No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

lunes, 31 de julio de 2017

Curar sin secuelas

Hola mis queridos lectores, 

Sí, he vuelto a cambiar la apariencia del blog. Me gusta la hierba, pero no me convencía del todo, demasiado verde fosforito que, por otro lado, me recordaba a mi color de subrayador favorito. Así tenemos libros, yuju, libros en honor al que he publicado, al que tengo que corregir pero se me hace eterno; al que quiero escribir pero me falta tiempo; y a los que quiero leer a escondidas. Y, por supuesto, en honor a los que me tengo que estudiar. 

Hace tiempo que no escribo por aquí, y es que ya sabéis que básicamente tengo una hora libre al día y no me da tiempo a hacer todo lo que me gustaría. Es verdad que muchas noches de estas, sea por el calor, el ruido de la calle o vete a saber el qué, me está atizando con fuerza el insomnio y hay días en los que pareciera que Sabina cantaba solo para mí porque "me dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres..." y dejo de mirar el reloj porque sé que cuanto más lo miro, menos probabilidades hay de que me duerma. Es como una regla proporcional. Así que aprovecho para dormir o para soñar despierta disfrutando de mi cómoda cama e intentando no pensar en lo mucho que querré matar a alguien cuando mi despertador suene por la mañana y tenga que ponerme a estudiar. Aunque podría escribiros a esas horas, pero cuando uno está falto de sueño a veces es tan peligroso escribir como cuando va sobrado de bebida (no que yo lo sepa, que en toda mi inocencia y santidad no me he emborrachado nunca, pero eso me han dicho las malas lenguas...)

Como iba diciendo, hay poco tiempo libre, pero la verdad es que no me molesta tanto como hubiera predicho, sobre todo viendo que casi entré en depresión cuando nos mandaron el horario de la academia y vi que se acercaba el momento. No, la verdad es que estar de 8 a 10 horas estudiando cada día no me molesta demasiado, casi me entretiene. Y mis ratos de enfado van más dirigidos a cuando llego a esas pocas horas del día y no puedo hacer lo que quiero porque mis padres están, como es una costumbre muy paternal, listos para tocar las narices. No pasa tampoco tan a menudo, no creáis, pero sí que me trastocan porque me dicen de hacer cosas que no estaban en mi lista de opciones o no me dejan el coche o cosas por el estilo. En fin, no importa. 

El caso es que estudiar en sí no me está matando y puede que sea por la fuerza de la costumbre. Pero a ratos también me entran las dudas y pensaré ¿que no estoy demasiado tranquila? ¿Y si estoy estudiando mal o poco o no lo suficiente? Y me entra todo el agobio y entonces es el acabose. Aaaah ¡muerte y destrucción! Mis neuronas se dedican a correr despavoridas por mi mente con las manos sobre la cabeza gritando como si no hubiera un mañana y todas las luces de alarma encendidas. O si no es el agobio porque me va a salir fatal y no voy a sacar plaza, es el agobio por lo mucho que voy a engordar porque en esa hora libre si mis padres me empiezan a marear no me da tiempo ni a hacer algo de ejercicio, o si hago ejercicio no escribo y estoy en una encrucijada. El MIR como tantas otras cosas en la vida, será una patología que dará su comorbilidad asociada (a saber un aumento de brotes psicótico y del riesgo cardiovascular por pasar más de seis horas sentados) que, llegado el día, curará, si será con o sin secuelas, ya depende de nosotros, y por ahora yo me veo con un hermoso panículo adiposo como regalo por estos estupendos Juegos Del Estudio, en el que solo falta que en clase nos empiecen a disparar con flechas para poder sentirme toda una heroína superviviente de mi tiempo. 

Ah pero no toméis mi pobre intento narrativo de mis peripecias en el MIR por negativismo, qué va, solo a ratos y no usaré ese rato para escribiros, lo usaré para contenerme en no tirar los libros por la ventana y fugarme a las Vegas. Además hoy es mi día libre, ni siquiera tendría que estar hablando del MIR pero tengo poco más que contaros si no hablo de eso. Qué sad todo, lo sé, lo sé. 

