento. 

Y, suponiendo que para febrero de 2018 haya hecho el MIR y siga viva y más o menos pueda elegir una plaza, entonces qué. Ah pues entonces, mis queridos lectores es cuando empieza el verdadero juego. Tendré que hacer 3 cosas de nuevo: 1) Elegir especialidad, ¿pediatría o psiquiatría? Me gustan los niños, pero la pediatría es tan clínica que hay muchas cosas que no domino y temo no ser capaz; la psiquiatría es algo que me viene de manera más natural porque tiene un componente psicológico mayor y se me da mejor leer a las personas, hablar con ellas, comprendo mejor las enfermedades psiquiátricas que las causadas por desequilibrios hidroelectrolíticos. 2) Lugar, ¿me quedo cerca de mis padres o me voy a la otra punta del país para que me dejen espacio vital? Es algo que debato mucho conmigo misma. Por un lado ya conozco los hospitales de aquí y eso te da cierta seguridad, por otro, no me gusta mucho esta ciudad, la verdad, soy más de montaña que de playa y quedarme en la ciudad de aquí significaría vivir, ahora ya sí, vivir ahí sin escaparme los fines de semana a mi pueblo. Y esto ya va más allá de estar cerca o lejos de mis padres, no tiene nada que ver con ellos de hecho, lo que quiero es un lugar que pueda llamar hogar, al menos durante cuatro años. No pasarlo mal como estos años de alquiler por los compañeros de piso o el ruido de la calle. Quiero que me guste, estar a gusto, dormir bien por las noches. Y a lo mejor para eso tengo que vivir en algún pueblo de al lado y madrugar todos los días para ir al hospital o algo así, pero no me importa. Entonces, aquí, a la hora de elegir el lugar es realmente complicado porque no puedo ir ciudad por ciudad de España viendo dónde podría dormir mejor xD. Y 3) Volver a cambiar el nombre del blog y, esta vez sí, reconocer que soy médica y o poner diario de una ex-estudiante de medicina, algo así. 

Oh, tantas decisiones, y a mí que me cuesta decidir qué quiero para desayunar O.O. 

Y ni siquiera me he puesto a pensar en qué pasará después, ¿querré estudiar otra cosa? ¿buscaré talleres online de escritura o cursos online de cosas literarias o históricas chachis? ¿Me iré con Médicos sin Fronteras a ayudar a niños? Eso me gustaría. Ayer se me escapó delante de mi madre y se pasó el resto del día enganchada a esa idea, ¿cómo lo diría?, no es que me dijera que no me iba a dejar ir porque ya estaría independizada, con mi carrera y mi trabajo (en ese supuesto hipotético), era algo más psicológico como recordarme o echarme en cara todas las comodidades que tengo en casa: un cuarto grande, el ordenador, internet, agua... básicamente cada vez que me veía con algo en la mano me decía "pues de eso no tendrás en África o donde quiera que te vayas, ¿cómo vas a sobrevivir?. También se lo dijo a mi padre en tono de burla, algo así como: "esta cría, que se quiere ir de vacaciones a una ONG". Tuve que matizar que no me iba de "vacaciones" con la ONG, me iría en mi periodo de vacaciones, que es otra cosa. En fin, el resumen es que no le gustó la idea y se esforzó lo posible por hacerme sentir incapaz de hacerlo, pero no es nada nuevo en mi madre ni en su modus operandi, así que tampoco hay sorpresas en ese respecto, solo que yo fuera lo suficientemente descuidada como para hablar de lo que quería hacer. En mi defensa diré que pensaba que estaba medio dormida. Pero se ve que eso la despertó. 

En fin, aún me queda mucho por decidir, por hacer, por vivir, por aprender.... y, por supuesto, por estudiar. No por nada esta entrada ha empezado sobre cómo los manuales repelen mis intentos por leerlos xD Así que trataré de volver a la carga...después de publicidad...Nah, es broma...en parte. Jo, es que tengo mucho que estudiar, pero también tengo tanto por leer que es como una lucha interna entre el Bien y el Mal que tiene lugar en mi mente, entre mi deseo de leer y mi sentido de la responsabilidad. Solo que mi pobre sentido de la responsabilidad lleva tantas batallas a su espalda que el pobre, yo creo, que se está tomando un descanso y no está luchando con demasiado interés, para mí que se ha ido de vacaciones o, bien, se ha fugado con mi memoria a algún rincón del plante de cuyo nombre, obviamente, no puedo acordarme. 

Pero hasta aquí por hoy de mi apasionante vida en esa batalla constante que resulta. PD. Ha entrado una mosca a mi cuarto y no la quiero matar, pero por más que le abro la ventana e intento guiarla a la libertad se niega a abandonar mis aposentos. Os contaré más, mucho más, ¿logré estudiar al menos unas páginas? ¿encontró la mosca la salida? ¿podré aguantar una merienda sin lanzarme a las napolitanas que mi madre ha comprado para tentarme y echarme en cara que en África no me darán napolitanas? Todo eso y mucho más...más o menos por aquí, algún día de estos xD.

Ánimo!

miércoles, 19 de abril de 2017

Maldito seas ácido láctico

Queridos lectores,

Hola a todos y a todas, espero que no siguierais preocupados por mi bienestar desde la última entrada. Para aquellos menos optimistas, confirmo que sigo viva. Como toda gran discusión en mi casa la del ... ¿sábado o era viernes?  (en vacaciones todos los días me parecen iguales), fue seguida por un periodo de Guerra Fría en el que básicamente reinaba el silencio en mi casa por miedo a que cualquier comentario hiciera explotar una nueva bomba. Por mi parte, y mirando el lado positivo, mis pocas ganas de encontrarme con mi madre hizo que me saltara el almuerzo y la merienda en más de una ocasión, beneficiando así mi intento de aplanar el abdomen para que me quede mejor el vestido de la noche de gala. 

Mas no temáis, mis queridos lectores, porque como suele pasar después de uno de los cortocircuitos mentales de mi madre, en cuanto a ella se le pasa el enfado todo debe volver a la normalidad. Y así ha sido. El día siguiente a los hechos relatados me preguntó hasta en tres ocasiones si estaba enfadada con ella a lo que respondí que no, porque ¿qué otra cosa iba a decir? Decir que sí hubiera significado exponer mis razones y arriesgarme a otra discusión sobre por qué ella tenía la razón y yo no tenía por qué enfadarme. Aún así y aunque supongo que es verdad que no estoy lo que se dice enfadada porque no está en mi naturaleza el estar enfadada demasiado tiempo, sigo sin querer estar demasiado con ella. Más que enfado, es como decepción, al recordar lo que me dijo y paso, básicamente y explicado en términos sencillos. Sin dejar de ser cordial, claro, no queremos que se repita lo del otro día, intento hablarle lo menos posible para evitar riesgos. Y ayer me dijo que estaba apática, ah como si no lo supiera yo. Sadee me dijo algo que me hizo gracia, me dijo: "si por lo menos se hubiera disculpado" (mi madre) y me hizo gracia porque ni lo había considerado la posibilidad de que se disculpase conmigo. Falta de costumbre imagino. 

El caso, pasando a hablar de otros temas, es que mis buenas y sinceras intenciones de utilizar las vacaciones para ponerme al día acaban topando con una barrera infranqueable: mis pocas o nulas ganas de estudiar. Qué rollazo tío. Pensaba que era solo cosa de ginecología porque tanto hablar y ver fotos asquerosetas de ciertas partes de la anatomía femenina podían quitarle las ganas a cualquiera, pero ahora que tras varios días (varios de retraso además) he logrado terminar gine y me tengo que poner con cardio (que la tengo atrasada desde que estuve con el TFG y me dio pereza mirarla) pues sigo igual o peor. Ah, traicionada por mi propia mente. Aunque quién me puede culpar, como decían y ya que estamos en las vacaciones que corresponden a la Semana Santa, "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" y si alguien tiene ardientes y fervorosos deseos de ponerse a estudiar los manuales que llevo atrasados puede apedrearme lo que quiera con tal de que se los lleve y se los estudie por mí (sé que esto incluye a Kim y a Ada, cuyo amor por la medicina e ir al día en la Cacademia trasciende límites, y estoy bastante segura de que tras tantas dominadas el brazo de Kim puede ser matador, pero confío en que no se tomen mis palabras al pie de la letra, o la próxima vez que os escriba lo haré desde el bonito mundo de la contusión craneal). 

Hablando de cosas craneales y solo porque me acabo de acordar, ¿os conté que una de las chinas de mi piso me preguntó qué tenía que hacer para que le hicieran un TAC? Sus razones eran que le dolía la cabeza y (mi favorita) que le habían salido canas xD. Mira, cómo tuve que esforzarme por no reírme en su cara y explicarle que el TAC 1) Es para urgencias y lo hacen los médicos cuando quieren, no cuando el paciente lo pide y 2) Ella no tiene ni siquiera seguridad social, tiene un seguro privado. Pero en fin, pueden agradecerle a quien quieran que soy buena persona, la diagnostiqué de una gran enfermedad conocida comúnmente como catarro o resfriado, le di hasta un frenadol y al día siguiente, después de haberse dormido todo el día (en serio, se levantaba cuando yo llegaba del hospital para comer) ya estaba mucho mejor. 

Pero, retomemos el tema, que parece que no puedo dejar de hablar de mis queridas compañeras chinas ni mi semana libre de ellas. No tengo ganas de estudiar, lo cual no es nada nuevo. Quizás lo más novedoso es que, para sentirme menos culpable, en esas horas de la tarde en la que estoy deseando tirar los manuales por mi balcón, en vez de relajarme leyendo como hago el resto del día, me pongo a hacer ejercicio. Ya os comenté, creo o puede que no, que he estado saliendo a correr y estoy una hora...andando, después de haber corrido 10 minutos. Pero ejercicio es ejercicio, oye. Sin embargo, justo estos días se ha puesto a llover tormentosamente en mis horas de salir a correr, y, por no seguir estudiando sin ganas, decidí ponerme vídeos de youtube de estos de Cardio y ejercicio intenso. Es mucho más productivo que correr xD. Porque como al final acabo andando en mi marcha de paseo pues sudar, lo que se dice sudar poco y si sudo algo es porque salgo a las 15:00 horas. Pero con los vídeos de youtube, no sé, tienen algo que me motiva. Además, ayer descubrí que hay vídeos de baile y me encanta bailar, ahí sí que lo doy todo. Ayer, de hecho, casi sin darme cuenta, me pasé una hora y media haciendo ejercicios entre vídeos y vídeos. Y me tuve que parar para ponerme a estudiar, que si no sigo. 

Es raro, pero bueno qué le vamos a hacer. También pago las consecuencias porque tengo unas agujetas de campeonato. Me duelen músculos que no sabía que tenía (a pesar de haber estudiado medicina y haber aprobado anatomía). Incluso anoche que me dio el insomnio y se me hicieron las dos de la mañana y estaba aburrida hasta de leer, no se me ocurrió mejor cosa que ponerme a hacer ejercicios de piernas. Así que sí, tengo unas agujetas que no me dejan ni respirar. De ahí el título, porque era el ácido láctico el culpable de las agujetas, ¿no? Para lecciones de fisiología os remito al Guyton, yo de medicina aquí solo suelo hablar para quejarme de ella. Y me acabo de levantar, no seáis tan exigentes. 

A veces lo pienso y me rio, porque sin comerlo ni beberlos, sin pensarlo apenas, he caído en casi todos los clichés que salen en las películas románticas tras una ruptura: 1) Fui a la peluquería y me hice más rubia, aunque eso fue antes de romper y se debe más que nada a querer llevar el pelo chulo para la graduación y eso 2) lo de hacer ejercicio como si no hubiera un mañana con sus respectivas agujetas, aunque también se debe a lo del vestido de la cena de gala. Pero aún así, y aunque en mi mente sé que no tiene nada que ver, me siento un cliché andante.

Bueno, me quedan ya pocas cosas que contaros para justificar el seguir un rato más sin ponerme a estudiar, así que supongo que tendré que animarme y ponerme a ello...a menos que me entre hambre en unos 10 minutos y, ¡vaya! pobre de mí, casualidades de la vida, escribiendo la entrada del blog se me ha hecho la hora de almorzar y todo el mundo sabe que no se rinde igual con el estómago vacío ;)

Hasta pronto y suerte! 

domingo, 16 de abril de 2017

El día en el que acabé llorando por las calles de dos pueblos

Queridos lectores,

Como imagino que nos pasa a todos, hay cosas de mí que me gustan, otras que me soporto porque no me queda más remedio que pasar tiempo conmigo misma y otras que, sinceramente, odio con toda mi alma. Una de estas últimas es ser una completa, absoluta e irremediable llorona en cualquier momento de la vida. Soy de esas personas que lloran cuando está triste o compungida, pero también he llorado de alegría o de un exceso de emoción. Y, al menos, yo lo reconozco porque he conocido personas que me decían con todo su toque dramático de alma torturada de novela que "ya eran incapaces de llorar" y luego han sido aún más lacrimosos que yo.

Aún así, odio que me vean llorar, siempre parece un signo de debilidad y, además, siendo sinceros, tampoco tengo un llanto lo que se dice elegante, me pongo roja y se me constriñe el cuello impidiendo que me pase el aire haciendo que durante unos agónicos segundos tenga la sensación de que me voy a ahogar, hasta que la única forma que me queda de volver a obtener oxígeno es soltar el aire que retengo sin darme cuenta en forma de un lastimero gemido. Un poco patético todo para mi gusto.

Aunque, dentro de esto, lo que de verdad odio es no poder evitar llorar de frustración. Y aquí empieza la verdadera historia: con el día en el que mi madre me hizo llorar por las calles de dos pueblos como a una chiquilla de jardín de infancia.

Mi madre, ese incomprendido ser que puede ser perfectamente afable y una buena madre, queriéndonos dar todo lo posible y que realmente tampoco necesitamos en ordenadores y regalos varios. Tan amable a veces que por momentos se te olvida la bestia que puede habitar en su interior y entonces es cuando cometes el primer error. Porque lo que debes saber con ella y nunca, nunca, nunca olvidar, es que se cumple uno de los derechos de detención de EE.UU: "tienes derecho a permanecer en silencio, todo lo que digas podrá y SERÁ utilizado en tu contra".

Pero, como siempre, voy a contaros la historia de la manera que pueda resultar más objetiva (siempre es difícil ser objetivo cuando cuentas tu propia historia) sin embargo, trataré de no ser en exceso victimista durante el relato de los hecho para que podáis ser vosotros mismos jueces de la situación. Tampoco es mi intención pintar a mi madre como la reina de todos los males, solo sabéis que necesito escribirlo para desahogarme.

Y las cosas fueron más o menos así... 

Corría una hermosa tarde de primavera. Habían venido estos días a pasar las Pascuas los primos de Barcelona con sus respectivos hijos, que son niños y a mí me encantan los niños (aunque aprovecho para decir que me di cuenta de que, además de mi ardua tarea viendo dibujos para estar al día con los niños, voy a tener que empezar a investigar sobre videojuegos porque ya no ven ni dibujos!). En fin, siendo su último día en el pueblo ya que se iban al día siguiente, mis padres y ellos decidieron comer juntos. El plato principal era paella que básicamente es arroz, pero como el día anterior en casa de mis tíos (en otra reunión familiar) ya comí paella y sigo en mi Cruzada de mantenerme en el peso para que me quede bien el vestido y no engordar más de la cuenta, yo decidí comer con mi abuela algo sano y ligero, para después reunirme con ellos un rato en la zona de las paellas. 

Hasta ahí todo bien, todo perfecto y chido, comí con mis abuelos tan tranquila. Y cuando se acercaban ya las 4:00 p.m. pensé si los niños me estarían esperando o algo para jugar y decidí ir para allá, también con la idea en mi mente de ir antes de ponerme a estudiar para no tener que interrumpirme luego para ir a verlos. 

Resulta que la paellla no era simplemente hacer una paella en casa de alguno de los primos y ya está, sino que era parte de la fiesta del pueblo, en la discoteca. Cuando entré al lugar de los hechos y vi a la gente, pedo como Alfredo ya a esas horas, con música de banda sonando y tanta gente gritando...puede que una parte de mí se sintiera transportada al infierno. Y, entonces, una bombilla se encendió en mi mente. ¿Sería acaso aquel evento el mismo que hicieron el año pasado (al que yo no fui) con otros primos y del que no regresaron hasta casi las 8:00 p.m.? De ser así eso supondría que toda mi tarde de estudio se vería claramente afectada, porque me había llevado libros, pero estudiar con mi abuela que está mal del oído viendo la tele no es lo mejor para la concentración. Así que, todavía en shock por el descubrimiento, mi madre vino hacia mí y, sin poder contenerme le dije algo así como:

- "Esto es como la fiesta del año pasado en la piscina que no llegasteis hasta las 8 de la tarde? Porque no voy a poder estudiar. Si lo llego a saber, no vengo."

