No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

martes, 4 de abril de 2017

El después de los canapés

Queridos lectores, 

Hace días que os quería escribir, pero os aseguro que no he tenido un solo momento libre. Si no me ocupaba algo del Hospital, era algo de la Cacademia y, si no, pues mi pura vagueza...no, es broma. Es verdad que estas dos últimas tardes no he parado. Por la mañana estaba en prácticas y, por la tardes, pues ayer tuve que ir a probarme un vestido largo que me he comprado para la Cena de Gala tradicional de Medicina que hacen los que se gradúan. Y, hoy, he tenido primero un taller de RCP y luego una cosa para el vídeo de clase. 

En fin, estoy agotada pero os quería escribir porque hay mucho en mi mente, además de canciones de fondo. Y es que, pasada la emoción de la comida gratis del viernes pasado, lo que realmente se ha quedado conmigo, además de los más que probables kilos de más que me dieran los canapés, ha sido el caso de un niño, un bebé, de un país de África que nació sin tibias y lo exponían sin saber muy bien qué harían con él porque aunque le pusieran algunos tornillos para tratar de crear una tibia, el niño sigue creciendo. Hablaron de amputarle las piernas e ir poniéndole prótesis, pero igualmente tendrían que ir adaptándoselas según creciera. Y es un niño huérfano de África que no tiene a nadie que luche por él. Espero que los cirujanos que llevan su caso lo hagan. Pero, no sé por qué exactamente, desde que lo vi, y tras la embriaguez producida por ver comida gratis, no he dejado de pensar en él y de qué podía hacer yo. No quería rendirme. No quería ser como todos los demás que lo verán, encogerme de hombros y dejar que crezca para enfrentarse solo al infierno que seguramente será su vida si nadie lo ayuda. Pero mis opciones se van agotando. Básicamente porque mi único plan con algo de sentido era hablarle de su caso a Sadee  porque su padre colabora y es miembro importante de una asociación que ayuda en este tipo de casos (Creo que no le importará que diga el nombre y todo eso, ¿no, Sadee? Es publicidad) Bueno, se llaman ADRA y ya han ayudado a varias personas a acceder a una operación que les ha cambiado la vida y a la que no podrían haber accedido en sus países o con sus medios. Pero, como os decía, el caso es bastante complicado porque además del gasto de la primera operación habría que continuar según creciera el niño y ellos lo que hacen es recoger dinero para invertirlo en las operaciones. También parece ser que el Hospital del que viene el médico que expuso el caso, que es de otra provincia, se escapa de su jurisprudencia (sé que no lo explico bien Sadee, pero estoy cansada y mi mente no da para más. El resumen es que ADRA mola). 

En fin, que esa era mi forma más útil de ayudar. En momentos como este desearía que mi libro se hubiera vendido más y realmente ganara dinero con él (que actualmente sería mi única fuente de ingresos aunque no me dan mi parte hasta dentro de dos años), pero si tuviera ese dinero y fuera lo que fuera, claro, si es más mejor, lo podría usar para las operaciones del niño. También pensé en adoptarlo, pero no creo que me acepten como madre adoptiva si soy una veinteañera sin trabajo ni casa propia. Mis padres, que les pregunté y todo, no están dispuestos a adoptar a un niño. 

Y, lo sé, lo sé, cada vez que cuento el caso a alguien, en busca de ayuda o inspiración, me preguntan que por qué ese niño, si como él habrá miles o millones, y tienen razón. Pero es el que he conocido, es el que vi sonriendo en el vídeo en el que le exploraban las piernecitas, tan feliz ajeno a lo que le esperará en la vida. 

(Sé que rompo el momento, pero las chinas están gritando en la habitación de al lado como si estuvieran matando a alguna. Aunque también se me ha pasado por la cabeza que sea un orgasmo. Y la verdad que no sé qué opción me resulta más perturbadora, si un asesinato múltiple o una orgía asiática. En fin...)

Bueno, supongo que una de las lecciones más importantes que tenemos que aprender a saber elegir nuestras batallas. A distinguir si luchamos contra molinos de viento. No sé si me rindo demasiado fácil o me meto en una empresa imposible. Sé que no puedo hacer mucho más. Mi mente racional me grita que me olvide y siga con mi vida sin sentirme mal, pero otra parte de mí no deja de sentir que me rindo. Así que aún no he aprendido la lección. Pero me quedan muchos años de luchar contra molinos de viento. 

