No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 16 de abril de 2017

El día en el que acabé llorando por las calles de dos pueblos

Queridos lectores,

Como imagino que nos pasa a todos, hay cosas de mí que me gustan, otras que me soporto porque no me queda más remedio que pasar tiempo conmigo misma y otras que, sinceramente, odio con toda mi alma. Una de estas últimas es ser una completa, absoluta e irremediable llorona en cualquier momento de la vida. Soy de esas personas que lloran cuando está triste o compungida, pero también he llorado de alegría o de un exceso de emoción. Y, al menos, yo lo reconozco porque he conocido personas que me decían con todo su toque dramático de alma torturada de novela que "ya eran incapaces de llorar" y luego han sido aún más lacrimosos que yo.

Aún así, odio que me vean llorar, siempre parece un signo de debilidad y, además, siendo sinceros, tampoco tengo un llanto lo que se dice elegante, me pongo roja y se me constriñe el cuello impidiendo que me pase el aire haciendo que durante unos agónicos segundos tenga la sensación de que me voy a ahogar, hasta que la única forma que me queda de volver a obtener oxígeno es soltar el aire que retengo sin darme cuenta en forma de un lastimero gemido. Un poco patético todo para mi gusto.

Aunque, dentro de esto, lo que de verdad odio es no poder evitar llorar de frustración. Y aquí empieza la verdadera historia: con el día en el que mi madre me hizo llorar por las calles de dos pueblos como a una chiquilla de jardín de infancia.

Mi madre, ese incomprendido ser que puede ser perfectamente afable y una buena madre, queriéndonos dar todo lo posible y que realmente tampoco necesitamos en ordenadores y regalos varios. Tan amable a veces que por momentos se te olvida la bestia que puede habitar en su interior y entonces es cuando cometes el primer error. Porque lo que debes saber con ella y nunca, nunca, nunca olvidar, es que se cumple uno de los derechos de detención de EE.UU: "tienes derecho a permanecer en silencio, todo lo que digas podrá y SERÁ utilizado en tu contra".

Pero, como siempre, voy a contaros la historia de la manera que pueda resultar más objetiva (siempre es difícil ser objetivo cuando cuentas tu propia historia) sin embargo, trataré de no ser en exceso victimista durante el relato de los hecho para que podáis ser vosotros mismos jueces de la situación. Tampoco es mi intención pintar a mi madre como la reina de todos los males, solo sabéis que necesito escribirlo para desahogarme.

Y las cosas fueron más o menos así... 

Corría una hermosa tarde de primavera. Habían venido estos días a pasar las Pascuas los primos de Barcelona con sus respectivos hijos, que son niños y a mí me encantan los niños (aunque aprovecho para decir que me di cuenta de que, además de mi ardua tarea viendo dibujos para estar al día con los niños, voy a tener que empezar a investigar sobre videojuegos porque ya no ven ni dibujos!). En fin, siendo su último día en el pueblo ya que se iban al día siguiente, mis padres y ellos decidieron comer juntos. El plato principal era paella que básicamente es arroz, pero como el día anterior en casa de mis tíos (en otra reunión familiar) ya comí paella y sigo en mi Cruzada de mantenerme en el peso para que me quede bien el vestido y no engordar más de la cuenta, yo decidí comer con mi abuela algo sano y ligero, para después reunirme con ellos un rato en la zona de las paellas. 

Hasta ahí todo bien, todo perfecto y chido, comí con mis abuelos tan tranquila. Y cuando se acercaban ya las 4:00 p.m. pensé si los niños me estarían esperando o algo para jugar y decidí ir para allá, también con la idea en mi mente de ir antes de ponerme a estudiar para no tener que interrumpirme luego para ir a verlos. 

Resulta que la paellla no era simplemente hacer una paella en casa de alguno de los primos y ya está, sino que era parte de la fiesta del pueblo, en la discoteca. Cuando entré al lugar de los hechos y vi a la gente, pedo como Alfredo ya a esas horas, con música de banda sonando y tanta gente gritando...puede que una parte de mí se sintiera transportada al infierno. Y, entonces, una bombilla se encendió en mi mente. ¿Sería acaso aquel evento el mismo que hicieron el año pasado (al que yo no fui) con otros primos y del que no regresaron hasta casi las 8:00 p.m.? De ser así eso supondría que toda mi tarde de estudio se vería claramente afectada, porque me había llevado libros, pero estudiar con mi abuela que está mal del oído viendo la tele no es lo mejor para la concentración. Así que, todavía en shock por el descubrimiento, mi madre vino hacia mí y, sin poder contenerme le dije algo así como:

- "Esto es como la fiesta del año pasado en la piscina que no llegasteis hasta las 8 de la tarde? Porque no voy a poder estudiar. Si lo llego a saber, no vengo."

Mi madre, afectada por mis palabras, decidió ir a por las llaves del coche y llevarme a casa (que mi casa está en otro pueblo, aunque más o menos cerca) para que no la molestara luego por no haber podido estudiar. En el tiempo en el que fue a buscar las llaves del coche, me quedé pensando y, aunque no me apetecía pasarme toda la tarde sin poder estudiar, tampoco me quería ir ya corriendo 1)Porque entonces no me daría tiempo a despedirme de los niños que se iban al día siguiente y 2) porque no quería molestar y hacer el numerito de la "hija estudiante-agobiante" que hace que la lleven a estudiar. Porque, sinceramente, ¿cuántas veces os he dicho que estaba escribiendo por no ponerme a estudiar? Creo que podía permitirme otra tarde de no estudio intenso, y repasar un poco o subrayar con los libros que había dejado en casa de mi abuela. 

Así que le dije a mi madre que daba igual, que no me llevara a mi pueblo. "Estoy aquí un rato con los niños y me voy a casa con la abuela, a estudiar. Y luego me iré a correr, total, esta tarde iba a salir a correr, pues salgo ahora y esta tarde en casa estudio." 

Mi madre casi pareció convencerse entonces, estuve un rato más fuera, pero empezaron a salir dos primas de mi madre para ver qué pasaba y yo les dije que no hacía falta que me llevaran; y mi madre les dijo que si no me llevaban luego iba a estar (perdonad la expresión, pero es por ser fieles a la realidad) "dando por culo". Me comprometí totalmente a no dar por culo si me dejaban que me fuera a casa de mi abuela. Básicamente le dije "no te voy a molestar ni te diré nada". Pero la prima de mi madre, que en realidad fue la primera que me dio ganas de llorar ahora que lo pienso, se metió en la conversación diciendo: "claro, tu madre tiene razón, si vas a venir dentro de una hora o dos a dar por culo cuando estemos con los cubatas o pasándolo bien, mejor que te vayas ahora y nos dejes tranquilos".

A lo que, sintiéndome tan querida en ese momento (modo ironía on) volví a repetir mi deseo de quedarme y de no darle por culo a nadie. Y, no queriendo discutir más, aunque aún no me había despedido de la gente, decidí irme a casa de mi abuela con la promesa de no volver a molestarlos en toda la tarde, pensando en que podría correr una hora por el pueblo que es bonito y buscar algún sitio tranquilo para estudiar. 

Pues bien, no había ni doblado la esquina cuando oí a mi madre, que se había quedado con sus primas, diciendo que me iba a llevar a mi casa, y salió andando detrás de mí. No queriendo volver a mi casa, ni montar el espectáculo ni que mi madre me acompañara en un pueblo en el que hasta mis primos de Barcelona de cinco y seis años van solos por la calle en bici, seguí andando sin esperarla. Pero eso no detuvo a mi madre, que tampoco pilló la indirecta y empezó a chillarme por la calle. Así fue, al cabo de un rato de esta lastimosa persecución en la que yo le gritaba que me dejara en paz y volviera a la fiesta, que no me quería ir y ella me decía que sí, que me iba a mi pueblo, empecé a llorar. ¿En qué momento exacto? No lo sé. Sé que por el camino mi madre ya empezó a hacer ciertos comentarios algo hirientes, pues ella estaba y, seguramente aún lo estará, convencida de que todos mis problemas de temperamento en ese momento se debían a que, según ella, me había dejado mi ex-pareja, eso ya empezó a gritarlo por la calle: "si estás tonta porque te han dejado no es mi culpa". Llamó a mi padre al móvil, lo hizo ir con el coche a la puerta de la casa de mi abuela, por el camino me encontré con un par de primos de unos doce años o así que estaban en la calle con más libertad que yo, y me saludaron y les devolví el saludo con mi cara de lágrimas y mi madre siguiéndome mientras gritaba, tomé mis cosas de casa de mi abuela, me despedí de ella mientras seguía gritando y le dije que me llevaban a mi pueblo porque mi madre quería y me subí al coche. 

Recé y de verdad lo deseé, que cumplido su anhelo, mi madre me dejara entonces tranquila y se quedara con sus primos mientras mi padre me llevaba a casa para encerrarme donde pertenezco, pero en el fondo sabía que no sería así porque una vez liberada la bestia no va a volver a su guarida tan fácilmente. Antes, querrá disfrutar del sabor de las lágrimas y el sufrimiento de sus víctimas. 

Obviamente, en todo el trayecto del viaje en coche no fue necesario el acompañamiento amenizante de la radio, ya que los gritos de mi madre lo ocupaban todo. No puedo, ni quiero recordar todo lo que decía. Obviamente, que le había hablado de muy malas maneras (véase mi primera frase en esta historia, y casi la última sobre que tenía que haberme quedado en casa, que tal vez se lo dijera en mal tono, no me grabé para comprobarlo, pero desde luego sus gritos superan de nivel a mi tono de enfado), que siempre hago lo mismo para fastidiarla, ah sí, que todos estamos en su contra, eso es, pobre de ella, porque decía que lo había hecho a propósito para arruinarle la tarde con sus primos sabiendo que ella se lo estaba pasando bien. Más cosas de ese estilo. Y, otra vez, mi momento favorito (por favor, nótese la ironía de nuevo), cuando me dijo exactamente que estaba "amargada", esa fue la palabra exacta, porque me había dejado mi ex-pareja. Se pasó por mi mente matizar que fui yo quien dio el paso de acabar con la relación, pero no creo que a mi madre le interese nada de mi vida si no es de su conveniencia; tampoco le especifiqué que ya hacía un mes de eso y que, incluso, suponiendo que hubiera estado mal ella no me preguntó en ningún momento cómo estaba o si necesitaba algo, meramente se ocupó en atacarme con las armas que tenía en ese momento. 

Y luego, se repitió y se repitió y se repitió, la misma cantinela, los mismos gritos, sobre que todos estamos en su contra y queremos fastidiarla y la queremos dejar a ella como la mala cuando ella era la que tenía toda la razón y la única víctima aquella tarde. La discusión, que realmente era el monólogo de mi madre enfadada, duró toda la tarde y toda la noche y mi madre no volvió al pueblo con sus primos, prefiriendo quedarse en casa conmigo donde podía estar enfadada con libertad. 

Aún así, logré irme a correr, será mi pequeño logro, y aún así lo hice porque como no se iba de casa, tenía que estar todo el rato luchando por contener las lágrimas (sin mucho éxito) así que salí a correr, entre otras cosas, para poder llorar a gusto. Y así fue como acabé llorando por las calles de, todavía, otro pueblo, eso sí, por las afueras. Me jode mucho que, después de todo y de lo enfadada que estaba con mi madre en ese momento por todo lo que me había dicho y el espectáculo que había montado por una frase, no fui capaz de irme a correr por el río, que es la zona no permitida por ella y acabé siguiendo el camino asfaltado. Aunque ese es otro tema, porque a mi madre el río que va por fuera del pueblo y por el que va todo el mundo a correr, le parece sumamente peligroso; pero que me vaya al polígono, que está mucho más abandonado y solo hay algún que otro hombre por ahí, le parece mucho mejor. Sinceramente, si me preguntáis dónde creo que corro más riesgo de ser secuestrada y vilmente asesinada apostaría mi dinero por el polígono, pero ese es otro tema. 

En fin, somos todos culpables en nuestras partes, porque si A) yo no hubiera hablado y hubiera recordado que cuantas menos cosas le diga a mi madre en un tono que no sean sonrisas y palabras agradables, mayor será el riesgo de que pasen cosas así (lo mismo que pasó en mi cumpleaños, vamos) la cosa no habría empezado, B) que, aún habiendo provocado que comenzara a despertarse la bestia, me hubiera callado y resignado a que me trajeran a mi casa sin tratar de oponer resistencia, tal vez tampoco se habría liado tanto, pero C) estamos hablando de una frase, ¡una frase!, una oración compuesta expresando mis pensamientos más íntimos sobre mi arrepentimiento momentáneo de no haber sabido previamente exactamente a qué me exponía cuando iba al pueblo a comer, y, sinceramente, no me excuso, pero es que aunque lo hubiera dicho en el peor de los tonos imaginables, aunque lo hubiera dicho con un coro de demonios a mi espalda haciéndole burla a mi madre, me parece desproporcionado todo el jaleo que se montó y los reproches de mi madre, ya no sus gritos, pero sobre todo el golpe bajo y rastrero de intentar hacerme sentir mal sobre mi ruptura que sería lo único que le venía a la cabeza. 

Ah, y otra cosa que me da mucha rabia es que, obviamente, y por mucho que mi madre quiera decir y luego, de ansiedad e impotencia de ver que llegados un punto no le hacíamos caso, se pusiera a llorar diciendo que todos estábamos en su contra y que ella tenía la razón, que la queríamos dejar como la mala; si, en caso de una discusión así en la que todos perdemos años de vida y dignidad, se puede decir que ha ganado alguien, esa será mi madre, porque mi madre siempre gana y esa es una lección que sí tengo aprendida, porque la historia de los vencedores es la que se cuenta. No aquí, claro, porque yo os cuento mi versión. y si esto llega a oídos de mi madre temeré seriamente por mi vida, pero la versión que se moverá en la familia, la que llegará a los primos sobre por qué nunca volvieron a la fiesta y por qué yo iba llorando por la calle, será algo que me haga quedar como una adolescente caprichosa que tiene que hacer lo que quiera y cuando quiera y quiere fastidiar el bienestar de sus padres, a pesar de tener 24 añazos. Y me da mucha rabia. Porque seré muchas cosas, muchas cosas malas también, pero desde luego no soy caprichosa, ni hago lo que quiero cuando quiero a pesar de lo que diga mi madre. Para ella que tome una decisión que va en contra de lo que ella quiere o dice es hacer lo que yo quiera siempre, y lo dice recriminando como si fuera algo malo. Pero, lo repetiré sin vergüenza, tengo 24 años, soy joven, pero ya no soy una niña, yo soy la que tiene que tomar mis decisiones, claro que tengo que hacer lo que yo quiera, para eso es mi vida. Sin embargo, no soy ni nunca he sido alguien egoísta, si he tenido que anteponer a mi familia o a cualquiera antes que mis deseos, lo he hecho. Kim me preguntó qué iba a hacer con la vendimia y el MIR esta año, porque el trabajo físico de un día entero no pega con las 8 horas de estudio obligatorias y ella me decía que sacarme mi plaza era más importante; pero a mí nunca, en ningún momento hasta que me lo dijo ella se me paso por la cabeza la idea de que estudiar mejor durante el mes que dure la vendimia podía ser más importante que ayudar a mi familia, como hago todos los años. 

No me considero perfecta, pero desde luego no soy egoísta y, quizás por eso, porque me esfuerzo en no serlo y en ser la mejor persona posible, me da rabia que al final la visión que se vayan a llevar los primos de mi madre de mí sea precisamente lo contrario porque su versión prevalecerá. Menos aquí, porque este es mi rincón, y, a pesar de haberme comprometido a ser objetiva en el relato, al final he terminado dando mi opinión, claro. Aunque los hechos en sí han sido más o menos objetivos dentro de lo subjetivo de la memoria. 

En fin, al final, como pasa en todas las guerras, todos salimos perdiendo, porque ni ella pasó la tarde con sus primos divirtiéndose ni yo pude apenas estudiar entre las discusiones, los gritos y el dolor de cabeza de llorar. Pero de nuevo, la que una vez llegados aquí no quiso volver a la fiesta fue ella, porque yo lo que más deseaba en aquel momento era precisamente que se fuera y me dejara tranquila. Así que en esa parte no me culpo. Sobre el comienzo podrá ser todo cosa mía, podrá sumarlo a mi lista de pecados imperdonables por llevarle la contraria en algún asunto de la vida, pero no volver a la fiesta y pasarse toda la tarde y toda la noche discutiendo y ni dormir ni dejar dormir, eso fue ella y solo ella, porque yo llegó un punto en el que dejé de hablarle, dejé de escucharla y me limité a contestarle a lo que preguntaba y darle la razón cuando me la pedía. 

¿Objetivo todo verdad? Bueno, cosas de la vida. A ver si al menos ahora que ya me he desahogado por aquí y mis padres se han ido a pasear, puedo aprovechar la paz para ponerme a estudiar y claro, merendar, porque por no enfrentarme a mi madre estoy evitando salir de mi cuarto todo lo posible. Así que, ahora que lo pienso, aprovecharé para ir al baño y traerme provisiones a mi cuarto. 

Ánimo y suerte!

