No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 15 de mayo de 2017

Con mis mejores galas

Queridos lectores, 

El último día en el que os escribí para poder contaros todo sobre mi acto de graduación, apenas tuve tiempo de acabar porque el tiempo pasa y la Cacademia me reclamaba, tenía que llegar a clase y todo eso. Pero está bien, porque resulta que no terminé de celebrarlo hasta unos días después. 

Parece que haya pasado mucho desde mi graduación simbólica, ¿no? A mí al menos me parece como si hubiera pasado mucho tiempo y, al mismo tiempo, como si no hubiera llegado a pasar porque esto de estar en prácticas siendo la misma estudiante pringada de siempre pero decir: "no, si yo ya me he graduado" como que se me hace raro. Pero así es la vida de un estudiante de medicina, no más ni menos. 

En fin, como de costumbre, me estoy yendo por las ramas. Os decía que estaba bien no haber terminado de contar todo lo de la graduación el otro día porque lo terminé de celebrar unos días más tarde ¿cuándo? Pues el sábado por la noche, al volver a casa tras un duro día de Cacademia, mis padres me dijeron que íbamos a cenar nosotros para celebrarlo y, sobre todo, darle un segundo uso al vestido ya que me había gastado el dinero. Lo último que me imaginaba yo era que, al llegar al restaurante, me iba a encontrar allí a toda mi familia para una cena-celebración sorpresa. Y una auténtica sorpresa fue, no me lo esperaba en absoluto. Yo entré, completamente ajena a lo que pasaría, y de pronto veo a mi abuelo ahí sentado, a él el primero que vi, y por un segundo me quedé en shock y luego pensé que ¡vaya casualidad, habíamos coincidido para cenar! (Algo raro, si me hubiera dado tiempo a seguir pensando me habría dado cuenta, porque mi abuelo nunca sale a comer fuera, es muy mirado con sus comidas) Pero ya os digo que apenas tuve tiempo de pensar porque enseguida vi al resto de tías, tíos y primos que gritaban y me aplaudían y no supe qué decir. Me supo un poco mal que se hubieran reunido todos para la celebración y solo hubiera sido una graduación simbólica porque aún puedo suspender los ECOES o cagarla en algo, que gran responsabilidad. Me pregunto si, en caso de fastidiarla y no hacer oficial la graduación, tendré que reembolsarles el coste de la cena *aquí me iría bien el emoticono del Whassap pensando*.

Ah, pero ya sé lo que me vais a decir, que deje de ser tan negativa, que claro que voy a aprobar. Desde luego, eso espero porque después de seis años la meta está a tan solo dos exámenes y dos trabajos de distancia. En realidad antes era solo un trabajo pero me han puesto otro, oh pero no me tiréis de la lengua que nos vamos de tema. Dejamos esto para luego. 

En fin, que me hizo mucha ilusión que toda mi familia se reuniera para celebrar mi graduación. Y aunque el vestido me apretaba el estómago y el exceso de tela me dio un calor importante, me lo pasé muy bien. Luego fui a bailar y todo. 

Pero bueno, como de costumbre, esta entrada me ha costado más de lo que tenía previsto y eso significa que se ha juntado con otro gran día: La Cena de Gala. Como su nombre indica, significa ir a cenar con tus mejores galas. Lo mejor de todo es que ahora que ha pasado puedo volver a comer con tranquilidad y sin sentirme culpable por si luego no me entra el vestido. Así que llevo un par de días comiendo helado como si no hubiera mañana y puede o puede que no, esa sea la razón de que ayer terminase por vomitar la cena. Los excesos nunca son buenos. 

En la Cena de Gala, aunque no lo creáis, conocí un mundo nuevo: el mundo del protocolo alimentario. He visto suficientes películas de Barbie y de princesas como para saber lo que es pero nunca, nunca, me había visto en la necesidad de usarlo ni creí que fuera a llegar el día. Eire y Sadee me hablaron de cómo en su casa usan servilletas de tela y tienen su propio servilletero y yo alucinaba, pensaba que era cosa de películas, de verdad os lo digo xD En mi casa usamos, en este orden de prioridad: una servilleta de papel, la manga, un trapo compartido. Y no es que no me guste la elegancia y la sofisticación, pero a veces está tan alejado del modelo con el que he crecido que me sigue impactando su existencia. También Eire me dijo que el truco para poder comerme toda la cena con el vestido ceñido apretándome en el estómago era no terminarme los platos y dejarse siempre algo. Aunque en realidad me preocupaba por nada porque las porciones eran mucho más pequeñas de lo que estoy acostumbrada xD así que me pude comer todo. Menos una bola de helado de chocolate, lo siento mundo, pero no me apasiona el chocolate. Aunque el helado sí, pero de otros sabores. 

Por cierto, si me permitís que lo diga, estaba bastante sexy con mi vestido rojo ceñido y de espalda al aire 7u7...casi diría que entraba en el top ten de las mejor vestidas que, con mis camisetas de minions, Dory y Juego de Tronos, no es algo que pueda decir a menudo xD. Fui a casa de Sadee antes de la fiesta, para vestirnos juntas. Sobre todo yo era la que necesitaba ayuda porque para cerrar mi vestido hacían falta dos personas y, ahora, me dedico a lanzarle a la gente que conozco indirectas directas para que se casen y me inviten y pueda volver a usar mi caro, incómodo pero favorecedor vestido XD.

Bueno y hoy da comienzo la última semana. Parece mentira, a mí me parece increíble estar ya en la última semana. Estoy contenta, claro, porque me voy del piso y adiós chinas, podré ver a mis perros todos los días, no tendré que ir al hospital todos los días, no tendré clases (solo la cacademia). Sí, suena bien. Pero también me da tanta pena irme de la universidad, dejar de refugiarme entre sus paredes. Hoy, en un arrebato emotivo, me he abrazado contra una pared y seguro que me han mirado raro, ni siquiera iba sola que será lo más raro, me han visto abrazándome a una pared, pero yo solo pensaba en lo que echaría de menos este sitio. Y no deja de ser irónico porque en esta carrera me he sentido tan atrapada a veces, aún hay días en los que pienso en lo que me espera y me entra vértigo, náuseas y escalofríos pensando en ser médica y en seguir estudiando a todas horas y en la responsabilidad que me espera y en ¿y si no estoy bien preparada? ¿y si la cago mucho? ¿y si tenía que haberme dedicado a poner una mercería en mi pueblo? En resumen, aún hay días en los que me agobio y el peso de la responsabilidad que adquirimos en esta profesión me sigue abrumando y ni siquiera he empezado. Pero es verdad que en todos esos malos momentos la universidad, no solo ha sido mi segundo hogar como decían en todos los discursos de la graduación, ha sido mi refugio, y este año, con las invasiones asiáticas ininterrumpidas, ha sido mi refugio y mi salvación. Y también echaré de menos tener un sitio así cuando me pase los siete días de la semana conviviendo con mi madre...

Ya tengo ganas de empezar a trabajar para independizarme! xD

Pero bueno, va siendo hora de ponerme con los dos últimos trabajos de la carrera (si no pasa nada y según mis cuentas). Una semana, chicos, apenas cinco días y tendré que decirle adiós a mi Alma Mater, como dijo el Decano, a mi universidad. Acabaré llorando, verás xD Os lo contaré, próximamente. 

Ánimo! 

viernes, 5 de mayo de 2017

Recién (simbólicamente) graduada

Queridos lectores, 

Bueno, pues ya está, estoy oficialmente graduada de manera simbólica en medicina (simbólica porque aún me quedan los ECOES y cosas) pero bueno, ¿y ahora qué? ¿Es ya el momento de cambiar el título de mi blog? No, todavía no, aún me queda quejarme de los ECOES y del papeleo para que me den los títulos. Pero sí, ayer fue el acto de graduación, ese en el que, como en las películas, todos nos ponemos monísimos de la muerte y nos ponen una beca (para profanos: una especie de banda que te colocan sobre los hombros), y fue un momento lleno de discursos tan inspiradores como largos y, de vez en cuando, un tanto...demasiado no breves. 