Mi madre, afectada por mis palabras, decidió ir a por las llaves del coche y llevarme a casa (que mi casa está en otro pueblo, aunque más o menos cerca) para que no la molestara luego por no haber podido estudiar. En el tiempo en el que fue a buscar las llaves del coche, me quedé pensando y, aunque no me apetecía pasarme toda la tarde sin poder estudiar, tampoco me quería ir ya corriendo 1)Porque entonces no me daría tiempo a despedirme de los niños que se iban al día siguiente y 2) porque no quería molestar y hacer el numerito de la "hija estudiante-agobiante" que hace que la lleven a estudiar. Porque, sinceramente, ¿cuántas veces os he dicho que estaba escribiendo por no ponerme a estudiar? Creo que podía permitirme otra tarde de no estudio intenso, y repasar un poco o subrayar con los libros que había dejado en casa de mi abuela. 

Así que le dije a mi madre que daba igual, que no me llevara a mi pueblo. "Estoy aquí un rato con los niños y me voy a casa con la abuela, a estudiar. Y luego me iré a correr, total, esta tarde iba a salir a correr, pues salgo ahora y esta tarde en casa estudio." 

Mi madre casi pareció convencerse entonces, estuve un rato más fuera, pero empezaron a salir dos primas de mi madre para ver qué pasaba y yo les dije que no hacía falta que me llevaran; y mi madre les dijo que si no me llevaban luego iba a estar (perdonad la expresión, pero es por ser fieles a la realidad) "dando por culo". Me comprometí totalmente a no dar por culo si me dejaban que me fuera a casa de mi abuela. Básicamente le dije "no te voy a molestar ni te diré nada". Pero la prima de mi madre, que en realidad fue la primera que me dio ganas de llorar ahora que lo pienso, se metió en la conversación diciendo: "claro, tu madre tiene razón, si vas a venir dentro de una hora o dos a dar por culo cuando estemos con los cubatas o pasándolo bien, mejor que te vayas ahora y nos dejes tranquilos".

A lo que, sintiéndome tan querida en ese momento (modo ironía on) volví a repetir mi deseo de quedarme y de no darle por culo a nadie. Y, no queriendo discutir más, aunque aún no me había despedido de la gente, decidí irme a casa de mi abuela con la promesa de no volver a molestarlos en toda la tarde, pensando en que podría correr una hora por el pueblo que es bonito y buscar algún sitio tranquilo para estudiar. 

Pues bien, no había ni doblado la esquina cuando oí a mi madre, que se había quedado con sus primas, diciendo que me iba a llevar a mi casa, y salió andando detrás de mí. No queriendo volver a mi casa, ni montar el espectáculo ni que mi madre me acompañara en un pueblo en el que hasta mis primos de Barcelona de cinco y seis años van solos por la calle en bici, seguí andando sin esperarla. Pero eso no detuvo a mi madre, que tampoco pilló la indirecta y empezó a chillarme por la calle. Así fue, al cabo de un rato de esta lastimosa persecución en la que yo le gritaba que me dejara en paz y volviera a la fiesta, que no me quería ir y ella me decía que sí, que me iba a mi pueblo, empecé a llorar. ¿En qué momento exacto? No lo sé. Sé que por el camino mi madre ya empezó a hacer ciertos comentarios algo hirientes, pues ella estaba y, seguramente aún lo estará, convencida de que todos mis problemas de temperamento en ese momento se debían a que, según ella, me había dejado mi ex-pareja, eso ya empezó a gritarlo por la calle: "si estás tonta porque te han dejado no es mi culpa". Llamó a mi padre al móvil, lo hizo ir con el coche a la puerta de la casa de mi abuela, por el camino me encontré con un par de primos de unos doce años o así que estaban en la calle con más libertad que yo, y me saludaron y les devolví el saludo con mi cara de lágrimas y mi madre siguiéndome mientras gritaba, tomé mis cosas de casa de mi abuela, me despedí de ella mientras seguía gritando y le dije que me llevaban a mi pueblo porque mi madre quería y me subí al coche. 

Recé y de verdad lo deseé, que cumplido su anhelo, mi madre me dejara entonces tranquila y se quedara con sus primos mientras mi padre me llevaba a casa para encerrarme donde pertenezco, pero en el fondo sabía que no sería así porque una vez liberada la bestia no va a volver a su guarida tan fácilmente. Antes, querrá disfrutar del sabor de las lágrimas y el sufrimiento de sus víctimas. 

Obviamente, en todo el trayecto del viaje en coche no fue necesario el acompañamiento amenizante de la radio, ya que los gritos de mi madre lo ocupaban todo. No puedo, ni quiero recordar todo lo que decía. Obviamente, que le había hablado de muy malas maneras (véase mi primera frase en esta historia, y casi la última sobre que tenía que haberme quedado en casa, que tal vez se lo dijera en mal tono, no me grabé para comprobarlo, pero desde luego sus gritos superan de nivel a mi tono de enfado), que siempre hago lo mismo para fastidiarla, ah sí, que todos estamos en su contra, eso es, pobre de ella, porque decía que lo había hecho a propósito para arruinarle la tarde con sus primos sabiendo que ella se lo estaba pasando bien. Más cosas de ese estilo. Y, otra vez, mi momento favorito (por favor, nótese la ironía de nuevo), cuando me dijo exactamente que estaba "amargada", esa fue la palabra exacta, porque me había dejado mi ex-pareja. Se pasó por mi mente matizar que fui yo quien dio el paso de acabar con la relación, pero no creo que a mi madre le interese nada de mi vida si no es de su conveniencia; tampoco le especifiqué que ya hacía un mes de eso y que, incluso, suponiendo que hubiera estado mal ella no me preguntó en ningún momento cómo estaba o si necesitaba algo, meramente se ocupó en atacarme con las armas que tenía en ese momento. 

Y luego, se repitió y se repitió y se repitió, la misma cantinela, los mismos gritos, sobre que todos estamos en su contra y queremos fastidiarla y la queremos dejar a ella como la mala cuando ella era la que tenía toda la razón y la única víctima aquella tarde. La discusión, que realmente era el monólogo de mi madre enfadada, duró toda la tarde y toda la noche y mi madre no volvió al pueblo con sus primos, prefiriendo quedarse en casa conmigo donde podía estar enfadada con libertad. 

Aún así, logré irme a correr, será mi pequeño logro, y aún así lo hice porque como no se iba de casa, tenía que estar todo el rato luchando por contener las lágrimas (sin mucho éxito) así que salí a correr, entre otras cosas, para poder llorar a gusto. Y así fue como acabé llorando por las calles de, todavía, otro pueblo, eso sí, por las afueras. Me jode mucho que, después de todo y de lo enfadada que estaba con mi madre en ese momento por todo lo que me había dicho y el espectáculo que había montado por una frase, no fui capaz de irme a correr por el río, que es la zona no permitida por ella y acabé siguiendo el camino asfaltado. Aunque ese es otro tema, porque a mi madre el río que va por fuera del pueblo y por el que va todo el mundo a correr, le parece sumamente peligroso; pero que me vaya al polígono, que está mucho más abandonado y solo hay algún que otro hombre por ahí, le parece mucho mejor. Sinceramente, si me preguntáis dónde creo que corro más riesgo de ser secuestrada y vilmente asesinada apostaría mi dinero por el polígono, pero ese es otro tema. 

En fin, somos todos culpables en nuestras partes, porque si A) yo no hubiera hablado y hubiera recordado que cuantas menos cosas le diga a mi madre en un tono que no sean sonrisas y palabras agradables, mayor será el riesgo de que pasen cosas así (lo mismo que pasó en mi cumpleaños, vamos) la cosa no habría empezado, B) que, aún habiendo provocado que comenzara a despertarse la bestia, me hubiera callado y resignado a que me trajeran a mi casa sin tratar de oponer resistencia, tal vez tampoco se habría liado tanto, pero C) estamos hablando de una frase, ¡una frase!, una oración compuesta expresando mis pensamientos más íntimos sobre mi arrepentimiento momentáneo de no haber sabido previamente exactamente a qué me exponía cuando iba al pueblo a comer, y, sinceramente, no me excuso, pero es que aunque lo hubiera dicho en el peor de los tonos imaginables, aunque lo hubiera dicho con un coro de demonios a mi espalda haciéndole burla a mi madre, me parece desproporcionado todo el jaleo que se montó y los reproches de mi madre, ya no sus gritos, pero sobre todo el golpe bajo y rastrero de intentar hacerme sentir mal sobre mi ruptura que sería lo único que le venía a la cabeza. 

Ah, y otra cosa que me da mucha rabia es que, obviamente, y por mucho que mi madre quiera decir y luego, de ansiedad e impotencia de ver que llegados un punto no le hacíamos caso, se pusiera a llorar diciendo que todos estábamos en su contra y que ella tenía la razón, que la queríamos dejar como la mala; si, en caso de una discusión así en la que todos perdemos años de vida y dignidad, se puede decir que ha ganado alguien, esa será mi madre, porque mi madre siempre gana y esa es una lección que sí tengo aprendida, porque la historia de los vencedores es la que se cuenta. No aquí, claro, porque yo os cuento mi versión. y si esto llega a oídos de mi madre temeré seriamente por mi vida, pero la versión que se moverá en la familia, la que llegará a los primos sobre por qué nunca volvieron a la fiesta y por qué yo iba llorando por la calle, será algo que me haga quedar como una adolescente caprichosa que tiene que hacer lo que quiera y cuando quiera y quiere fastidiar el bienestar de sus padres, a pesar de tener 24 añazos. Y me da mucha rabia. Porque seré muchas cosas, muchas cosas malas también, pero desde luego no soy caprichosa, ni hago lo que quiero cuando quiero a pesar de lo que diga mi madre. Para ella que tome una decisión que va en contra de lo que ella quiere o dice es hacer lo que yo quiera siempre, y lo dice recriminando como si fuera algo malo. Pero, lo repetiré sin vergüenza, tengo 24 años, soy joven, pero ya no soy una niña, yo soy la que tiene que tomar mis decisiones, claro que tengo que hacer lo que yo quiera, para eso es mi vida. Sin embargo, no soy ni nunca he sido alguien egoísta, si he tenido que anteponer a mi familia o a cualquiera antes que mis deseos, lo he hecho. Kim me preguntó qué iba a hacer con la vendimia y el MIR esta año, porque el trabajo físico de un día entero no pega con las 8 horas de estudio obligatorias y ella me decía que sacarme mi plaza era más importante; pero a mí nunca, en ningún momento hasta que me lo dijo ella se me paso por la cabeza la idea de que estudiar mejor durante el mes que dure la vendimia podía ser más importante que ayudar a mi familia, como hago todos los años. 

No me considero perfecta, pero desde luego no soy egoísta y, quizás por eso, porque me esfuerzo en no serlo y en ser la mejor persona posible, me da rabia que al final la visión que se vayan a llevar los primos de mi madre de mí sea precisamente lo contrario porque su versión prevalecerá. Menos aquí, porque este es mi rincón, y, a pesar de haberme comprometido a ser objetiva en el relato, al final he terminado dando mi opinión, claro. Aunque los hechos en sí han sido más o menos objetivos dentro de lo subjetivo de la memoria. 

En fin, al final, como pasa en todas las guerras, todos salimos perdiendo, porque ni ella pasó la tarde con sus primos divirtiéndose ni yo pude apenas estudiar entre las discusiones, los gritos y el dolor de cabeza de llorar. Pero de nuevo, la que una vez llegados aquí no quiso volver a la fiesta fue ella, porque yo lo que más deseaba en aquel momento era precisamente que se fuera y me dejara tranquila. Así que en esa parte no me culpo. Sobre el comienzo podrá ser todo cosa mía, podrá sumarlo a mi lista de pecados imperdonables por llevarle la contraria en algún asunto de la vida, pero no volver a la fiesta y pasarse toda la tarde y toda la noche discutiendo y ni dormir ni dejar dormir, eso fue ella y solo ella, porque yo llegó un punto en el que dejé de hablarle, dejé de escucharla y me limité a contestarle a lo que preguntaba y darle la razón cuando me la pedía. 

¿Objetivo todo verdad? Bueno, cosas de la vida. A ver si al menos ahora que ya me he desahogado por aquí y mis padres se han ido a pasear, puedo aprovechar la paz para ponerme a estudiar y claro, merendar, porque por no enfrentarme a mi madre estoy evitando salir de mi cuarto todo lo posible. Así que, ahora que lo pienso, aprovecharé para ir al baño y traerme provisiones a mi cuarto. 

Ánimo y suerte!

jueves, 13 de abril de 2017

El orgullo de mi bata

Queridos lectores, 

Pues aquí estoy de nuevo. Lo sé, no vais a saber qué me ha dado últimamente, ¿qué han sido, unas tres entradas esta semana? Entre las mañanas libres de traumatología y mis pocas ganas de ponerme a estudiar os he estado, prácticamente, acosando. Aunque hoy tengo una buena noticia, mucho mejor aún, una gran noticia!!! Son vacaciones por fin!!! Celebrate good times oh yeah. Una semana y media en mi casa, que tiene también sus cosas malas, no creáis, porque aquí mi madre cocina y compra mucha comida, y además, comida que me gusta, que a lo mejor pensáis que no es tan malo, pero teniendo en cuenta que tengo que cuidar mi dieta en las próximas semanas porque cuando vuelva de Pascuas tendré que probarme el vestido de la noche de gala y como me sigan comprando croissants no sé si cabré. 

En mi defensa diré que ahora mismo, mientras os escribo, hay una bolsa llena de croissants, ensaimadas, saladitos de toda clase y no he probado ni uno, hasta ahí llega mi fuerza de voluntad. Otra cosa es que puede o puede que no me haya comido un helado esta mañana (que sí me lo he comido) y mi intento de una comida ligera ha terminado con un asalto a la nevera para robarle el salchichón, aunque siendo sinceros, la nevera no ha opuesto demasiada resistencia, esa es la verdad. 

Pero, en fin, en resumidas cuentas, y quitando el mínimo detalle de la comida por el que realmente no debería quejarme, estoy contenta de estar en casa por fin y tener unos días de descanso, poder dormir como una persona normal, no tener que estar corriendo a la biblioteca para refugiarme de las invasiones asiáticas y no tener que ir a prácticas, durante al menos una semanita. Se me va a hacer corto, lo sé. También sé que, de todo lo que me había planeado y organizado para ponerme al día y estudiar arduamente, voy a cumplir la mitad (con suerte) sobre todo si juzgamos por hoy que era el primer día y, en vez de empezar las vacaciones terminando el manual de Ginecología como estaba previsto, me he ido a montar a caballo y después he pasado la tarde leyendo y ahora escribiendo en el blog. 

¿Razones? Bueno, además de mi pereza extrema, razones tengo, la primera que mis padres ya habían organizado lo de salir a montar a caballo con mi prima pequeña que venían estos días de fiesta desde Barcelona y, aunque odio realmente que me organicen mi tiempo, no podía decir que no, no sé decirle que no a los niños. Lo de esta tarde tiene menos excusa, simplemente me dolía la cabeza y no me apetecía, esa es la verdad, ¿para qué mentir llegados a este punto?

Siempre puedo mentirme a mí misma, eso sí, y decirme que necesitaba un día para descansar después de estas semanas de prácticas y la Orla de ayer. 

Oh, hablando de la Orla, ¿queréis que os la cuente? Bueno, como os dije, mi bata quedó super chula. 





¿Chachi, verdad? Creo que, de todo lo que he hecho estos 6 años de carrera, decorar esta bata puede que sea una de las cosas de las que más orgullosa me siento, por triste que suene xD. 

Claro que yo no sabía muy bien como iba esta cosa de decorar la bata, solo me dijeron que pusiera mi nombre y luego la gente te la firma. Pero ahí ya tuve un primer dilema, porque yo no soy excesivamente popular y no sabía cuánta gente me querría firmar o si me daría vergüenza pedirlo o algo, por eso pensé en hacerme dibujos dispersos para que me quedara menos vacío si al final no me firmaba demasiada gente. Resulta que, o bien subestimé mi popularidad con la gente o el alcohol los vuelve a todos más cariñosos, pero sí que firmó bastante gente. Y eso que casi no les dejo firmar porque me había quedado tan bonita la bata que temía que alguien me estropeara algún dibujo. 

Otra cosa que no tuve en cuenta es que cuando dijeron nombre, se referían a poner "Dr/Dra. y tu apellido" Yo puse Laura, porque es mi nombre y no soy gran fan de mi apellido. Aunque se me ocurre que podría haberme puesto Dra. Novel debajo de la rosa con el mensaje subliminal de mi libro (a saber #laRosadeSangre). Porque Novel es el apellido de mi protagonista además del mío aquí. 

Me gustaría deciros que mi bata era la mejor y la más bonita (y lo cierto es que para mí lo era porque tenía a Dory y a Olaf y minions) pero es cierto que había otras muchas batas bastante chulas, había gente que casi se pintó cuadros en la bata, me gustaría saber qué material usaron. Porque, básicamente yo, con mi conocida antelación, me decidí a decorar la bata el día de antes y, como tal, compré los primeros rotuladores que encontré y me puse a dibujar. Pero si tuviera algún material que no se borrara con el agua (no como mis rotus que eran para niños y están hechos para que si se manchan la ropa, la mancha se borre) me decoraría así todas mis batas en el futuro. Si, al final, termino siendo pediatra, os juro por el Snoopy de mi bata, que iré así. Seré la pediatra más chachi y mejor vestida de todo el servicio.  

Bueno, sobre la fiesta en sí, estuvo bien, sabéis que yo no soy el prototipo general de persona que se va de fiesta porque no me gusta beber alcohol, pero me encanta bailar y eso solo me desinhibe, a ratos hasta parece que realmente voy algo ebria por lo emocionada que estoy de estar bailando, y esas cosa, pero en general, me evito la parte en la que el alcohol te nubla el juicio. Claro que también puede que me pierda partes divertidas, a juzgar por unas cuantas cosas que vi en la fiesta, incluyendo sesiones de morreos (make out en inglés) entre varias personas de clase sin ninguna relación amorosa conocida que sepamos, incluyendo (y esta es la mejor parte) entre chicas que aparentemente son heteros pero que con el alcohol quieren experimentar. No lo sé. Pero oye, a mí me parece estupendo. Por lo menos yo me evito la resaca. También es verdad que iba con Kim y Ada que se pasaron más rato hablando del MIR, de sus netas, de las plazas de residencia que quieren...que bailando. Qué chicas. En realidad, bailar, lo que se dice bailar solo lo hicimos en la última hora que estuvimos ahí cuando encontramos la zona más discotequera en la que no ponían solo reggaeton (porque una chica solo puede escuchar hasta un cierto número de canciones de reaggaeton seguidas y seguir con ganas de bailar). Cuando entramos ahí y pusieron a Ed Sheeran fue como si me dieran de beber tras un largo día en el desierto. 

Y tras unas cuantas horas en una discoteca, hablando del MIR y mirando a la playa desde el balcón y un poco de baile, volví al piso y esperé a que mis padres vinieran a recogerme para volver a casa. Bien está lo que bien acaba. Excepto esta entrada, porque cuando la terminé tendré que ponerme a estudiar. Pero dejaré de procrastinar ya porque tengo mucho qué hacer y poco tiempo, especialmente si mis padres me siguen imponiendo planes como hoy. 

Así que allá voy!!...en cuanto meriende...jajaja ¡Ánimo!

martes, 11 de abril de 2017

El día de la Orla

Queridos lectores,

Hoy es un nuevo día, un nuevo día de primavera, un nuevo día de prácticas y un nuevo día en el que no nos hacían caso en prácticas y mi compañero y yo hemos acabado en biblioteca. La mala noticia es que la fuente de agua no funcionaba y no he podido gorronear el vital líquidos. Y no penséis mal de mí por gorronear porque yo solo me lleno una botellita de medio litro, porque un día vi a una chica llenando una garrafa de 8 litros. Qué barbaridad, lo sé, con el poco chorrito que sale se pasaría ahí horas.

Y, bien, hoy me había propuesto emplear la mañana en estudiar (y lo estoy haciendo entre otras cosas) pero he madrugado mucho, aún no he almorzado y necesitaba despejarme escribiéndoos. Pero, como os decía y prometía, empleé la mañana en estudiar, lo que no ha sido tan así con la tarde. 

Mañana, queridos míos, es lo que se conoce como el Día de la Orla, más allá del Vino de Honor (del que ya os hablé), el día de la Graduación y la Cena de Gala (de los que ya os hablaré en su momento), si hay una tradición que los estudiantes de medicina aman con todo el kokoro es la Orla. No hace falta ni siquiera ser de sexto para disfrutarla, quizás por eso es tan bien amada, ya desde nuestros tiernos años de primero podemos asistir a esta, la macrofiesta del año, en el que los estudiantes de medicina se pasan el día de fiesta, desde las 10 de la mañana hasta que aguante el cuerpo. Como quizás os podéis imaginar, yo no he sido una fiel asistente durante mis años de carrera, fui una vez, más exactamente en cuarto y me lo pasé bien pero mi cuerpo no está tan hecho para la fiesta sin parar. Y como este año es mi Orla, es decir, soy de sexto y es mi último año, pues me he propuesto ir. Como novedades ir de sexto te permite y obliga a ir en pijama de hospital y bata. Que me he tenido que comprar a propósito. Y uno pensaría que ya que me compro una bata nueva podría usarla para prácticas y llevarme de fiesta a estropear a vieja, pero mi madre que no sé con qué ojos me mira, me compró una bata que me viene enorme hasta la exageración, así que usaré esa porque no me va la talla. En fin, mejor para mí porque resulta que hay que tunear la bata, arreglarla, dibujar en ella y resulta que...me encanta. Me he pasado toda la tarde haciendo toda clase de dibujos, pero en serio, toda clase. Me he vuelto loca con los rotus y no me avergüenza reconocerlo. 

Me gustaría poneros fotos, pero ahora no puedo conectar con las dem móvil porque las fotos que le he hecho han sido desde whassap y como ya me he metido en biblioteca no puedo sacar la bata para hacerle fotos xD. 

A ver, qué decía...Ah sí, estaba yo muy tranquila tuneando mi bata, dibujando a Minions, Dory y pitufos en la sala de estudio cuando ha llegado la bata para ponerse a practicar, qué desconsiderados. He intentado aguantar hasta terminar el dibujo que estaba haciendo, pero en cuanto he oído una trompeta he sido incapaz de quedarme allí. He huido como alma que lleva el diablo con mis rotus a otra parte. 

Mañana será un día, como poco interesante. Veréis, os cuento, no tengo que ir a prácticas, nadie va el día de la Orla, otros años me hubiera ido tal como esta tarde a mi pueblo, pero este año me quedo, así que me levantaré y sentiré un profundo vacío en mi ser porque no tengo que ir a ninguna parte y tendré unas cuantas horas en las que no sabré qué hacer con mi vida. Por ahora valoro dos opciones: quedarme en el piso y seguir tuneando mi súper bata médica versión pediátrica que tiene hasta llamas o venirme a la universidad donde seguiré con la bata, todo depende de lo mucho o poco que me molesten los compis de piso (ya sabéis). Luego tendremos que almorzar bien. He quedado con Ada y creo que Kim viene, aunque la verdad (y sé que Kim leerá esto) a ella se le nota en el cuerpo que no tiene ninguna ganas de ver en qué consiste la famosa Orla, solo viene porque este año nos hemos apuntado casi todas. Ah y de ahí, seguiré a la manada para que me lleven al sitio en cuestión. 

Luego estaré ahí hasta que me vaya y fin. Qué gran historia. Pero, cuidado, que aún viene lo mejor... redoble de tambores por favor... son vacaciones de Pascua!!! Va a ser fiesta y mi cuerpo lo sabe, mi cuerpo lo sabe y está deseando estar en casa sin chinas durante unos días para poder dormir con libertad y ponerme al día de la Cacademia, dos planes a cual más apetecibles y que me llenan de orgullo y satisfacción. 

Por cierto, y hablando de estudiar, se acerca la Orla y, como decía, el cuerpo lo sabe, pero en este caso es el cuerpo estudiantil. Porque me he pasado la tarde en otra parte decorando la bata y cuando por fin se me han acabado las opciones y he decidido venir a la biblioteca yo esperaba luchar por un asiento libre y resulta que está mucho más vacía de lo habitual, hasta podía elegir y había bancos enteros libres. Eso está chachi, admitámoslo, me ha hecho un favor porque he tenido que huir de mi gran lugar en la sala de trabajo por las trompetas. Y es que tengo taaantas cosas que hacer y taaaan pocas ganas, que es un milagro que me mantenga de pie o, bueno, en realidad estoy sentada, pero todavía más que os pueda escribir. Lo sé, lo sé, que deje de hacerme la víctima que os escribo porque quiero y porque, precisamente, no quiero estudiar, jiji, como me conocéis, pero va sed tolerantes conmigo que este último mes en el rotatorio entrábamos más pronto que en ningún otro. Los lunes que llegaba de mi pueblo desde el autobús de las 6 am tenía que correr como alma que lleva el diablo para llegar a tiempo. Después, en muchos casos me pasaba la mañana ignorada. 

Es curioso porque el primer día de trauma la verdad es que me encantó, me dejaron lavarme para el quirófano por primera vez, me dejaron ayudar y me sentí integrada cual ecuación matemática, hasta salí del hospital con la sensación de haber hecho algo importante, sabes, iba por la calle pensando que le habíamos cambiado la vida a un niño y que su calidad de vida mejoraría, que quizás podría andar...ya veis, yo que lo más importante que hice fue sostener el aspirador y alguna que otra pala, pero aún así me sentía bien conmigo misma, así como feliz. Sin embargo, alguna trampa tenía que tener el empezar en un sitio con tan buen pie y es que cuando me cambiaron de médico y me tocó otra parte del servicio, mis días de sentirme útil en esta vida se acabaron y me ignoraron tanto que mi pobre ser se quedó sin defensas ante la corrupción de mi compañero de prácticas que me tentaba para irme a estudiar a la biblioteca...ah, pobre de mí...sí, sí, ya paro con el victimismo, vale que los dos queríamos ir a biblioteca y no es que pasarse la mañana estudiando sea un plan tan apetecible y malote como para considerarse corrupción me temo xD. 

Y volvemos donde empezamos, conmigo en la biblioteca porque no me hacían caso en prácticas. Ah triste vida la del estudiante de medicina. Cuando terminen las vacaciones y vuelva a mi pequeño infierno asiático personal empezaré en Ginecología, especialidad que no me gusta donde las haya. La parte de obstetricia, que es la de los bebés, puede ser desde un punto de vista filosófico bonito, pero sinceramente, todas las fotos de vaginas en el momento del parto y posterior son lo único en esta vida que ha logrado disminuir mi acuciante deseo de ser madre, que dado mi gran instinto maternal está conmigo desde los albores del tiempo. Así, cada vez que estudio gine me gusta más y más la opción de adoptar. 

Mas no temáis mis queridos lectores, cuando empiece en el servicio evitaré las descripciones gráficas y/o potencialmente dañinas para vuestra sensibilidad emocional. 

En fin, como ya se va haciendo hora de irme a casa y para 15 minutos de biblioteca no voy a ponerme a estudiar, me voy a ir despiediendo. Esta ha sido una manera muy provechosa de usar una tarde. ¿Sabéis qué? Mañana también me habían dicho de ir a mi antiguos instituto a hablar de mi libro y la verdad es que me apetece un montón, pero le dije que otro día porque la Orla solo es este día y este es mi último año, pero al instituto podría ir otros días. Sin embargo y como el antiguo profe que lleva el tema no me contestó para darme otra fecha, me parece que acabaré escribiendo aquí el discurso que les hubiera dado sobre la vida y la medicina, dos grandes cosas que, a veces, parecen ser inmiscibles.

Bueno, deseadme suerte para que no me pierda por algún lugar de la ciudad mañana, por suerte para mí no bebo alcohol, así que será menos probable, pero quién sabe :) Ánimo!

lunes, 10 de abril de 2017

Rareza Certificada

Queridos lectores, 

Aquí estoy de nuevo tras otro apasionante día de quirófano... y por apasionante me refiero a que no nos hemos podido lavar ni hacer nada y nos han echado... y por echado, me refiero a que mi compañero y yo hemos decidido que aprovecharíamos más el tiempo yéndonos a la biblioteca que mirando espaldas...y vale, "por mi compañero y yo" me refiero a mí pidiéndole que nos fuéramos. ¿Contentos de haber sacado a la luz todos mis pecados? Bueno, tampoco podéis culparme porque, como cada lunes, me he levantado a las 6 a.m. para venir desde mi pueblo a la universidad y llevaba ya unas cinco horas sin comer nada y de pie aburriéndome cuando le he dicho a mi compañero que nos fuéramos. Él, además, todo hay que decirlo, ya me lo había propuesto un rato antes y decliné sintiendo que era demasiado pronto. Pero cinco horas sin comer son cinco horas sin comer. Además anoche soñé algo muy raro, como que una pareja de una telenovela que solía ver estaba discutiendo por los resultados de las carreras de Fernando Alonso (un piloto de F1 español).

Pero, en fin, dejemos de pensar en el pasado y afrontemos un nuevo día y todo lo que nos puede esperar. Que en mi caso, las grandes incógnitas pueden ser: A) ¿Saldré a correr o me podrá la tentación de sentarme?  y B) si aguantaré viva hasta que llegue la hora de la comida. Porque, aunque nos hemos escapado de quirófano, tenemos que volver al seminario a por un taller de regalo que nos hace una médica.

Realmente, no es que tenga muchas cosas que contaros, pero para una hora libre que tenía, mi mente estaba decidida a no emplearla en estudiar. ¿Y qué mejor manera de emplear mi no tan valioso tiempo que escribiendo a mis queridos lectores? Pues no se me ocurren demasiados, pero para que valga la pena tendría que empezar a escribir algo razonable y no dedicarme solo a halagaros.

¿Os he dicho ya que la primavera es mi parte favorita del año? Y lo bueno de este año es que, a diferencia del resto de años del resto de mi vida, no estoy agobiada en primavera para relajarme en veranos; sino que estoy agobiada en primavera, pero con perspectivas de estar mucho más agobiada en verano. Lo cual hace que valore mucho más esta estación y los días de paz que todavía me quedan. Por ejemplo, cuando salgo de la Cacademia, los domingos no hago nada, es mi único día de descanso en la semana y, me he propuesto, aprovecharlos para descansar realmente. O salir a que me dé el aire, ese raro fenómeno de la naturaleza que dejaré de conocer a partir de julio cuando empiece la Fase Intensiva de preparación del MIR. Lo mismo pasa con otras cosas de la naturaleza como los rayos del sol o el trinar de los pajarillos, placeres prohibidos cuando me encierre en mi cuarto cual anacoreta a estudiar. Fíjate, tantos años de niña pensando qué sería de mayor y no me daba cuenta de que acabaría siendo el Gollum... Damn qué poco optimista estoy hoy, y eso que, efectivamente, la primavera me gusta. Siempre que salgo y veo las flores y los árboles con hojas y colores pienso en que Deméter debe de estar feliz de haber recuperado a su hija Perséfone de las garras de Hades. Pobre Perséfone, encerrada en el Inframundo por un poco de fruta...

Ah, ah, pero los mitos griegos ya son otra historia y, además una que he contado otras veces, no os aburriré repitiéndome contándoos la historia de Perséfone o cómo los "cucos" son mi flor favorita porque solo salen en esta época en el campo y me anuncian la llegada de la primavera.

Y no me repetiré porque me he dado cuenta de que es un mal vicio que he cogido últimamente...mentira, lo he tenido siempre. Pero, tal vez, quiero pensar que viviendo con chinas y oyendo solo hablar en chino, se acucian mis necesidades comunicativas, y a todo pobre infeliz que pillo por banda le acabo contando mi vida. Puede ser testigo o víctima de los hechos, quizá mejor dicho, mi compañero de prácticas en este rotatorio, que cada vez que coincidimos en el quirófano y nos tomamos un café me pongo a hablar como si no hubiera un mañana. También lo hice con su novia a la que casi secuestré almorzando durante una hora para hablar.

Y, el caso es que , escribo y cuento los pormenores de mi vida, hablo por whasapp o como se escriba con gente, pero es verdad que hay algo cuando me pongo a hablar con gente de manera oral que hace que pierda todo autocontrol y las palabras se escapan de mi boca antes de poder darme cuenta de qué clase de locuras se están escapando. No por nada soy rara certificada por el Servicio de Neurología de mi hospital. Todo fue tras un par de días en los que una neuróloga me escuchó contándole mis cosas raras al neurólogo que, no es que me asignaran, pero me puse con él y me gustó y el pobre me tuvo que aguantar. Primero fue porque cuando ponía resonancias en plano coronal yo veía en los ventrículos los ojos de una cara y miles de formas extrañas, sobre todo caras sí, también pensaba en lo bonitas que serían las resonancias cerebrales si las pudiera pintar con acuarelas. Otro día creo que hablábamos de Nietzche, otro de Thomas Mann...El caso fue que finalmente un día nos dijo "habláis de cosas muy raras" a lo que respondí sin pensar "es que yo soy rara" y nadie se opuso. Así que rareza certificada por expertos y todo, aquí me tenéis divagando una vez más. Ah el otro día, en el quirófano (un día en el que sí me dejaron vestirme y participar) me puse a hablar sobre las múltiples constituciones españolas con un cirujano. Me gusta mucho cuando estoy en algo médico y puedo demostrar lo que sé sobre, básicamente, cualquier otro campo que no sea la medicina. Porque me preguntó por artículos de la constitución y fechas y me las sabía; pero cuando me dijo "¿qué músculos son estos?" estaba más perdida que un pato en un quirófano (no se me ocurrían símiles xD).

Sí, un poco triste. Pero si estudiando medicina y estando rodeada de gente que sabe de medicina, yo también supiera de medicina, pues ya no sería tan rara y no quiero perder mi Rareza Certificada y posiblemente prontamente patentada.

Bueno, mis queridos lectores, se me acaba el tiempo de ocio, tenemos que volver al taller y yo, tengo hambre así que voy a ir a comprarme una bolsita de patatas que son puramente comida basura y de la cual luego me arrepentiré pero que usaré como excusa para irme a correr (ese es el plan). Así que me voy despidiendo tras esta entrada en la que siento que, como me suele pasar, he hablado mucho pero no he contado nada. Gajes del oficio. Tengo que ponerme a escribir otra vez porque desde el TFG y que se me acumuló el trabajo de la academia la verdad es que no he tocado prácticamente el word y siento que me oxido por momentos. Probablemente lo empeora que tampoco puedo leer mucho y, que si lo hago, últimamente está siendo en inglés. Así que lo pondré en tareas pendientes.

Pronto intentaré contaros algo útil de verdad y no mis divagaciones de hora libre xD

Ánimo con las torturas de la vida moderna ;) Ah, ah y mis queridos, si debéis ser raros, como aquí una servidora, al menos, acercaros por el servicio de Neurologóa o de Psiquiatría a que lo certifiquen ¿no? da como más caché... creo que es la hipoglucemia hablando no me hagáis mucho caso.

Besos y suerte!

jueves, 6 de abril de 2017

El día del casi infarto

Queridos lectores,

Vengo para anunciaros que gratamente solucioné el problema de la nota del TFG y además me siento aú  más orgullosa de anunciar que fue gracias a mí... *se inclina ante los aplausos* "Gracias, gracias, hice lo que cualquier buen ciudadano habría hecho y blablabla..." Y no, no voy a reclamar mi derecho a un monumento, ni siquiera al agradecimiento de los otros compañeros beneficiados por mi actuación (aunque me hubiera gustado xD) solo voy a dejar de dármelas de héroe del momento y contaros como, por una vez, la Ley de Murphy actuó a mi favor en algo relacionado con el TFG.

Veamos, todo comenzó un agitado día de prácticas en el que no me dejaron lavarme porque eran ya unos cinco cirujanos alrededor del paciente, frotándose las manos ante la perspectiva de adentrarse en las entrañas o, más específicamente, huesos de una nueva víctima (digo, paciente). Cierto es que la operación era bastante complicada y no envidio nada al pobre hombre que iba a ser reintervenido por tercera vez de la cadera por una complicación infecciosa. Aunque lo que más pena me dio fue que no tenía una intubación fácil y tuvieron que intubarlo despierto, lo cual debe ser una de las peores cosas que te pueden pasar, aunque básicamente me pareció como una fibrobroncoscopia, que también es otra tortura médica a la que espero no tener que someterme.

En fin, eso no tiene nada que ver con el TFG pero es cómo empecé mi día: pasando cuatro horas de pie mirando espaldas azules y, a ratos, sangre salpicando por los aires. Mientras, y para evitar futuros dolores de piernas, iba moviéndome de un lado a otro o moviendo las piernas hasta que se me ocurrió que podía bailar disimuladamente. Y si alguien lo notó, nadie me dijo nada. No penséis que tomé el quirófano po discoteca, solo me dediqué a mover los abdominales al más puro estilo danza del vientre, pero era algo.

En fin, me marché con la certera excusa de un taller de RCP pediátrica a las 15:30 en la que nos explicaron lo que dice el título del taller. La boca me sabía plástico de practicarle el boca a boca a muñecos, y cuando hacías el masaje cardíaco, parecían una fuente del chorro de clorhexidina que salía xD. Y, al salir de dicho taller y dirigirme a mi segundo compromiso de la tarde, fue cuando el milagro ocurrió, mi primer golpe de suerte en lo referente al TFG, me encontré con un antiguo profesor que es el secretario de Decanato o alguna cosa así, o sea, que manda y entiende y controla de estas cosas. Le conté la situación más que nada por si podía darme pistas de cómo se impugnaban notas o cosas así y me dijo que al día siguiente tenían una reunión y lo hablarían, que yo le mandara un mail con los nombres de los afectados y la explicación completa y todo lo que supiera, y eso hice. Al día siguiente nos comunicaron que había sido todo por un error informático y que en breve se solucionaría. Y, efectivamente, así ha sido, hoy ya teníamos todos un 10 en la nota. 

Y fueron felices y comieron perdices...

Al menos por ahora en lo que eso respecta si no pasa nada más con el TFG, pero lo importante es que se solucionó y que, aunque solo me lo reconozca yo a mí misma, puedo decirme que fue gracias a mi labor de hablar con dicho secretario del Decanato o lo que leches sea y mandarle el mail. Con lo cual me siento incluso útil y productiva. 

Además que llevo dos días consecutivos en los que me han dado prácticamente la mañana libre en prácticas porque mi residente salía de guardia o no tenía ganas de trabajar (quien sabe) el caso es que he ido a biblioteca y he adelantado bastante, tanto que ya me he dejado hecho todo lo que tenía por hacer esta semana, por eso ahora os estoy escribiendo, para hacer tiempo entre que pienso qué hacer y eso. Aunque siempre hay cosas por hacer, no os preocupéis por eso. 

Ah además es el segundo día consecutivo en el que salgo a correr. La verdad es que pasaba más tiempo andando que corriendo y me adelantaban hasta los abuelos (pero los abuelos entrenados, que conste. También me he dado cuenta de que me falta mucha más ropa que convine con mi estilo de vida saludable de runner. Ah, vale verga todo en verdad, me duelen las plantas de los pies y cuando llevaba más de cinco minutos corriendo seguidos sentía una opresión centrotorácica y un dolor que me bajaba por el brazo que me hacía plantearme seriamente si me estaría dando un ataque al corazón por mi falta de entrenamiento antes de este sobreesfuerzo casi sobrehumano, luego me daba cuenta de que a mí me dolía el brazo derecho y tendría que ser el izquierdo y se me pasaba, pero luego me acordaba de que en mujeres los dolores que acompañan al síndrome coronario agudo son más inespecíficos y volvía a preocuparme. Pero bueno, como podéis suponer, he llegado a la universidad sin que persista el dolor, así que intentemos que con el caminar/correr algo más continuado se me pase la obstrucción de las arterias o lo que sea que tengo. Ahora, lo que necesito son unas plantillas porque mis zapatillas son ya algo viejas y fueron baratas en su momento y lo que más me duelen son los pies, pero porque apenas me queda suela, está desgastada. 

Me acaban de decir que hoy es el día del deporte así que fíjate que entrada tan congruente por una vez en la vida. Y aquí estoy yo pensando cuándo se hará hora de merendar para reponer las calorías perdidas. 

Bueno, ahora ya que he hecho ejercicio y os he escrito y puedo sentirme satisfecha conmigo misma voy a intentar recuperarme de mi casi infarto que no ha sido tan infarto como mala forma física y ponerme a estudiar. 

Mucha suerte y éxitos mis queridos ;)

martes, 4 de abril de 2017

El después de los canapés

Queridos lectores, 

Hace días que os quería escribir, pero os aseguro que no he tenido un solo momento libre. Si no me ocupaba algo del Hospital, era algo de la Cacademia y, si no, pues mi pura vagueza...no, es broma. Es verdad que estas dos últimas tardes no he parado. Por la mañana estaba en prácticas y, por la tardes, pues ayer tuve que ir a probarme un vestido largo que me he comprado para la Cena de Gala tradicional de Medicina que hacen los que se gradúan. Y, hoy, he tenido primero un taller de RCP y luego una cosa para el vídeo de clase. 