2 comentarios:

  1. Estaba leyendo tu blog, como hago siempre que puedo y me he quedado con los ojos como platos con la historia. Realmente estas chorradas ocurren en muchas familias (a mi me pasaba frecuentemente con mi padre!!): es que soy la víctima, es que no se qué, no se menos... y al final sólo te sientes culpable por hacer algo que...espera... por no hacer lo que los demás quieren. Además, te sientes frustrada porque no has defendido tus necesidades ni te has respetado a ti misma haciendo lo que de verdad querías. Puede que suene egoísta, pero la que va a cargar con todas las consecuencias de las decisiones eres tú, y para crecer necesitas respetarte y quererte. Ayn Rand, una escritora un tanto tarambana cuyas ideas en general no casan conmigo, defendía el egoísmo razonable. Este concepto me gusta, y aquí te dejo el trozo donde lo escuché por primera vez (no queda muy cool decir que fue en una serie de TV):

    Ayn Rand afirmaba que la verdadera libertad empezaba en el individuo, en uno mismo. Para saber decir yo te amo, primero hay que saber decir yo. Esta frase es la base de lo que Ayn Rand denominaba el egoísmo razonable. La necesidad de pensar alguna vez en uno mismo para conseguir el equilibrio personal. La necesidad de hacerte valer para que los demás te valoren. De tener la valentía de mostrar tus sentimientos sin juzgar y sin miedo a ser juzgado. De defender como de verdad es uno por encima de lo que piensen los demás. La necesidad de ser simplemente feliz, sin dar explicaciones a nadie, sean cuales sean las consecuencias.

    Te escrbo el resto de comentario ahora que me paso de caracteres!!

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  2. Es muy bonito ser altruista, pero si es a costa de ser cruel contigo misma...sólo consigues odiarte y sucumbir aún más a la manipulación emocional de la gente tóxica que te rodea,aunque sea gente que te quiera.

    Tienes tu vida, debes ocuparte de ella porque sufrirás tu las consecuencias. La gente tóxica (que no debe ser nombrada) jamás va a tolerar que antepogas tus propias necesidades a las de ellos. Para esa persona un NO tuyo implica una barrera que no saben como saltar, por lo que se ponen agresivos y te atacan con comentarios hirientes, a cabezazos.

    Claro que todo esto tiene una medida, no hay que ser una puerta cerrada a todo, pero sí para las cosas importantes, eso se va aprendiendo poco a poco, se puede practicar cada día con pequeñas cosas, sobrellevando la "falsa culpabilidad" que esos NOs acarrean.
    La respuesta está en ti, tu puedes decidir si te sientes mal o no. Intenta buscar una manera y un pensamiento que te ayude a llevar esa hostilidad, al final lo encuetras si te das cuenta que el problema no eres tú, sino tu yo emocional que es muy susceptible. Creo que algo que ambas tenemos en común es que emocionalmente somos una patata, demasiado influenciables por las emociones de otros, que lo vivimos todo con mucha intensidad... eso está guay para algunas cosas, para otras tienes que protegerte y darte cuenta de cuando te manipulan. Aprender de los demás ese "me la chufa todo" que muchos tienen la capacidad de hacer sin dificultad (los admiro, pues es de lo que más carezco).

    El truco con todo esto es el equilibrio, y al principio de un cambio de actitud notarás que te vs quizá demasiado al lado contrario, que sigues llorando, etc... todo eso está bien si te ayuda a hacer las paces contigo. Todo va a mejor cuando te respetas. Eres una persona fantástica, súper alegre, habladora, sociable, guapa, activa, inteligente y más fuerte de lo que piensas, y eso es lo que debes decirte al acostarte ^^ Date mimos.

    Con respecto a los comentarios hirientes, pues te hieren y ya está. Tu sabes bien que ha pasado con tu pareja, que digan lo que quieran, no puedes interferir en lo que los demás piensan (es un problema ajeno a ti). Debes ocuparte de los problemas por los que realmente puedes hacer algo, manejar el cerebro de los demás de momento no está en tus posibilidades xD.

    Y bueno, supongo que sabes quien soy, y lo reconocerás por mi largo escrito sobre mi actual psicología del día a día, es que me siento tan identificada con tus situaciones que necesitaba ponerte algo!

    Mucho ánimo con el estudio y no te olvides de pensar en tí!!

    Pd: llorar no es para nada debilidad, con cierta escayola yo me fui a escondidas a mi habitación a llorar simplemente para que se me pasara la congoja y poder pensar con claridad. Es tu necesidad y hay que cubrirla!! :)

    Un besazo y mucho ánimo, nos veremos con mi cara de ilusión en la Cacademia, nunca hay manuales suficientes para subrayar jaja.

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