Como veis, mi mente está llena de pensamientos, pero a cual más pesimistas. Tengo que deciros algo y no sé si os acordáis o si lo habréis leído, pero hace ya como cosa de más de un año, puede que casi dos, me decidí a "salir del armario" en el blog y confesar que soy bisexual. Que no es nada del otro mundo, pero mi familia nunca ha sido muy progresista con estas cosas y el hecho de admitir que me podía sentir atraída por las mujeres, además de por los hombres, me costó un mundo. Después tuve novia, y ahora he roto con dicha novia. Y no voy a adentrarme en contaros los vaivenes y dramas de mi vida amorosa, ni caeré en la típica línea de la película de Bridget Jones diciendo que actualmente mantengo una relación amorosa con dos hombres, uno se llama Chocolate y, el otro, Pistacho. Más que nada porque por culpa del vestido que he mencionado al principio estoy así como a dieta. No, no quiero hablar de eso, me tendréis que perdonar, porque ya se mete en la privacidad de otra persona y no me gusta. 

Pero quería hablaros de algo que me lleva dando vueltas desde que se lo dije a mis padres. Y mi padre me preguntó si, entonces, me gustaban también los chicos, si podían mantener la esperanza. A ver, sé que no lo hacen queriendo y no voy a ponerme a dictaros la conversación frase por frase, pero aunque no sea su intención, dicen cosas realmente hirientes. Sé que no debería quejarme, o una parte de mí lo piensa, porque al menos no me pegan palizas por mi orientación sexual, no me han echado de casa, no me han obligado a a nada. Simplemente dicen lo que piensan en ese aspecto. Y yo, que siempre he sido una hija que ha querido hacer orgullosos a sus padres, pues lo paso mal porque no creo que me lo merezca. Quiero decir, no soy perfecta ni mucho menos, pero soy buena persona, responsable, estudio y trabajo duro, les ayudo en todo lo que puedo y, mi único fallo (a sus ojos) es no ser completamente heterosexual. Y me hacen sentir como si todo lo anterior no sirviera de nada porque soy una vergüenza, algo que, mira, está ahí, pero es mejor que nadie lo sepa, que se mantenga oculto. Y me hacen sentirme realmente avergonzada de una parte de mí misma que no le hace daño a nadie. Excepto a mis padres, claro. 

Y, bueno, la verdad es que me deprimí el domingo que fue cuando todo esto sucedió, estas "gratas" conversaciones, pero después los días han estado tan llenos de cosas que no he tenido tiempo ni de pararme a sentirme mal, solo a ratos. Eso es verdad, y no deja de ser algo triste, que no he tenido tiempo de llorar. Y no sé si es bueno o malo, la verdad, porque en parte creo que son estas cosas que deberías dejar salir. Pero en el piso con las chinas, apenas aguanto para dormir y porque no quiero esconderme del tío de seguridad en la universidad si me quedo a dormir en alguna camilla por ahí. Y luego, pues en el hospital o en la biblioteca, como que no parece el lugar adecuado. 

La verdad es que me he dado cuenta, con esto de probarme un vestido delante de muchos espejos y en tantos otros detalles de la vida, que a veces, siento que me tengo que estar convenciendo a cada paso que doy de que tengo derecho a estar ahí, no sé, a simplemente a existir. Como ir andando por la calle y decirme a mí misma "chica, no vayas mirando al suelo, ponte un poco recta" y me siento mal si lo hago, como si estuviera intentando ser algo que no soy, o sea una persona que no tiene que estar agachada en todo momento. No sé explicarlo bien, y estar cansada y la orgía asiática de la habitación de al lado no ayuda. Quiero decir que mi mente me dice que tengo que estar siempre escondida, sin llamar la atención, sin aparentar ni básicamente ser una persona, no sé si son restos de traumas psicológicos de cuando se metían conmigo en el instituto o de cuando mis padres les daban la razón a los que se metían conmigo en el instituto y me decían que era demasiado prepotente y tenía que ser más humilde. Más humilde. Tan humilde que ya ni siquiera sé reconocer mi propia valía y la forma normal de actuación ante cualquier situación me parece que es quitarme todo el mérito y tirarme por el suelo, sin saber aceptar un solo cumplido sin pensar que es mentira. Ah, bueno, el problema es que me cuesta mucho esfuerzo, es un ejercicio mental darme cuenta de lo que estoy haciendo y convencerme de que soy una persona con los mismos derechos que cualquiera, y eso solo lo puedo hacer cuando estoy con cierto nivel de humor normal, porque si estoy deprimida y agotada, no me quedan fuerzas. 

Como estoy divagando... Son casi las 23:00 horas y apenas he pisado mi casa desde que salí a las 7:30, así que me voy a ir yendo a dormir, y perdonad por la parrafada. Y si a alguien se le ocurre una idea para mi niño de África, estoy abierta a sugerencias. Yo solo sé que me voy a dormir y mañana será otro día. En el que, por cierto, os hablaré de las novedades con mi nota del TFG porque ahora, francamente, no me quedan energías.

¡Mucho ánimo!

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