En fin, estoy agotada pero os quería escribir porque hay mucho en mi mente, además de canciones de fondo. Y es que, pasada la emoción de la comida gratis del viernes pasado, lo que realmente se ha quedado conmigo, además de los más que probables kilos de más que me dieran los canapés, ha sido el caso de un niño, un bebé, de un país de África que nació sin tibias y lo exponían sin saber muy bien qué harían con él porque aunque le pusieran algunos tornillos para tratar de crear una tibia, el niño sigue creciendo. Hablaron de amputarle las piernas e ir poniéndole prótesis, pero igualmente tendrían que ir adaptándoselas según creciera. Y es un niño huérfano de África que no tiene a nadie que luche por él. Espero que los cirujanos que llevan su caso lo hagan. Pero, no sé por qué exactamente, desde que lo vi, y tras la embriaguez producida por ver comida gratis, no he dejado de pensar en él y de qué podía hacer yo. No quería rendirme. No quería ser como todos los demás que lo verán, encogerme de hombros y dejar que crezca para enfrentarse solo al infierno que seguramente será su vida si nadie lo ayuda. Pero mis opciones se van agotando. Básicamente porque mi único plan con algo de sentido era hablarle de su caso a Sadee  porque su padre colabora y es miembro importante de una asociación que ayuda en este tipo de casos (Creo que no le importará que diga el nombre y todo eso, ¿no, Sadee? Es publicidad) Bueno, se llaman ADRA y ya han ayudado a varias personas a acceder a una operación que les ha cambiado la vida y a la que no podrían haber accedido en sus países o con sus medios. Pero, como os decía, el caso es bastante complicado porque además del gasto de la primera operación habría que continuar según creciera el niño y ellos lo que hacen es recoger dinero para invertirlo en las operaciones. También parece ser que el Hospital del que viene el médico que expuso el caso, que es de otra provincia, se escapa de su jurisprudencia (sé que no lo explico bien Sadee, pero estoy cansada y mi mente no da para más. El resumen es que ADRA mola). 

En fin, que esa era mi forma más útil de ayudar. En momentos como este desearía que mi libro se hubiera vendido más y realmente ganara dinero con él (que actualmente sería mi única fuente de ingresos aunque no me dan mi parte hasta dentro de dos años), pero si tuviera ese dinero y fuera lo que fuera, claro, si es más mejor, lo podría usar para las operaciones del niño. También pensé en adoptarlo, pero no creo que me acepten como madre adoptiva si soy una veinteañera sin trabajo ni casa propia. Mis padres, que les pregunté y todo, no están dispuestos a adoptar a un niño. 

Y, lo sé, lo sé, cada vez que cuento el caso a alguien, en busca de ayuda o inspiración, me preguntan que por qué ese niño, si como él habrá miles o millones, y tienen razón. Pero es el que he conocido, es el que vi sonriendo en el vídeo en el que le exploraban las piernecitas, tan feliz ajeno a lo que le esperará en la vida. 

(Sé que rompo el momento, pero las chinas están gritando en la habitación de al lado como si estuvieran matando a alguna. Aunque también se me ha pasado por la cabeza que sea un orgasmo. Y la verdad que no sé qué opción me resulta más perturbadora, si un asesinato múltiple o una orgía asiática. En fin...)

Bueno, supongo que una de las lecciones más importantes que tenemos que aprender a saber elegir nuestras batallas. A distinguir si luchamos contra molinos de viento. No sé si me rindo demasiado fácil o me meto en una empresa imposible. Sé que no puedo hacer mucho más. Mi mente racional me grita que me olvide y siga con mi vida sin sentirme mal, pero otra parte de mí no deja de sentir que me rindo. Así que aún no he aprendido la lección. Pero me quedan muchos años de luchar contra molinos de viento. 

Como veis, mi mente está llena de pensamientos, pero a cual más pesimistas. Tengo que deciros algo y no sé si os acordáis o si lo habréis leído, pero hace ya como cosa de más de un año, puede que casi dos, me decidí a "salir del armario" en el blog y confesar que soy bisexual. Que no es nada del otro mundo, pero mi familia nunca ha sido muy progresista con estas cosas y el hecho de admitir que me podía sentir atraída por las mujeres, además de por los hombres, me costó un mundo. Después tuve novia, y ahora he roto con dicha novia. Y no voy a adentrarme en contaros los vaivenes y dramas de mi vida amorosa, ni caeré en la típica línea de la película de Bridget Jones diciendo que actualmente mantengo una relación amorosa con dos hombres, uno se llama Chocolate y, el otro, Pistacho. Más que nada porque por culpa del vestido que he mencionado al principio estoy así como a dieta. No, no quiero hablar de eso, me tendréis que perdonar, porque ya se mete en la privacidad de otra persona y no me gusta. 

Pero quería hablaros de algo que me lleva dando vueltas desde que se lo dije a mis padres. Y mi padre me preguntó si, entonces, me gustaban también los chicos, si podían mantener la esperanza. A ver, sé que no lo hacen queriendo y no voy a ponerme a dictaros la conversación frase por frase, pero aunque no sea su intención, dicen cosas realmente hirientes. Sé que no debería quejarme, o una parte de mí lo piensa, porque al menos no me pegan palizas por mi orientación sexual, no me han echado de casa, no me han obligado a a nada. Simplemente dicen lo que piensan en ese aspecto. Y yo, que siempre he sido una hija que ha querido hacer orgullosos a sus padres, pues lo paso mal porque no creo que me lo merezca. Quiero decir, no soy perfecta ni mucho menos, pero soy buena persona, responsable, estudio y trabajo duro, les ayudo en todo lo que puedo y, mi único fallo (a sus ojos) es no ser completamente heterosexual. Y me hacen sentir como si todo lo anterior no sirviera de nada porque soy una vergüenza, algo que, mira, está ahí, pero es mejor que nadie lo sepa, que se mantenga oculto. Y me hacen sentirme realmente avergonzada de una parte de mí misma que no le hace daño a nadie. Excepto a mis padres, claro. 

Y, bueno, la verdad es que me deprimí el domingo que fue cuando todo esto sucedió, estas "gratas" conversaciones, pero después los días han estado tan llenos de cosas que no he tenido tiempo ni de pararme a sentirme mal, solo a ratos. Eso es verdad, y no deja de ser algo triste, que no he tenido tiempo de llorar. Y no sé si es bueno o malo, la verdad, porque en parte creo que son estas cosas que deberías dejar salir. Pero en el piso con las chinas, apenas aguanto para dormir y porque no quiero esconderme del tío de seguridad en la universidad si me quedo a dormir en alguna camilla por ahí. Y luego, pues en el hospital o en la biblioteca, como que no parece el lugar adecuado. 

La verdad es que me he dado cuenta, con esto de probarme un vestido delante de muchos espejos y en tantos otros detalles de la vida, que a veces, siento que me tengo que estar convenciendo a cada paso que doy de que tengo derecho a estar ahí, no sé, a simplemente a existir. Como ir andando por la calle y decirme a mí misma "chica, no vayas mirando al suelo, ponte un poco recta" y me siento mal si lo hago, como si estuviera intentando ser algo que no soy, o sea una persona que no tiene que estar agachada en todo momento. No sé explicarlo bien, y estar cansada y la orgía asiática de la habitación de al lado no ayuda. Quiero decir que mi mente me dice que tengo que estar siempre escondida, sin llamar la atención, sin aparentar ni básicamente ser una persona, no sé si son restos de traumas psicológicos de cuando se metían conmigo en el instituto o de cuando mis padres les daban la razón a los que se metían conmigo en el instituto y me decían que era demasiado prepotente y tenía que ser más humilde. Más humilde. Tan humilde que ya ni siquiera sé reconocer mi propia valía y la forma normal de actuación ante cualquier situación me parece que es quitarme todo el mérito y tirarme por el suelo, sin saber aceptar un solo cumplido sin pensar que es mentira. Ah, bueno, el problema es que me cuesta mucho esfuerzo, es un ejercicio mental darme cuenta de lo que estoy haciendo y convencerme de que soy una persona con los mismos derechos que cualquiera, y eso solo lo puedo hacer cuando estoy con cierto nivel de humor normal, porque si estoy deprimida y agotada, no me quedan fuerzas. 

Como estoy divagando... Son casi las 23:00 horas y apenas he pisado mi casa desde que salí a las 7:30, así que me voy a ir yendo a dormir, y perdonad por la parrafada. Y si a alguien se le ocurre una idea para mi niño de África, estoy abierta a sugerencias. Yo solo sé que me voy a dormir y mañana será otro día. En el que, por cierto, os hablaré de las novedades con mi nota del TFG porque ahora, francamente, no me quedan energías.

¡Mucho ánimo!