Mas, hagámoslo bien, mis queridos lectores. Permitidme que proceda al intrépido relato de tan solemne momento de mi vida. 

Todo comenzó una tarde de enero de 1993...Ah, no, no es necesario remontarse tanto. En realidad esta aventura comenzó en 2011, año en el que hice el selectivo. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, era junio y hacía un calor asfixiante en la ciudad donde me tocó hacer el examen, sudaba como no había sudado en mi vida y temía deshidratarme en cualquier momento. El Destino puso todos los obstáculos que se le ocurrieron en mi camino: me vino la regla, dolores de cabeza, mareos con el autobús que nos llevaba a hacer el examen desde el pueblo como cerdos que van al matadero, el examen de historia en el que por primera vez en la, valga la redundancia, historia hicieron dos modelos de exámenes del mismo siglo fastidiando a los que como yo solo nos habíamos preparado uno (y no era ese)... Pero aún y con todo, saqué buena nota, muy buena nota de hecho, la suficiente como para elegir medicina, que es por aquí la carrera más solicitada y con la nota de corte más alta. Entré, de hecho, la número 47, todavía me acuerdo de eso, pequeños detalles, pero que me gusta recordar. 

Recuerdo como conocí a la mayoría de mis amigas. Quizás el encuentro más memorable fuera el que tuve con Sadee. Sadee y yo nos conocimos en los baños de la facultad, una gran historia que podría haber contado en su boda si no me diera tanta vergüenza hablar en público. La había visto en clase hablando inglés como una auténtica nativa. Recuerdo haber escuchado susurros a mi alrededor en ese momento sobre que había estudiado en Inglaterra, y yo, viniendo de mi pueblo sin haber estado en Inglaterra más que una vez que fui una semana de vacaciones, pero siendo mi inglés simplemente el que yo había aprendido en el instituto y por mi cuenta, no os mentiré, me sentí impresionada y algo fuera de lugar. Ese fue quizás el sentimiento predominante esos primeros días, esas primeras semanas, que me había metido en la boca del lobo, que todo el mundo estaba mejor preparado que yo (sobre todo al haber elegido el grupo que hacía medicina en inglés) había gente que había estado en Inglaterra o en EE.UU y yo si había salido de mi pueblo en alguna ocasión había sido bajo extrema vigilancia de mi madre. Aún así conocí a Sadee en el baño, a ella y a Mérida que venían juntas por ser del mismo pueblo, no sé si fue un flechazo instantáneo, sé que de lo primero que hice fue enseñarle las marcas de arañazos en mis brazos que me había hecho vendimiando, porque yo siempre he estado muy orgullosa de mis raíces de pueblo. 

A Ada y a Kim las conocí a la vez, alguien que no recuerdo nos presentó en las escaleras del Hall de la universidad. A Adele me la presentaron Sadee y Mérida porque también era de su mismo pueblo. A Liv la conocí un dia en el que se sentó a mi lado, llevaba un boli de kukuxumuxu y un vestido largo de flores y pensé que era de estas chicas que van siempre monísimas de la muerte. La única que no recuerdo es a Eire, me la presentarían Kim y Ada porque se sentaba delante de mí con ellas. Siempre pensé que fue Mérida un poco la que hizo que me integrara en el grupo, porque al principio había estado con una chica que luego se cambió de grupo y al cambiarse me quedé algo más sola, venía de un instituto en el que las demás compañeras siempre me habían dado de lado y tratado mal, no tenía las capacidades y herramientas para establecer muchas conexiones. Pero ella me dijo que me sentara a su lado cuando me estaba sentando sola y tal vez fue lo que me salvara. 

Hice otras amistades, algunas que se cambiaron de grupo para dejar el inglés, otras que se cambiaron directamente de carrera, como Mérida. Pero aquí estamos ahora, nosotras, yo, vosotros conmigo desde que creé este blog en tercero de carrera. 

No os mentiré, ayer en muchos discursos hablaron de la vocación médica dando por hecho que todos o muchos habían tenido desde temprana edad. Yo desde luego no quería ser médica de pequeña, ni siquiera estaba segura de que quisiera serlo cuando entré en la carrera. Leches, ni siquiera he estado segura durante estos seis años. Ha habido momentos en los que he tenido la certeza de que estaba donde debía estar, y me he sentido realizada, casi como debe sentirse un súper héroe o algo así. Otros momentos en los que he llorado de frustración y amargura y he deseado poder dedicarme a leer libros y no artículos científicos. Pero, de nuevo, aquí estamos. 

Os empezaré a contar el día de ayer antes de perderme en el mundo de los recuerdos. Como todos los días, madrugué y fui a prácticas, aunque apenas fue para hacer acto de presencia porque después salí y fui a la peluquería y a maquillarme donde me pasé casi toda la mañana. Sí, me dejaron monísima, pero después me he dado cuenta de lo absurdo de gastarse dinero en algo tan efímero. Pero bueno, un día es un día. Llegué a casa y comí corriendo para ponerme el vestido y que mi compañero de piso lo abrochara antes de irse. Después me puse unas zapatillas, sí habéis leído bien, porque me negaba a ir en tacones hasta el lugar, tomé el autobús y anduve hasta llegar al lugar de los hechos, que es muy bonito, claro. Y, una vez allí, ya sí, me puse los tacones. Toda mona yo, vi cómo iba llegando todo el mundo admirando los vestidos y los intrincados peinados, los tacones de riesgo y demás complementos de todo tipo y colores. Fue el momento de las fotos, obviamente, y de hablar y estar nerviosos y esperar a que nos dejaran entrar para sentarnos. Una vez estuve sentada empecé a preocuparme por la entrada de mis padres, si encontrarían aparcamiento, si se les haría tarde, si encontrarían sitio. Pero sí, tenían muy buen sitio porque los podía ver y ellos a mí. Así vi a mi padre levantándose cada poco rato porque es, como yo, un culo inquieto y no sabe estar sentado si se aburre, así que se levantaba al baño, volvía, caminaba por ahí. 

Pero dejemos a mis padres y centrémonos en el escenario. Os lo describiré: en el centro una mesa con siete asientos, para personas importantes, obviamente, ¿cómo de importantes? lo suficiente para tener su propia placa con su título. Delante de ellos y a los lados, adornando, adornos florales que le daban color al escenario de madera, un púlpito para los presentadores y, al fondo, el espacio de la banda, todos de negro y con sus instrumentos. Hubieron muchos discursos, en uno de los primeros la Madrina de la promoción se puso a llorar y hubieron algunas perlas en cada uno que me gustaron. También hubieron muchas bromas, sobre todo de los presentadores, haciendo muchas referencias a eventos memorables de este año, como esa vez en el que los estudiantes de medicina salimos en un periódico local por estar haciendo botellón (es decir, bebiendo alcohol) en las puertas de la universidad el día de una fiesta. Yo no estaba porque no suelo ir a esas fiestas, pero fue todo un hito. También hubieron muchas críticas al grado porque somos la segunda promoción que sale de esta universidad con la titulación de grado, que es el nuevo plan, el famoso Plan Bolonia. La verdad es que me reí mucho. 

Y también hubieron cosas que me emocionaron y todo. Me gustó la frase de pase lo que pase mañana, siempre habremos tenido hoy. Y es verdad que yo no he tenido siempre la vocación de la ciencia y la medicina, en concreto, pero sí la de ayudar a la gente, y esos eran los mensajes que más me gustaban. Yo sí me acuerdo de mi primera paciente en mis primeras prácticas en hospital. Estaba en cardiología y le di la mano mientras le clavaban una aguja. Hasta pasé a verla al día siguiente del procedimiento que le realizaron para ver cómo estaban. Tengo buena memoria para las caras, pero he de reconocer que después de cuatro años viendo a bastantes pacientes casi cada día, mi mente se ha saturado de recordar caras, aún así me acuerdo de muchos y, si los veo por la calle, sé decir que han sido pacientes míos aunque ya no me dé para recordar el nombre o exactamente dónde los vi. 

El caso es que ya sabéis como soy o quizás, si habéis leído un poco de por aquí, os podéis imaginar que tengo una incapacidad casi patológica para dejarme disfrutar de las cosas, siempre pongo excusas o disminuyo mi mérito o lo que sea. Así que, tras muchos días, diciendo que no me preocupaba demasiado lo de la Graduación porque, al fin y al cabo, es un paripé ya que no estamos oficialmente graduados porque queda algo de curso; me propuse firmemente dejar mi actitud cínica en casa y disfrutarlo todo lo posible. Dejar de centrarme en las 3 semanas de prácticas que me quedan para haber acabado y centrarme en los seis años (menos tres semanas) que ya he hecho y eso sí que no me lo puedo discutir a mí misma porque lo he vivido en primerísima persona. Puede que no tuviera una clara vocación médica desde niña, o que haya dudado como la que más en esta carrera, pero me he pasado días y días y más días, y cuando pensaba que no podía más, todavía más días estudiando, noches sin dormir, llantos los días previos a los exámenes consumida por los nervios. No importa lo que queda por delante o los malos momentos que hayamos podido vivir en estos seis años, todo ese esfuerzo merece reconocimiento y, al menos, una tarde de celebración. Así que escuché los discursos con mente abierta, aplaudiendo mucho, sintiéndome contenta por haber llegado ahí y graduarme en algo con una ceremonia tan emotiva. 

Me gustaron mucho las palabras del decano, algo así como que teníamos la vida y la muerte de las personas en las manos, y no, no somos dioses ni súper héroes, somos médicos. Somos personas aparentemente sanas que trabajan para cuidar de personas aparentemente enfermas y nuestra labor no se acaba nunca. Hemos adquirido un compromiso de por vida con la Humanidad. Hasta leímos un juramento, la Declaración de Ginebra, que es la versión adaptada del Juramento hipocrático. Nos pusimos en pie y los fuimos recitando. Fue la parte más emocionante de la velada. Dice así: 
PROMETO SOLEMNEMENTE consagrar mi vida al servicio de la humanidad;
OTORGAR a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;
EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente;
VELAR ante todo por la salud de mi paciente;
GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;
MANTENER, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;
CONSIDERAR como hermanos y hermanas a mis colegas;
NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;
VELAR con el máximo respeto por la vida humana;
NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza;
HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Qué bonito todo. Hubo hasta gente que lloró, yo no, pero algunas partes sí me emocionaron. 

Somos médicos y decirlo solo ya me da vértigo, espero que a nadie le dé por perder el conocimiento cerca de mí en un futuro cercano.  

En fin, que me gustó la ceremonia. Aunque luego fui a cenar con mis padres y mi hermano y mi hermano, como digno hijo de mi madre, empezó a decirme que lo habría tenido que estar pasando fatal con todos esos discursos alabando a la medicina, porque le gusta meter el dedo en la herida, como a mi madre. 

Casi que la cena con mis padres me dejó de peor humor, porque en la ceremonia me lo pasé chachi. Me gustó. La sorpresa de la noche, pero agradable, me la dio una de las chicas chinas, con la que no discutí y tengo una relación mejor, que se tomó como empresa el desmaquillarme y empezó a ponerme potingues en la cara incluyendo una mascarilla con la que me sentí como el hombre de la máscara de hierro, pero con una máscara de papel mojado xD pero me reí con ella, hasta estuvimos bailando un rato. Ahora, como os podréis imaginar, me acosté bastante tarde, sobre todo teniendo en cuenta que me tenía que levantar a las 7 am, pero al menos me fui a dormir entretenida otra vez. Y ahora tengo que ir acabando la entrada porque tengo que estar en la academia en menos de una hora y aún tengo que prepararme todo. Así que si me falta algo sobre la graduación que contar tendrá que esperar a mañana :)

¡Que ya somos (simbólicamente) médicos! Omaigad, y yo con estas pintas xD Ánimo chicos! 

lunes, 1 de mayo de 2017

El MIR, ese gran desconocido

Queridos lectores,

En la entrada anterior, una fiel lectora me preguntó qué era eso del MIR. Buena pregunta, sí señora. Y es que claro, me leéis de diferentes países y no en todos se siguen los mismos modelos que hay en España, así que puede ser que por el camino de quejarme de mi vida os haya perdido a algunos con siglas tales como TFG, MIR y cosas por el estilo.

Así que permitidme que volvamos a empezar. En España la carrera de medicina son seis largos y laboriosos años en los que sufres, estudias, sufres un poco más, te vuelves adicto al café, estudias, no duermes, sufres, estudias, aprendes algo, haces amigos y, luego, vuelves a sufrir. Nótese mi gran optimismo y apreciación por la carrera. Bueno, tampoco me toméis al pie de la letra. Me explicaré con más detalle: los cinco primeros años conllevan dos periodos de exámenes en los que sufres, y el resto del año hay clases.  A partir del tercer año ya estamos integrados en los hospitales, así que pasamos cuatro de esos seis años haciendo prácticas en hospitales. No creáis que eso significa que tocamos mucha clínica, la triste realidad es que acabamos con complejos de cactus, ficus o perros falderos (cada cual elige su complejo al gusto, eso sí, tenemos esa libertad) porque normalmente no hacemos gran cosa, sobre todo al principio, y a veces somos tantos estudiantes que hay servicios de los que te echan. Pero sí que es verdad, por lo que vais leyendo de este año, que en sexto las prácticas son bastante mejores y en general, al menos yo, me he sentido muy integrada en los servicios que he tocado.

El último año, sexto, este mi año, es algo diferente porque no hay exámenes como tales sino que hay tres retos a superar, a saber: 1)el TFG también conocido como Trabajo de Fin de Grado y que yo ya he entregado, del que os he hablado mucho y no os aburriré más con eso, es un trabajo, como su nombre indica 2)Los ECOES, que son exámenes prácticos finales, es algo por lo que me leeréis agobiada en breve, de hecho, en muy muy breve. Consisten en actuar como médicos en diferentes supuestos que nos ponen profesores con actores y actrices que hacen de enfermos y crean historias para que "resolvamos el caso" por decirlo de alguna manera. Me da miedo por dos cosas básicamente: una es que hay muchas cosas médicas que no sé y que tengo que estudiarme para esos exámenes y, la otra, que me pongo bastante nerviosa en todo lo que es oral y con gente mirándome, por eso no soy ni he sido nunca buena actriz. Pero bueno, confiaré en el "Efecto Bata", ese boost de confianza que se siente cuando estás todo emperifollado médico. Es verdad que, en prácticas, cuando la gente me pregunta y voy con la bata y es algo que más o menos puedo contestar, me siento menos nerviosa que si me preguntaran siendo una persona normal (aunque normal no soy nunca, pero sin ir disfrazada de médica, vamos). Entonces, espero que la bata haga su magia ese día también. 

3)Y cambio de párrafo porque si no se queda demasiado recargado, las prácticas. Que es lo que os llevo contando todo el año. Un mes en cada servicio y a ese mes se le llama "rotatorio". Cuatro de ellos son obligatorios, a saber: ginecología, pediatría, psiquiatría y urgencias. Y luego eliges 2 médicas (yo elegí neurología y neumología) y dos quirúrgicas (las mías fueron otorrino y trauma). 

Y ese es mi año, como veis está casi todo superado. A falta de 3 semanas de prácticas y habiendo entregado el TFG, solo me queda enfrentarme a los ECOES y vivir para contarlo, y después seguramente habrá mucho papeleo para el graduado y cosas de esas, después colegiarme creo. Pero vamos, que seré ya graduada de medicia. 

Y aquí es cuando llegamos al protagonista de esta entrada: El MIR ese gran desconocido. Las siglas MIR vienen de Médicos Inmensamente Rejodidos...No, en realidad, viene de Médico Interno Residente y es el examen en el que eliges tu especialidad. ¿Cómo funciona? Buena pregunta, después de un año y medio apuntada a una academia en la que me preparan para él, medio año del cual con clases (porque nos apuntamos con mucha antelación) lo que os puedo contar es lo siguiente: El MIR se diseñó por allá cuando yo no había nacido y el mundo era un lugar lleno de Hippies y Punkis y las hombreras todavía tenían mucho que dar de sí, allá por cuando las lentejuelas eran el epitomo de la moda y nunca había demasiada laca en un peinado, al menos así era España. Hasta entonces, uno terminaba la carrera y buena suerte con tu vida, muchacho, o quizás, mejor desearle suerte a los pacientes, porque se buscaban la vida trabajando y buscando una especialidad. No sé cómo funcionaba, la verdad. El caso es que a alguna mente pensante, de las que nacieron para inventar torturas pero en un siglo o un país equivocado, dijo un día: "oye, ¿por qué no hacer un examen global, nacional, para todos los recién graduados de medicina, y según la nota que saquen pues eligen en orden de mejor a peor, una plaza? Pues la verdad, cinismo y amargura mía aparte, no fue una mala idea. El MIR es un examen de cinco horas como cinco soles en el que te examinas de toda la medicina (porque así lo dice el BOE, temario: medicina) y puede entrar de todo, desde las enfermedades más prevalentes, a técnicas, a bastones (hecho real). Es tipo test de opción múltiple y todos lo hacemos el mismo día, a la misma hora. Según la puntuación, después podrás elegir una plaza que es una especialidad en un hospital. Y básicamente, eso es. 

Es decir, que cuando acabe la carrera, dentro de tres semanas escasas, tendré que empezar a prepararme el MIR para hacer ese puñetero examen de manera decente y al menos poder elegir una especialidad que me guste (sigo entre pediatría y psiquiatría por ahora). Entonces, ¿qué más nos queda por contar? Esto es lo básico, claramente, tendréis mucho más de mí odiando el MIR en próximas entradas, cuando sea verano, me esté asando de calor y tenga que pasarme ocho horas estudiando y no tenga tiempo de escribir (no tanto como querría al menos). 

Pero, por ahora, es verdad, que mi mayor preocupación se centra en pasar los ECOES, después me preocupará que no se me olvide ningún papel burocrático de estos para que me den el título y apuntarme al MIR, porque si no me apunto bien, malamente lo podré hacer. Y, entonces ya, cuando solo me quede el MIR por hacer, pues con eso me agobiaré. 

Por ahora, estoy en el piso preparada para cenar e irme a dormir y enfrentar la semana en la que empieza la cuenta atrás. ¡3 semanas y contando! Además esta semana me gradúo, me pondré un vestido y zapatos y tendré que hacer un juramento. Ya os contaré todo en su momento, lo prometo, prometido. Por ahora me despido para irme a cenar. ¿Listos para afrontar la antepenúltima semana de mi carrera? Creo que es algo que me tendría que preguntar a mí misma. Y la respuesta puede que sea que no, que ahora mismo solo estoy preparada para cenar, y ni siquiera eso porque tengo que cocinar, pero seremos positivos, y diré que sí ;)