También me he terminado un libro buenísimo, El laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón. Es el último de una saga de cuatro libros, independientes pero conectados. Y hay varias cosas que me enfadan de este hecho: 1) que voy a tener que rectificar con mi hermano de cuando le dije que las sagas son o deberían ser siempre números impares y que pueden ser tres o cinco o siete, tal vez es admisible dos, pero que cuatro no era un número para una saga. 2) Que es un libro buenísimo como os decía, pero tardó tanto tiempo en sacarlo desde los anteriores que he olvidado muchas cosas y ahora siento que debería releerlos todos para poder sacarle de verdad todo el sabor a la historia, en realidad, tendría que haberlos leído primero los anteriores. Aunque lo que más me mata siempre que leo a este autor es lo bien que escribe y mi alma de autora lo envidia tanto y al mismo tiempo lo admira tanto que no sé ni como expresarlo. 

Además hay muchos personajes escritores que se dedican de lleno a la literatura a pesar de ser una amante caprichosa y, cuando lo dicen así, me hacen sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura. Eso es algo que me pasa cuando me rodeo de literatos, como si haber estudiado medicina me restara valor en el tema de los libros porque no he perseguido a las letras como a una estrella fugaz. Y, bueno, podéis dadme vuestras opiniones, pero desde que me propuse trabajar en mi autoestima para convertirme en alguien con cierta confianza en su persona (empresa ardua y en la que empiezo a trabajar) he decido que en vez de sentirme mal por no dedicarme solo a la literatura, debería sentirme, no mejor, pero sí bien conmigo misma, especial, por tener dos mundos entre los que poder moverme. Es cierto que a veces es algo locura porque no terminas de encajar en ninguno o porque el tiempo es más finito que mis obligaciones y quehaceres y no siempre se pueden coordinar bien. Pero tengo menos posibilidades de aburrirme si puedo pasearme entre las Letras y las Ciencias como uno de aquellos antiguos Humanistas que podían ponerle nombre a un hueso y escribir una novela, ser abogados, filósofos y teólogos sin que fuera nada extraño. Es una lástima que el mundo se haya especializado tanto. 

Así que, como decía, no voy a sentirme mal por no ser escritora las 24 horas del día porque estoy orgullosa también, aunque a veces me pese o me sature o me asuste lo que no está escrito, de ser médica y poder dedicar mi vida a ayudar a los demás de una forma más o menos directa, dándoles desde apoyo a tratamientos, además de ponerle voz a mis personajes y contar las historias que descubra y se me presenten en este loco mundo en el que vivimos. 

También he aprendido algo para ser escritora y es que hay que tener mucha paciencia y no lanzarse a escribir sin pensar o a no pensar en lo ya escrito y solo seguir hacia delante. Más que me pese, y creedme que me pesa, apenas llevo dos capítulos de mi nueva novela por lo del MIR y aún así he decidido que tengo que empezar de cero porque no estoy logrando transmitir lo que quería, no es el camino que necesita esta historia para ser contada. 

Hay días en los que me levanto con una gran sensación y esa intención de estudiar a fondo y mejorar, de superarme. Luego me tomo el café, me pongo delante de los manuales y el intento se pierde, no en la ausencia de ganas o intención, sino en la capacidad de mis neuronas sobrecargadas. 

En fin, mis queridos lectores, no me cabe duda de que, con tiempo y paciencia, se puede lograr casi de todo. Y de que el MIR llegará y pasará y dentro de unos cuantos años, cuando estemos luchando por la vida de personas reales y no solo de casos clínicos en papel, todo esto nos parecerá casi una quimera y un tiempo, quizás no dorado, pero sí más fácil al que desearíamos volver, o al menos no nos parecerá esa gran montaña en la que se convierten los retos que uno solo ve cuando la está subiendo. Mi pronóstico, pues, es que el MIR curará con las secuelas necesarias, con suerte sin ninguna, y todo será menester de volver a la configuración inicial y seguir con el tratamiento de esta vida a base de paciencia, confianza (y no diré polvo de hadas por si alguien piensa que hago referencias a productos ilícitos xD)

Ánimo y buena suerte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario